Un Brankuniano Más
Un Brankuniano Más
Author: Danori
1. Sinopsis

En un mundo muy parecido a la tierra pero con características de vida muy diferentes, se pueden encontrar cosas muy extrañas. Inimaginables cosas que a cualquier humano lo dejaría boquiabierto, tal vez estos seres desconocidos nunca lleguen a pisar nuestro planeta, pero ¿Qué sucedería si nosotros pusiéramos un pie en tierras Brankunianas? ¿Nos respetarían? ¿Nos esclavizarían? O... ¿Nos comerían?

***

Hola, mi nombre es Alexander Gallardo, me puedes llamar Chander de aquí en adelante. Te estarás preguntando ¿Con quién está hablando este chico? Pues verás yo soy un personaje literario que vive en la imaginación de una niña llena de sueños muy alocados, en estos momentos me estoy riendo mucho porque ella crea personajes muy extraños a decir verdad, que yo sepa ella no tiene ningún trastorno mental pero aquí entre nos, es bastante rara... ¡Ah, sí! Disculpa, estaba hablando de mí, no de ella, es que la quiero mucho. Te decía, yo  soy un tipo de 20 años, mi vida ha sido muy sencilla hasta ahora, mis papás siempre me han dado lo que necesito, no soy rico pero nunca he trabajado en absolutamente nada, tengo un ligero sobrepeso por comer tanta... Comida o algo así, al salir de clases, mis mejillas son un poco regordetas y rosas al igual que lo demás de mi cuerpo ¿Bullying? No, nunca he recibido, a veces unos cuantos comentarios fuera de lugar pero nada más que eso. Pero en fin, mi físico no es el tema de mi vida, al contrario.

Pero ¿Sabes qué? Mejor te contaré con lujo de detalle lo que me ha pasado desde que existo... Bueno, en la imaginación de Dan...

**Dos años ficticios atrás (que serían como una semana en tu vida, querido lector):

¿Qué demonios haces? —me preguntó Louis viéndome.

—¿Qué no ves? Estoy desayunando —respondí desde la cocina.

—¡Llegaremos tarde!

—¿Tarde?¿Para dónde vamos? —fruncí el ceño.

—¡¿Cómo que para dónde vamos?! Vamos a entrenar.

—Ah, eso... No iré.

—¿Disculpa? —preguntó casi irónicamente —no te estoy preguntando si irás o no, te estoy exigiendo que te levantes de ahí y tomes el maldito cuchillo para que abras el portal.

¿Te perdiste amigo lector?  creo que se me olvidó explicarte esa pequeña parte. Sucede que cuando tomo cualquier objeto corto punzante y hago un línea horizontal y luego la cruzó con una vertical se abre un portal que me lleva a Brankus, un planeta parecido a la tierra; tiene árboles, agua, aire, nubes y todo eso, no hay animales de ningún tipo y... Creo que mejor lo que sigue te lo contaré después... Ah y no me he fumado nada... Hoy.

—Ya te dije que no iré, no tengo ganas de perder contra el zorro ese.

—Por eso tienes que practicar, si no, nunca vas a derrotar ni a un Brankuniano tipo gato.

—Soy Brankuniano tipo Lobo, nosotros no necesitamos practicar.

—No, no eres Brankuniano tipo Lobo, eres un híbrido, no lo olvides idiota.

—Ni li ilvidis idiiti —lo imité, eso siempre le fastidia.

Suspiró con molestia intentando calmarse —escucha hermanito, vas a ir a Brankus, vas a practicar y luego vas a volver aquí para que hagas lo que se te dé la gana ¿Bueno? —me lo dijo de la manera más tiernamente falsa que pudo.

—¿Y yo que gano? —pregunté con la boca llena.

—¿Qué ganas? A ver... Déjame ver... —decía mientras caminaba de aquí para allá —¡Ah, sí! Qué papá no te mande a vivir a Fónix.

