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El amor

        Cuando veía papá y a mamá hacerse cariño frente a nosotros, siempre mi mente y mi corazón mantenían la ilusión de algo tierno, color rosa. Ellos siempre que unían sus labios se miraban muy enamorados, al igual que cuando entrelazaban sus dedos y se decían te quiero. Mamá llevaba un sufrimiento que papá desconoció todos esos años, pero lo amaba, no sólo eran sus miradas o sus manos, era el color de sus mejillas o los gestos en los labios de papá, gestos que hasta ahora no recordaba ni asociaba.

            Abrí los ojos de golpe. Estaba en mi recamara. En mi cuarto, sobre mi cama, vestida como lo hiciera antes de ir a la habitación de Gary. Gary. Miré a mí alrededor, estaba sola, me sentía bien. ¿Cómo llegué a mi cama? ¿Qué hora era? Agudicé la vista y miré el reloj de mesa, 5:15, amanecía ya. Me incorporé y sentí un tingló en mi brazo izquierdo que pasó casi inmediato. Entonces toqué mis labios, un escalofrió recorrió mi cuerpo, moví la lengua dentro de mi boca y cerré los ojos. Ahí, el sabor de sus labios, aún estaba ahí, el olor de su cercanía, su nariz tropezando la mía, podía evocarla con sólo cerrar los ojos sin el menor esfuerzo, pero no había sucedido aquí en mi habitación, sino afuera y recuerdo haber caído en un profundo…sueño. ¿Sueño? ¿Había sido un sueño? Cerré los ojos una y otra vez, aquella sensación que invadía mi cuerpo continuaba ahí, el sonido que escapara de mi garganta estaba ahí, como si pudiera palparlo, pero por otro lado ¿podía ser verdad que el señor Aníbal me mirara de esa manera? Sacudí la cabeza, no, en realidad había sido un sueño pero el más hechizante que haya tenido y la razón había sido el encuentro sexual que presenciara entre Gary y Raquel.

            Tocaron  suavemente mi puerta, todos esos sentimientos estaban ahí golpeando mi mente y algo más, mi cuerpo entero.

            -Victoria ¿esta despierta? Soy Aníbal.

          Se congeló mi cuerpo, ahí estaba el amo de la desenfrenada sensación de mi cuerpo, el protagonista de un sueño que hiciera añicos mi preocupación por lo que hiciera o no Gary con Raquel.

         -Si…señor.-respondí aún desde mi cama.

         -¿Puedo pasar?

      ¿Debía dejarlo pasar?

         -Sí.

           Abrió la puerta lentamente y se asomó, directo sus ojos a los míos, luego dejó entrar su cuerpo y cerró la puerta detrás de él.

      -¿Cómo te sientes? –Podía verlo completo y al mismo tiempo disfrutar sádicamente de un calor frío entre mis piernas, pues el recuerdo de su boca y de sus brazos atrapándome, así fuera en sueños, despertó en mí una malicia que traduje muchas veces en mis padres como demostración de amor.- ¡Victoria! –Me llamó esta vez de pie aún junto  a la puerta.-deja de mirarme así, por favor.

            ¿Quién era yo para que él me suplicara aquello con tal vehemencia? ¿En qué punto comenzó esta atracción que no me dejaba dejar de murarlo?

          -Estoy bien señor.-logré decir y entonces si bajé la cabeza. El corazón iba a prisa, galopante y mi respiración se aceleraba como máquina al tren.

         -Estaba preocupado por ti, me he retirado de aquí hace sólo una hora.

          Estuvo aquí, conmigo, y sí, yo lo sentí, busqué en el vacío de mi mente, aquí estuvo, lo miré a sus ojos hermosos.

        -Perdiste el conocimiento, te traje aquí pero luego despertaste y volviste a dormirte, no he tenido más remedio que irme cuando llegó Alex con todos.-yo aún estaba muda, lela en su presencia.- ¿no lo recuerdas?

         -Yo…sólo recuerdo un sueño…

           -¿Un sueño?-frunció el ceño y echó la cabeza atrás, nunca lo había mirado por tanto rato.

          -Si.-Tragué saliva, mi cuerpo era presa de deseo, ¿qué era eso? ¿La adolescencia despertando?-usted…usted…dígame…-Volví a mirarlo a los ojos, no podía descifrarlo, y esa valentía que se apoderaba de mi ahora me hacía temerle.- ¿fue un sueño en realidad?

            -¿Qué crees que fue un sueño? –Dio un paso hacia mí pero aún estaba lejos.

     -¿Puede explicarme esto que siento sea sueño o realidad?

         Noté como tragó saliva.

