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Victoria, vida
Victoria, vida
Author: Gregoria R. Márquez Díaz

La carta

           Si algo he aprendido, es que a pesar de los problemas que puedas tener, la vida continúa. Cada individuo anda por su lado resolviendo sus dilemas, viviendo simplemente, a nadie le interesa si tu dolor es físico, mental, sentimental, sus vidas continúan y crees que la tuya se detiene pero no es así, las horas siguen su curso, estás de pie respirando y ves al resto moverse entonces debes decidir si quedarte ahí parado o moverte como el resto, porque nadie girará la cabeza para ocuparse de ti.

            Para cuando regresé a la casa de Barcelona, de la señora Lucy y el señor Aníbal, ya Gary se había marchado, Sentí una gran tristeza, no pude despedirme de él, ni llegar a tiempo porque papá había llegado a casa dos días después del incidente con el abuelo. Se aseguró de dejarlo estable en una de sus clínicas.

El doctor Caster confirmó que pasaría mucho tiempo sin despertar, la bala rozó una zona importante de la cabeza, la cual se encontraba inflamada y lamentablemente el abuelo no despertaría en mucho tiempo y, como si fuera poco, el tío Joel había cumplido su promesa y alejó a Diego de nosotros ¿a donde? Nadie lo sabía. Debido a todos estos acontecimientos, Gary no pudo esperarme y debió partir a la universidad, no podía detenerse, no habría sido sensato. Mira me recibió de mil amores, feliz de tenerme en casa Yo le mostré mis obsequios e inclusive le entregué a ella un hermoso delantal que escogiera con Nilvia días antes. Antes de salir de mi habitación , la misma que ocupara antes de partir hacia menos de un mes, arregló las cosas que traje de vuelta, como siempre no eran muchas pero ella igual insistió en colaborar conmigo, imaginé que la paso un poco sola mientras yo no estuve y sin mucho que hacer ya que los esposos habían salido de viaje Antes de irse entonces a realizar sus labores o dejarme descansar del trayecto hasta acá me sonrió y me entregó un sobre, afuera la letra en molde era de Gary. Me dejó sola y entonces me apuré en abrirlo y después desdoblar la hoja.

            María Victoria, hace algunas semanas no sabía que pudiera yo estudiar para ser realmente útil y que al mismo tiempo me gustara, el señor Aníbal ha sido muy amable en encontrar un cupo en la facultad de Derecho, regresaré siempre que pueda, me hubiese gustado despedirme de ti.

                                                           Gary.

            Volví a leer la carta, nada más, parecía más bien un telegrama. Recordé como ese día lo buscaba en mitad del recibimiento, quería contarle lo bien que lo pasé los días de navidad y como todo había terminado en tragedia gracias a la aparición del tío Joel, de nuevo él arruinándolo todo, ese día no pude hacerlo porque sólo me recibieron Mira y Samuel, la casa estaba sola y aunque luego llegó Rosita, tan jovial como siempre, sólo pude contarle a Mira lo sucedido, ella al principio estaba contenta como yo pero luego se entristeció al saber que el abuelo había  terminado con un disparo en la cabeza. Recordaba ese sonido y la manera como nos sobresaltamos todos cuando cayera el abuelo al suelo, Emanuel me apretó fuerte por la cintura y sé que cerró los ojos aunque no lo estaba viendo, sus manos estaban tan frías como las mías y temblaban nuestras piernas como gelatinas, inclusive la señora Leticia temblaba, su esposo estaba en mitad de todo aquello y aunque quería protegernos debía mirar si él se encontraba bien. Una vez que se cerciora de que así era nos metió a la casa y nos protegió.

            -¿Qué va a pasar ahora María Victoria? – Preguntó Emanuel con un profundo temblor en su voz.

            -No lo sé Emanuel, no lo sé.

