EL DIA QUE TE CONOCÍ
EL DIA QUE TE CONOCÍ
Author: michelle Strzyzowski
Prologo

EL DÍA QUE NOS CONOCIMOS

Jack llevaba un buen rato sentado en la barra. Su bebida sin tocar, vamos que no sabía ni que hacía allí. Por la tarde del día anterior su novia le informó que estaba embarazada y menos de 12 hs después se encontraba en EEUU con un Jet lag que lo estaba matando. 

Había tomado un vuelo nocturno directo a Chicago. 

No porque tuviera algún conocido en Illinois, solo que era el primer vuelo a EE. UU. que encontró cuando llegó al aeropuerto. Le hubiera dado lo mismo Boston, Nueva York o la mismísima tierra de Oz, mientras que hablaran Inglés le valía.

Ni siquiera estaba pensando cuando lo hizo. Sólo sacó sus ahorros y se largó.

Ahora que lo pensaba se sentía miserable.

Cuando su padre supieran que se había largado de aquella forma le caería una buena bronca encima. Se enterarían, seguro que Elisa se encargaría de que se enteraran.

No la juzgaba, claro.

Bueno, en parte todo era culpa de la muchacha.

Se había acostado con ella una noche y luego asumió que por eso ya era su novia. Jack no se había atrevido a negárselo, la chica se  había plantado en su puerta presentándose frente a toda su familia como su novia.

Para cuando llegó de la universidad y se encontró con toda la parafernalia,  la chica hasta había tomado té con sus primas, sus tías...

¡y hasta su Abuela!

Elisa había encantado a todos.

Diablos.

Ni siquiera sabía muy bien cuando toda aquella mentira se había vuelto verdad, una cosa llevó a la otra y simplemente cayó en una relación incómoda que no estaba en sus planes.

Una en la que ni siquiera estaba del todo metido pero que se había transformado en sexo seguro los viernes por la noche para quitarse el estrés de la semana.

Jack se maldijo y maldijo el día en el que conoció a la muchacha. El día en la que su amigo Thomas se la presentó en una de las fiestas de la universidad hacia cosa de 4 meses.

Él iba borracho, celebrando que había puesto su última materia  esa misma tarde. Aquel se suponía debía ser uno de los mejore mejores días de su vida.

Pero como iba la cosa en ese momento lo sentía como el peor.

Vaya que sí.

—Te lo envía el chico de allá.—Dijo el barman poniendo un trago azul frente a él. Jack alzó la vista curioso ¿había dicho chico?

Sí, definitivamente eso dijo. A pocos metros de él un muchacho pelirrojo con una camisa a cuadros de colores chillones se mantuvo con la vista clavada en el ingles, Billy Brennan iba rodeado de varias muchachas vistiendo botas largas y vestidos pegados al cuerpo pero no parecía prestarles la mínima atención a sus conquistas.

Las muchachas reían y bailaban alrededor del joven, pero este no apartaba sus ojos de Jack mientras bebía un trago muy similar al que le había enviado. 

Jack no supo si fue real o si se lo estaba imaginando, pero el chico parecía estar seduciéndolo de forma descarada mientras se llevaba la pajilla a la boca.

¿Acaso...?

No.

Definitivamente no podía ser cierto. Quizás el hombre se había equivocado.

Sí, seguro era eso.

Jack se volvió sobre su asiento hacia la barra observando el trago de colores psicodélicos que esperaba sobre ella. Tal vez...

Volvió a mirar sobre su hombro, junto al chico había una guapa muchacha igual de pelirroja que él vistiendo de rojo, bailaba removiendo sus curvas en todas direcciones, frotándose contra el chico al ritmo de Come into my life.

Vaya que se veían bien bailando juntos, pensó.

Billy tenía ese aire de frescura que se movía despreocupado y seguro. A sus anchas.

Y esa chica...

Definitivamente Jack no se hubiera quejado por pasar una noche con una chica como esa...

¡Basta!

¡Tienes un hijo! Se recordó.

Bueno, pronto lo tendría, si es que no la convencía de abortarlo.

Ese pensamiento hizo que se olvidara por completo de la chica guapa junto al bailarín descarado y volvió a su cerveza que descansaba sobre la barra.

Abortarlo, no podría negar que esa idea se le había pasado más de una vez por la cabeza en las ultimas horas. ¡Tenía 24 años! Siempre había sido un hombre educado, un joven comedido. Vamos,  que en su vida había tenido solo relaciones estables incluso con Elisa que se suponía sería cosa de una noche.

