Capítulo 4

Un suave aroma a lavanda hizo que arrugara la nariz, ¿conocía a alguien que oliera así? No, no era un olor normal, eso era algo que un alfa usaba para calmar a otros. ¿Por qué había un olor a alfa en su cuarto? Se levantó, sintiendo un fuerte dolor en su cabeza, observando a su alrededor. Eso no era su habitación, definitivamente no era su habitación. ¿Dónde estaba?

-Oh, ya despertaste. Temía que hubiera sido peor y tuviéramos que enterrarte en el jardín- Esa voz… Observo en dirección hacia el dueño de esa voz, el alfa que le miraba desde del otro lado de la cama sonreía con calma, casi con alivio de que no hubiera muerto. Shi sólo pudo mirarle con confusión, no entendía que estaba pasando. ¿Él era quien lo había rescatado después de ese pequeño accidente? - ¿El gato te comió la lengua? ¿Dónde quedó el mocoso agresivo que quería golpearme ayer? No puedes decirme que realmente te afecta este olor como para estar tan tranquilo. ¿O realmente estás herido? ¿Te duele algo?

-Cállate, las asquerosas feromonas de un alfa no me afectan. Acabo de despertar y quiero respuestas. Después arrancare tu cabeza de tu cuerpo. ¿Dónde estoy? - Mientras hablaba se había levantado de la cama de golpe, alejándose hasta una esquina de la habitación, podría salir corriendo por la puerta sin problemas, pero quería respuestas. Quería saber dónde estaba y que estaba haciendo ahí

-Al menos podrías fingir que te calma un poco mi aroma. Tuviste un accidente, no hiciste caso a la luz roja y accidentalmente te golpeé con mi auto. No dejabas de decir que no te llevarán al hospital, que estabas bien. Supuse que podrías sanar rápido así que te traje conmigo.

-Así que me secuestraste después de golpearme con tu auto. Cuando creí que un alfa no podía ser más idiota vienes a demostrarme lo contrario.

-No lo digas de esa forma. Míralo más como una pequeña ayuda, no sé dónde vives, tu nombre ni siquiera es un nombre. Tu celular estaba bloqueado como para comunicarnos con alguien, era el único lugar donde podía traerte.

- ¿Y no pensaste en llevarme a un hospital como una persona normal? ¿Dónde están mis cosas? - El albino se cruzó de brazos, hasta ese momento no había caído en cuenta que su mochila se había quedado en su motocicleta, si alguno de ellos la abría podría tener problemas. Y no podía darse el lujo de tener problemas. Sin su gente sabiendo donde estaba no podía permitirse correr riesgos innecesarios

-Tu mochila está abajo. Si crees que alguien pudo haber tomado algo no te preocupes, no tenemos interés en las cosas de un delta. No quiero saber que cargas contigo. Y no, como dije, ni siquiera conozco tu verdadero nombre. ¿Cómo podría llevarte a un hospital donde preguntaría datos sobre ti que nadie en esta ciudad sabe? - Mientras hablaba se abrió la puerta, dando paso al joven beta amigo de Kiyan, el cual sonrió levemente al ver que Shi estaba despierto

- ¿Qué hace en esa esquina? Bueno, como sea. ¿Estás bien? Te disté un duro golpe, tenías suerte de llevar el casco, nunca vi a alguien rodar de esa forma. Eras como una pelota- Bromeó Adalrik, recibiendo un gruñido como respuesta del albino, su mirada pasaba de el hacia Kiyan, esa situación ya era bastante terrible con el alfa, tener a su estúpido amigo con el solo lo hacía peor -No tienes que estar tan a la defensiva, ¿sabes? Si quisiéramos hacerte algo ya lo habríamos hecho. Ni siquiera te hubiéramos traído en primer lugar

-Bien, pudieron haberme dejado ahí. No quiero deberle un favor a un idiota como tú y a un alfa- Ese comentario sacó una carcajada del alfa, en la luz del día Shi podía notar los dos mechones negros que había en su cabello, si no fuera un alfa incluso podría decir que era su tipo, y por supuesto, la mirada del delta no pasó desapercibida por Kiyan, provocando que sonriera en su dirección con suavidad.

-No nos debes un favor, nosotros te golpeamos al final, era nuestra obligación hacernos cargo de ti y tus heridas. Ahora, ya que has despertado. ¿Por qué no eres bueno y dejas de querer arrancarnos la cabeza y nos aceptas algo de comer? ¿No preferirías tener un poco de energía antes de declararnos la guerra solo?