       -No sé qué es lo que sientes.-Dejaba esa cara de expectación para mí.

        -Usted es médico.

        -Creo que esto no tiene nada que ver con la medicina Victoria.

        -¿No? –Negó con la cabeza.- ¿Entonces es amor?

          Soltó una tos nerviosa y se la calmó él mismo sobando su pecho.

          -No sé qué soñaste.-Aclaró su garganta.-Pero si te falté el respeto estoy arrepentido, tu eres una jovencita y yo estoy para ayudarte.

            -Oh.-Bajé la mirada.

             -Desde que llegaste a esta casa me ha asombrado lo directa que eres.-Cerró los ojos y dio un paso atrás colocando la mano en la perilla de la puerta.-Que pase buen día, si sientes algún malestar avísame.-Abrió la puerta.

          -Ya me ha dicho que no tiene nada que ver con la medicina.

          Abrió la boca para decir algo que no dijo y salió despidiéndose con gesto resignado. Cuando la puerta se cerró pude soltar el aire contenido en alguna parte de mis pulmones. La cabeza era una turbulencia y mi estómago mi corazón un revoltillo que me provocaba nauseas ¿A dónde quería llegar con mi actitud? ¿Por qué me permitía enfrentarlo?

Me tiré de golpe en la cama y cubrí mi rostro con las manos ¿debía huir a mi casa? ¿Correr lejos de este sentimiento? No, no existía, fue sólo un sueño causado por el impresionante momento de Gary. Eso había sacudido mi pasión que no se si estaba bien sentir, aunque era suficientemente creíble para inflamar mi corazón.

       -Buenos días a todos.-Saludé entrando a la cocina, sin nada de hambre, el estómago cerrado.

      -Buenos días cariño.-dijeron Nilvia y Mira al mismo tiempo.

         -¿Cómo les ha ido en la disco? –Me acerqué a Nilvia.

         -Me duelen los pies.-Nilvia puso mala cara.-Pero la hemos pasado bien, hasta amanecer.

           -Ufff, estuvo bueno entonces.-Mira aplaudía feliz.- ¿Bailó mucho el señor Alex?

          -Si, como trompo.-Nilvia rió.- ¿No vas a desayunar?

         -No, llevo dinero, comeré en el colegio ¿vas conmigo Gary?

       Él me sonrió y dejó la taza en el fregadero.

         - Vamos.-Me ayudó con mi bolso, vestía pantalones cortos azules y una franela ancha color verde claro.

          No caminé con prisa, teníamos tiempo y si llegaba tarde no importaba.

         -¿Cuándo te vas? –Le pregunté caminando a su lado, yo era alto pe ro él lo era más y era robusto.

       -No lo he pensado, no tenía planes de venir.

            -Sí, es cierto, ¿Y el señor Alex, cuando parte?

            -Tengo entendido que hoy, temo que me diga que me vaya con él y dejarme rumbo a Caracas.

            -Ah ¿no quieres irte? –Me miró confundido, me pregunté ¿Cuántas veces este momento se repitiera en el pasado? ¿Cuántas veces Gary me acompañó a clases, me celó y me abrazó, acabando de pasar la noche con Raquel?

            -Tengo que irme, eso lo sé, pero puede ser mañana o el fin de semana.

            -Y de esos días ¿Cuántas noches pasaras enredado en las piernas de Raquel? –Directa, como me elogiara o me criticara el señor Aníbal.

            -¿Cómo dijiste? –Ah, duda de lo que escuchó el joven cínico de mi amigo. Se detuvo en pleno camino.          -¿Cuántas noches pasaras…

            -No, no vuelvas a decirlo.-Levantó su mano derecha solemne.

            -Si escuchaste entonces.-Mantuve su mirada, mamá había hecho una anciana de mí, maduré de un golpe, perdí todo de un golpe, esto no significaba nada.

            -Victoria…yo no…se…-Pasó su mano por el liso y oscuro cabello.

            -¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿Por qué yo nunca me di cuenta que ella a la única persona que le guardaba respeto era a ti? Y no de ahora.

            -Victoria…-Trató de decir algo, giró y me dio la espalda, nervioso, apesadumbrado, tembloroso.

            -Te vi anoche.- Solté y él me vio lleno de pánico.- ¡Yo te vi! –Escupí en su cara casi a gritos.-Los vi a los dos en la cama.

            -No, no, no pudiste.-Negaba y negaba con la cabeza.

