El equipo de la Universidad Central, al ver llegar a Cecilia, se volvió hacia ella con alegría. —Cecilia, no te preocupes. Al contrario, debemos agradecer a tu novio por patrocinar esto.—Sí, sin ti, jamás habríamos recibido una prima tan generosa.—Ahora eres casi nuestra jefa. —Alguien lo dijo, entre admiración y adulación.Si Manuel financiaba todo por Cecilia, él era el jefe del grupo, ¡y ella, por tanto, la jefa!Cecilia se llevó una mano a la boca, riendo suavemente. La felicidad en sus ojos era imposible de ocultar.—No es para tanto, de verdad.Leonor, recostada en su silla, observaba como una extraña esa relación adúltera que todos alababan.Su mirada, sin querer, se posó en Manuel, de pie junto a Cecilia. Él satisfacía cada uno de sus deseos, la protegía de cualquier daño.Una tenue sonrisa adornaba su rostro, sin desmentir los comentarios ajenos. Su atención pertenecía por completo a la mujer amada.Y Leonor, tras siete años como señora Ramírez, era tan invisible como el air
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