- ¿Por qué aceptaría comer con ustedes? Seguramente están rodeados de alfas igual que asquerosos que tu- Claro, podía bien negarse a comer, pero la realidad era que no sabía cuánto tiempo había estado inconsciente, por la luz que entraba por la venta podía suponer que no era muy tarde pero que no tardaría en anochecer, así que era claro que no había comido desde la manzana que mal comió en la mañana. Y como si el solo pensamiento de la comida fuera suficiente para despertar el hambre que ni siquiera sabía que tenía, su estómago comenzó a hacer ruidos. Un tenue color rosa se plantó en su pálida piel, haciendo esta más notorio el sonrojo que ser humillado por su cuerpo le ocasionó

-Creo que por eso aceptarías con nosotros. Y tal vez sea mejor que te quedes esta noche. Conducir de noche después de haber sufrido un accidente no creo que sea la mejor idea, ¿no lo crees, Adalrik?

- ¿Huh? ¿Quieres que se quede? Supongo que podría usar alguna habitación vacía

-Bien. Decidido. Andando, hay que comer algo- Kiyan salió de la habitación, dejando a Adalrik confundido y a Shi procesando lo que acababa de pasar. Tras unos segundos salió de la habitación, empujando con fuerza al alfa para atraer su atención.

- ¡No puedes tomar decisiones por tu cuenta! Nunca dije que aceptaría quedarme aquí. Prefiero arriesgarme a otro accidente que estar en este lugar que apesta a alfas y otra mezcla de olores. Tu amigo apesta a que ha estado con más omegas de los que puede contar. No planeo quedarme en un lugar así

-Si te preocupa el olor puedes dormir conmigo. Se te veía muy tranquilo estando en mi habitación.

- ¡Ese no es el punto! No quiero estar en tu habitación y jamás dormiría contigo. ¿Crees que por ser un alfa puedes decidir por todo y hacer lo que quieras sin tomar consideración por los demás? No puedes mandarme ni obligarme a estar aquí

-No voy a obligarte- Murmuró, acercándose al delta que le miraba desafiante, la diferencia de altura entre ambos no era demasiada, apenas había unos cuantos centímetros entre el alfa y el delta. -Solo recomiendo que te quedes para evitar otro accidente. Una tormenta se avecina. No eres de mi manada, eres un delta odioso y la mitad del tiempo quiero golpearte. Pero no por eso dejaría que uno de los nuestros corra un riesgo innecesario si puedo brindarle un lugar donde pasar la noche- Shi podía sentir el aroma del contrario, a diferencia de la calmada esencia de lavanda que desprendía cuando estaba calmado, el desafiante aroma a madera quemada que soltaba ahora le hacía sentir extraño. No era la primera vez que se enfrentaba a un aroma así y con la intención de intimidar, pero algo en sus recuerdos le decía que ya lo había notado antes, podía notar a su lobo decirle que conocían ese aroma de algún lado.

Por un par de segundos ambos hombres se miraron, desafiándose con la mirada, ninguno iba a ceder, incluso aunque los argumentos de Kiyan tuvieran sentido, Shi no le concedería la razón a un alfa, y menos a uno tan detestable como él. Desde cualquier ángulo aquella parecía sólo una pelea de miradas, pero el amenazante aroma de vinagre con cloro que Shi desprendía dejaba en claro que esa era una pelea para ver quien era más intimidante, pero alguno de los dos debía ceder. No podían seguir en eso eternamente y Kiyan lo sabía, soltó un suspiro, negando con la cabeza antes de sonreír con suavidad al albino, dejando de soltar sus feromonas y se alejó.

-Es tu decisión. Si quieres quedarte puedes hacerlo, hay varias habitaciones vacías, pero mi ofrecimiento de dormir conmigo sigue en pie- Le guiño un ojo divertido al chico el cual solo respondió con un gruñido molesto. Kiyan se encontró con su amigo en las escaleras, comenzando a charlar mientras bajaban. Shi les siguió un poco después, necesitaba buscar su mochila y su celular, era inútil, no planeaba irse si una tormenta amenazaba con golpear la ciudad. Podía ser necio, pero no era tonto. Podía quedarse ahí y soportar a aquella gente, solo avisaría a su gente que estaba a salvo y no debían empezar a buscarle -Tus cosas están ahí, las llaves de tu motocicleta también. No recibió tantos daños como se esperaría, pero te daré el dinero necesario para que la repare si tiene fallos-

