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PRIMUS GRADUS

Me acerque a la ventana y note que ya era algo tarde para lo que tenía planeado así que le pregunté a Karina cuánto tiempo había pasado.

­—Mucho, ya se está anocheciendo—me reclamo.

— ¿Tienes donde quedarte hoy? —le pregunté.

—La verdad no, es mi primer trabajo y no me dieron viáticos.

—Pues podrías quedarte aquí mientras consigues hotel.

— ¿En serio?

—Fíjate que no, te lo digo para que te largues.

—Uy gracias, qué carácter.

—Por algo tengo un sofá cómodo.

— ¿Te quedarás en el sofá? —me preguntó.

— ¿Qué? Claro que no, es mi hogar tú te quedarás en el sofá.

Apague la luz de la habitación y entré a mi recámara. Ya que pasaba la mayor parte de mi tiempo en mi oficina la tenía completamente amueblada y decorada.

Me senté a la orilla de la cama y contemplé las gotas de lluvia que caían afuera del edificio mientras esperaba que de alguna mágica manera eso me revelara una pista. Tras un rato de ver el infinito en mi ventana me quite los jeans, colgué mi sombrero en el perchero, me saque lo que me quedaba de ropa y me puse en cómodo pans para dormir a gusto.

A la mañana siguiente me levanté y me puse a cocinar mi desayuno.

— ¿Y no hiciste para mí? —me preguntó Karina.

—Soy tu compañero no tu chef, si quieres comer hay ingredientes en la alacena—le respondí.

Karina se sentó a comer frente a mí y comenzó a hacerme preguntas.

— ¿Y qué tal dormiste?

—Bien—le respondí cerrando los ojos.

—Perfecto ¿Tienes algún sueño?

—Vivir la vida en pijama pero eso no te incumbe.

—Vamos...solo quiero saber más de un amigo.

—No somos amigos Karina, somos compañeros.

—Sí, claro ¿cómo no?

—Iré a vestirme, salimos en media hora.

Ambos nos subimos al auto y fuimos a la central de abastos, solo esperé unos minutos antes de que un tipo encapuchado se acercara a venderle alguna especie de droga extraña, dijo que era una especie de "Polvo de hadas", el pobre idiota no sabía que estaba pasando.

Me subí la bufanda y seguí al chico hasta un callejón donde lo noqueó sin que me viera antes de llevarlo a un viejo almacén abandonado para sacarle información.

Me subí la bufanda y antes de entrar Karina me detuvo.

— ¿Qué crees que haces? No podemos torturarlo.

—Corrección, tú no puedes torturarlo, yo sí.

—Esto no está bien Gabi.

—Tal vez no pero a veces necesitas ser malo para poder hacer cosas buenas.

Me solté bruscamente del agarre de Karina sobre mi brazo y entre, me senté justo frente a él y comencé a abrir un pequeño "kit" de tortura tranquilamente.

—Dios mío—musitó aquel tipo desde el primer momento en el que vio el emblema en mi sombrero— ¿Tu eres ese? ¿El cazador de David?

—Podría ser—le respondí—ahora te sugiero que comiences a cantar antes de que me ponga violento.

— Yo no sé nada, lo juro.

—Ah ¿no sabes nada? ¿Sabes? Yo pienso que sí, yo pienso que tú tienes mucha información en esa cabecita tuya y no me la quieres dar.

—En serio no—repitió.

—Okey, claro. Mira amigo, podría divertirme todo el día y toda la noche torturándote o podría quitarte la tapa del cráneo y comenzar a jugar con mis herramientas para hacer que me cuentes la verdad ¿y qué crees?

— ¿Qué?

—Que en ambos casos yo me divierto y tú te mueres, pero te estoy ofreciendo una alternativa, una oportunidad para que vivas, y para eso solo me debes de decir que es este "Polvo de hadas" que vendes.

-Dios mi viejo me matarían si te digo.

-okey.

Me levanté de la silla y saque una pistola de clavos de mi sombrero misma con la cual le clavé las manos a la silla para que no las moviera mientras que lentamente le arrancaba las uñas de los dedos con una pinza que tenía en el kit. Karina entró en cuanto el tipo comenzó a gritar de dolor.

Me volví a sentar frente a él y le repetí la pregunta con calma.

— ¿No sabes nada?

— ¡¡¡Demonios si, si, si, hablare te lo juro!!! —grito mientras lloraba.

—Bueno, pues habla.

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