Todo o Nada

Seguramente fue que Justo Lara no cupo dentro de su ira y se resignó. El único humano capaz de asumir ser diferente había sido contagiado por el virus del mundo sin sentido. Se había convertido en un humano promedio.

                Un día pasó, y el cuerpo de Saúl Evíes yacía amarrado en el cuarto definitorio, pero de pronto sintió que podía moverse. Le incomodaba un pegoste en el cuello y parte del cuero cabelludo. Trató de zafarse con todas sus energías, respirando tan fuerte como si hubiera durado cinco minutos debajo del agua, « ¿Será que así es el infierno? ¿Será que este es mi infierno?» pensó  desconcertado, rodeado de la oscuridad que vendaba sus ojos. Forcejeó por más de una hora, hasta que algo cortó levemente su antebrazo, y era el filo de un cuchillo que estaba pegado a su mano con cinta adhesiva. Con este cortó sus ataduras, y cuando estaba completamente libre de cuerdas, tocó su cabeza apresuradamente buscando donde estaba el hueco del disparo, pero no había dolor, ni heridas, solo había sangre podrida, y un dolor punzante que cinco años después recordaría, cuando le hicieron saber que por ahí había entrado la droga que lo hizo dormir un día entero, que lo hizo creer que estaba muerto, que ya no tendría posibilidad de volver a oler la mantequilla. Temblando empuñó el cuchillo por si tenía que defenderse, encendió la luz como pudo y la luminosidad castigó sus ojos. Caminaba poco a poco porque las rodillas se le iban solas de la impresión. Cuando llegó a la puerta vio colgando de un hilo en el marco un sobre gordo, y dentro encontró una carta que tenía estas palabras:

           Ayer estuve con mi dedo en el gatillo debatiendo conmigo entre dispararle a tu cabeza o a la mía, y de alguna forma sé que elegí la tuya. Aunque no lo hice de una manera convencional, porque me di cuenta que si te asesinaba cometería el mismo error que tú cometiste con mi amada. Pero tengo la potestad de hacerte saber que sí has muerto. No completamente tú, aún tienes tu cuerpo, lo que ha muerto, es tu vida equivocada y forzada. La vida que llevabas más por defensa personal que por querer vivirla. A eso fue a lo que le apunté. Por eso "Saúl Evíes" ya no le pertenece a tu cuerpo como nombre, hoy naces y te bautizo como un Simón Vidanueva. Es tu derecho, y tu decisión aceptar la oportunidad de volver a nacer, para elegir conscientemente los pasos de tu nuevo camino. Lejos de todo. Con la posibilidad de poder descubrirte, definirte, conocerte y amarte.

Detrás de esta carta está un pasaje que sale hoy en la noche a un lugar pacífico. Hay dinero, y al reverso un número telefónico de una buena persona, que por lo que fui para él en mi vida pasada te tratará como su hijo por mi recomendación. Aunque no es una condición en la que tendré poder para obligarte, te pido que si quieres contarle a alguien o a muchas personas lo que pasó, cuentes los hechos pero no menciones mi nombre. Ya no hay enemigos, ya no hay que ser lo que eras, esa vida murió, yo te regalo una nueva.

Cuida de tu nuevo nombre Simón Vidanueva. Te deseo lo mejor, con un toque ligero de resentimiento, porque mi vida sigue siendo difícil sin ella.

Me despido como el amigo que un día comprenderás.

En tu bolsillo está la bala que debería estar en tu cabeza.

Sin ideal no hay sentido.

                                              Justo Lara

Simón Vidanueva tocó su bolsillo en un parpadeo y sintió la bala de plomo «La que debería estar en mi cabeza» pensó, y sus manos hipotérmicas trataban de sostener el papel que leía una y otra vez tratando de entender por qué ese hombre al que le había arrebatado su gran amor, le había dado una oportunidad como esa. «Por esto mucha gente cree en Dios» se decía, pero en un acto humanitario de esta magnitud es egoísta quitarle el crédito al hombre. Sin pensarlo tres veces se fue a caminar su nueva ruta, tratando de aprender a vivir.