-… Gracias- Murmuró, caminando hacia el mueble que señaló el alfa, tomando su mochila, observó a su alrededor antes de abrirla un poco para sacar su celular y asegurarse de que todo estuviera ahí. Soltó un suspiro aliviado al asegurarse que todo seguía ahí, cerró su mochila y se alejó mientras encendía su celular, podía sentir las miradas curiosas de algunos lobos, notaba sus murmullos, algunos parecían sorprendidos de que su líder permitiera que un delta estuviera en su hogar. Otros sólo miraban curiosos su apariencia, hasta ese momento no había caído en cuenta de lo mal que seguramente se veía. Sus pantalones estaban rasgados en las rodillas, dejando ver los raspones que recibió tras el accidente. Había unas pequeñas manchas, suponía que del desinfectante que habían usado para limpiarle, suponiendo que fuera verdad que habían tratado sus heridas. No se percató hasta ese momento que tampoco tenía su saco, aunque ese no estaba junto a su mochila. Frunció el ceño, sintiendo su celular vibrar repetidas veces en su mano por la avalancha de mensajes que comenzaron a llegar.

-Oye, ¿dónde está mi saco? - Camino hasta llegar cerca de Kiyan, el cual seguía charlando animadamente con su amigo y algunos otros miembros de su manada, los cuales observaron al delta de mala forma, como si estuviera faltándole al respeto a su líder. Este solo sonrió, indicándole con una mano que se sentará en una silla vacía, frente a esta estaba ya colocado un plato con un poco de arroz, vegetales, puré de papa y un pedazo de carne. El estómago de Shi volvió a hacer un ruido por el olor de la comida, se sentó sin dudarlo, olisqueando de cerca ese exquisito aroma

-Tu saco está secándose. Se lleno de tierra por la caída, creí que lo mejor sería lavarlo para que no anduvieras con ropa sucia. Lamentablemente no pude hacer lo mismo con el resto de tu ropa, no sería apropiado quitarte la ropa sin preguntar. Ahora come, tu cuerpo necesita recuperar energía- La forma en que el alfa le hablaba le descolocaba un poco, el verle tratarle tan sereno y con tanta calma, pero al mismo tiempo de forma tan juguetona era extraña, ¿cómo es que era un líder de una manada tan grande si actuaba de esa forma? Negó con la cabeza, no podía imaginarse a sí mismo actuando así.

Comenzó a comer con calma, disfrutando el sabor de la comida, era delicioso sin duda, incluso casi tan deliciosa como la comida que Kion le cocinaba

-M****a… - Murmuró, atrayendo un par de miradas de los lobos que estaban en la mesa, pero sólo de dio ignorarlos, desbloqueo su celular, viendo todos los mensajes que el beta había enviado y las notificaciones de llamadas perdidas. Decidió solo mandar un mensaje, sería más seguro decirle dónde se encontraba y que no hiciera nada para levantar sospechas. Ya sentía miradas sobre el mientras escribía, pero la más fija era la de aquel alfa, ¿habría descubierto lo que hacía? ¿Noto el arma en su mochila? ¿Pudo haber descubierto quién era? No, eso no era posible. No podía haber nadie que pudiera descubrirlo, su rastro era imposible de encontrar, no podía ser tan poderoso como para desenterrar su pasado y quien era.

El resto de la comida pasó rápido, Kiyan le indicó donde estaban las habitaciones extras si quería quedarse, y aunque no lo quisiera podía escuchar como la lluvia golpeaba contra los cristales así que, aunque quisiera irse ya era imposible. No había forma de salir ileso de esa lluvia. Se levantó yendo a buscar su mochila y camino con calma por los pasillos de aquel lugar. La casa era grande, bastante grande, estaba seguro que podrían albergar al menos más de 30 lobos, sin contar a los niños y aún tenían cuartos disponibles. No podía negar que le sorprendía que hubiera un lugar así, la casa abandonada donde tenía su manada le parecía grande pero ahora veía que se equivocaba. Tenía también un patio trasero lo bastante amplio para que los lobos pudieran correr y disfrutar un poco del sol y revolcarse en el pasto. Y se vio con esa pequeña necesidad aún con la tormenta azotando con fuerza. No recordaba la última vez que había corrido en la lluvia o había dejado a su lobo disfrutar de cosas tan mundanas como esas. Entró así entonces a la primera habitación vacía que encontró, dejando su mochila bajo la cama y salió en silencio nuevamente para no llamar la atención. Debía ser totalmente silencio si quería evitar problemas con los demás lobos de esa manada

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