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15 chapters
MAYRA
El sonido del agua que caía desde la regadera sobre el cuerpo agazapado de Mario dentro del pequeño baño de aquel cuarto de motel barato, y aun con las dos manos presionadas sobre sus oídos, no podía disminuir en absoluto los gemidos de placer (seguramente falsos) provenientes de la única cama de la habitación en donde se realizaba un contrato servil erótico.  Atormentado, Mario se levantó de su refugio y sin cerrar el alto grifo, salió como queriendo escapar sin ser visto. Los dos participantes de aquel encuentro sexual acordado no escucharon los pasos sigilosos de Mario cuando se acercaba al improvisado tocador. Por primera vez en su vida, la mirada que encontró Mayra en Mario fue diferente, era una mirada llena de miedo, de odio, de rencor, una mirada que jamás habría imaginado, una mirada que apenas duró escasos segundos pero que serían suficientes para darse cuenta de que sería la última vez que esas dos mira
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Mario enfundando una pistola
Por primera vez en los últimos quince años, a Eva la recorrió un escalofrió letal, inerte, un dolor interminable sacudía todo su cuerpo. Era algo extraño, diferente, sabía inconscientemente que por fin su búsqueda habría terminado. La mirada de MayraMario seguía sosteniendo igualmente el arma asesina que la mirada con la misma frialdad y decisión mientras observaba la agonía de Mayra, su madre, quien sin poder hablar preguntaba, o más bien intentaba entender y poder siquiera preguntar: —¿por qué? Sentía Mayra que la vida se escapaba cada segundo que pasaba, vinieron entonces a ella, como rayos fulminantes, los recuerdos y casi de inmediato toda su precoz vida estaba frente a la muerte inminente, que estaba por llegar a modo de ironía de manos de quien ella había traído a la vida. Entre las imágenes de sus recuerdos, vio desfilar en forma vertiginosa su infancia feliz al lado de su
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Al suelo cabrones!
Joaquín se alejó del lugar por el mismo camino por donde había llegado, pero ahora con un caminar muy lento, la herida en la pierna seguía sangrando de manera copiosa, por lo que a cada paso que daba se debilitaba aún más; además, el dolor le impedía caminar de manera normal pues tenía que arrastrar la pierna.Sabía que tenía que hacer algo si no quería quedar tendido desangrado en medio de su huida.Se detuvo un minuto en una licorería, abrió la maleta, de la que sacó algunos dólares y pagó por una botella de ron, un paquete de papel sanitario, dos cajas de analgésicos y tres encendedores. Dejó dos billetes verdes sin fijarse en el precio.Lo único que quería era alejarse lo más pronto posible de aquel lugar.—¿Se siente bien, señor? —preguntó la dependienta al ver la sangre que salía de la herida de Joaquín.¿Señor, qué le ha pasado?, ¿quiere que llame a una ambulancia?No, gracias, fue solamente un accidente. –Respondió Joaquín mientras que de
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El abuelo
La llegada al anfiteatroEl detective Ramírez ya esperaba en el hangar de la empresa de la familia Martínez de la Garza a la señora Eva, quien con paso apresurado bajó por las escalinatas de la aeronave, seguida por Esther.—Señora, debemos dirigirnos al Servicio Médico Forense —Semefo— de la ciudad, ya están esperándola a usted tanto el Ministerio Público como agentes de la Policía Ministerial para llevar a cabo todos los trámites pertinentes en caso deque…—¿En caso de qué, licenciado Ramírez?Bueno, en caso de que efectivamente se trate de Mayra, señora —dijo mientras aceleraba el paso para abrir la portezuela trasera del vehículo que los conduciría al destino con la verdad.Ya en el automóvil, Eva expresó:—Una pregunta, Ramírez.—&iqu
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Gracias Abuelo, pero ...
