Deseo implacable
Deseo implacable
Author: Liss. GZ
01. El inicio de un pasado doloroso

                                                       MARZO 1991.

                                             T R A B Z O N  T U R Q U Í A

M I M I C A R E N A

—Ríndete, o prometo que no seré piadosa contigo— Mi CZ-75 apuntaba al craneo de ese infeliz. Aquella era mi última misión durante los próximos dos años, debía cuidarme lo suficiente si quería que mi bebé naciera sano y sin inconvenientes. Le quité el seguro al ver que aquel hombre no iba a ceder. —Nos vemos en el infierno, Toprak...

Me puse rígida, lista para disparar, sin embargo, ver su insípida sonrisa de hombre arrogante y ganador me encabronó de más, tanto que no me importo ponerme en peligro, me acerqué y le enceste varios golpes. Varios de sus hombres intentaron atacarme, pero los evité con movimientos estratégicos. Al instante escuché la voz de mi marido por el intercomunicador, pidiéndome que me detuviera, pero siendo honesta, sus órdenes eran inverosímiles para mí, cuando mi objetivo era terminar con mis enemigos y no pensaba dejar que Berkan Toprak se saliese con la suya.

Él hombre estaba siendo protegido como si valiese oro, pero no se desharía de mí tan fácilmente. Enceste una patada girándome abruptamente al presentir que alguien me atacaría, otros de mis objetivos era lograr hacer que no me tocaran el vientre, porque no me lo perdonaría jamás, tampoco lo haría Damián.

Enrede uno de mis brazos en su cuello y otro lo pase por su columna, doblando su cuerpo hacia atrás, quebrando esta última en aquel movimiento. Dispare una y otra vez al ver que él escapaba, ya había dejado inmóvil a ese último hombre que me atacó, pero pise varias veces su rostro, encargándome de que muriera al instante.

Emprendí la carrera sin dejar de disparar, hubo un momento en el que tuve que parar para llenar de municiones mi arma, y fue un grave error, porque cuando menos lo esperé, Toprak me había inyectado algo en el vientre. Dolió horrible y pensé lo peor en ese instante.

—Matarte sería un regocijo para ti— Espetó, una sonrisa surcó de sus labios en cuanto dijo aquello. —Por eso te daré algo peor con lo que vivir atormentada, benim güzel kızım— Estaba aterrada, mis manos en mi vientre al igual que mi mirada, solo que en cuanto dijo aquel apodo, levante la misma con miedo y lo observé irse lejos, no sin antes decir algo más. —Nos volveremos a ver, güzel.

Me dejé caer arrodillada en el asfalto, adolorida me encontraba, no dejaba de tocarme el vientre deseando saber que hacer en aquella situación, pero era tan precaria que no podía ni pensar claramente. Las lágrimas se negaban a dejar de salir, mi corazón latía con frenesí y sentía morir ahí. Sentía que lo hacía, pero no era así, él hizo algo que me destrozó y juraba que de aquella no iba a salir. La lluvia azotó mi cuerpo cubierto con el enterizo de cuero que llevaba, llovía a cántaros y truenos se escucharon a lo lejos, indicando que la tormenta había comenzado.

Y sí, la tormenta comenzó para mí y de igual manera para Damián. Toprak había sido mi tormento desde hace cuatro años, cuando yo tenía apenas dieciséis años y había sido tomada a la fuerza por él. Afortunadamente, Damián hizo todo lo posible por ayudarme a salir de aquella situación horrible, regresándome de vuelta a donde pertenecía, que era a Washington D.C.

Mi padre era un hombre muy poderoso en el mundo, parte de una de las organizaciones más grandes del mismo, el cual tenía la fachada de ser parte del ejército, cuando realmente era la que se encargaba de las cosas más clasificadas. Toprak se volvió enemigo de mi padre cuando mando a desmantelar muchos de sus negocios ilegales en Inglaterra, Estados Unidos, Rusia, y Ucrania, dejándolo a la deriva. Por ello me secuestro, torturándome y obligando a Wesley Carena hacer cualquier cosa para recuperarme, pero por suerte, mi padre mantuvo su dignidad intacta gracias a Damián, quien en esos momentos era mi marido con toda la extensión de la palabra.

No fui capaz de darme cuenta del momento en el que llego mi compañero y me sacó de ahí. Damián estaba igual de aterrado que yo, lo podía ver en su rostro, sin embargo, mantenía la calma. Siempre fue así, intentaba hacer las cosas de tal manera para no alterarme, porque yo era muy malhumorada y solía alterarme cuando otras personas lo estaban igual o peor.

—Debí hacerte caso... lo siento tanto— Sollocé, estábamos en la camioneta, esta arrancó en cuanto lo ordenó él.

—El único culpable ha sido Toprak y pagará, lo prometo bonita— Él besó mi frente cariñosamente e hizo hacia atrás mi cabello. Supuse que notó algunas heridas, porque frunció el ceño y de inmediato tomó un estuche de emergencia para curarme. —Quédate quieta, esto dolerá.

—No más que lo que me hizo él.— Sentí que derramó un líquido en mi frente, después ardió mucho y gruñí por lo mismo.

—Base, aquí, ¿Tienen a Toprak? Repórtense de inmediato— Ordenó el director general, mis ojos no dejaban a Damián, esperando que dijera algo.

