Fuego, dinero, amor (y otros malos hechizos)

Fuego, dinero, amor (y otros malos hechizos)

By:  CynThia  Completed
Language: Spanish
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Él buscaba una venganza, ella buscaba su destino en un camino peligroso. Nirali siente que hay algo extraño en Sarwan, su maestro en el uso de la magia elemental. Donde sea que vayan hay gente intentando asesinarlos, los encargos que reciben del rey son terribles y, además, se la pasan embaucando gente con juegos de azar. Para colmo, ella no ha aprendido nada en los meses que lleva con él. Si no estuviese enamorada del hechicero, ya se hubiera vuelto a su pueblo. Es entonces cuando Deval, antiguo competidor de su maestro, llega para complicar más las cosas. Así, en semejantes condiciones, cada uno de ellos tendrá decidir su destino, ¿qué es lo que están persiguiendo, en realidad?

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No hay conocimiento inútil
Había pasado la medianoche y el viento helado golpeaba con fuerza en el pueblo de Darshan, casi desierto. Podía ser un momento especial para buscar calor en el interior de un vaso de Taj, la bebida tradicional de las tabernas de la región. Pero, en la Calle de las Luces, donde se alineaban los bares y burdeles, ésa era la hora en la que los perdedores habían agotado sus monedas y eran echados a patadas. Ya era una rutina en aquella zona. Los vecinos estaban acostumbrados al escándalo. Por lo general, solían estar muy ocupados bebiendo y jugando como para quejarse.En uno de esos locales, el cliente de la última mesa decidió que era su momento. Se levantó, subió por una escalera angosta hasta dar con una puerta de pésimo aspecto y golpeó, tres veces, con sus nudillos cubiertos por g
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El dilema de los extraños
Estaba muy molesta. Levantarse con el cuerpo agarrotado por haber dormido en el suelo, apenas un par de horas. Luego, tener como desayuno un pedazo de pan rancio y leche robada. Ésa no era la vida que Nirali pensaba tener cuando había salido de viaje con Sarwan.No sabía qué esperaba. Pero estaba segura de que algo distinto a esto.Lo había conocido en Suhri, su pueblo natal. Se habían encontrado una mañana, en el mercado de la plaza. Ella discutía con un vendedor de frutas. Él intervino para desmentir el precio original de las manzanas en la región de donde se suponía que venían. Al final, Nirali había vuelto a casa con la mercadería que deseaba, dinero de sobra y la figura de Sarwan grabada en sus retinas.Aquel hombre tan alto y de aspecto indecente la había seguido y se había presentado ante sus padres como hechicero de la corte de
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Sin mirar atrás
La pelea entre los hechiceros se volvió intensa. Ambos manejaban hechizos de fuego a un nivel bastante parecido y Nirali se asombró al ver que incluso sus técnicas de lucha física eran similares.«Hay algo raro en ese tal Deval» concluyó, atónita.Lo normal era que Sarwan utilizara a los sujetos que los desafiaban como lecciones prácticas para ella. La muchacha había mejorado mucho en su defensa personal y había aprendido diversas maneras de responder a un ataque gracias a eso. No obstante, esta vez, su maestro la había sacado del campo de pelea sin siquiera preguntarle. Y ella no había dudado en hacerle caso.El extraño daba una primera impresión terrible, con una ex
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Eso que no advirtió
Nirali abrió los ojos, confundida, y vio que el celeste del cielo ya cedía su espacio ante el leve anaranjado con el que se despedía el sol detrás de las montañas. Tenía los músculos agarrotados por la mala posición, pero eso no era novedad desde el comienzo de la travesía. Lo que no entendía era cómo se había dormido sobre la hierba, sin más. Entonces, una ráfaga en su memoria la trajo al presente, desde la pelea de su maestro y la búsqueda por Refulgens. Se movió para levantarse, pero el rostro de un anciano observándola desde arriba la sobresaltó.El hombre la llenó de lo que parecían preguntas, en una lengua que no comprendió. La ayudó a sentarse, sin dejar de hablarle a gritos.—Puedo escucharlo, señor, es que no lo entiendo —trató de explicarse ella, mientras otros luga
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Desvío, cortejo y misterio