Ahora estaba unido hasta los cojones a esa chica que no conocía de nada.

Aborto...

Parecía la mejor solución de momento.

¿Era un asesino por pensarlo?

En lo que llevaba desde que le habían dado la noticia no había vuelto a hablar con Elisa, tal vez podría convencerla de hacerlo ¿de cuanto había dicho que estaba? ¿13 semanas? Jack no tenía la menor idea de que significaba eso. Se imaginaba un pequeño bebé metido en el vientre de su novia, un bebé que él estaba pensando en matar. ¿Tendría los ojos de su madre?

Al menos Elisa era guapa, si era niña esperaba que se pareciera a ella, si era niño... pues esperaba que también. 

Siempre podría perderlo ¿No?

Existía la posibilidad y por muy terrible que sonara una parte de él rogaba que así fuera.

Jack suspiró sintiéndose frustrado.

Estaba agotado, llevaba demasiadas horas sin poder dormir. Solo quería acostarse y despertar con todas las soluciones a su vida que parecía ir cuesta abajo en los últimos meses.

—Rechazar una bebida es de mala educación —Jack alzó la vista y vio parado frente a él al chico pelirrojo. De cerca notó que tenía unos bonitos ojos celestes. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que el chico menor le estaba coqueteando.

Se inclinó como un gato sobre la barra y alcanzó el trago de la discordia, y repitiendo lo que le había visto hace rato,  se llevó la pajita a los labios y sorbió de una manera que simplemente podía describirse como caliente. Puso tal cara de placer apretando sus labios que parecía a punto de tener un orgasmo en ese momento.

Jack carraspeó sintiendo la boca seca y se lo quedó mirando incapaz de apartar los ojos de aquella imagen, algo en el chico había captado su atención, no sabía  si era su cabello como brazas encendidas, la cantidad exagerada de pecas en su piel o el simple hecho de que era el primer hombre que se le insinuaba de aquella manera.

—No entiendo por que lo has hecho. De verdad está bueno.—Le dijo como si nada abriendo sus ojos de par en par.

—Disculpa, ¿estas seduciéndome?

—mmm... conque eso parece, creí que solo estaba coqueteando. —Dijo Bill con una sonrisita pícara.

—Es lo mismo.

—Oh no, grandulón. Esto.—dijo removiendo la pajilla en su copa.—Solo es un coqueteo para que te sintieras a gusto conmigo. La seducción iba a empezar cuando aceptaras ir a bailar.

—¿Con un hombre?

—Vaya, eres de esos.—El chico infló sus mofletes en gesto infantil y suspiró con fastidio.—Angie bailara con nosotros.—Dijo señalando a la chica de rojo. —Mi prima Angie cree que eres caliente. Podríamos divertirnos juntos.

—Yo...

Vaya, eso no lo esperaba. Había oído sobre los estadounidenses, que eran descarados,  pero aquel chico había hecho que la definición de indecencia adquiriera un nuevo grado. Jack no tenía la menor idea de que decir. Vamos,  que se consideraba los suficientemente maduro y decidido para encarar a alguien en un bar, pero no estaba preparado para que fuera él a quien encararan.

Sintió el calor de un cuerpo a su espalda que lo hizo dar un brinco y voltearse sacándolo de su debate mental. La tal Angie se había acercado hasta ellos y ahora se colgaba de su cuello haciendo que sus pequeños pechos se apretaran a su costado.

—Ven a bailar con Nosotros.—Ronroneó con voz graciosa mientras hacía un puchero a su lado.

—Créeme,  no quieres decirle que no—Dijo otra vez Billy llamando su atención hasta aquella cara llena de pecas que por alguna razón le parecía atractiva. 

No supo en que momento ocurrió, pero sus pies lo llevaron al medio de la pista donde acabó entre ambos pelirrojos.

Los primos se colgaban de él y se lo pasaban como si fuera una especie de bola de pin pong.

Jack comenzaba a marearse, ni siquiera sabía si tenía al chico o la chica entre sus brazos. Solo sabía que los había tenido a ambos por turnos, ambos se habían frotado contra él y ahora se sentía caliente.

Eso era todo. La erección en sus pantalones se lo confirmaba.

—Siempre a sido una zorra .—La voz del chico llegó a sus oídos demasiado cerca. Jack parpadeó unos momentos para aclararse la mente y vio a Angie a unos metros de él besándose con un tipo.