            La señora Leticia nos hizo té y nos acompañó hasta que papá regresó al siguiente día con el doctor Caster. Aunque me sentía angustiada y todavía sin saber que pensar, aunque la constante era Diego, fui a mi habitación y con las manos temblorosas saqué el sobrecito con la letra de mamá. La abrí a prisa, casi la misma premura con la que abrí luego la de Gary, no quería que nadie me interrumpiera, ahí dentro de la hoja doblada en tres estaba la letra de mamá.

                         Mi María Victoria, no puedo imaginar lo que pasaste para reconocer a tu hermano, pero es un hecho, ya que esta carta ha llegado a tus manos, has logrado unir a mis tres hijos y hacer que tu padre lo acepte en casa. Nuestras largas charlas mientras cocinábamos y cocíamos no han sido en vano, eres mi orgullo hoy y siempre, no creas que será fácil hija, pero que nada te detenga en el disfrute de tus días, lo demás vendrá solo.

                                   Te quiero y te agradezco

                                                                                  Mamá.

            Al principio, me sentí peor que cuando muriese, la tuve mientras leí la carta y volví a perderla al terminarla. De pronto me sentí utilizada ¿por qué dejarme esta carta? ¿Por qué no me lo dijo en vida? El lugar donde se hallaba su hijo, no, ella prefirió jugar a los detectives, juego que había empañado de nuevo la felicidad de la familia. Confundido a Emanuel. La cabeza me daba muchas vueltas y no veía justicia en los acontecimientos, mucho menos cuando papá regresó cansado y muy triste, ahora sin poder hacer nada, había perdido a su hijo y a su padre ¿qué otra cosa esperaba mamá que hiciera? ¿Alguien más guardaba un mensaje de ella? ¿Cómo pretendía que viviera mi vida ahora? En aquel momento estaba tan confundida como ahora que había regresado a Barcelona y más sola aún Traté de tomar aire, con la carta de mamá y la de Gary bajo mi almohada, pensé en ambos escribiéndolas, Gary estaba seguro que me vería pronto pero mamá no, mamá sabía que se iba, ella no pudo lograr convencer a papá nunca que aquel era su hijo, papá no se recuperó de la escena que viera nunca y me preparó a mí para cumplir con lo que más deseaba , que sus tres hijos estuvieran juntos, no le importó papá, tampoco cuestionó a su madre y jamás habló con odio del abuelo, para eso estaba yo, el instrumento de su venganza.

            Cada fin de semana veía  a papá y a Emanuel, casi siempre hablábamos del mismo tema: cómo seguía el abuelo Nos entristecía mucho saber que estaba postrado en una cama y en las recientes semanas papá no había podido verlo, la abuela tomó medidas para que este no entrara, Sentía pena por papá, las cosas no habían resultado nada fáciles para él, primero la muerte de mamá, ahora lo del abuelo, no me tiene a su lado y tener que ver a la abuela, todo era muy desagradable. Por otro lado estaba Emanuel, él quería hablar de otras cosas, quería jugar, quería escuchar que yo le dijera que la pasaba muy bien, y en realidad así era, la casa estaba sola para nosotros, la señora Lucy por fin convenció al señor Aníbal de hacer un viaje y ya tenía algún tiempo, afuera. Me había acostumbrado a ir y venir sola del colegio y cuando Gary regresó luego de un buen tiempo también, hablábamos largamente, lo recibíamos felices, bailábamos en la cocina Rosita y yo, a veces algo de tango otras vals, nos divertíamos mucho pero yo siempre pensaba en lo que sucediera ese terrible día, en  la carta de mamá, en el abuelo y su letargo, me hubiese gustado no pensar pero pensaba. 

Después de meses preguntándome que sería de Diego, si me extrañaba como yo a él, si lloraba, si estaba atrapado  tan lejos con personas tan infames como sus padres, Melina me llevó al baño corriendo, tomada de la mano, estaba sudada pero fría, yo por supuesto había tenido que contarle todo lo sucedido, recuerdo que quedó sorprendida y no me habló por varios días, quizás me culpaba a mí de haber abierto la caja de pandora y así alejado de su lado al amor de su vida, pero esta mañana lucía radiante, sus lindos ojos parpadeaban como aletea un colibrí, yo nada objeté mientras nos encerraba a ambas en uno de los cubículos del baño de niñas, no había nadie más afuera pero ella susurraba.

