LA SAMARIA
LA SAMARIA
Author: El imprudente

CAPITULO  I EL AMOR, EL DURO COMIENZO.

Todo comenzó, cuando Marco Calderón se disponía a cursar su último grado de bachillerato, el llamado once grado, algunos le dicen un-décimo, en su manera incorrecta, ya que undécimo no tiene por qué significar once, sino la décima parte de 10. Bueno continuando con la historia, decía que  cuando Marco Calderón cursaba su último grado de secundaria, nadie pensó que alguien como él, pudiese llevar sus ideales tan lejos y lograr todo lo que se proponía desde su mente, nadie a excepción de su abuelo que siempre vio en él un retoño digno de él, además fue el primero en ver a través de los ojos de Marco al gran prospecto, que su único hijo había engendrado. Durante los diez años que estuvieron juntos en los indescifrables caminos de la vida, tiempo en el cual, mientras uno retoñaba haciéndose grande y fuerte, el otro se desdoblaba, y se consumía lentamente por el pasar de los años. Abuelo y nieto, creaban lazos entrañables que los unirían más allá de la muerte.

Durante esos diez años el abuelo, vio en Marco la mirada impávida y pensadora que caracterizaba a los Calderón, quienes dominaron en La Samaria (ciudad donde se desarrolló la historia) desde sus principios. Esa  mirada que no vio en su único hijo, ni en los hijos de su hermano Cesar, con el cual vivió y formó una gran sociedad hasta que las fuerzas le permitieron mantener ese negocio de reses que heredaron de su padre y que  sus hijos no quisieron sostener porque prefirieron estudiar y dedicarse a sus respectivas profesiones. Durante años la ganadería Calderón era la más prestigiosa y cotizada de toda la región, y fue adquirida y trabajada por Don Luis Calderón Márquez, bisabuelo de Marco, y padre de Cesar y Rodrigo Calderón, abuelo y tío-abuelo de Marco respectivamente.

Durante años la Ganadería fue el sustento y orgullo de la familia Calderón hasta que Don Cesar y Don Rodrigo no pudieron seguir manejando el negocio y como dije antes sus hijos no quisieron hacerse cargo del negocio, así que decidieron venderlo, dejando abandonada la hacienda que perteneció a esa familia durante  todo un siglo. Después de esto siguió una época de despilfarro  y de malas inversiones, en donde toda la plata de la venta del patrimonio familiar fue mal manejada por los hijos de don Cesar, quien después de un año y medio, no tenía para su sustento, por lo cual recibía la continua ayuda de su hermano Rodrigo que  hasta donde pudo y aún después de la muerte, ayudó a vivir a su hermano cómoda y dignamente. El padre de Marco se llamaba Joaquín, estudió odontología en una de las universidades más prestigiosas de la Capital, gracias al esfuerzo y trabajo de su padre. Joaquín tuvo que sufrir la prematura muerte de su madre Doña Victoria, quien murió a causa de una enfermedad relacionada con el hígado y que en ese entonces no había forma de curarla. De esta forma dejó huérfano a Joaquín quien cruzaba su edad de adolescencia. Este gran golpe a Joaquín, lo hizo madurar bastante y le abrió paso para acercarse a su padre, el cual le era casi que totalmente indiferente mientras su madre vivía. Al morir Doña Victoria se requirió de una etapa de empalme en donde a los dos, los unía el amor que le tuvieron a su esposa y a su madre respectivamente. De esta manera tuvieron la oportunidad de conocerse el uno al otro, una experiencia que los enseñó a tratarse. Pronto se creó un gran lazo de amor que los unió, y les enseñó a cada uno a tener conciencia de que el otro existía, ya que mientras Doña Victoria vivía, ellos no tenían la necesidad de tratarse porque ella tenía suficiente amor, suficiente tiempo y sobre todo suficiente vocación para atenderlos a los dos al mismo tiempo y casi paralelamente, de tal forma que mientras Don Rodrigo se enteraba de los problemas de Joaquín, ya Doña Victoria los estaba atendiendo y es más, a veces ya les había encontrado solución, y cuando Don Rodrigo tenía algún problema solo era cuestión de comunicárselo a su esposa para tener de ella apoyo y consejo para poder solucionarlos. La confianza que Don Rodrigo tenía con su mujer era tan grande que no había cosa que hiciera él que no hubiera pasado por el conocimiento de ella, es más, ni siquiera con su hermano Cesar, con quién Don Rodrigo tenía tanta confianza que en toda la historia de estos dos hermanos solo habían tenido un solo tropiezo y causado por una mujer –como cosa rara-. De esta forma la mujer de Don Rodrigo se convertía para él en una pieza fundamental en su vida, ya que  era su amiga, amante, hermana y casi que madre al mismo tiempo, era el pilar que sostenía su vida desde que se casó con ella. Por eso cuando Doña Victoria murió Don Rodrigo se desmoronó en un principio, se volvió como loco, se encerró en su cuarto durante tres días consecutivos, no le importaba nada, ni siquiera su propio hijo, al principio se dejó caer tanto que se convirtió en un hombre descuidado y abandonado, buscó el consuelo en su trabajo, y en él encontró una manera de vivir.