Al bajar la vista al menudo cuerpo que estaba abrazando en ese momento descubrió que se trataba del chico del trago. El chico pelirrojo, el chico que olía a rosas. Por instinto intentó  apartarse,  sin embargo el joven descarado se lo impidió apretándose más contra el cuerpo de el ingles.

Jack gimoteó al sentir aquel firme trasero contra su entrepierna. Se frotaba despacio, pero con confianza , en movimientos que nada tenían que ver con la música y que lo único que hacían era ponerlo más duro.

Dios sabía que nunca antes había pensado de esa forma en otro hombre pero de pronto ese cuerpo fibroso y delicado se le antojaba demasiado atractivo.

Como si sus manos cobraran vida propia comenzaron a acariciar el cuerpo del muchacho disfrutando la sensación suave de la tela que lo cubría, tan fresco y  sedoso... combatía el calor que en esos momentos estaba nublando su cerebro.

—Alto ahí vaquero.—Dijo Bill en cuanto las manos de Jack intentaron colarse por debajo de su ropa. Entrelazó sus dedos con los del mayor y las apartó de su cuerpo.

Jack frunció el seño.

¡Vamos! que Jack no entendía nada. Si con la forma en la que aplastó su culo en su entrepierna le había dejado más que claro que le iban los hombres. Y Jack tal vez por destino, tal vez el agobio de las últimas  horas, la falta de sueño o por el simple hecho de que quería desestresarse sin el riesgo de embarazar a otra chica en un bar, se le antojaba interesante la idea de probar algo nuevo.

No era lo suficientemente iluso como para intentar negar lo inevitable. Ese chico le parecía atractivo, vaya que sí. Lo vio voltearse en su dirección sin desentrelazar los dedos de los del mayor y se apretó al cuerpo de Jack dejándole tantear que se encontraba igual de excitado que él.

Contra todo pronóstico sentir aquella dureza contra su pierna no hizo más que despertar en el mayor unas ganas locas de tomarlo. Vamos, que eran adultos.

Los dos lo eran. ¿no? Estaba a kilómetros de distancia de su casa, huyendo de sus responsabilidades y esa noche se le antojaba descubrir nuevas facetas de su sexualidad pero eso no significaba que tuviera que hacerlo frente a todo un mundo de mirones.

—Vamos a los baños—Le pidió.

El chico le regaló una pequeña sonrisa torcida que hizo que se marcara uno de sus hoyuelos y vaya que Jack tuvo que contenerse para no besarlo en aquel sitio repleto de ojos curiosos.

Que era poco probable que se encontrara con un conocido ahí, pero su educación le impedía hacerle todo lo que el chico le despertaba en esos momento.

—Por favor.—Pidió intentando no sonar tan desesperado pero supo que falló de forma vergonzosa cuando vio ampliarse la sonrisa del chico frente a él.

Billy lo tomó de la mano y con seguridad condujo a Jack por un pasillo que daba a un pequeño patio con varios piletones llenos de hielo que hacían de orinales, los cubículos estaban un par de metros más allá y por el sonido que emitían, estaba más que claro de que no habían sido los únicos con aquella grandiosa idea.

—Vaya, tendremos que esperar.—Se quejó el chico con un puchero en los labios. Y antes de que pudiera detenerlo, el enérgico pelirrojo comenzó a golpear en todos los cubículos gritándoles que se apuraran y que todos tenían los mismos derechos a follar.

Un malhumorado hombre acompañado de una chica fueron los primeros en salir acomodándose la ropa y apenas fijándose en el chico escandaloso miró a Jack con una mezcla de asco y molestia.

—Controla a tu perra.

Jack definitivamente deseó que la tierra se lo tragara en ese momento.

—Lo siento...—Comenzó a disculparse pero el pelirrojo ya estaba frente él con sus manos en jarra y fulminó con la mirada a la pareja. 

—Perra tu abuela, ya quisieras follarte un culo como este—Dijo el joven y haciendo énfasis en su palabras se dio una nalgada a si mismo.

Antes de que las cosas empeoraran, Jack agarró al chico del brazo y lo metió dentro del cubículo del que la pareja había salido. Soltó un par de disculpas en el camino y  cuando por fin ambos estuvieron a salvo,  lo soltó dejando salir el aire de sus pulmones.