            -No vas a creer lo que me llegó ayer a casa.

            -No, no lo sé ¿qué fue? –Le dije también susurrando.

            -Esto.-Sacó desde el fondo de sus senos una carta, yo permanecí sin moverme.-Es de Diego, tu hermano.

            ¿Diego? ¡Diego,  Dios mío una carta de Diego! Se la arrebaté de las manos ansiosa, apenas con el espacio que quedaba en el cubículo del baño que menos mal estaba muy limpio, sus ojos se encontraban con los míos mientras extendía el papel para encontrarme con la extraordinaria letra cursiva de mi hermano mayor, ella aplaudía mudamente y daba brinquitos que hacían sonar la papelera, el mejor escondite que había podido encontrar para esta complicidad, aunque nadie podía interesarle lo que pasara con Diego nosotras pensábamos que éramos espiadas. Tenía una sonrisa de oreja a oreja así que me prevenía que algo muy bueno iba a encontrar en aquella carta, la cual era ¡la carta! Larga e impregnada de promesas.

            -¡Léela, María, léela ya! – Me animó ansiosa Melina y entonces lo hice

                       

                                               Querida Melina

            Es la primera oportunidad que he tenido para enviarte una carta, te he escrito muchas y no he podido enviarlas porque mi padre ha estado muy al pendiente. Debo decirte que estoy en España, llevamos aquí cuatro meses y estoy estudiando, parece ser que papá había planeado esto desde hace algún tiempo porque él y mamá se han establecido de lo mejor, yo no, te extraño mucho ,me arrepiento de haber tenido prejuicios por la diferencia de nuestra edad y no haberte pedido que fueras mi novia, lo había decidido ya durante mi estancia en la casa de mi verdadero padre, del cual ya me imagino, sabrás si María Victoria te ha contado. Estando allá y viendo lo madura y valiente que es ella consideré que tú eras igual y que nos entenderíamos, me ha faltado tiempo y ahora existe una gran distancia entre nosotros, por favor, perdóname, me ha dicho ella lo mucho que te gusto…

            La miré apenada, ¿qué pensaría ella de que yo había revelado su secreto mas intimo? Aunque a juzgar por su expresión estaba feliz.

            …los días aquí suelen ser angustiosos y mi única estrategia es convencer a mamá de regresar, porque de lo contrario tendré que esperar la mayoría de edad y ya eso está muy lejos. Te repito que siento mucho no poder estar en casa y contigo, espero que muestres esta carta a María Victoria, y le digas que también la echo de menos, sé su amiga y háganse fuerza, a nuestra madre no le gustaría vernos derrotados.

            ¡Oh, claro que no! ¿Cómo lo sabía él tan bien si no la conoció? Claro era igual que ella, paciente.

            …en cuanto tenga otra oportunidad escribo de nuevo, un amigo las enviará por mí, no traten de comunicarse conmigo pues papá no lo permitirá, las quiero a las dos y las extraño aún más.

            No, no, que no pare de escribir, pensé cuando vi el final de las líneas y dejé escapar lágrimas de amarga felicidad por mis mejillas, pero el papel arrojó el fin de sus letras y me encontré con los brillantes ojos de Milena tan húmedos como los míos.

            -¿Estás feliz? –Me preguntó

            -Muy feliz.-Ya la abracé en aquel pequeño espacio.-Gracias.

-¿Leíste que quiere que sea su novia?

            -Si.-Le susurré al oído sin soltarla, de todas aquellas líneas era eso lo más importante para ella.

            -Escúchame María Victoria.-Me separó de ella y me tomó por los hombros.-El está bien y piensa en nosotras, no debemos estar tristes, se que algo se le ocurrirá para regresar, nosotras mientras tanto estaremos aquí esperándolo.

