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23 Chapters
Una máscara diferente
En un reino antiguo, poderoso y lejano, regia una mujer sabia y hermosa. Era tan vasta su belleza, que no existía un solo hombre que la despreciara. Era fácil pensar que la vanidad había consumido el corazón de aquella soberana, sin embargo, ella no era feliz. La reina envidiaba a las mujeres menos agraciadas. Hastiada de la atención, ya no se arreglaba, deambulaba por palacio como una pordiosera, llegando incluso a escabullirse a las cocinas para cubrirse de polvo y carbón, pero aquello no le bastaba para esconder su belleza. Empezó a usar una máscara que la hiciera lucir horrible, pero no resultó. Intentó escapar del palacio varias veces, pero sus súbditos la protegían incluso de sí misma.  Se sentía desfallecer, agobiada de todo llegó a pensar en quitarse la vida, pero aquella idea desapareció con la visita de una viajera. Se trataba de una poderosa hechicera, quien, al ver a la reina en su sufrim
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Una nueva audiencia
El visir no estaba sorprendido. En apenas unas horas y pudo ver como una dama tras otra, eran despreciadas por el príncipe. Algunas por ruidosas, otras por torpes, otras por egocéntricas y muchas por prepotentes. Aun cuando estaba detrás de la cortina, el visir que no estaba muy lejos, no tardó en percatarse de que el príncipe se estaba cansado, no faltaba demasiado para que comenzara a gritar ofensas contra cualquiera que le hablase. Nathaniel se estuvo cambiado de posición en su silla varias veces, se pasaba las manos por el rostro, bajaba la cabeza y los arabescos de su máscara resplandecían de un rojo intenso. El visir salió para ver cuantas damas faltaban y quizás posponer el resto para otro día.Se sintió aliviado al descubrir que quedaban para ese momento, dos damas por pasar. Como sabía de antemano que Nathan
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Una princesa curiosa
Nathaniel se encontraba absorto en la lectura cuando su padre entró en la biblioteca.—¿Acaso estás loco? —interrogó el rey disgustado—. No has elegido a nadie y además has ocasionado una guerra.—Lo lamento —expresó Nathaniel sin sacar la mirada de su libro.—Lamentarlo no arregla las cosas —reprochó su majestad—, ¿Tienes idea de todo lo que tendré que hacer para evitar la guerra?—Esa no era mi intención —explicó con desgano—, pero la hija del capitán llegó con imposiciones y su comportamiento me pareció incorrecto. Además, aceptarla o no, seguía siendo mi decisión.Read more
Una carta para el rey 
Cuando la princesa Eva dejó el palacio, el visir buscó al príncipe entusiasmado para conversar acerca de aquel paseo y lo encontró de nuevo en la biblioteca.—¿Otra vez aquí? —interrogó disgustado.—Qué bueno que viniste —expresó Nathaniel con tranquilidad sin sacar la mirada de su libro—. Necesito que mandes una carta. A la Señorita Paulina Taurini.—¿Una disculpa? —interrogó el visir cauteloso mirando el tono grisáceo de la máscara de Nathaniel.—Y una aceptación de compromiso —dijo Nathaniel con desgano.—¿Qué ha dicho? —Aquella pregunta sal
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Un libro de historias
Despertó cuando ya se escuchaban las campanadas de la cena, se levantó, se aseó, se cambió y bajo. En su habitación no quedaban espejos, todos fueron destruidos por él. Bajó al comedor y como de costumbre la cena estaba servida para todos, aunque solo cenaran él y Abraham cada noche.—Me alegra ver que no saltó del balcón esta vez —comentó Abraham divertido llamando la atención de Nathaniel.—Te dije que no lo haría —exclamó mientras se sentaba.—Aún está preocupado.—No me sirve de nada decirte que no —reconoció lanzando un suspiro—. Aún pienso que algo podría salir mal.Read more
El retorno del príncipe rebelde
Despertó antes del desayuno y se levantó con la esperanza de ir a la biblioteca un rato, pero al llegar, vio una nota pegada a la puerta con su nombre lo bastante grande como para que no pudiese ignorarlo.“Príncipe Nathaniel, debido a que me encuentro sumamente ocupado, no puedo decirle esto cara a cara, pero la princesa Eva, vendrá cada día hasta el final de la celebración y sus padres dejaron en claro que usted debería acompañarla durante ese tiempo. Así que para asegurarme de que no se escabulla de sus responsabilidades, la biblioteca estará cerrada hasta el final de la conmemoración”Atte.: visir Abraham Dubro”De inmediato la expresión del chico cambio a molestia, pero sin llegar a ira. Estaba pensando que hac
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Un paseo con el sabio
Cuando lograron perder a todos, el príncipe jadeante se recostó de una pared y se dejó caer sentado al suelo. Aún tenía una sonrisa de satisfacción por lo que acababa de hacer, incluso con los ojos cerrados la máscara parecía resplandecer.—Majestad, acaba de hacer una locura —expresó Eva arrodillándose junto a él.—Y se sintió bien —reconoció Nathaniel con orgullo—. Extrañaba esa sensación.—Pero no puedes esconderte —aseguró preocupada—. Digo eres una persona que llama mucho la atención.—¿Eso piensas? —interrogó con expresión burlona.Read more
Un libro peligroso
Al llegar a su habitación, Nathaniel se sentó en la cama y abrió la caja con cuidado. Examinó el libro un momento, estaba polvoriento, pero era claro el motivo. Pensó que quizás Damián tenía miedo de romperlo si se ponía a limpiarlo. Después de tomar un respiro, extendió las manos para sacarlo de la caja y sintió un dolor tan intenso en la palma derecha que lo hizo soltar un grito. La sangre comenzó a correr entre sus dedos, los cerró de prisa, colocó la mano contra su pecho y la envolvió en la camisa que llevaba puesta. —Ya veo, si eres de ella —desdeñó furioso mientras se levantaba.Buscó en los cajones y sacó unas vendas que Abraham le dejó en caso de tener un incidente. Se cubrió la mano
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La historia de un amuleto
Nathaniel abrió suavemente los ojos una vez más, para encontrarse cara a cara con la princesa Eva, quien lo miraba angustiada. No estaba en su alcoba, ni siquiera estaba dentro del palacio, no recordaba haberse movido ¿O acaso si lo había hecho?—Nathaniel ¿Qué estás haciendo aquí? —interrogó preocupada—. Está empapado.—¿Estas… preocupada? —preguntó confundido.—No, no es eso, —respondió nerviosa—. Y no me cambie el tema.—¿Dónde estamos? —Miró entonces a su alrededor aún más confundido que antes.—Casi has llegado a los linderos
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Los sueños del príncipe
Nathaniel aún meditaba sobre aquella historia, cuando escuchó la puerta de la habitación y al levantar la mirada, vio al visir entrar sonriente con dos cenas. Las colocó sobre la mesita de centro y se sentó. —Pude bajar al comedor —comentó Nathaniel mientras salía de la cama.—Su madre no desea que salga de su recámara —le recordó Abraham sonriente—. Al menos hasta mañana.—Están exagerando —dijo sentándose.—¿Usted cree? —interrogó de forma retórica—. Se desapareció desde esta mañana, quizás desde la madrugada. Cuando al fin lo encuentran, está prendido en fiebre y difícilmente logra mantenerse de pie, sin nombrar que cualquier sonido por pequeño que fuese parecía empeorar un intenso dolor de cabeza y de pronto, sin aviso, todo se desvane
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