Regreso a MonterreyTal como lo había prometido el agente ministerial Durán, el cuerpo de Mayra fue entregado al detective Ramírez, al igual que la custodia debidamente oficializada de parte de las autoridades correspondientes de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. A una hora temprana, Durán había recibido la cantidad que uno y otro habían acordado.En el hangar donde se encontraba el avión que llevaría de regreso los restos de Mayra, ya estaban esperando Eva y Esther a que el detective Ramírez llegara con el ataúd y con Mario.Después de varias horas de espera, finalmente Eva vio cómo llegó una carroza fúnebre y de ella bajaron la caja mortuoria; observó asimismo que por las escaleras que dan al patio de maniobras, descendía el detective Ramírez, acompañado del nieto de ella.—Señora, buenas tardes —saludó Ramírez.—Buenas tardes, detective, ¿por qué tardó tanto?—Señora, tuve que entregar la cantidad pactada con el
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LUCIA
 Lucía era una joven de 21 años de edad, compañera de Mario en la Facultad de Derecho en la Universidad Autónoma de Nuevo León.Ella había nacido en la ciudad de Apodaca, Nuevo León, y había quedado huérfana de madre desde su nacimiento.Nadia, su madre, había muerto por complicaciones durante el parto, y Lucía, inconscientemente, se sentía responsable de su muerte.Su padre la había dejado desde ese entonces a cargo de Martha, su nana, pues el trabajo de él no le permitía cuidar de ella por el día.Unos años después él había vuelto a contraer nupcias y últimamente se encontraba viviendo junto a su nueva pareja, en los Estados Unidos de América.Lucía, junto con su nana, se trasladó a vivir a la ciudad de Monterrey para ingresar a la Facultad. Ellas vivían en
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El Diputado
—No lo sé, solo vi que eran tres contra uno y sentí coraje de que fueran tan aprovechados.  —¿Es decir que lo hubieras hecho con cualquiera y no solamente por ser tu primo?  —Por supuesto que lo hubiera hecho por cualquiera, no lo pensé, solo sentí ese impulso y actué de manera irracional, espero que no vuelva a sucederme; por cierto, te ofrezco una disculpa.  —¿Una disculpa a mí, ¿por qué?  —Por haberte arruinado la noche.  —Para ser honesta, ya me tenían aburridas Reyna y Rocío y pues a ti no se te veía tan contento, así que no te preocupes, no me perdí de nada, absolutamente de nada bueno.  —De cualquier manera, te ofrezco disculpas —respondió Mario mientras le tomaba la mejilla derecha.  —¿Y qué piensas hacer —preguntó Lucía.  —¿Hacer de qué?  —Pues de lo que te ofreció tu primo, el diputado.  —Pues nada, no pienso hacer nada, espero no volver a verlo, eso es lo que espero.  —¡Pero si serás bruto Mario!  —¿Por qué! &nbs
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LA TRAICIÓN
Había llegado la hora.Mario arribó acompañado de el Panemas a la casa de Jesús. Ya estaban en ella seis de los principales líderes de la organización política y la mayoría de los alcaldes de diferentes municipios del estado en señal de apoyo a Jesús.Jesús recibió en el lobby a Mario y a el Panemas.Entraron al privado de Jesús, este sirvió tres copas de vino, ofreció una a Mario, la segunda a el Panemas, y él conservó la tercera para sí.—¡Se llegó el tiempo, Mario!, ¿qué noticias me tienes de tus amigos?—Voy a verme en una hora con quien me va a entregar el recurso.En cuanto me lo pidas, tendremos un millón de dólares para tu campaña, tú nos dices cómo lo repartimos o a quién se lo entrego.—Mario, tenemos que ser muy cuidadosos con el tema, pues van a estar fiscalizando todos los gastos, así que tenemos que saber manejar muy bien la contabilidad para no rebasar los topes de campaña.—El licenci
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LOS SAPOS
Pues entonces hazlo, Mario, haz que la lleven presa si ese es tu trabajo y tu gran honestidad y moral no te permiten liberarla —manifestó Lucía mientras abría la puerta del despacho para dirigirse a su habitación. Mario intentó detenerla y fue en ese preciso momento cuando sonó su celular. Era el Panemas, y Mario estaba esperando esa llamada.El Panemas le informó que estaba todo listo para el golpe que estaban preparando asestarle al cártel del Centro.En punto de las tres de la tarde del día siguiente se realizaría el operativo de la Secretaria de Seguridad Pública del Estado con al menos 200 efectivos de la corporación.Mario salió segundos después de terminar la llamada con el Panemas y dio la orden a agentes policíacos de que llevaran a los separos de la procuraduría a Martha, la supuesta ladrona de las joyas de Lucía.Sin saberlo, Mario había caído redondito en la trampa de su esposa, la señora del gobernador.El enfren
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EL PRINCIPIO DEL FINAL
Secuestro y asesinatoLucía, ese día desde temprana hora estaba al pendiente de las noticias, sabía que era el momento justo de seguir con su plan. No podría permitir que nade ni nadie pusiera en riesgo su vida ni la de sus hijas.Lucía había logrado tener una excelente cercanía con su cuerpo de seguridad.Seis elementos de la procuraduría habían sido asignados a la seguridad personal de ella y de sus hijas desde el inicio de la Administración de Mario como gobernador.Dos de ellos, Agustín y Ricardo, se habían convertido en gente de toda su confianza. Los cuatro guardias de seguridad restantes le eran fieles, pero ella no les tenía la suficiente confianza como a los dos primeros.El secretario de Seguridad Pública del Estado se encontraba realizando una conferencia de prensa en las instalaciones de la secretaría a su cargo mientras que Mario la observaba, por vía televisiva, en su despacho.En ese momento le informaron que
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