            -Sí, sí, sí, a ti  y a Raquel.-La voz comenzó a temblar, las fuerzas me abandonaban.-Yo…creí que no era posible ver tal cosa, pero si lo fue, me sentí tan estúpida Gary.-El trató de decir algo de nuevo pero no pudo, verlo, así, eso lo mataba, podía leer su mente horrorizada y revivir lo visto hizo que las lágrimas rodaran por mis mejillas.-Una estúpida que fue a buscarte a tu habitación para…para besarte.-El beso, el beso de mis sueños, el maravilloso beso del señor Aníbal.-Y tu Gary, tu ¿me ibas a besar luego de estar con Raquel? ¿Y hoy? ¿Me besarías hoy?

            -Victoria, Victoria escúchame.-Me calmaba con un gesto de sus manos y se inclinó un poco para encontrarse con mis ojos.-Raquel no significa nada, nunca ha significado nada y no significara, y si anoche estuve con ella fue porque…fue porque…

            -¿Por qué? Porque me parece muy trillado eso de que no significa nada, lo que yo vi lo que sé que tú sentías no es insignificante.-sequé mis lágrimas.

            -Fue porque se ha dado cuanta que me gustas y dijo que te lo diría, que te diría lo nuestro.

            -¿Desde cuándo Gary?

            -Oh, eso no importa Victoria.-Zapateó lejos de mí.

            -Quiero saberlo, llegué aquí hace años, he convivido contigo y con ella y nunca pensé, hasta ahora que lo he visto… ¿Cuánto tiempo? –Casi le supliqué una respuesta.

            -Años, desde que ella llegó, al poco tiempo.

Dios esa Raquel no pierde tiempo, debe llevarle cinco o  seis años a Gary.

            Suspiré y apreté mis labios, ordené mi cabello.

            -Eso que no significa nada lleva años, ella te gusta Gary, te satisface…

            -¡Nooo!-Me tomó por los hombros asustado.-No me gusta, me gustas tú, siempre me has gustado tú.

            -Eso creía yo también, pero luego de ver lo que vi anoche…

            -¡Maldita sea Victoria! Siempre hurgando en los asuntos, siempre, siempre queriendo saberlo todo.

            -Pensé que tú podrías ser mi asunto – Y de verdad lo pensé, pero no sentía por él ese escalofrío ardiente que sentía por el señor Aníbal.

            -Lo soy, quiero serlo, por favor.-Acercó su boca a la mía y la tomó, yo me quedé rígida, ya no era lo mismo, a pesar de que el señor Aníbal era un hombre casado, que seguramente se revolcaba con su esposa, como lo hacía Gary con Raquel, cada noche, lo había sentido en cada poro de mí y por esa razón decidí que debía irme a casa. Gary se separó de mi con sus ojos fijos en los míos.-Dame la oportunidad Victoria.-su aliento bañó mi rostro.

            -Lo pensaré una vez que esté en casa Gary, pero está difícil.

            Suspiró profundamente.

            -Siento que  hayas visto algo, no sé cómo no te sentí…

            -Podría decírtelo.-Levantó su mano de nuevo muy solemne.

            -No quiero que las cosas sean así Victoria, podríamos dejar que el tiempo lo solucionara, no va a volver a ocurrir.

            -¿Cómo estás tan seguro?

            -Lo estoy.-Me extendió la mano.-No llores y borra esas imágenes de tu mente.

            De sólo decirlo reviví todo el momento y como un flash, vino a mí la cercanía del cuerpo del señor Aníbal y lo que sentí cuando arqueé mi cuerpo e incliné mi pelvis, debía regresar a casa pronto, lo que sentía por uno debía sentirlo por el otro.

            Estando en el colegio consideré contarle a alguien mis inquietudes, la verdad no tenía a quien, y tampoco tenía como llamar a mi osadía por sentir lo que sentía y luego por habérselo dicho al señor de la casa, esposo de la hermosísima señora Lucy, ¿a quién se le ocurría insinuar que sentía amor por alguien casado, mayor y dueño del techo que habitaba? Y decirlo, una locura.

            Podía reclamar a Gary, inclusive cuando lo vi en la salida quise recordar que me había engañado, que había visto su cuerpo desnudo junto a Raquel, pero en vez de eso, y por haber pasado la mañana rememorando mis sensaciones junto con la intensa mirada del señor Aníbal, lo único que quería era estar a solas y tocar mis labios para fantasear sobre una realidad que era una ilusión.

            -¿Te gustaría salir a comer helados este fin de semana? –Gary caminaba a mi lado, sí que trataba de ser simpático, pero ya no era posible para mí.

            -Me iré a casa con papá.-Le respondí sin saber si sería así o no.

            -Pensé que no irías hasta el final del año escolar.-Me miró meticuloso, oh Gary, no me conoces, ni yo misma me conozco.

            -Le pediré que me lleve unos días, ya casi no veo clases.

            -¿Lo decidiste cuándo?

