Leonor no sabía cómo la pequeña Lucía había logrado leerle tan claramente sus sentimientos más profundos.Ella creía ser experta en ocultar sus emociones, y sin embargo, Lucía las había captado.No era que estuviera triste, ni mucho menos afligida.Solo sentía que, cuando un montón de problemas se acumulan sin salida, no queda más que guardarlos dentro.—No, para nada —Leonor se apretó suavemente las manos, y su sonrisa se suavizó aún más—. Mi cariño, ¿ya te bañaste?Lucía asintió, y apoyó su carita en la pantalla del móvil, restregándola con suavidad, como queriendo consolarla en silencio: —Mamá, no estés triste, sé que estás cambiando de tema a propósito. No pasa nada, ya verás, cuando vuelva a tu lado, serás feliz.Leonor cubrió rápidamente la cámara del teléfono contra su pecho, alzó la vista para contener el llanto, pero ya era inútil.Con todo lo que había pasado en este tiempo, por más que aparentara determinación y fortaleza inquebrantable, en el fondo solo se limitaba a soport
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