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58 chapters
Capítulo 1
Paula La sensación de ahogo me invade en el preciso instante que traspaso las puertas de la sucursal bancaria. Hace meses que no visito la oficina y cuando vengo, los recuerdos, esos tan amargos, me invaden. Es por ello que lo evito. Cada vez que acudo, acabo enferma una semana. Bastante tengo encima como para agregar más carga de la que ya soporto.Sonrío por mera educación a la chica que está en la caja al pasar frente a ella. Me detengo en la puerta del director, tomo una bocanada de aire antes de llamar y acceder. El hombre hace un gesto con la mano: con él, me invita a sentarme mientras espero a que termine su conversación telefónica. Me encojo en el asiento al escuchar el elevado volumen de voz que usa para dirigirse al pobre individuo que se encuentra al otro lado de la línea, si fuese yo ya estaría llorando. En cuestión de segundos lo ha amenazad
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Capítulo 2
Lázaro Estaciono el coche en el aparcamiento exterior del cementerio, para ser primera hora de una mañana laboral se encuentra atestado. Mi acompañante me mira y resopla con insistencia, ni siquiera se molesta en disimular la poca gracia que le hace estar aquí; pero, si lo está, es por decisión propia. Una vez fuera del vehículo, ignoro sus quejas y comienzo a caminar sin molestarme en comprobar si me sigue o se queda rezagada. Este momento siempre ha sido mío y sí, algún día me gustaría compartirlo con alguien especial, aunque hoy no es el caso.Se me escapa un suspiro al pasar por la altura de la entrada principal. Siempre me invade la tristeza al visitar esta zona de la ciudad. En este lugar yacen las dos personas más importantes de mi vida, las que me dieron todo y a las que les debo lo que soy.Hago la parada de rigor en la flor
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Capítulo 3
Paula Estoy sentada en la oficina de mi jefe, manteniendo la reunión concertada desde ayer por la tarde. Media hora después trato, por todos los medios posibles, de procesar la información que acabo de escuchar. Lo intento, de verdad que lo hago; pero por mucho que le insto a mi cerebro a reaccionar de una forma coherente, a ofrecer una respuesta lógica, se deja dominar por el miedo. Lo único que soy capaz de decir, más bien quejarme al igual que una niña pequeña a la que han arrebatado de las manos su juguete favorito, es:—No puedes hacerme esto, Tobías.—Claro que puedo, para algo soy el jefe —alega iracundo.Cierro los ojos. De saber que al final me daría las horas solicitadas durante tantos meses no habría aceptado el puesto de limpiadora en el supermercado por las mañanas. Es un trabajo que odio a más n
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Capítulo 4
Lázaro Mi plan inicial aún no ha dado los frutos anhelados, calculaba un mes como tiempo suficiente para llamar la atención de una mujer que ni siquiera sabe que existo. Me ofrecí a sustituir a uno de los empleados de mi amigo, así tendría la oportunidad de hablar con ella y obtener una cita: casi un mes después ninguna de las dos cosas ha sucedido. La idea de mandarlo todo a paseo me llama, pero las palabras que siempre me decía mi abuela acuden a mi mente: «Quien algo quiere, algo le cuesta». Por ello, la única salida que veo es esta, proponer de nuevo la apuesta y rezar porque el ceporro de Brig la acepte sin realizar demasiadas preguntas.Tras escuchar la propuesta me observa incrédulo, sin dar crédito a mis palabras. Deduzco que por eso se atreve a preguntar:—¿Lo dices en serio?Hace dos meses cuando él
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Capítulo 5
Paula Los días se hacen interminables. Entre trabajar por las mañanas limpiando en el supermercado y todas las tardes en la formación para el nuevo puesto que desempeñaré en MultiServi, cuando llego a casa lo único que me apetece es esconderme bajo las sábanas y no abrir los ojos hasta el día siguiente. Aunque a decir verdad preferiría despertar en otro lugar con tal de no tener que volver a verlo.Suspiro al quitarme los zapatos nada más traspasar la puerta, saber que tengo dos días libres por delante me levanta un poco la moral; aunque no lo suficiente para saltar de alegría, será cuestión del cansancio que llevo tanto físico como psíquico.—Hola, cariño. —Saluda Ma asomando la cabeza por la puerta del baño—. ¿Qué tal el día?Me detengo al llegar a su