            -Hace unas horas.-Intenté ser sincera con él.-Necesito alejarme de aquí y recordar quién soy y que bien hacer.

            -No se trata de una visión de vida Victoria, estas aquí para vivir tu vida, han sido unos buenos años ¿no?

            Pensé un rato.

            -Sí.

            -Lograste recuperar a tu hermano, él está por ahí en algún lugar desde donde regresará y re reconocerá como su  hermana. Tú mereces vivir tu vida, estar tranquila.

            Encogí los hombros, pero no dije nada.

            -Por favor no estés tan callada, no sueles ser así.

            -No es intencional.-Le sonreí.-Es que…a partir de anoche, oh Gary, lo siento no es que yo quiera hacerte sentir culpable por tus elecciones, y sé que es gracias a mi intromisión que ha cambiado algo en mi.-Se detuvo y yo me detuve, nos miramos, la persona a quien se lo podía confesar era él mismo.-Algo que no conocía pero que estaba ahí conmigo todo el tiempo.

            -Lo que sea cuéntamelo.

            -No creo que esté bien, prefiero enfriarlo todo viajando  a casa.

            -¿Enfriarlo? –Fruncía el ceño, estaba confundido y desnudo sentimentalmente ante mí-¿Tiene que ver con que se la haya despertado un sentimiento femenino por lo que viste? ¿Algún tipo de…morbo? ¿Curiosidad? Dime ¿yo tengo que ver? Esta tan decepcionada, no tengo que repetirte que lo siento, lamento haber llevado esa vida con Raquel y habértelo ocultado o si quiera continuarla.

            Miré el piso avergonzada, quise decirle, si Gary, el verte meneándote sobre Raquel lo único que hizo fue que yo deseara al señor Aníbal.

            -Victoria no entiendo.-Se pasó la mano por el cabello.

            -No importa.-Tomé su brazo y lo invité a caminar a casa.-Vamos a casa, quiero despedir al señor Alex, por ahora Gary nuestro intento de ser algo más que amigos queda cancelado.

            -Victoria…

            -Shh, no voy a cambiar de opinión y por favor no comentes nada con Raquel, no quiero que sea aún peor enemiga de lo que es en el corto tiempo que me queda en la casa.

            -¿Cómo? ¿No regresaras al final de tu graduación?

            -No veo porque he de hacerlo.-Caminé y lo dejé atrás hasta que reaccionó y me alcanzó.

            -Te estaba esperando María.-El señor Alex abrió los brazos al verme entrar con Gary al jardín de la casa.-tengo que partir después del almuerzo ¿guardamos las plantas ya?

            No pude más que sonreírle y sentirme feliz, cuando extendió su mano la acepté y le entregué mi bolso a Gary que venía cerca, extrañamente no pudo mala cara y con mi bolso nos siguió.

            En el jardín estaba también Samuel y fue con nosotros de buena gana. Hacía un bonito día, caluroso pero una suave brisa aromatizaba nuestro entorno y con muy buena gana y a prisa comenzamos a trabajar en la mudanza de las flores a sus materos.

            Antonio apareció con limonadas en vasos pequeños y tomamos un poco antes de ir a al auto del señor Alex para guardarlas, al terminar los cinco estábamos sudados y algo llenos de tierra.

            -Iré a cambiarme la ropa para almorzar.-Les dije y tomé mi bolso de donde Gary lo había apoyado mientras terminábamos.

            -Escucha María.-El señor Alex puso su brazo alrededor de mis hombros, olía muy bien.-Regresaré a fin de año y hablaremos sobre tus estudios ¿te parece?

            -Está bien siempre y cuando siga aquí señor Alex.-Bajé la cabeza para responder.

            -¿Cómo? ¿Regresarás a tu casa?

            -Es lo más probable, papá y mi hermano me necesitan, debo considerar donde estudiar que pueda estar con ellos.

            -No creo que exista un sitio para ti en San José.-Me tomó por sorpresa su observación, lo miré y traté de devolverle ese gesto cariñoso de sus ojos azules y brillantes.-Siempre he querido tener un restaurante y quizás tú puedas ayudarme.

            -¿Yo? –No podía negar que la idea me emocionaba, postres, postres, postres.

            -Piénsatelo, si no es en esta casa pues buscaremos otra y podrías traer contigo a tu familia.-el señor Alex miró a los demás.-Creo que todos queremos ayudarte.-El resto asintió con la cabeza.- dime ¿me voy tranquilo a casa entonces?

            Los miré a todos y sonreían, todos menos Gary, o si tu Gary que te revuelcas con Raquel muy cerca de mi durante todos estos años de mi inocencia.

            -Si señor Alex.

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