            Lo tuve por tan poco tiempo, era como arar en el desierto, ver derretirse una hermosa figura de hielo, mi hermano tan lejos, pero de alguna forma debía agradecer a Melina por mostrarme aquella carta y entonces le devolví la sonrisa y luego fue risa y aplausos infantiles como las esposas de soldados que desde la guerra envían sus cartas, en el fondo yo también era feliz.

            Por las noches, muchas veces me  sentía muy sola, extrañaba tanto a papá  a Emanuel como a Diego y hasta la manera de ser jocosa del abuelo, al que apenas había conocido Las paredes de mi habitación albergaban mi prisión y casi siempre deseaba que amaneciera para ir a clases y tener algún pasatiempo. La casa permanecía intacta a diario y los fines de semana si Rosita se entusiasmaba me daba un chapuzón en la piscina.

Esa mañana de sábado, Mira entró a mi habitación esplendorosa de felicidad.

            -Levántate Victoria, ayúdame un poco hoy llegan los señores.

¿Hoy? ¡Dios mío iba a verlo! Tenía que arreglarlo todo, Raquel por fin dejaría de fumar y de contaminar nuestro espacio, pues tendría que atender a su señora.

            Me levanté entusiasmada para hacer todo a prisa, ese fin de semana papá no venía por mi pues para el próximo iría y o a casa para un fin de semana largo, en realidad era el cumpleaños de Emanuel y debíamos pasarla juntos. Me miré en el espejo un par de veces antes del medio día ¿por qué lo hacía? Se derrumbaron mis hombros ante mi pregunta. Cuando me enteraba que Gary llegaba a la casa saltaba desde donde estuviese y salía a su encuentro, nada de verme al espejo o de pensar como estaba mi cabello o el color de mis mejillas, sólo vería a Gary y era suficiente para correr. Quizás era la emoción de enterarme donde habían estado, luego de ese largo viaje casi de luna de miel, ¡que romántico y bonito!

            -¡Llegaron! –gritó Samuel desde la puerta de la cocina y tanto Raquel como Mira corrieron a la entrada, yo permanecí en el umbral de la sala con una estúpida sonrisa en los labios.

            -¡Bienvenida señora! –Mira se acercó y Lucy aceptó su saludó con un abrazo afectuoso, ella también sonreía, mientras la abrazaba sostenía el elegante sombrero color café que llevaba en su cabeza, sobre su cabellera azabache brillante y sedoso que debió haberse cortado durante el viaje en un sitio donde modernizaron el estilo. Estaba perfectamente maquillada con un bronceado despampanante que hacía juego con los ojos azules más vivaces que había visto.

            -Luce usted preciosa señora.

            La alagó Raquel dando brinquitos sólo con las puntas de los pies, y era cierto, su cuerpo sería envidiado por una sirena, caderas perfectas, talle espectacular.

            -Gracias Raquel, Mira.-Dio unos pasos adentro.-dile a Samuel que traiga nuestras cosas.

            Entonces apareció él, con sus interesantes arrugas en la comisura de los labios, su cabello rubio nada arreglado y aquel estilo tan suyo.

            -Oh, extrañaba estar en casa.

            Dijo entrando y entonces Lucy me miró.

            -No digas tonterías Aníbal, no hemos extrañado para nada esto, la pasamos divino.-Hablaba mientras me miraba.- ¿Cómo has estado María?

            -Bien señora y bienvenida a su casa.

            -¿Qué tal Victoria? –Me saludó él y el corazón se detuvo en mi pecho, su voz era como una música para mí. No sé si fueron ideas mías pero sentí como sus ojos fueron desde mis zapatillas, mi pantalón blanco de algodón, mi blusa rosa, hasta mi rostro, sentí vergüenza de mantener su mirada.

            -Hola señor, bienvenido.

            -Uff.-Miró toda la casa entonces hasta detenerme en su esposa.-Que bueno es estar en casa.-Se encogió de hombros como un pequeño travieso y comenzó a subir de dos en dos las escaleras que daban a su habitación. Yo dejé de mirarlo discretamente y miré de nuevo a su esposa.