Por eso la noche del Cazador cazado Ismael García también murió así. Después de ser convencido del inútil comportamiento que había adoptado, vio a Justo Lara como su héroe, como el libertador de su potencial mental y quien lo hizo descubrir su vida verdadera. Él, solo él abrió sus ojos y lo enseñó a ser un individuo que comprende que una personalidad es como un avatar que se puede adornar y moldear a gusto. Y como punto clave, Justo Lara pregonaba que si se define o se limpia bien una personalidad, haciéndoles aceptar lo que son y logrando que aprendan a perfeccionar sus habilidades innatas, pueden sacar un máximo provecho de su potencial humano  «Porque teniendo claro ese principio de vida y de la evolución del comportamiento, los seres humanos tenemos la capacidad de completar una infinidad de logros» les repetía a sus moderadores. Entonces, años después, cuando Ismael García fue capturado por un conejo, nunca salió del cuarto, al menos no siendo lo que era o quien era, porque él vivía la vida de muchas personas, de muchas tendencias y muchas consecuencias a la vez, y nació como un único. Su mente fue borrada en algún sentido, y tenía toda la libertad de ser un hombre nuevo para modificar su avatar.

                                                               ...

-Un delincuente, por más delincuente que sea. –Le planteaba Justo Lara a su profesor antropólogo en otra conversación, que se dio en las cinco horas que Saúl Evíes tuvo que esperar para que su captor decidiera qué hacer con él. –Si se cambia de ambiente ¿Seguiría siendo un delincuente?

-¿Qué intentas hacer Gabriel? –Le pregunta el profesor con una sonrisa incómoda por un ligero atisbo de sospecha de que algo no andaba bien, de que la persona con la que hablaba, podía estar planificando o haciendo algo.

-Solo quiero comprender lo que pasó… ya sabe. –El profesor entendía que se refería al incidente donde Saúl asesinó a la pareja de Justo Lara. –Solo quiero saber qué tendría qué tendría que haber pasado para que mi compañera no muriera, y qué se podría hacer que no le ocurra a otros. –Justo Lara no mencionó esto por casualidad, lo hizo porque sabía que el profesor sentiría remordimiento o compasión, lo hizo para manipularlo.

-Lo siento. –El objetivo fue conseguido. –También es una pregunta muy, muy interesante. –Arrancó el profesor siempre apasionado por el tema humano. –Hay teorías sobre que las circunstancias sociales generan tipos determinados de comportamientos con tendencia a delinquir. Esto solo aplica para personas mentalmente sanas, porque por ejemplo un cleptómano, al padecer esa patología en cualquier ambiente tendrá tendencia a robar objetos. Pero en personas promedio, el impulso o la tendencia a delinquir se presenta mayormente por desigualdad de oportunidades o desigualdad económica. En la persona de bajos recursos se crea un resentimiento por sentirse desfavorecido por la vida, por tener muchas necesidades pero pocas oportunidades para satisfacerlas, y esto lo lleva a adoptar conductas que compensen sus carencias, ya sea robando, ultrajando, estafando, intimidando.

-Podría suceder entonces que, si alguien que pasó por esto se cambia a un mejor ambiente, cambie por inercia su comportamiento… -El profesor se lo piensa.

-Conocí amigos de esos “mala conducta”. –Comentaba con la comisura de los labios hacia abajo y moviendo su cabeza de arriba hacia abajo. –Que se migraron a otro lugar y no tuvieron que seguir siendo “mala conducta”.

-Entonces es completamente posible. Si se les diera otra oportunidad a personas así, se podrían evitar muchos hechos lamentables.

–Correcto hijo. Soy de los que creen y defienden con firmeza que el ser humano no es violento por naturaleza. –Y así, sin darse cuenta, un profesor de Antropología, gracias a su fe y su pasión por la humanidad,  convenció a Justo Lara de la clave definitiva para su método. Lo convenció de darse una oportunidad y no convertirse en un asesino.

                                                                        ...

