Capítulo 1

-Ugh… Esto es demasiado aburrido. ¿No podemos hacer otra cosa o ir a otro lado? - Recostado sobre una mesa de picnic en el parque se encontraba un joven de rubios cabellos, observando con sus azules ojos a su amigo, el cual estaba demasiado concentrado con la cámara que sostenían sus manos como para molestarse en prestarle atención a sus quejidos. -Vamos Kiyan, ¿para qué me hiciste venir contigo si vas a ignorarme?

-No te hice venir. Quisiste venir porque cuando dije que vendría al parque tu asumiste que habría chicas lindas- Kiyan, como lo llamo su amigo, un joven de larga y rojiza cabellera, ni siquiera se había molestado en dirigir su vista al beta que le acompañaba aún al hablar, aunque su tono era juguetón y divertido, dejando en claro que no le molestaba en absoluto que le hubiera acompañado, pero claro, no iba a perder la oportunidad de molestar a su amigo sobre la verdadera razón de haberle acompañado.

-Creía que íbamos a una zona con chicas lindas. No a la m*****a nada a que tomes fotografías de pájaros. Y, de todos modos, ¿para qué son? ¿Harás una nueva exhibición?

-Algo así. La universidad me pidió que hiciera algo para los nuevos alumnos que entran- El chico alejo la cámara, finalmente siendo distraído por la plática con el beta, el cual no parecía tener la intención de mantenerse callado un par de minutos más para dejarle terminar su trabajo -Parece que el viejo portafolio que deje ya no es suficiente para ellos

- ¿Qué podías esperar? Aman tu trabajo. Pero ahora que has terminado, vamos a hacer algo ¿sí? Estoy muerto de aburrimiento aquí y no planeo quedarme más tiempo viendo tu espalda. Lamentablemente no eres mi tipo como para disfrutar hacerlo

Una carcajada salió de los labios del pelirrojo, negando con la cabeza mientras guardaba sus cosas en una mochila, colgándola en su hombro para después observar a su amigo -Es una pena, creí que podría probar lo bueno que dices ser todo el tiempo. Pero bien, ¿cuál es tu plan, Adalrik?

-Hay un nuevo club en la zona. Yo necesito alguien con divertirme y tu… Tu necesitas sentar cabeza de una vez. Un alfa como tu debería tener ya a alguien a su lado para liderar la manada- Adalrik sonrió con diversión, sabía que ese tema molestaba bastante al contrario y por ello nunca perdería una oportunidad para hacerlo. Incluso aunque eso significara ganarse un gruñido de parte del contrario. Y ese gruñido no se hizo esperar, aunque también recibió una advertencia con el olor de sus feromonas, aun siendo un beta eso lograba hacerle retroceder un poco. No quería una pelea con el contrario, sabía que no podría ganar. La cicatriz que abarcaba parte de su mejilla derecha era la clara prueba de ello -Tranquilo, solo bromeó. Un alfa como tu necesita de nadie para dirigir, además, no creo que hubiera un omega que pudiera estar a tu nivel, eres demasiado exigente

-No soy exigente idiota. Solo no estaré con cualquier persona como tú, tengo responsabilidades que cumplir. No puedo permitirme que alguien que no esté dispuesto a dar su cuerpo y alma por la manada este a mi lado. Además…

-Además sigues enamorado de tu amor perdido de la infancia. Lo sé. Ya conozco la historia, pero Kiyan, no sabes lo que ocurrió con él, no puedes seguir persiguiendo un recuerdo. No te llevara a ningún lugar. Creo que es hora de comiences a olvidarte de él

-Eso no va a pasar, Adalrik. Tu no lo conocías, era lo más tierno y dulce que alguna persona pudiera haber conocido alguna vez. Alguien así no se olvida

-Claro, pero seguir buscando a alguien cuyo nombre ni siquiera recuerdas no es sano. Te lo digo como tu amigo y como tu mano derecha, no vas a llegar a ningún lado. Además, somos la única manada en toda la ciudad que no ha formado una alianza con un matrimonio, ¿sabes lo vulnerables que somos? Tienes que pensar como un líder Kiyan. Los cachorros de la manada lo necesitan- El rubio soltó un suspiro, no era la primera vez que tenían esa conversación y estaba seguro que no sería la última vez que la tendrían. Y sabía que su líder lo consideraba, sabía bien que Kiyan no era tan idiota como para permitir que su manada resultará herida por sus malas decisiones, o por no tomar ninguna decisión. Las alianzas entre manadas siempre eran una buena idea para hacerlas crecer y evitar que un ataque terminará en una tragedia. Muy a pesar de que la manada Colmillo blanco era fuerte y tenía suficiente gente, era verdad que no podían darse el lujo de permitir un ataque, no con los nuevos cachorros que habían nacido.