Mientras tanto en la otra cara de la moneda Joaquín se fue a vivir con su tío con el propósito de que sus primos le diesen la suficiente compañía y distracción para que no sintiese tanto la ausencia de su madre y para que no se sintiese solo. Joaquín duró un año viviendo en la casa de su tío Cesar que le brindó todo lo que pudo  y le dio suficiente amor y apoyo, que su padre en ese momento no podía brindarle.

Todo transcurría en aparente orden, pero la verdad es que cada uno se encontraba destrozado por dentro. Don Rodrigo trato de rehacer su vida en tres ocasiones pero se encontró con mujeres que solo buscaban su apellido y su dinero, y no le ofrecían el amor que tanto estaba necesitando, además el vacío que le dejó la muerte de su esposa, lo condenaría a no volver a enamorarse verdaderamente. Y fue así, como en su último intento con una mujer llamada Lucía, se dio por vencido y se resignó a vivir sin el amor de una mujer. En esa ocasión estaba a una semana de casarse, cuando se disponía a hacerle una visita a su prometida, y sin querer escuchó una conversación en donde su futura suegra –hasta ese momento- le preguntaba  a su hija en la terraza de la casa, -¿Qué era lo que le gustaba de Rodrigo? Y ella contestó con tal sinceridad que no le quedarían dudas, a cualquiera que la hubiese escuchado que lo que ella decía era la verdad sincera que las hijas le confieren a las madres: “Lamento casarme con un tipo poco interesante y bastante aburrido, pero con el dinero que tiene ese, me sobra y me basta para sobrellevarlo”. Esto lo dijo tan cínicamente, sin sospechar que su prometido se encontraba cerca escuchando detrás de una columna ubicada a un lado de la terraza y que favorecido por la oscuridad de la noche, no fue descubierto por las interlocutoras que se reían a manera de burla. Don Rodrigo no soportó la ofensa, salió iracundo de su escondite  y listo para despachar a su tercera prometida en menos de un año. Algo sí debía quedar bien claro, y era que Don Rodrigo no era ningún Santo y que al cumplir un mes de muerta su esposa no pudo seguir soportando esa lluvia de mujeres falsas que se le tiraban encima por pura ambición. De todas maneras su primera prometida después de viudo no era tan mala y al contrario lo quería bastante -bien bonita si era-, rubia, una cara hermosa, piel blanca de porcelana, tenía buen cuerpo para las mujeres de esa época, se les veía muy enamorados, pero la verdad es que el recuerdo de su difunta esposa estaba muy vigente y no lo dejaba concentrarse bien en las “cosas”, lo cual poco a poco fue creando problemas en la pareja, hasta que la mujer se cansó, lo dejó y se casó con otro hombre.

De esta forma Don Rodrigo frustrado y abatido por el amor, se sintió solo, y fue cuando decidió rescatar el único recuerdo de su felicidad, que era el hijo que le había dado la única mujer que realmente le había dado cariño. De esta forma sacó a Joaquín de la casa de su hermano, y le dijo: -“Hijo, a partir de hoy viviremos una nueva vida como padre e hijo, estoy dispuesto a recuperar el tiempo que hemos perdido.” –Frase necia y redundante, y en ocasiones cursi, pero de una u otra manera, es una frase que esperamos oírla en ciertas ocasiones de nuestros padres-. Al principio fue bastante complicado, para dos personas que desde un comienzo solo se veían en las horas de comida, y que luego después de un año en donde solo se veían algunos domingos, y donde Joaquín solo veía a su padre por el periódico anunciando sus bodas y presentándole a los posibles reemplazos de su querida madre, cuya muerte todavía estaba vigente para él.