     -Justo ¿cuál será nuestro próximo ejercicio social?  -Le preguntó el único hombre al que consideraba su mejor amigo, porque sabía escuchar, se esmeraba en responder bien y entenderlo. Juan José era su nombre, tenía título de ingeniero, era el moderador encargado de la logística y de dibujar los planos complejos de la mente de su líder y amigo. Para comenzar a explicarles cuál era el plan y a donde se dirigía, les advirtió que lo que se acercaba era más grande que todos los ejercicios que habían realizado con éxito, que ya no estarían concentrados en transformar pueblos pequeños, sino toda la sociedad de Fórmica, y otros lugares de la tierra donde siguieran sus ejemplos. Que venían tiempos donde llegarían a tomar decisiones de las que iban a depender sus vidas, trabajos que ya no constarían de capturar a un individuo. Pero como él sabía que ellos también habían entregado su vida a una forma de hacer el bien que a los ojos del prejuicio muchos veían como un mal, entendió que había logrado transmitirles que valía la pena vivir una vida entregada a los demás, dejar una huella en la historia como Verónica Triana y Alonso Márquez.

-No es el final de Fórmica como la conocen, porque el problema es que nunca hemos podido ver su verdadera cara. –Les declamaba. -Es lavarle la identidad, descubrirla y mostrarla. Es lo que hacemos con personas, pero esta vez se trata de la identidad de Fórmica. Despertar el potencial de nuestra gente, ese potencial que se quedó dormido, aburrido de tanto esperar. Por eso no es el final, es el principio de Fórmica como nadie la conoce. De seguro nos llamarán terroristas como a muchos personajes que intentaron obrar bien, pero en un punto romántico del

tiempo, punto que tarda pero siempre llega, valorarán que solo dimos la prueba de amor más bonita que se le puede dar a un país. Y seguirán nuestro ejemplo, y anexarán ese amor en su personalidad, porque nadie puede resistirse al sentimiento que despierta en el corazón cuando nos damos cuenta del sucio lugar donde ha terminado esta sociedad, al límite de la supervivencia del más fuerte o el más poderoso.

Después de escuchar a Justo Lara los moderadores no sintieron miedo, sintieron alivio de saber qué hacer y a donde ir. Alivio de saber que continuarían. Pues la intriga de que su líder desapareciera de cualquier modo siempre estaba vigente. Era un riesgo posible, más que todo cuando se desencantaba o se obstinaba de analizarle el sentido a cada cosa o a cada comportamiento y llegaba a la conclusión de que más de la mitad de todas esas cosas o comportamientos no tenían una pisca de sentido o importancia. Y mandaba todo a la m****a, cuando comprendía lo que no quería, que la vida al final termina siendo simple. Y se perdía en el monte o en montañas, hasta que de pronto volvía con el doble de la fuerza de su última reposición. Tantas veces era casi seguro que no volvería, que sus moderadores pensaban que su discurso sería para despedirse definitivamente, ya que ellos sabían que eso pasaría, que él era muy raro y no cabía en esta vida.

Justo Lara les puntualizó que lo esencial eran sus fondos. Solo quedaba comida para tres meses y seis días, y para sus nuevos planes a gran escala, necesitaban mucho dinero ¿Pero de donde podían sacar todo ese dinero de forma rápida y decente?

-Las mafias. -Informó Juan José, pues era la única forma de que ese dinero que costaba la vida de tantas personas tuviera un fin irónico. El plan estaba armado y con su conquista tendrían dinero suficiente para comenzar.

Justo Lara había reunido a sus moderadores en casa de Valeria América. Ella estaba encargada de los datos y numerología. Fue capturada por Justo Lara y Juan José un quince de Agosto, dos años después del bautizo de Simón Vidanueva. En su otra vida, se dedicaba a vender drogas en fiestas juveniles. Justo Lara, Juan José y Perdomo entraron con sus máscaras de terror al mini bar de la fiesta donde ella estaba, y los bullosos gritaban creyendo que eran parte de un espectáculo, pero cuando se fueron, se habían llevado a una mujer, y nadie notó su ausencia. No fue extrañada ni llorada cuando la declararon desaparecida.