¡Ahg! Fónix... El lugar más horrendo en toda la galaxia, dicen que ahí solo viven los más débiles, nunca se puede salir de ahí... Bueno, la única que salió de ahí es Sanarty, consiguió tanto poder que ahora es la reina de todo Brankus... o más bien es la diosa del lugar.

Está bien... Está Bien... —dije rendido mientras tomaba el cuchillo de sobre mi plato... Ese apetecible cuchillo —¿Tú irás?

—Obvio.

Asentí e hice la cruz en el aire, al instante se abrió un agujero  ovalado multicolor que iba desde el techo hasta el suelo, entramos en seguida antes de que se cerrara, se cierra en 10 segundos.

—Aire fresco Brankuniano —dije después de dar un gran suspiro —es lo único que me gusta de este lugar, en la tierra huele a trasero de mono —hice una mueca de asco.

—Es por tu olfato, sigue siendo canino allá, en realidad los humanos no sienten tanto el mal olor del aire terrestre.

—Eso tiene sentido —admití.

—Como sea, conviértete en lobo y vete a entrenar —me dijo viendo a otro lado como si buscara algo.

—Dijiste que también ibas a entrenar.

—Sí, sí, iré al rato. Adiós —dijo y se fue sin decir más.

No presté atención a lo que Louis haría, me convertí en lobo y corrí rápido al campo de entrenamiento, cabe destacar que como lobo seguía teniendo mis kilitos de más (maldita vida).

—Vaya, vaya. Pero miren quien llegó —dijo un Brankuniano tipo Lobo.

—Llegó el mejor de todos, André—dije después de cambiar a mi forma humana.

Hoy el campo de entrenamiento estaba lleno de aprendices de tipo canino: lobos (de cada subdivisión), coyotes, zorros... Entre otros y claro, los más débiles, tipo perro.

—Sí, cómo no —ironizó —que no se te olvide que en cualquier momento pueden llegar los tipo Toro.

Rodé los ojos —los tipo Toro, no van a venir aquí pudiendo ir a otras miles de tierras con mejores cosas que estas.

—Bien sabes que ellos no van por la vida buscando que es lo mejor, lo único que buscan es destruir.

—Dile eso a Sanarty que ha vivido aquí durante miles de años y nunca ha venido un Toro ni siquiera a comer hierva.

—Contigo no se puede, Chander, eres un terco, espero que entrenes lo más posible porque si no...

—Porque sino iré a Fónix... Sí, sí, ya me sé ese sermón de memoria, André.

—Que bueno que no se te olvide —dijo y luego se fue.

Caminé hacia un árbol para sentarme bajo su sombra.

—¡Chander! —escuché que alguien me gritó a lo lejos.

Levanté mi mano saludándola al verla acercándose junto a Frank —¿Cómo están?

—Sahori está hermosa y yo súper guapo —respondió el chico sentándose.

—Él lo dijo, no yo —la chica se sentó también.

—Humildes cómo siempre —ironicé.

—¿Qué te sucede? Te vez como amargado hoy, chico —dijo ella.

Bufé —es solo que Louis y André están presionándome demasiado, solo porque quieren que proteja Brankus junto con el escuadrón y yo ya les he dicho millones de veces que no me interesa esa estupidez.

—No es una estupidez, es por el bien de Brankus, aparte que no se cómo no quieres pertenecer al escuadrón, Sahori está muy emocionada y yo... Quisiera que me tomen en cuenta también —la chica le tocó el hombro con pesar.

—¿Por qué tienes tantas ganas de entrar al escuadrón? Nunca nos van a atacar los tipo Toro, nadie me escucha y es la realidad, ellos jamás van a venir aquí.

—Dicen que hace años llegaron y...

—Hace miles de años —corregí —¡hace miles de millones de años! No volverán a venir.

—Destruyeron todo, Alexander, destruyeron las cuevas, los castillos, mataron a varios tipo tigre... Incluso al rey Trofer.