—Idiota...—Seguía maldiciendo Billy que se había quedado prendido en aquella discusión, tenía unas cuantas verdades que le habían quedado por soltarle y eso solo hacía  que se enfurruñara más.

—Si que eres una fiera—Jack estaba de pie contra la puerta de servicio, con los brazos cruzados. 

Billy se había olvidado de él por un momento.

Al alzar la vista notó que el hombre intentaba contenerse de sonreír. Al darse cuenta de donde estaba y con quién , el pelirrojo volvió a su actitud coqueta devolviéndole una pequeña sonrisita torcida que prometía muchas cosas morbosas.

—No te das una idea. —Le dijo de forma sexy acercándose lo suficiente para agarrarlo por el cinturón y comenzar a desabrocharlo. Sus manos no tardaron en deslizarse por el interior de los boxcers del mayor y comenzó a masturbarlo haciendo que Jack gimoteara como púber, iba perdido. Lo tenía claro. Vamos que habían ido para eso, ambos lo sabían y la docilidad en el mayor a pesar de su postura seria fue algo que consiguió hacer arder la sangre de Bill.

Con gracia el pelirrojo se arrodilló frente a él y sin apartar la vista ni por un momento de los ojos oscuros de Jack tiró de los pantalones del mayor hacia abajo dejando a la vista aquella erección que prometía regalarle un buen dolor de culo para la mañana siguiente.

—¿Puedo?—le preguntó y aunque no era de verdad necesario Jack se limitó a asentir y cerrar los ojos dejando que el pelirrojo engullera su virilidad mientras se ayudaba de sus manos para llevarlo al límite.

Jack en esos momentos no hacía mas que gruñir maldiciones mientras el chico hacía magia con su lengua. Estaba por correrse, definitivamente no aguantaba más. Sin mediar palabra enredó sus manos en los cabellos del menor y tiró de él para besarlo.

Sentir su propio sabor embebiendo aquellos labios jugosos era enloquecedor, le gustaba la manera en la que el chico se colgaba de su cuello, la manera en la que aceptaba con docilidad la lengua intrusa del mayor que le hizo dominancia en aquel momento. Oh, demonios , a Jack le fascinaba ese chico. Hacía de un simple beso la cosa más caliente y sucia que pudiera existir.

—Quiero follarte—Confesó separándose solo lo suficiente para hablar. El chico le sonrió con picardía y se inclinó de nuevo hacia Jack para lamerle los labios.

—¿Y por que no lo haces, grandote?—Le preguntó juguetón poniéndole un pomito de lubricante y un condón en su mano antes de apartarse y darle la espalda.

Se bajó los pantalones dejando a la vista un trasero pálido y libre de cualquier imperfección, definitivamente era el mejor trasero que Jack había visto en su vida, redondo y en pompa. Pero Ver al chico en esa posición hizo que Jack cayera en la cuenta de lo que estaba haciendo. De lo que estaba por hacer, lo que quería hacer. Porque rayos que quería hacerlo pero de los besos al sexo había una línea bastante larga, al menos siempre le había parecido así a Jack.

—¿Que? ¿ Qué pasa? —Preguntó el pelirrojo al ver que el tiempo pasaba y el mayor se mantenía apartado.

Billy comenzó a pensar que se había arrepentido y al ver sobre su hombro con preocupación vio a un Jack que lo observaba con sus ojos clavados en los paquetitos que el menor había dejado en su mano. Los veía como si fueran cosas de otro mundo.

—Nunca he hecho esto.—Confesó agarrando el frasco de lubricante con la boca seca.

—Solo hazlo como con cualquier otro agujero —Aconsejó frotándose de nuevo contra la entrepierna del mayor para incitarlo. El contacto de piel con piel hizo que ambos gimieran.—Prometo que estará bien.

Nervioso, apenas consiguió destapar el frasco y vaciarlo entre aquellas nalgas pálidas del muchacho  que lo alentaba tocándose se a si mismo. Vamos que si ver a ese chico en aquella posición no conseguía ponerlo a mil, Jack no tenía idea de que lo haría. Para cuando fue consiente de que también debería haber echado sobre el condón era demasiado tarde así que se limitó a besarle el cuello, la espalda y todo sitio donde su piel estuviera expuesta para darle algo de alivio mientras mangoneaba la piel tersa de sus nalgas hasta posicionarse en su entrada.  Billy lo ayudó separando por si mismo sus nalgas para él con la frente apoyada en la puerta.

