登入La mirada de Donatello recorrió el edificio mientras rodeaba la cintura de Sabrina con sus brazos y ella descansaba una mano sobre su hombro. Ambos se movían al compás de la música lenta. El recuerdo de los ensayos volvía poco a poco y sus músculos parecían recordar cada paso del baile que siempre habían practicado juntos.Aquellos habían sido sus momentos más felices... hasta que todo se vino abajo. Su padre presentó a su nueva amante y Sabrina se fue a vivir con su madre.Las personas que alguna vez le importaron se marcharon de su vida y él comenzó a sentirse vacío, haciéndose la promesa de no volver a interesarse demasiado por nadie.—¿En qué estás pensando? —preguntó Sabrina mientras agitaba una mano frente a su rostro.—En nada, en realidad. ¿Qué decías?—La mujer que vino contigo... ¿quién es? —preguntó ella.Don dirigió la mirada hacia Julia. La vio hablando con un hombre y, de inmediato, la ira lo invadió.¿Quién le había dado permiso para conversar con otro hombre?Justo cua
Martin entró al salón y vio que estaba repleto de personas adineradas. Estaban tan ocupadas conversando y saludándose que ni siquiera notaron su llegada.Aunque no era la primera vez que asistía, el ambiente social seguía siendo el mismo; parecía que a nadie le importaba su presencia y, si llegaban a fijarse en él, enseguida lo descartaban con una serie de miradas despectivas.No era nada comparado con su hermanastro, quien podía acaparar toda la atención con facilidad. Donatello siempre robaba el protagonismo dondequiera que iba, y muchas veces eso hacía que Martin se sintiera aún más inferior.Mientras avanzaba hacia el centro del salón, Martin divisó a Julia de pie, completamente sola. Sonrió y se relamió los labios.Había notado que lucía todavía más cautivadora con su vestido de abertura lateral y el cabello suelto.—Don debió tomarse su tiempo para convertirla en toda una belleza —se dijo con una ligera risa.Cuando se acercó más, vio que ella no dejaba de mirar a alguien. Al se
El vehículo se detuvo frente a la mansión, un edificio de arquitectura moderna.Julia miró por la ventana y vio a varias parejas entrar. Las damas llevaban sus manos enlazadas al brazo de los caballeros mientras cruzaban la entrada.Al observar cómo se saludaban entre ellos, comprendió que eran personas influyentes. Notó cómo las expresiones de las mujeres reflejaban felicidad y la elegancia con la que se desenvolvían, lo que la hizo sentirse inferior.¿Cómo iba a comportarse delante de tanta gente?Julia dejó escapar un suspiro.Sabía que ese no era su lugar. Tampoco era donde quería estar.Mientras seguía absorta contemplando la escena frente a ella, la puerta del coche se abrió. Al levantar la vista, vio a Don extendiéndole la mano.Él sonrió, aunque ella no pudo saber si aquella sonrisa era sincera. Con una mirada, le indicó que aceptara su mano, y Julia colocó la suya en la de él.Con cuidado descendió del vehículo y acomodó su vestido.Solo será por hoy, se recordó a sí misma mi
Julia estaba de pie frente al espejo de cuerpo entero de su habitación. No podía creer que siguiera siendo la misma Giulia, la hija de los Bianchi.Vestida con un largo vestido de gala rojo, con una abertura frontal y la espalda descubierta, admiró cómo la prenda se ajustaba perfectamente a su figura.Llevaba el cabello suelto, tal como le gustaba a su jefe, y un maquillaje suave resaltaba sus delicados rasgos angelicales.Mientras se observaba en el espejo, se preguntó si realmente estaba hecha para ese tipo de vida. Le sentaba bien, pero no era su estilo. Había pensado que lo acompañaría como su sirvienta, pero ya no era así. ¡Iba con él como su dama!—¡Chica, te ves preciosa! —exclamó Brittany, después de ayudarla a ponerse los tacones de aguja—. Daría lo que fuera por tener esa figura.Julia solo sonrió. Después de todo, tenía una silueta realmente atractiva.—¡Guau! —dijo Brittany, todavía maravillada por la mujer que tenía delante.—Gracias por ayudarme, de verdad —dijo Julia.B
Martin caminaba de un lado a otro por su habitación, sosteniendo el sobre en la mano. Sonrió mientras volvía a echarle un vistazo.El senador había tenido la amabilidad de extenderle la invitación a él también, pero aquello le parecía extraño.¿Qué clase de jugada pretende hacer ese hombre?, se preguntó para sus adentros.La última vez que había oído hablar del senador fue cuando este rompió toda relación con su padre, culpándolo a él y a su madre de la tragedia ocurrida.Dejó la invitación sobre la cama y sonrió con satisfacción. Pasara lo que pasara, debía tomar aquella invitación como una oportunidad para asegurarse una posición favorable.Sabía que asistirían hombres y mujeres influyentes, personas que podrían ayudarlo a derrotar a su rival.Al pensarlo, asintió para sí mismo.Era un movimiento brillante y tendría que llevarlo a cabo en secreto.***Julia escuchó que llamaban a la puerta y se levantó para abrir.—Hola, chica enamorada —dijo Brittany mientras entraba.—Eh... hola —
Donatello estaba en su habitación cuando escuchó que llamaban a la puerta. Rápidamente guardó la nota debajo de la almohada y se puso de pie.—Adelante —dijo.Su asistente, Marcello, entró e hizo una reverencia.—¿Ocurre algo? —preguntó con severidad.—No, jefe —respondió Marcello—. Acabo de recibir una invitación del senador Vincenzo. Lo ha invitado a la gala de inauguración.Marcello le entregó la invitación. Don la abrió de inmediato y la leyó rápidamente.—¿Una gala de inauguración?—Sí, jefe. Además, el senador ha extendido una invitación especial para que asista acompañado de su dama.Don le lanzó una mirada inquisitiva. ¿Acaso su asistente estaba intentando burlarse de él?—Puedes retirarte.Marcello hizo otra reverencia y salió de la habitación.Cuando se quedó solo, Don volvió a observar la invitación. El senador se había tomado la molestia de invitarlo personalmente, aunque ni siquiera recordaba la última vez que asistió a una gala o a cualquier fiesta.—Parece que algunas a