Reí —El rey Trofer estaba viejo, creo que hasta le hicieron un favor al matarlo.

—Ni siquiera sabes nada —ella negó —los reyes no envejecen, por eso duran tantos años, por eso Sanarty sigue igual que hace miles de años.

—¿Haz visto a Sanarty? —fruncí el ceño

—Sí, la vi el día que nombraron a los integrantes del nuevo escuadrón. Ese día no viniste por cierto —dijo rodando los ojos.

—Estaba viendo un partido de fútbol, no me lo podía perder.

—¿Un partido de qué? —preguntó Frank frunciendo el ceño.

—De fútbol, es una competencia de humanos, gana el que meta más veces un balón en una portería.

—¿Lo hacen por tierras o algo así?

Reí —No, lo hacen por gusto.

Ellos se vieron confundidos —¿Pero se atacan unos a otros o algo así?

—No, nunca se golpean... Bueno, solo a veces pero por accidente, luego le marcan tarjeta amarilla o roja según la falta.

—Eso es raro —Frank rio —¿Por qué te mandaron a la Tierra? Es el planeta más raro de todo el universo. Literalmente.

—No es tan malo... Ahí se come carne de toro.

Ellos se vieron horrorizados —¿¡Estás diciendo que comes toros!? —gritó Sahori alejándose.

Reí —¡Claro que no! Nosotros no nos podemos alimentar de ese tipo de cosas, solo de metales. Pero los humanos sí comen carne de casi todo; vacas, toros, gallinas, cabras. Pero en estado natural o sea esos animales no pueden tomar formas humanas.

—¿También lobos?

—En realidad... Nada canino o felino. No me pregunten el porqué, en realidad no tengo idea.

—¡Qué horror! —Frank se levantó sacudiendo su pantalón —no quiero escuchar más cosas de la tierra, cada día me asustan más, lo peor es que nos parecemos tanto físicamente.

—En realidad sí nos parecemos mucho, solo nos diferencia las marcas.

—Mi marca es la más bonita —dijo la chica levantando su camisa —es rosa en forma de luna ¡Simplemente fabulosa!

—En realidad es muy bonita —admití sonriendo —no como la de Frank.

—Yo no tengo la culpa de que tenga forma de figura obscena.

Sahori y yo reímos —Dice Sanarty que cada marca representa algo especial de nosotros, y nos da un poder, por eso yo puedo hacer que las lunas de Brankus cambien de lugar y de color.

—Y yo puedo hacer que el agua se congele —agregué levantando mi camisa para mostrar la marca en forma de gota de agua.

—Pues yo puedo... Puedo... No sé... Mmh ¿Hacer pipí en abundancia? —Fran se encogió de hombros.

—En la tierra utilizan "eso" también para reproducirse no solo para orinar —le dije divertido.

—¿Para reproducirse?¿Cómo se van a reproducir por el mismo lugar por donde hacemos "pipí"? No seas tan mentiroso. —Sahori rodó los ojos.

Di una carcajada —si supieran lo que hacen en la tierra para reproducirse se morirían del trauma.

Ellos se vieron confusos y asustados.

—¿Qué es lo que hacen? —se atrevió a preguntar Frank.

—Prefiero no contarles, mejor vamos a entrenar —dije levantándome para ayudar a Sahori a que se levantara también.

La chica hizo una mueca de asco—Sí, sí, que no nos cuente, ya hasta se me revolvió el estómago y ni siquiera nos ha dicho. ¡Mejor una carrera a la otra esquina del campo de entrenamiento! 

Nos convertimos en lobos al mismo tiempos, casi éramos del mismo tamaño, aunque Sahori era un poco más fuerte que Frank y yo. Comenzamos a correr a toda velocidad pero no llegamos al final porque un chillido extremadamente agudo comenzó a sonar por todo el lugar, paramos en seco por el dolor en nuestros oídos.

Volteé a ver lo que sucedía, no podía creer lo que estaba viendo...

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