Estaba anocheciendo y los agricultores emprendían el camino de regreso a sus hogares, yendo en silencio por un sendero hacia el sur. Los tres que los observaban se cansaron de buscar el camino por el que habían venido antes. A excepción del sendero y la plantación, aquello estaba en medio de la nada. Era puro monte.—Vamos a recorrer la zona —sugirió Sarwan, que nunca perdía el optimismo—. Tiene que haber un pueblo por allí. De ahí deben venir estos trabajadores.Deval regresó con ellos, incapaz de admitir que no veía nada en el horizonte. Nirali bajó del árbol al que había subido para utilizar un instrumento de observación a distancia con forma de tubo que le había salido una fortuna en un mercado. Con tan poca luz, el aparato no servía de nada.—No entiendo, maestro, ¿cómo es que no vimos este lu
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La noche de la bienvenida
Luego de recorrer con un sirviente de Jadir toda la ciudad y de no encontrar a ningún ser sobrenatural, recibieron una invitación. La luna estaba alta en el cielo cuando los guiaron al palacete más grande y llamativo de todos, en donde los esperaba de nuevo el anciano. Era un edificio dorado por fuera, con torres y ventanales grandes de enrejados complejos. Por dentro, estaba tapizado y decorado en el mismo color, alternado con rojo y naranja. El aroma a incienso llenaba el aire cálido de la noche de verano.—Buenas noches, mis señores —los saludó el noble al llegar al salón central—. Esta es una casa de cortesanas de lujo. Suele ser utilizada como hotel y restaurante por los altos funcionarios del rey, en sus visitas a nuestra ciudad. Ustedes son mis invitados de honor, así que se hospedarán aquí, en las mejores habitaciones.Los tres se sintieron abrumados por las
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Los niños en Kydara
—Yo me rindo, Sarwan —dijo el pequeño Deval, agotado por el calor y el esfuerzo.—¡No te muevas, estúpido! —lo detuvo el otro—. ¡Me complicas las cosas!Era un día de verano en el desierto de Kydara, la región del norte de Daranis, y los soldados se habían visto obligados a responder a un ataque del enemigo en pleno mediodía. La crueldad del sol sobre sus cabezas no se igualaba con la de los invasores de Suryanis, el reino vecino, que trataban de imponer al hermano bastardo del actual rey daraniense en el trono.La diferencia entre ambos ejércitos era abismal, los de afuera tenían de su lado a una buena cantidad de seres sobrenaturales. Los de adentro, solo a los hechicero
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Picazón y revelaciones
—¡Cállate!Nirali empezaba a entender que cualquier cosa que saliese de la boca de Deval sonaría como una orden. Era irritante, tanto que por él pasó por alto que Sarwan volvía en sí.—No me callo nada —respondió, desde su rincón en la celda que les habían asignado—, estás interpretando todo esto a tu gusto.—¿A mi gusto? —El hechicero se enfureció—. ¿Decir que no deberías adelantarte a esperar recompensas porque no has encontrado nada es interpretar las cosas a mi gusto? ¡Es un hecho, tonta! ¡No estamos aquí encerrados por elección!Los tres estaba
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La mirada que no olvidó
Atravesaron el pueblo, encerrados de la misma manera en que ellos habían transportado a otros hacia su destino final. La humillación les impidió disfrutar del paisaje, porque esa mañana sí que estaban viendo la verdadera apariencia de aquel lugar. Refulgens le hacía honor a su nombre. Los edificios seguían siendo imponentes y estaban pintados en la gama de los dorados. La riqueza en piedras y metales preciosos seguía cumpliendo su función decorativa en las calles, mientras los sobrenaturales paseaban a sus anchas en vestimentas sencillas.En cierto momento, Nirali notó que nadie volteaba a verlos. Llegó a la conclusión de que el último paseo de los cazadores condenados ya sería cosa de todos los días. Entonces se dio el gusto de observarlos con atención.Read more
Del olvido y otros castigos
—Vamos, abajo —ordenó Aruni, desde afuera del carro.A su lado estaba Jadir, el anciano que había fingido ser el alcalde del pueblo el día anterior. Esta vez se revelaba como lo que era, un sirviente que mantenía bajo control a las aves de fuego y ni siquiera los miraba a ellos. Nirali fue la primera en salir, seguida de Deval, que había pasado medio viaje inconsciente. Los dos corrieron hacia unos arbustos, para aliviar la última cuota de dignidad que sus vejigas les habían concedido. Sarwan no se movió de su rincón en la jaula.—Eras tú, todo este tiempo —escupió, con los ojos encendidos de furia—. Debí darme cuenta antes, ese gesto de mofa eterna e
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