            -Y cuéntame  María ¿qué hay de nuevo? ¿Qué tal el colegio?

            -Bien señora.-respondí casi bajando la mirada.-Nilvia le ha enviado un obsequio por su cumpleaños, le he pedido a Raquel que lo colocara en su recamara.

            -¡Oh, voy por él! –Y comenzó a subir, apenas de uno en uno las escaleras debido a lo estrecha de su falda y su muy altos tacones.-Mira, prepara algo delicioso  por favor.

            -Si, claro señora.-Mira se fue a la cocina y sonriente.-Vamos Victoria, acompáñame.

            -Si…-La seguí con gusto mientras Raquel no quitaba la vista de todas las maletas que Samuel entraba a la casa.

            Por supuesto que como siempre la comida de Mira estuvo deliciosa, muchas veces provocaba chuparse los dedos, había hecho una limonada que refrescó nuestras gargantas y para postre un quesillo de coco que había sido idea mía. La señora Lucy parecía satisfecha, por lo que anunció Raquel y fue directo a la habitación para ayudarla a desempacar. La casa volvía a tener un poco de vida, se encendieron las luces del jardín y también de la piscina y los corredores de la casa se mantuvieron iluminados, antes solo estábamos nosotros y no había necesidad de hacerlo, todo era muy rutinario, no había que preocuparse por a quien servir, pero ahora Mira cantaba frente el fregador y Raquel, la cual no veíamos desde la cena, seguramente ya tenía los ojos hechos agua de no parpadear admirando las pertenencias de la señora Lucy.

            Samuel colaboraba con nosotras preparando la cocina para ya irnos a dormir, había puesto la radio y sonaba una canción de Carlos Gardel, al principio bailaba con la escoba pero luego la soltó y tomó mi mano haciéndome girar, yo le sequé el juego, era casi de su tamaño y Rosita me enseñó a bailar muy bien tango. A pesar de sus años, que no eran tampoco muchos, Samuel era muy ágil, y me llevó desde la nevera, hasta el fregadero y recorrimos buena parte de la cocina, fingiendo una seriedad de verdaderos bailarines. Mira se movía por su lado con la espuma de jabón en sus manos y cada vez que podía nos miraba divertida, si no hubiese sido por ella no habría soportado  estar lejos de casa y cuando vi lo que sucedió con Diego, me  pregunté si debía regresar aquí, luego que propósito de mamá estuviera completado, entonces pensé en Mira y en lo que se parecía a mamá cuando me cuidaba y me consentía. No podía perder esto también.

            La canción terminó dramáticamente y Samuel me tomó por la cintura y la mano fuertemente para hacerme caer ligeramente sobre una de sus rodillas y desde ahí, con una imagen al revés vi al señor Aníbal, divertido aplaudiéndonos. Casi caigo del susto, me costó enderezarme y Samuel no hizo mucho esfuerzo en ayudarme.

            -Mientras estuvimos en Europa vimos algunos eventos de baile pero  vaya Samuel, ninguno como este, lo han hecho muy bien.-Terminó de  decir esto y se pasó la mano por el cabello rebelde sin dejar de reír.

            -Gracias señor.-Dijo risueño y orgulloso Samuel.-Todo es gracias a la  fabulosa compañía.-Me señaló.

            -Si, ya veo.- Yo seguía estática mientras él terminaba de entrar a la cocina, vestía pantalones cortos y franela sin mangas, descalzo y con aquella sonrisa que dejaba arrugas hermosas en sus comisuras.

            -Disculpe señor.- Bajé la cabeza apenada.

            -¿Necesitaba algo señor Aníbal?-Mira intervino jovial, sin saber la gran vergüenza que se apoderaba de mi.

            -No, la verdad no, pero si te queda limonada…

            -Si, claro.-Mira terminó de secarse las manos en el delantal que yo le regalara y abrió la nevara. Yo veía la salida para escapar pero él continuaba ahí parado, más adentro pero ahí.