Como lo había dicho el muchacho, Jack intentó penetrarlo como si se tratara de cualquier mujer, pero la resistencia que aquel cuerpo le puso a su avance no se parecía ni un poco al de cualquier chica. Tuvo que forzar su entrada y en cuanto lo hizo un quejido adolorido se escapó del muchacho haciendo que Jack se detuviera preocupado mientras las manos de Billy iban a clavarse a la madera de la puerta por el dolor.

Era la primera vez que lo hacía por detrás con alguien, no porque nunca se le hubiera ocurrido hacerlo, pero nunca había tenido la confianza de sugerirle a alguna de sus novias para experimentar ese tipo de sexo. Lo suyo siempre había sido el misionero bajo las sabanas. Se consideraba un hombre tranquilo y convencional. Nunca se hubiera imaginado en esa situación ni de casualidad pero ahí estaba, sodomizando a chico en un baño público, de haber sabido que lo lastimaría, Jack lo hubiera ayudado a prepararse, nunca había sido un fanático de infligir dolor en el sexo. De hecho, era de los que se preocupaba porque su pareja, casual o no, lo disfrutara tanto como él.

—Lo siento, ¿Estas bien? —Preguntó tomando el rostro del muchacho para verlo a la cara. 

lo que vio en aquel rostro fue morbosamente hermoso, sus ojos celeste tornasol estaban completamente aguados, sus mejilla pecosas inflamadas por el deseo habían adquirido un suave rubor y aquella boca pequeña de labios carnosos se mordía intentando contenerse.

Antes de ser del todo consiente de lo que hacía  Jack lo estaba besando de nuevo intentando aliviarlo y expiar sus culpas.

Diablos que lo necesitaba, ese chico lo estaba volviendo loco. De solo verlo en aquella situación se sintió capaz de correrse.

Billy volvió a gimotear en medio del beso y entonces fue consiente de que otra vez se había movido, se maldijo, no quería hacerle daño a aquella criatura tan perfecta, pero algo en sus jadeos hacía que su cuerpo adquiriera vida propia. 

Sus caderas empujaron hacia adelante y no se pudo detener hasta que no sintió la carne tibia de aquellas nalgas firmes contra su pelvis.

—Lo siento.—Le dijo, pero lo cierto, era que en ese monto el ingles se sentía en la gloria. El cuerpo prieto del chico se sentía tan caliente que tuvo que aferrarse con fuerzas a aquel cuerpo para no moverse hasta descargarse. Vamos que tenía  que poner todo de si para no ser egoísta en aquel momento.

Se limitó a besar aquellos labios jugos  y dejó que el chico se acostumbrara a su tamaño mientras lo acariciaba para relajarlo.

Pasaron apenas unos minutos, o tal vez fueran siglos, Jack no estaba seguro, pero cuando el chico empujó su cuerpo hacia atrás para maximizar el contacto Jack se creyó capaz de llorar de felicidad. Quería follarse a ese chico, vamos que lo necesitaba y cada expresión de placer en el rostro del menor hacían que toda la espera valiera la pena.

—Listo. Muévete—Pidió por fin. Y Jack no se hizo de rogar, comenzó a entrar y salir con estocadas firmes y profundas haciendo que el chico pelirrojo gimiera cada vez que se salía y volvía a hundirse en él.

Era terriblemente escandaloso, pero contra todo pronóstico eso en vez de desanimarlo lo ponía más duro. Hacía que quisiera más, quería gravarse en la memoria aquel sonido celestial. Lo que sentía estando dentro de él era algo que nunca había sentido en su vida y aquellos grititos que escapaban de sus labios eran como el canto de los ángeles.

—Por favor, córrete para mi.—Le pidió el mayor mordisqueando la oreja del chico. Y en medio del fervor del momento tomó su falo entre sus manos y comenzó a tirar de él al ritmo de las estocadas mientras el pelirrojo se aferraba con fuerza a aquella puerta mugrosa. Sus uñas esmaltadas empezaban a hacerse daño pero no le importaba, ese hombre le estaba dando la mejor follada de su vida, lo mínimo que podía hacer era dejarse ir para él y sin el menor reparo acabó corriéndose con ganas llenando toda la puerta y parte de la mano de Jack con su semilla.

El Inglés a su espalda no se detuvo y tomando su corrida como luz verde aumentó el ritmo de sus estocadas hasta derramarse en el interior del muchacho que aun se apretaba alrededor de él.

