Leonor se quedó desconcertada. No esperaba que Manuel dijera eso. Por reflejo, quiso replicar con ironía, decirle que simplemente le repugnaba su suciedad.Pero antes de que hablara, el móvil de Manuel sonó en el momento justo.Leonor echó un vistazo. Otra vez ese apodo afectuoso: "cariño".Manuel, al notar su mirada, giró la pantalla hacia sí de inmediato, se dio la vuelta y entró a la sala.Leonor lo entendió: no permitía que ella se inmiscuyera en la más mínima intimidad entre él y la mujer que amaba.Miró el saco que Manuel había dejado. Al final, no lo tocó. Lo dejó allí, se levantó y se marchó, enfrentando la ventisca, abandonando aquel lugar gélido.***En la sala, María, al ver regresar a Manuel, frunció el ceño con desaprobación.—Esta vez te pasaste. Si no puedes resolver el problema de Cecilia, puedo intervenir.La mirada de Manuel se posó en ella, serena: —Tengo capacidad para protegerla.—¿Y tu esposa? ¡No olvides que Leonor es con quien te casaste formalmente! —María lo m
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