De Gabriel Alejandro a Justo Lara

-Oye hombre, tranquilo. Tendrás lo que quieres. Luna dale el celular, él habla en serio.

Trató de cubrirla pero el hombre sabía lo que hacía, no permitió que la bloqueara y repitió que le dieran el celular, pero Luna Andreina se lo puso en el pecho y negó con la cabeza. El caminante no podía esperar y expresó con palabras rápidas en tono alto.

-¡No hagas que me ponga loco! ¿Entonces? Necesito que me des el teléfono y el dinero ahora mismo.

Cuando el ladrón trató de acercarse, Gabriel Alejandro arrancó el celular de la mano nerviosa de Luna Andreina y se lo entregó al individuo pidiéndole que se calmara en tono de piedad. Él sujeto se echó el móvil al bolsillo, y sus frustraciones, el estrés, un resentimiento profundo, una rabia mal contenida y una moral desinhibida por la droga que había consumido,

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