La manada Colmillo blanco era conocida por ser la más fuerte de la ciudad, el liderazgo de Joseph Allen la había convertido en la más importante. Para los humanos no eran más una agrupación criminal poderosa de la que debían cuidarse, algunos la admiraban por su guerra contra traficantes y criminales peligrosos, sus uniones con la policía los hacía intocables. Pero eso no se había logrado de un día para otro, el legado de la manada había costado sangre y muerte, muchos sacrificios se tomaron para llegar a donde estaban. Sacrificios que habían sido dolorosos para muchos pero que debían tomarse. Un líder debía pensar en el bienestar de los demás antes que, en el propio, eso era lo que Joseph Allen solía decirle a su hijo mientras crecía y tendría que aprender cuando se volviera líder. Y eso incluía el tomar la decisión de unir sus fuerzas con una manada tan fuerte como la suya a través de un matrimonio.

Entre los lobos era común tener matrimonios arreglados que unieran las manadas para ampliar su territorio y su poderío, mientras más manadas que hicieran el bien estuvieran unidas, los solitarios o los desterrados no tendrían oportunidad de ganar. Algunas manadas pequeñas tampoco podrían contra ellas y se verían en la necesidad de moverse a otro lugar, ciudades más pequeñas o incluso pequeños pueblos. Si no eran asesinadas antes por una de las peores manadas que rondaba las calles de la ciudad. Dark claw, como se hacían llamar, era una de las mayores bandas criminales de la ciudad, eran los principales distribuidores de drogas, sus miembros eran desconocidos por la policía y el resto de los lobos. Ni siquiera su líder era conocido, los rumores contaban que podría ser un lobo blanco el que lideraba a esta banda de desterrados, les había dado un hogar y la opción de vengarse de aquellos que los habían herido. Eran una banda sanguinaria y que no dudarían en asesinar al primero que se atravesara en su camino. Algunas manadas, incluyendo Colmillo blanco, habían tratado de rastrear a sus miembros tras los ataques que provocaban, pero era imposible, seguir su aroma representaba un problema al ser algo desagradable que pocos podían soportar, siendo esta la única pista que poseían. Dark claw era una manda de deltas, lobos inestables y que seguían a su naturaleza sin pensar en controlarse. Para ellos, seguir sus más primitivos instintos animales era algo que debían hacer como lobos, se tenían conocimientos sobre su odio hacia los humanos, aunque éstos eran más por rumores provocados por ataques ocasionales a humanos. Algo que era importante evitar para que su identidad se mantuviera oculta.

-Tomaré una decisión cuando llegue el momento. Ahora no es necesario estar pensando en una alianza, nadie sería tan idiota como para atacarnos- Aunque Kiyan intentaba mostrar calma con sus palabras, en el fondo temía que Pasaje a la muerte decidiera cometer ese ataque, temía que su manada no pudiera contra un grupo violento de deltas -Ahora, es muy temprano para ir a un club Adalrik, ¿no puedes pensar con la cabeza de arriba?

-Oh vamos, no es tan temprano. Podemos ir, comer algo, escuchar un poco de la música en vivo que tienen. Y buscar a alguien con quien pasar el rato- El joven beta sólo sonreía a su amigo mientras caminaban fuera del parque, la brisa fresca de una tarde de otoño comenzaba ya a mover las hojas de los árboles, el cielo empezando a teñirse de naranja, anunciando la llegada del atardecer. En efecto, no era ya tan temprano, pero para Kiyan beber antes de la medianoche era algo inaceptable. Para Adalrik cualquier hora era una buena hora para salir de fiesta y empezar a beber, pero debía seguir las órdenes de su líder si no deseaba terminar con un ojo morado y otro rasguño en su rostro.

- ¿Tienen música en vivo ahí? ¿Cuántas veces has ido ya? - Preguntó con burla Kiyan, la idea de escuchar música en vivo atraía su atención, beber y estar en un lugar lleno de gente, posibles humanos no era algo que le gustase demasiado pero nunca podía desperdiciar el ver un espectáculo en vivo. La música siempre había sido algo que amaba, junto a la fotografía y el baile. Las artes eran la mayor pasión del alfa

-He ido un par de veces, es un club exclusivo de los de nuestra clase, así que no habrá problema de humanos molestos. Tienen bebidas deliciosas y la comida es igual de buena. La música sólo hace todo mejor, dicen que el vocalista de esa banda es todo un misterio. Hay muchos rumores a su alrededor.