Primero surgieron problemas sobre la forma en como tratarse, o  como sostener una conversación con una persona con la cual no había compartido suficientes momentos en su vida, y con la cual no tenía confianza ni para decirle “Hola, ¿Cómo estas?”. Sin embargo Don Rodrigo tenía toda la disposición para recuperar al hijo que no había tenido la necesidad de criar, le dedicó una hora exclusiva después de cada comida para que su hijo le contara todo lo que hacía, en cada día mediante un exhaustivo interrogatorio combinado con bromas. De esta manera consiguió que Joaquín a regañadientes le soltara algunas palabras, y así poco a poco le diera su confianza contándole sus experiencias. Mientras tanto Don Rodrigo trataba de ganarse su confianza contándole cuentos, “Chistes y “chismes” de las personas que vivían en La Samaria, de tal forma que en un mes ya Joaquín conocía como tratar a cada persona, con la cual se relacionaba su padre, que por cierto, muchos de los hijos de los amigos de su padre eran amigos suyos, lo que le facilitó mucho en sus relaciones con ellos, ya que comprendía y conocía a la perfección los  problemas que tenían cada uno de sus amigos en sus respectivas familias -Porque los problemas de los padres afectan directamente a los hijos a tal punto que en ellos se ven reflejados dichos problemas-. Así, Joaquín se iba convirtiendo en el confidente de sus amigos, por ser el que más comprendía sus problemas, y todo gracias a su padre, (y esto le sumaba un gran punto a favor a Don Rodrigo en la crianza de su hijo, para hacerlo sensible). Poco a poco Don Rodrigo fue ganándose la confianza de su hijo, e iba logrando que este siendo ya un adolescente de 14 años le contara sobre sus sucesos, sus experiencias y sus ilusiones. En tres meses de esta ardua y bonita tarea en que pocos padres se ponen, Don Rodrigo había estrechado lazos con su hijo y había  recuperado una parte de su vida que para otras personas incluido su hermano Cesar daban por perdida, y él fue el primer sorprendido después de un mes de que Joaquín mencionara a su padre en tres frases de cada cinco que expresaba, y casi se va de espaldas cuando vio a su hermano enseñándole a montar caballo a Joaquín, cosa que él no había hecho ni siquiera con su hijo mayor Manuel, que era un año menor que Joaquín y que ya comenzaba a reclamarle a su padre que hiciera las mismas cosas que su tío Rodrigo hacia con Joaquín.

De esta manera iban pasando los años y Don Rodrigo y su hijo seguían estrechando sus lazos cada vez más fuertemente, que después de ser tan distintos e indiferentes el uno del otro, comenzaron a asemejarse hasta en el caminado, y el parecido físico seguía impactando cada vez más a medida que Joaquín iba creciendo y a medida que iba imitando las cualidades de su héroe particular (Su padre), pero los rasgos físicos comenzaron a aparecer: el mismo cuerpo atlético, el mismo pelo castaño claro, la misma nariz fileña, los mismos labios rojos y carnosos, pero la única diferencia notable eran los ojos, mientras Don Rodrigo tenía una mirada profunda y expresiva, con sus ojos negros, que era respaldada por unas cejas bastante tupidas y bien dibujadas al término de la frente -esos rasgos característicos que Don Rodrigo había heredado de su padre victorioso y que algún día reconocería y admiraría en los ojos de su primer nieto Marco-, Joaquín tenía unos ojos claros, pequeños e impávidos  iguales a los de su madre, y que no reflejaban sentimiento, ni pensamiento alguno.

Mientras Joaquín estudiaba en el colegio tuvo algunos problemas académicos cuando murió su madre, y que luego volvieron a aparecer cuando se mudó con su padre, puesto que al vivir con sus tíos y sus primos, éstos  le hacían los trabajos y las tareas con el compromiso de ayudarle y que no se sintiera mal, sin saber que lo estaban perjudicando en gran parte. Pero luego, estos problemas los supo afrontar Joaquín gracias al apoyo de su padre que siempre le suministró sus conocimientos, y  que a pesar de ser un ganadero era una persona muy bien letrada y que había cursado todos sus estudios como bachiller, y que alcanzó a ir a la universidad para estudiar medicina, pero que luego los dejó, porque prefirió dedicarse al negocio de la familia y ayudarle con el trabajo a su padre que ya estaba avanzado en edad, y que no podía dedicarse solo al duro negocio del ganado, y además, tampoco se contaba con la ayuda de su hermano Cesar que estaba muy joven e inexperto para dedicarse al trabajo de lleno. Y de esta manera recibiendo toda la ayuda y disposición de su padre, Joaquín logró superar la crisis académica por la que pasaba, para  encarrilarse de mejor forma a sus estudios.

