Leonor era verdaderamente despreciable, empeñada en arruinar su futuro con Manuel.La expresión de Manuel era serena, su tono sin mayores matices, pero tranquilo y firme: —No ocurrirá.Una respuesta breve, que hizo que la expresión de Cecilia se suavizara ligeramente.Efectivamente, Manuel ya había llegado al límite del desprecio hacia Leonor.Antes, ella aún dudaba si entre ellos quedaba algún vestigio de afecto conyugal. Ahora veía que, de principio a fin, solo había sido Leonor aferrándose con obstinación, dispuesta a renunciar a su dignidad, usando medios innobles para intentar recuperar una relación ya hecha añicos.—Cuñado, ¿cuándo vas a echar a esa mujer mala? ¿Puede mi hermana mudarse ya a tu casa? —De repente, Leo preguntó.Así él podría ir a la casa grande de su cuñado, le comprarían un cuarto lleno de juguetes, y sería la envidia de todos los niños.Cecilia le reprochó, fingiendo molestia: —Leo, no digas tonterías.Pero no pudo evitar mirar a Manuel con una sonrisa en los la
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