- ¿Qué clase de rumores?

- ¿Oh? ¿He atraído tu atención? Murmuran que es un solitario, llegó un día de la nada. Nadie sabe su origen ni su historia. Ni siquiera saben su segundo género, algunos dicen que podría ser un alfa que dejó la manada. Pero nadie ha logrado sacarle ni siquiera su verdadero nombre. Se hace llamar Shi

- ¿Shi? ¿No es eso demasiado vago para un nombre? - Ambos hombres comenzaron a reír, mientras seguían su camino hacia aquel nuevo club. La noche ya había comenzado a caer y el viento fresco anunciaba una pequeña llovizna, posiblemente sería otro otoño lluvioso. Para Kiyan la lluvia y las tormentas le traían recuerdos desagradables, recuerdos que con el paso de los años intentaba mantener ocultos en lo más profundo de su cerebro. Eran cosas que no se hablan, su padre había prohibido a cualquiera de Colmillo blanco a hablar sobre lo que había pasado aquella noche, en especial con los nuevos cachorros. Ese día había sido borrado por completo de la historia de la manada. Pero para él joven alfa, era un recuerdo que le perseguirá por siempre, saber que su padre había llegado a esos extremos era algo que jamás podría olvidar.

Un suspiro salió de sus labios mientras la brisa movía su cabello, el cual llevaba atado en una coleta para evitar que pudiera enredarse, ante los ojos de cualquiera que le conocía por primera vez, Kiyan podía ser visto como un hombre hermoso, sus rasgos eran finos, las pecas que ocupaban gran parte de su cuerpo le daban un ligero toque dulce a pesar de su altura. La diferencia de colores en sus ojos sólo llamaba más la atención, el verde brillante de uno y el gris profundo del otro cautivaban a cualquiera que mirase. Su mirada siempre revelaba lo que sentía, aunque sus palabras dijeran otra cosa, quien le conocía bien sabía ver más allá de eso gracias a lo expresiva de su mirada. Era fácil saber cuándo estaba feliz por cómo sus ojos brillaban, o como se emocionaba al ver algo que le gustase. Y aunque pocos lo pudieran ver, también era fácil saber cuándo estaba triste. Pero lo que más temían era su mirada llena de ira, aun cuando podía verse con calma y sin alguna pizca de enojo en su andar o sus palabras, el odio e ira siempre podían verse en sus ojos. Si su mirada fuesen dagas muchos habrían sucumbido ante esta.

Claro, su complexión también era algo que llamaba la atención y arrancaba suspiros de cualquiera. Un cuerpo delgado y bien definido por los años que le había dedicado al baile, eso también le daba una flexibilidad envidiable por muchos. A pesar de eso, la fuerza que poseía era sorprendente, muchos se preguntaban cómo podía tener tanta fuerza para la falta de músculos que le veían. Aun así, nadie quería meterse contra el alfa. Por otro lado, su lobo también era algo que describían como algo hermoso. De toda la manada era el único cuyo manto tenía un color rojizo fuerte, su pelaje suave al tacto y brillante ante los rayos del sol. A diferencia de su forma humana, su lobo tenía una mirada menos suave, era más amenazadora y firme, bastaba sólo eso para que todos le siguieran. Nadie dudaba que Kiyan había nacido para ser un líder. Tenía todas las cualidades que un líder necesitaba. Podía incluso no ser un alfa y seguiría siendo un líder respetado.

- ¿Estas recordando el pasado otra vez? - Murmuró el beta tras haber atrapado a su amigo mirando a la nada, recibiendo una ligera sonrisa como respuesta. Había cosas que ni siquiera Adalrik sabía, y entre esas estaba lo que había ocurrido aquella tormentosa noche. No tenía por qué saberlo, Kiyan había acogido al beta tras una pelea, el chico había entrado en su casa en mitad de la noche, asustando a algunos cachorros y provocando que Kiyan saltará a defenderlos en una pelea. Por suerte para el beta todo salió bien, una pequeña herida que era la muestra de lo que podía hacer si alguien amenazaba con la seguridad de su manada. Una charla después y el beta fue acogido y curado en Colmillo blanco. -Si estás pensando otra vez en ese chico juro que te buscaré a alguien que se parezca para que lo olvides y te distraigas

-No tienes que hacer eso. No vas a encontrar a nadie que se le parezca. No existe nadie como el- Sonrió divertido, provocando que su amigo rodase los ojos mientras se abrían paso en el club.

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