Ningún moderador reconocería a Valeria América en su vida pasada cuando vendía drogas. Es que ese no era su nombre. Antes de que Justo Lara le descubriera y demostrara sus potenciales, era otra persona. Era triste, obvia, indistinguible del resto. Juan José le enseñó a no avergonzarse de su pasado, que lo que hicimos fue porque en ese momento debía hacerse, que debía parar, porque si seguía así, tal vez en un futuro se arrepentiría de hacer lo que estaba haciendo en su presente como moderadora. Y más a su favor estaba, que su vida anterior era justificable fácilmente, por la cadena de acontecimientos que la llevaron a ser así.

La sociedad en la cual nacer hermosa es un pecado para una mujer, que la vuelve un blanco del deseo de los hombres y el dinero. Valeria América nació en un deprimido hospital de la Ciudad Arena. Dicen que los doctores pensaron haber estado en el cielo al verla salir de su madre sin llorar, con unos ojos verdes y una palidez uniforme que la asemejaba a un verdadero ángel. Las ventanas vibraron y los focos subían y bajaban su intensidad como si los ojos de esa niña también les afectaran. Había nacido con un potencial y habilidades espectaculares, únicas. Pudo haber sido doctora, pudo haber dominado el mundo con el poder de sus ojos, pero el mundo da a luz a los niños con las posibilidades que la sociedad luego les arrebata. Su madre falleció al dar a luz por complicaciones en el parto, y sus tíos se hicieron cargo de ella. A sus catorce años era esbelta, de cabello dorado y una simpatía irresistible. Pero en Fórmica, solamente tenía dos opciones decentes: podía irse del país a emprender una carrera universitaria o conseguir un esposo adinerado. Ella eligió una tercera opción; a sus quince años se propuso ser psiquiatra en su propia Fórmica. Tenía buenas notas en el colegio y una versatilidad envidiable para memorizar. Pero su pecado de nacimiento la envolvió en el gris hangar del adulterio. Tuvo un novio celópata que quiso someterla, pero ella no lo permitió por su férrea personalidad, hasta que un día él la golpeó acusándola de mujerzuela, lo que le sirvió para dejarlo y establecer una frontera para los hombres. Días después dos profesores bajaron sus notas ofreciéndole subírselas a cambio de sexo, y al no ceder, esas dos materias le fueron aplazadas. Reclamó, declaró y peleó con las autoridades, pero era la voz de una persona común contra la voz de hombres con título. Ese hecho sumado a repetidos acosos, la hizo correr a su casa, y en un ataque de ira, tomó una tijera y cortó sus cabellos dorados con rabia y tiró todo su maquillaje, sus collares y demás accesorios a la papelera, además de todas las prendas de vestir que pudieran ser provocativas para cualquier hombre. Comenzó a vestirse como ellos para más nunca sentirse deseada. Esto, le permitió conocer a una alegre mujer con la que tuvo una relación. Fue con ella a presentársela a sus tíos, pero ellos no lo pudieron asimilar y le dieron a elegir entre su pareja o su hogar. Pero siempre es más intenso el amor repentino que la paciencia para analizar y pensar en el futuro. Se fue con ella a una vida menos aceptable para la sociedad, una vida homosexual, donde lamentablemente, hay grupos que fomentan las malas miradas que les lanzan, por tener como actividades primarias las fiestas, el alcohol, la promiscuidad, y en algunos casos las drogas. Siempre el exceso. Valeria América notó que esa minoría tóxica de homosexuales que llevaban vidas así de irresponsables, son como malos compositores o cantantes de un buen género musical, que dañan la imagen de quienes lo hacen bien. Su pareja era una de ese grupo, y decidió terminar con ella al darse cuenta que estaba siendo cuidada por una persona que ni siquiera podía cuidarse a sí misma. Y se fue a la calle, prefirió vivir en la calle. Pero en unas semanas comenzó a sentirse sola, y la soledad a veces es tan nociva para la salud como cualquier vicio. Después de dos semanas de más hambre que comida y brotes de delirio por el peligro de perderle el desencanto a la vida, hurgando en la b****a encontró una rara envoltura, la abrió y reconoció el polvito que consumían los amigos de su expareja. Escuchó una voz cerca de ella que la hizo prepararse para un golpe más. Ella no lo miró, pero entendió perfectamente que él le recomendaba usar la droga, que eso la ayudaría a calmar su hambre. Valeria América sostuvo en la palma de su mano el envoltorio, lo observaba con detenimiento respetando su poder, sus cualidades, el opaco mundo que abría. Y llegó a la conclusión de que usarlo, hubiera sido lo mismo que entregar su cuerpo a esos sádicos profesores. Lo mismo que rendirse, que ceder y dejarse someter por su único novio, lo mismo que ser débil. Cerró su puño apretando el envoltorio, y siguió el ruido de una fiesta cercana. Antes de llegar al lugar cambió su ropa maltratada y mugre por la última muda limpia que le quedaba, lavó su cara y entró sin que nadie notara su presencia, como si hubiera perdido su espíritu, porque en ese momento la sociedad había completado en ella su metamorfosis de arrebatarle su carácter único e insustituible. Fue arropada con el manto de tela que lucen millones de personas, que los vuelve inidentificables. Una tela producida en la industria de las desgracias sociales. Y pobre de aquel habitante de Fórmica que osara no usar el manto y seguir siendo diferente, pues se dictaminaba a una vida entera de ataques. Pero Justo Lara siempre les enseñaba que son los diferentes los que transformarán el planeta, y por ello son víctimas de tantas supersticiones y prejuicios. Por miedo. Y hay que comprender que están defendiendo su mundo normal.