Otro de los problemas que sufrió Joaquín fue en el campo del amor, un problema que se ha hecho congénito en la familia Calderón. Su padre solo vivió feliz con una mujer, pero su amor murió y no pudo rehacer su vida pese a tres intentos. Su tío Cesar aunque vivía aparentemente estable tuvo muchos problemas al casarse, ya que tuvo que lucharle el amor de la que fue su esposa a otro tipo que casi que se sale con la suya, y que  le represento mucho dolor y sufrimiento al pobre de Don Cesar.

Joaquín se enamoró de una mujer hermosa proveniente de San Rafael un pueblo vecino de la Samaria, característico por sus bonitas mujeres. Joaquín en plena pubertad fue víctima del primer día de clases en donde ella entró en su curso como alumna nueva. La sola presencia de esta joven le provocó a  Joaquín las primeras sensaciones de amor, que jamás había experimentado por alguna muchacha. Nunca nadie le había interesado, siempre tuvo amigas, que no le causaban atracción alguna, a excepción de una novia que tuvo al cumplir los 15 años y que aún mantenían una especie de relación donde ella quería pero él no estaba seguro, pero esta muchacha muy bonita por cierto, no lo había puesto a sudar frío, ni le había hecho palpitar el corazón tan rápido, ni mucho menos le había enredado la lengua al hablar como lo había hecho la nueva alumna de la clase. Por primera vez tuvo un reto ya que durante tres años él había sido uno  de los niños bonitos de todo el colegio junto a su primo Manuel. Este sí que era un verdadero reto, ya que esa niña tan hermosa no le ponía atención ni en lo más mínimo, no hallaba manera de hacer que ella le pusiera atención, había probado miles de artimañas y todavía no conseguía ni siquiera una sola mirada, y es más, lo único que logró conseguir fue una buena cachetada, cuando se atrevió a escribirle en un papel, una carta de amor que podría llamarse un digno ejemplo de cursilería. La verdad es que Joaquín donde ponía el ojo la embarraba, y en vez de conquistarla le seguía demostrando que era todo un idiota, y poco a poco destruía sus posibilidades  en cada intento por conquistarla.

Durante mucho tiempo Joaquín no quiso contarle lo que le pasaba con esa muchacha a su padre, hasta que se vio perdido y su padre lo encontró pensativo en su alcoba. Al encontrarlo así Don Rodrigo le preguntó preocupado -¿Qué te pasa Joaquín? Cuando Don Rodrigo escuchó la razón, se preocupó muchísimo, porque pensó en cómo podría él, que había fracasado en tres relaciones serias en menos de un año, darle un consejo a su hijo en un problema en el que se consideraba todo un desastre. La cara de su hijo esperaba una respuesta, pero Don Rodrigo siguió pensando que le diría, al fin se le ocurrió la única táctica que le había funcionado en toda su vida y que fue la que bastó para casarse por única y última vez. Le dijo que a veces las tácticas del orgulloso, del importante y el arrogante, no dan resultados con cierto tipo de mujeres que más que bonitas son inteligentes, y que para esa clase de mujeres lo único que funciona es pedir disculpas y sobre todo ser tú mismo.