—Aquí el agente Jenkha, Toprak logró escapar y en el proceso hirió a Carena— Anunció, no se escuchó más que un suspiró por el intercomunicador. —Vamos de regreso a Washington, tengan preparado el área médica, Carena lo necesitará.

—Muy bien, Jenkha, los esperaremos aquí...

Nueve meses después...

La batalla fue dura, pero con tratamientos y un buen cuidado pude llegar hasta ese momento, el que me llevaría a tener a mi hija entre mis brazos y me llenaría de tanta alegría. Toprak se equivocó al creer que podría arrebatarmelo todo, porque no me había podido quitar lo que más apreciaba en la vida y era a mi pequeña Danissa.

Él día era tan claro, la luz del sol se permitía entrar por los ventanales de la casa, dándome mucha más tranquilidad. Aquel día, Damián había ido a una reunión en la central, y yo estaba en casa recibiendo más y más regalos. Muchos de ellos eran ropita de niña o juguetes para ella, pero una caja llamó mi atención de mil maneras.

Era color rosa, con dibujitos de avispas, no me pareció extraño eso, hasta que tomé la nota que había pegada en la caja y leí la misma. Temerosa tire la caja mientras me apartaba de dónde estaba como si hubiese visto algún fantasma en ella.

Abrí la caja cuando junte valor para hacerlo y fue aún peor. Un arma dorada yacía dentro, solo que eso no era lo único, también había un sonajero, un biberón con algún líquido y una jeringa con una sustancia. Dentro de la misma caja había otra nota, la tomé y leí tratando de controlarme.

Un disparo a su cabeza acabará con la tortura... Un trago de la leche, destrozada sus pulmones en segundos, el veneno acabará con ella, y la sonaja.... la sonaja podrá utilizarla, pero de igual manera, tendrá una muerte lenta y dolorosa, pero la tendrá...

¡Felicidades, Güzel!

Me alteré demasiado, un dolor insoportable se asentó en mi vientre bajo, evitando que pudiera estabilizarme. El estrés lo había provocado y ahora estaba sufriendo las famosas contracciones, haciendo que respirara con dificultad y el aliento me faltase. Alcancé el móvil y llamé a quien estuvo primero.

—Seas quien seas, necesito que vengas, ya va a nacer— Exclamé al móvil.

—Maldita sea, Mimi— Espetó la voz femenina al otro lado de la línea —Ahora mismo le aviso a tu esposo y de paso me voy con él para ayudarte en lo que sea.

Asentí y puje.

—¡QUE SEA RÁPIDO, ESTO DUELE MUCHOOO!

Lo que hacía en aquellos momentos era practicar las exhalaciones que mi obstetra me había dicho que hiciera cuando ocurrieran aquellos dolores, no pujaba, pero las ganas no me faltaban. Sostuve mi vientre mientras avanzaba a la puerta en la espera de mi esposo, sabía que en cuanto le dijeran que yo estaba en labor de parto, él correría hasta llegar por mí a tiempo y no me equivoqué, porque en menos de diez minutos ya estaba justamente frente a mí, tomándome en brazos y llevándome a la parte trasera de su auto, Katherine —mi mejor amiga— venía con él, por lo que Damián le lanzó las llaves de su BMW serie 3, porqué según él, quería estar al tanto de mí y si manejaba no podría hacerlo.

—¿No iba a nacer el sábado?— Cuestionó mi amiga sin quitar la vista de la carretera, metiendo freno como si fuese sólo ella en la carretera. —Nunca dejas de sorprenderme, Mimi.

Trate de sonreír, pero en el intento, solo me entraron más ganas de pujar y solté el mismo porque no pude más. El hecho de ser parte de una organización de seguridad mundial, nos daba el derecho de manejar como nos diera la gana, por ello, es que Kat manejaba como una maldita maniática solo para llegar al hospital. Al llegar al estacionamiento de este, las llantas rechinaron en el instante en que freno y se quedó mal estacionada. No había manera de hacer las cosas correctamente, no cuando ya tenía a medio camino de llegar a mi pequeña bebé. Cargada en los brazos de mi marido, volví a pujar, hasta que llegamos a emergencias y las enfermeras actuaron rápido, hablándole a mi obstetra, dándome toda la atención a mí.

Y debía ser así, porque mi estado estaba siendo crítico...

La respiración se volvió errática al colocarme en una camilla, el dolor adormeció otros extremos de mi cuerpo, dejándome solo sintiendo aquel. En la sala de cirugía, un grupo de doctores —los cuáles suponía, eran residentes y establecidos— me alistaron para lo que vendría.

—Necesito que pujes— Me decía la doctora, Damián se acercó a mi lado y tomó mi mano a manera de apoyo.

Hice todo lo que me pidieron, pujando y exhalando cuando era requerido, mi corazón solo esperaba una sola cosa y eso era escuchar el llanto de mi vida entera. Seguí pujando, seguí luchando contra cada pronóstico doloroso, contra los pensamientos pesimistas que me llegaban por momentos, anhelando que su palabra no fuera cierta. Durante los nueve meses, me trataron, investigaron y analizaron muestras de mi sangre, en busca de algo que pudiera darles respuestas y ayudar a mi bebé. Las probabilidades de que naciera bien se volvían pocas y me aterraba el que ella sufriera por alguna enfermedad.

Puje más fuerte cuando me lo indicaron, entonces la mirada de la doctora me hizo derramar lágrimas como si mi vida estuviera yéndose por un caño.

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