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Capítulo 6
Lázaro A la tarde aún le restan horas para llegar a su fin cuando mi amigo decide que es el momento oportuno de hacerme una visita. Durante estos dos últimos meses, si ha deseado verme un jueves le ha tocado venir hasta aquí. Me guardo el móvil en el bolsillo delantero del pantalón, paso de dejarlo a la vista de Brig por si Paula me manda un mensaje. Sigo sin confesarle que he conocido a una mujer que me llena más de lo que quiero admitir y me encanta pasar tiempo hablando con ella.Llevamos tres semanas con el intercambio de mensajes; pero todavía no he logrado que quede conmigo, ni siquiera para tomar un café, algo que comienza a desesperarme. Intuyo que a este ritmo no pasaremos de ser dos personas que hablan durante horas a través de una aplicación de mensajería instantánea. Sin embargo, por mi parte, cada día que pasa más
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Capítulo 7
Paula Estoy tan cabreada con Mabel que, cuando la veo aparcar frente a nuestra fachada, ni siquiera me molesto en ayudarla a sacar las bolsas de la compra. Que se encargue solita por metomentodo. «¿Por qué no puede centrarse en su vida y dejar la mía en paz?», pienso, lanzando las llaves de casa sobre la mesa de la cocina. La quiero con locura; sin embargo, son este tipo de cosas lo que me cabrea de ella. Quien me vea ahora imaginará que me comporto de manera ridícula y soy de las que hacen una montaña de un grano de arena; pero no, sé lo que me digo. No es lógico que meta las narices donde no la llaman y eso mismo ha hecho.El día de por sí no va bien; pero todo se ha complicado más cuando, hace escasos minutos, un mensaje de Lázaro me recuerda la supuesta cita que tenemos esta noche. Por mucho que me entretengo en escribir y borrar l
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Capítulo 8
Seis años y medio atrás Paula se dejó guiar por la voz masculina del GPS. Tenía una entrevista de trabajo y lo que menos deseaba era ir con retraso. De no ser por Jesús, el padre de Mabel, ni se habría molestado en enviar el currículum; pero el hombre insistió en que lo hiciera, que nunca se sabía cuándo se presentaba una nueva oportunidad. Miró de nuevo el reloj del salpicadero y, con pesar, comprobó que solo disponía de diez minutos para llegar a su destino.Pitó, al igual que una energúmena, a la mujer de avanzada edad que iba por delante de ella. La pobre circulaba a veinte kilómetros por hora y, como la llevara a ese ritmo el resto del camino, no lograría llegar a tiempo.Consiguió adelantarla en el siguiente semáforo. Le pidió perdón al conductor del carril contrario con l
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Capítulo 9
Paula Borro el recuerdo de una etapa de mi vida que deseo almacenar en lo más profundo de mi ser. Hoy no es día para analizarla, sino tratar de volver a ser quien era antes de conocerlo. Entrecierro los ojos, tomo una profunda bocanada de aire y al abrirlos, observo el reflejo que me devuelve el espejo. Me cuesta reconocerme con los pantalones ajustados de piel negra y el corpiño de encaje. Doy dos pasos con inseguridad, los diez centímetros de tacón me hacen sentir que camino sobre la cuerda floja y en breve caeré al vacío, el cual me aterra descubrir. Decido caminar por mi habitación con la finalidad de adaptarme. Juraría que he olvidado manejarme con ellos, llevo muchos años sin usarlos, y no quiero parecer un pato mareado delante de Lázaro.Observo mi pelo ubicada de nuevo frente al espejo: llevo la melena negra recogida a un lado, los rizos caen en
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Capítulo 10
Lázaro A mis veintiocho años parezco un pipiolo de lo nervioso que estoy al saber que tengo una cita. «Una cita —repito en mi interior, sin dar crédito a esta sensación de hormigueo que se adueña de cada terminación nerviosa de mi cuerpo—. ¿Cuánto tiempo hace que no tienes una de este tipo? Demasiado», me respondo.—Joder, Lázaro, ¡ni que fueses nuevo en esto! Como si no tuvieses encuentros en la sala, capullo —me reprendo en voz alta frente al espejo mientras termino de afeitarme.Ayer decidí pasar la noche en el centro en vez de marcharme a la playa donde habitualmente resido, prefiero la tranquilidad que me ofrece el sonido del mar al incesante tráfico diario. Para estrés ya tengo el día a día.La guitarra de Vicente Amigo me hace compañía. En casa prefiero m&ua
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