Al día siguiente Joaquín decidió poner en práctica el consejo de su padre, pero ya era demasiado tarde, su propio primo Manuel le había tomado la delantera y había conquistado en una tarde a la mujer que en una semana le dio tanto que hacer a Joaquín. Pero Joaquín supo resignarse, y respetó la relación que había surgido entre la mujer que lo volvía loco y su primo. Pero esta situación no le perjudicó en lo absoluto -ya que no hay mal que por bien no venga-, porque de esta forma y como novia de su primo tuvo oportunidad de tratarla y conocerla sin ningún compromiso, y de esta forma se ganó su confianza y la admiración que no pudo conseguir de ella mientras se lo propuso. De esta forma comprendió que definitivamente su padre tenía razón con la idea de ser él mismo, ya había conseguido lo que no pudo hacer fanfarroneando, ni haciéndose el importante. Al pasar el tiempo la relación entre esta muchacha y su primo iba decayendo, y se iba acercando la posibilidad de que él pudiese por fin mirarla con otros ojos. Cada día su primo y ella andaban menos juntos, y peleaban más, hasta que llegó el día en que la relación se acabó, después de seis meses ya Joaquín había esperado mucho, y soportado mucho,  porque ver la mujer que él quería en brazos y en labios de su primo, no debió ser nada fácil. Así, después de terminada la relación, siguió viéndola en “Son” de amistad, y luego de un tiempo prudente para quedar bien con su primo se dispuso a cortejarla. Las cosas iban bastante bien, ella aceptaba toda sus invitaciones, y todos sus cumplidos, solo faltaba la famosa pregunta: “¿Qu..qu..ie..res ser mi n..no..no..via?.”

Cierto día Joaquín se dispuso a realizar esa famosa pregunta. Y sentados los dos en una banca del parque Central, a las 8 de la noche, él se dispuso a preguntárselo. El gran problema era comenzar, pero contra todo pronóstico no se le enredó la lengua y las palabras salieron de su boca con absoluta fluidez, pero pasó algo inesperado, (cuando no es una cosa es otra) al oír esa “chica” tan linda (cuyo nombre era Cristina) la pregunta de Joaquín, lo primero que hizo fue darle un beso en la boca. Bueno eso parecía ser un sí, pero el problema se presentó cuando se agarró a llorar inconsolablemente de un momento a otro, después del fugaz evento. Joaquín confundido le pregunto ¿Qué era lo que le pasaba?, y ella le respondió, que había estado esperando esa pregunta desde hace mucho tiempo, antes de ser novia de su primo, -“Pero  solamente estaba esperando a que me demostraras quién eras en realidad” -dijo ella-, pero ahí no paraba la cosa, ya venía la peor parte para Joaquín. Ella le dijo que lamentablemente a su padre lo habían trasladado de ciudad y que dentro de un mes tendrían que mudarse a otra ciudad llamada Micaután. Joaquín quedó impávido, y se quedo pensando un buen instante como si se le hubiese detenido el tiempo, tuvo tiempo de admirar las luces amarillas del parque y las calles iluminadas por sus destellos amarillentos. Quedó mucho tiempo enmudecido, solo pronunció algunas palabras después de que le quedó la mente en blanco durante un buen lapso de tiempo (casi cinco minutos) en donde Cristina, esperaba una reacción. Después de ese rato concentró su mirada impávida en los ojos de su pareja, y soportando un ciclón (una brisa huracanada y seca característica de la ciudad que arrastra consigo una nube de polvo y provocaba un gran espectáculo de miradas por debajo de las faldas), le tomó la mano y  le dijo: -“No me importa el tiempo que pueda pasar contigo, porque cada vez que estoy cerca de ti se me vuelve una eternidad en la cual disfruto cada uno de los minutos que pasan indiferentes, y que con un mes bastará y sobrará para que mi amor pudiese quedar saciado”. Cristina no contuvo su llanto, y sentados los dos en la banca del Parque Central, gastaron las primeras horas de su interminable tiempo de novios, que solo contaba con un mes, pero que para ellos duró todo un año.

*          *          *          *          *          *          *          *          *          *         

Durante ese mes en que fueron novios, se les veía tan juntos, disfrutando cada minuto de ese noviazgo, con un fin pronosticado e inevitable, sin tener no más que el tiempo como su cruel enemigo. Joaquín disfrutaba cada momento, en donde el tiempo era definitivamente oro. Cristina solo hacía lo posible para no recordar que dentro de poco tendría que irse y dejar incompleto, lo empezado.