Entonces Valeria América al vender con facilidad el envoltorio a un buen precio, consiguió el dinero necesario para por fin tener una buena cena. De este modo aprendió a sobrevivir. A sobrevivir, porque vivir ya no era posible. Era una vida más fácil, menos criticada y adecuada al mundo real. Se adaptó. Y años después al ser observada con detenimiento por la lupa anti prejuicios de Justo Lara, él llegó a la conclusión de que ella podía ser rescatada. No se sabe cómo, pero Justo Lara pudo flanquear la belleza de Valeria América, para poder ver más que sus ojos. Como ciego de vista, pero abierto del corazón, para poder no impactarse con la belleza de su Valeria América.

Después de su rehabilitación, se convirtió en una aliada fiel y  dispuesta a capacitarse como siempre había soñado. Cuando su líder le descubrió y le demostró que tenía un talento natural para los números y las cuentas, le enseñó matemáticas y cálculo avanzado. Día y noche estudió hasta convertirse en una experta. Seguidamente vinieron las clases particulares de psicología y psiquiatría que Justo Lara costeó en su totalidad. Valeria América era aún mujer hermosa, pero ahora experta en cálculo y con amplios conocimientos de la mente humana. Devoraba libros, textos de internet, y aprovechaba sus clases al máximo. El manto se había roto, había vuelto a ser una persona única «Tú y yo teníamos algo en común» le dijo Justo Lara antes de proponerle que trabajara para él, y así se convirtió en la primera mujer moderadora.

Juan José le señaló el reloj a Justo Lara. El tiempo era siempre un asunto de prioridad. Más por maña que por otra cosa, cumplían rigurosamente el cronograma elaborado en las mañanas. Faltaban cinco minutos para la hora exacta de hacer una llamada.

En una butaca pálida color brandy, el oficial de policía  David Guédez dejaba reposar sus setenta y cuatro kilos de peso más los mil cuatrocientos gramos de un cerebro con ambiciones frustradas, porque aunque hacía su mejor esfuerzo tratando de hacer bien su trabajo, los delincuentes y la sociedad le llevaban una amplia ventaja. Pero eso estaba por cambiar. Se encontraba en un puesto de comida rápida, donde recibía su cena gratis a cambio de unas cuantas rondas en la

camioneta de la policía. Todo funcionario tenía orden de dar la alerta máxima a la mínima señal de Justo Lara y sus moderadores. David Guédez pidió servilletas para limpiar su rostro, y cuando tomó una sin cuidado, vio que decía con excelente caligrafía:

“Hora de Temblar, hora de sentirse vivo”

Se levantó rápidamente de su silla empuñando su arma y fue por su radio, cuando lo tocó con sus dedos nerviosos, salió de ahí una voz pacífica:

-Mi nombre es Justo Lara, y he decidido que serás mi aliado.

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