            -Siéntese señor.-Lo invitó Samuel con toda confianza.

            -Gracias.-Tomó asiento en una de las sillas de la cocina y se apoyó en la encimera que nos servía de mesa a nosotros. Mira le colocó el vaso de limonada casi en sus manos y rápidamente absorbió el líquido.- ¿Y cómo estuvieron las cosas por aquí? –Preguntó despreocupado.

            -Bien señor, sin novedad.-respondió Samuel de inmediato.- ¿Y ustedes? ¿La han pasado de maravilla?

            -Si.-Dijo encogiéndose de hombros.-Bueno es Europa, todo es hermoso.

            -La señora debe haberse traído la mitad de las tiendas.-Mira se sentó frente a él con confianza y lo mismo Samuel, yo en cambio me hice a un lado.

            -¡Oh, sí! Ha resultado un placer para ella, no quería parar en el hotel y las tiendas las han exprimido, debe hacer un inventario como para diez años.

            -¡Uao! –Expresaron los hermanos.

            -¿Y tu Victoria?

            Eh, ¿yo qué?

            Ladeó la cabeza para verme, aunque sentía que ardían mis mejillas, y no sé porque, le mantuve la mirada.

            -¿Cómo ha estado el colegio? –Completó.

            -Bien.-Dije a prisa.

            -He de hacerte unas  preguntas por tu salud.

            -El doctor Caster se ha encargado de…-De mi regla, del crecimiento prematuro de mis senos, del alargamiento de mis piernas y de lo acolchado de mi pompis, hasta el grado de prohibirme recogerme el cabello para no aparentar más edad.- todo lo referente a mi salud, señor.

            -Oh. ¿El médico amigo de tu familia?

            -Si.

            -Me gustaría conocerlo.-Sonrió y yo le sonreí y los demás sonrieron, así que me relajé un poco.

            -Se lo diré señor.

            Tomó lo que restaba del jugo y se levantó de la silla.

            -Bueno me voy a la cama, espero que Lucy haya terminado de ver todo lo que trajo, yo…he traído detalles para ustedes, hasta para Gary.-Se secó los labios con una servilleta de la encimera.- ¿Cómo está él?

            -Bien, vendrá dentro de dos semanas.-Respondí yo animada, él entonces dejó de sonreír, luego volvió hacerlo y asintió con la cabeza.

            -Bueno que descansen, gracias Mira, buen paso Samuel.

            -Gracias señor.-Respondieron al unísono. Lo vi partir y pude respirar.

            -Debiste dejar que te revisara Victoria.-Me dijo Mira regresando a su fregadero.

            -No hacía falta Mira, yo estoy bien.-tomé una toalla y comencé a ordenar la losa.

            -Voy a revisar todo y luego a la cama, gracias por la pieza preciosa.-Samuel me guiñó un ojo.

            -De nada Samuel.- le seguí el juego y reímos.

            Me fui a la cama algo cansada, como hacía tiempo , y cosa que extrañaba, Samuel se encargó de dejar encendidas las luces alrededor de la piscina y como me imaginaba, el señor Aníbal apareció y de un golpe, con un short impermeable y su pecho desnudo, se lanzó al  agua,  a pesar del sueño que tenía coloqué el banquito y me subí para observarlo, cuando surgió, juro que podía ver su cuerpo delgado brillar bajo las luces de la casa, sacudirse como animal, como siempre, y luego zafarse de su única prenda y correr desnudo a la casa, lo imaginaba entrando por el pasillo desnudo y corriendo escaleras arriba, ¿alguien más lo espiaba como yo? No creo. Reí con las manos en la boca, como si alguien pudiera escucharme, me llevé las manos al pecho y fui a la cama, tendría seguramente dulces  sueños, no tenía recuerdos de sus partes desnudas, sólo del brillo de su cuerpo, de su cabello mojado y su sonrisa.

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