Diablos. Jack no sabía que había sido eso. Pero había sido increíble. Recostó su peso sobre el del menor hundiendo la nariz en su cabello y aspiró profundo aquel perfume a rosas que había sentido antes, ahora su fragancia se había adulterado por el sudor y el sexo pero si era posible, eso hacia que le gustara más.

Cerró los ojos apretando aquel cuerpo contra el suyo y se quedó así recuperando fuerzas hasta que un carraspeo lo hizo volver a la tierra.

—Ya puedes salirte.

Ups, sí, claro.

Jack aun permanecía hundido en el interior del chico. Con vergüenza se apartó sin saber que decir y vio como el chico frente él comenzaba a subirse los pantalones.

—ya eso... estuvo bien.—dijo el pelirrojo intentando cortar la tensión sin mucho éxito. —Ya nos vemos.

Y dicho eso le quitó el pestillo al la puerta y salió del cubículo dejando a un confundido Jack atrás. 

                                                               ***

Bill despertó esa mañana con una jaqueca terrible, no tuvo que ser un genio para saber que no era el único sitio de su cuerpo que le dolía. Apenas se incorporó en la cama sintió el tirón en su espalda baja que le aseguraba que meterse con un heterosexual inexperto había sido una mala idea.

Suspiró y se frotó los ojos. ¿Quién podía juzgarlo? Acababa de cumplir los 18, su novio, actual exnovio lo había dejado y por todo el glamur que corría por sus venas que no iba a quedarse llorando en su cama para vestir santos.

El cabrón era un idiota.

Billy estaba seguro de eso, pero no quitaba que el hecho de saberse botado le doliera en el orgullo.

Y ahora también te duele el culo, pensó.

—Toc, toc.—Bill alzó la vista y vio a su prima Angie parada en la puerta.

No tenía idea de a qué hora había vuelto a la casa, pero se alegraba de que estuviera allí.

La chica era su mejor amiga y había sido todo el apoyo que tuvo cuando salió del closet con sus padres hacia un par de años. Desde entonces vivía en casa de sus tíos.

La pareja mayor habían tenido reparos en aceptar sus preferencias pero al final cedieron lo suficiente como para aceptarlo y abrirle las puertas de su hogar.

De no ser así, Billy no tenía idea de donde estaría en esos momentos, sus padres lo habían tirado a la calle con lo puesto. Agradecía a su prima por ir a recogerlo, le debía todo, el haber terminado el instituto. El haber conseguido un empleo de medio tiempo para pagarse la universidad, si tuviera que pagar un piso y su comida estaría frito, probablemente condenado de porvida a trabajar en un supermercado.

Y definitivamente no era lo que quería, él desde niño había soñado con diseñar, esperaba sacar su carrera en arquitectura, había conseguido plaza en la universidad que le dejarían buenas deudas con los préstamos estudiantiles, pero lo importante era que podía pagarlo, todo en su vida se había acomodado hasta que bueno... Su ex le dio el patadón y Bill ya había llorado mucho por tantas cosas en la vida que se prometió a sí mismo no derramar una sola lagrima por ese imbécil.

La chica pelirroja se acercó hasta la cama de su primo y se tumbo de costado a su lado, aun llevaba el maquillaje corrido de la noche anterior y por instinto Billy se volteó adoptando la misma postura que la chica y extendió la mano para limpiar la mejilla pecosa de su prima con sus pulgares.

—Te ves terrible.

—Es porque tú te llevaste al guapote anoche y te lo comiste solito.

Billy sonrió con picardía.

—Tu te veías bastante prendida del otro anoche.

La muchacha le devolvió la sonrisa y luego le mostró su dedo indicé y lo frunció en un gesto que no dejaba nada a la imaginación.

—No jodas. —la chica asintió —¿Y tú qué tal?

Bill se sonrió como pocas veces separando las manos en lo que imitaba el tamaño del pene de Jack.

Angie soltó un gritito de emoción, se subió a horcajadas sobre su primo y comenzó a golpearle la cara y el pecho acusándolo de egoísta, mientras el chico soltaba quejidos de dolor mezclados de risa hasta que por fin se detuvo y se recostó en su pecho.

—Vaya, eso sí que es sacarse la tristeza a pollazos—Dijo buscando la mirada de su primo, odiaba verlo triste y en el fondo sabía lo mucho que a Billy le dolía todo el asunto con su novio.

—estas dementes

—así me amas. —contraatacó la chica y Bill no pudo negarlo. 

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