Ivanna, perdida en el placer, empezó a chupar mis dedos sin darse cuenta.Sabía que ya estaba lista para recibirme, pero no tenía prisa. Saqué los dedos, me agaché, agarré con las dos manos sus nalgas redondas y firmes, le bajé la tanga y ante mí apareció su intimidad perfecta: los labios, de un rosa intenso igual que sus pezones, estaban ligeramente abiertos; su clítoris asomaba tímidamente en la unión, y el vello púbico negro y rizado, claramente recortado con cuidado, formaba un triángulo invertido.—Ven ya… rápido… no aguanto más… —gimió Ivanna con voz suave y urgente.Levanté la vista. Su cara bonita estaba sonrojada, sus ojos grandes y seductores me lanzaban miradas cargadas de deseo, la lengua rosada lamía sus labios rojos y la saliva le corría por la comisura hasta el pecho blanco.En ese instante no pude más. Me puse de pie, tomé mi miembro duro, lo froté unas veces contra sus labios húmedos, la abracé fuerte y la penetré hasta el fondo allí mismo en el baño.Empujé con la cad
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