Ese amor se convertía en una bomba de tiempo, o una enfermedad terminal que dejaría al uno sin el otro. Durante ese tiempo Don Rodrigo estuvo bastante ocupado en un asunto de trabajo, estaba por vender unas reses a cambio de medicina para el ganado, que estaba presentando una fuerte infección, que ya le había cobrado la vida a una buena parte de sus reses, y que había desprestigiado de alguna forma la calidad del ganado Calderón. Era la bendita aftosa que venía contagiando a una buena parte del ganado de toda la región que tenía desesperado a todos los ganaderos. Los dos más prestigiosos ganaderos de La Samaria, los Calderón y los Caballeros, estaban siendo fuertemente golpeados en unas pocas semanas, hasta la fecha habían tenido que sacrificar a veinte reses, de su más cuidada ganadería. Esta situación logró algo insólito, que no se veía desde hace setenta años y era ver a los Caballeros y a los Calderón cooperarse entre sí, la última vez fue cuando ocurrió la resurrección de La Samaria, en donde estas dos familias cooperaron para hacer de esta ciudad, lo que en esa época (la que estoy narrando) era. Luego que un problema familiar volviera a cerrar las puertas entre estas dos familias, como fue el casamiento y huida de  la ciudad a escondidas de Don Ricardo Caballero y Matilde Calderón tía de Don Rodrigo Calderón. Este matrimonio hizo crecer el resentimiento y la desconfianza entre las dos familias por una cuestión de honor. Ya que Matilde ya era la prometida de Don Martín González, quien se suicidó, lanzándose en el mar al enterarse que su prometida se iba con otro, y no podía hacer ya nada. Esta fue toda una “Odisea y una historia de novela”, en la cual los dos enamorados fueron los menos sufridos, porque desaparecieron y no sufrieron lo que les tocó vivir a sus familiares al tratar de solucionar la situación que los dos novios rebeldes habían ocasionado. Al fin y al cabo Don Martín fue la única víctima fatal, porque ese pleito que se produjo entre los González, Los Calderón y los Caballeros, se solucionó en una gran pelea, un Sábado en plena plaza de ciudad en la que ningún hombre en la ciudad dejo de participar, fue un completo ‘Bogotazo’ –porque no quedo piedra sobre piedra en la plaza y porque no quedó un rostro sano- que duró una hora completa, entre puños, patadas y uno que otro palazo. Al día siguiente todo el mundo con su cara morada, fue a la misa del domingo, (y la cola de la confesión era tan larga como la actual cola del seguro social). Al final todo se arregló en el despacho del padre, -quién también tenía heridas de batalla y que según cuentan, dejó fuera de combate a más de uno, hasta que se le nubló la visión y comenzó a ver estrellitas-. De esta forma, se hizo un pacto de no-agresión y de llevar la fiesta en Paz, entre las tres familias que se constituyeron en el epicentro de ese primer terremoto social.

Pues sí, después de este lamentable evento de hace ya setenta años, estas dos familias no habían vuelto a relacionarse entre sí. Pero contra la aftosa era necesaria la mutua cooperación de las dos familias. Y después de los primeros momentos de tensión y de desconfianza, lograron salir adelante, venciendo a la aftosa, con actividades en conjunto que planificaron Don Rodrigo y Don Ismael Caballero. De esta forma solo después de esta situación, las dos familias estrecharon un poco los lazos de amistad.

Mientras Don Rodrigo salía del problema de la aftosa, a Joaquín se le acababa el sueño dulce del amor que estaba viviendo. Don Rodrigo, no tuvo tiempo de darse cuenta de que le ocurría a su hijo, porque ese problema de la aftosa, sumada a la preservación de la amistad con los Caballeros, le costaba mucho tiempo y energía. Pasaban los días y de ese mes no quedó sino una noche en la cual los dos jóvenes decidieron consumar su amor, lo que hizo más dolorosa la despedida. Al día siguiente, los dos ya más “conscientes” y bien preparados para el fatídico momento pasaron un gran susto, porque  Joaquín tuvo un contratiempo al tratar de conseguir las flores que le entregaría junto con una carta que le había escrito a la mujer de su vida. Llegó a la estación del tren casi que a tiempo para ver a Cristina embarcarse, sus padres la llamaban para abordar pero ella siguió esperando y en ese momento la detuvo Joaquín, le dio las flores, la carta y un gran beso de amor y de despedida. Arrancó el tren y puso distancia entre dos personas que se amaban.

Joaquín duró toda la tarde sentado en el parque Central en el cual le había declarado su amor un mes antes a Cristina, Don Rodrigo que venía de hacer una diligencia cerca encontró la inconfundible figura de su hijo sentado en una banca del parque. Se extrañó tanto, que se acercó y le preguntó que ocurría, y Joaquín con la mirada extraviada le contesto: “Nada es estático, todo fluye, y no nos podemos bañar dos veces en el mismo río”, un mes tan largo como este no podía volver a existir.

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