7 días de castigo por ayudar al Mafioso

7 días de castigo por ayudar al Mafioso

last updateÚltima actualización : 2026-01-22
Por:  Anaell IanesEn curso
Idioma: Spanish
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Tras salvar la vida de Alessandro Galli, Victoria queda atrapada en el mundo de la mafia. Lo que empieza como una deuda la lleva a trabajar en su club nocturno, hasta que Massimo Galli, el implacable jefe de la familia, la toma para sí con un papel tan falso como peligroso: fingir ser su pareja. Sin que ninguno lo imagine, un vínculo nacido en vidas pasadas vuelve a unirlos, empujándolos a repetir una historia de pasión y tragedia. En una mansión que es jaula y trono, rodeada de lujos, enemigos y miradas que queman, Victoria tendrá que sobrevivir a intrigas, celos y a una atracción que podría costarle, otra vez, la vida.

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Capítulo 1

La Propuesta del Diablo

En el momento en que lo salvé, debería haber comprendido que la bondad me costaría la vida.

Tendría que haber seguido caminando, eso es lo que no dejo de repetirme cada mañana cuando me levanto y pienso en todo lo que pasó. Si hubiera tenido un poco de cerebro, habría pasado de largo, como hacen todos.

—¿Me estás jodiendo? Te ayudé anoche.

—Mira, no es nada personal. Viste mi cara. Sabes mi nombre. Sabes que estuve en ese callejón, golpeado y débil. Con eso alcanza.

Llovía mucho esa noche, había salido tarde del trabajo con hambre y dolor de cabeza. Una noche horrible, de esas que te hacen pensar en todas las cosas que hiciste mal en tu vida. Tendría que haber tomado el bus directo a casa y comer algo congelado viendo televisión. Pero no hice eso. Siempre termino eligiendo el camino más tonto, aunque sepa que voy a arrepentirme.

Quise acortar camino por el callejón de los artesanos. Era peligroso, todos lo sabían, pero me ahorraba caminar cuatro cuadras y ya no podía más. Quería llegar a casa y comer algo decente, no las papas fritas del bar donde trabajo. Eran casi las once y no había nadie en la calle. Lo último que quería era toparme con un borracho, mucho menos con un muerto. Y al final terminé encontrando algo peor.

Mi hermana siempre me dice que soy demasiado buena para mi propio bien. Demasiado bocona. Ella vive sola con su hija pequeña y yo trato de ayudarla mandándole dinero cuando puedo. No es fácil, el sueldo del bar no da para mucho, pero algo es algo. Cuando puedo animo fiestas infantiles, me disfrazo de princesa de Disney y soporto mocosos gritando y tíos babosos. Me río, hago como que no me importa, pero por dentro me arde tener que humillarme así.

—En mi mundo, la gente que ve cosas que no debe ver, desaparece —me explicó como si fuera lo más normal del mundo—. Es simple: si viste algo que no tenías que ver, te mueres.

—¿Y si no digo nada? Soy una mesera de un bar de cuarta, ¿quién me va a creer?

—No funciona así. Podría matarte ahora. Sería lo más fácil.

—Tiene que haber algo... —balbuceé cerrando los ojos.

Tengo esa manía de hacerme la valiente que sé va terminar matándome algún día.

Por eso cuando escuché ese gemido terrible en vez de quedarme congelada, darme la vuelta e irme, tuve que ir a ver. Era un sonido de dolor, como si alguien se estuviera muriendo. Venía de atrás de los contenedores de basura.

—¿Hay alguien ahí? —pregunté bajito, sintiéndome como una idiota. La voz me temblaba, como si yo fuera la que estaba por morir.

Me acerqué despacio. Entre los contenedores había un hombre tirado, todo golpeado. Tenía la cara destrozada, sangre seca desde la nariz hasta el cuello, la camisa rota. Parecía muerto. Respiraba muy mal, como ahogándose con su propia sangre. El sonido era tan feo que me revolvió el estómago.

—Dios mío —dije. Y por un segundo recé de verdad, aunque hacía años que no creía en nada.

El tipo abrió los ojos con mucho esfuerzo y me miró. Tenía ojos verdes, aunque uno estaba casi cerrado por los golpes. Sentí un escalofrío, como si esos ojos me hubieran elegido a mí.

—Voy a llamar una ambulancia —le dije, buscando el teléfono. Me temblaban las manos tanto que casi lo tiro.

—No —me dijo con voz ronca—. Nada de ambulancias.

—Pero usted está muy mal...

—Por favor —insistió, tratando de sentarse y haciendo gestos de dolor—. Sin ambulancias. Sin policía.

Ahí me di cuenta de que algo raro pasaba. Pero me quedé igual. La parte imbécil de mí no sabía cuándo largar todo y salir corriendo.

—Bueno —le dije—. Pero déjeme ayudarlo.

Lo agarré del hombro y lo ayudé a pararse. Pesaba mucho y casi nos caemos los dos. Olía a sangre, transpiración y un perfume caro. Parecía alguien con plata, pero estaba tirado en un callejón como cualquier vago.

—¿Cómo se llama? —le pregunté mientras lo ayudaba a caminar.

—Alessandro Galli —me dijo—. Mucho gusto.

Se me cayó el alma al piso. Un Galli. Uno de esos mafiosos que manejan toda la ciudad como si fuera de ellos. Están en todos lados: construcción, transporte, negocios, prostíbulos. Todo el mundo les tiene miedo o les debe algo. Y yo acababa de encontrar a uno. Qué suerte la mía.

Cuando era chica siempre escuchaba a los grandes hablar de los Galli en voz baja. Nadie se animaba a decir sus nombres fuerte. Una vez vi a uno en el mercado, un tipo grande con traje caro. Mi mamá me agarró del brazo y nos fuimos corriendo. "No los mires", me dijo, "para nosotros no existen". La vida tiene esas ironías.

Y ahora estaba sentada en el bar de Alessandro, el Dollhouse, mientras él tomaba whisky como si casi se hubiera estado muriendo la noche anterior.

Se paró y caminó hacia mí. Me levantó la cara con el dedo, obligándome a mirarlo.

—Podemos arreglarlo de otra forma —sonrió.

—No me voy a acostar contigo.

Me miró unos segundos, parpadeó dos veces y se empezó a reír. Una risa fea, cortante, horrible.

—No eres mi tipo, muñeca —dijo cuando paró de reírse—. Pero tienes coraje, eso me gusta. A pesar de que estás a punto de morir... digamos que se me ocurre una idea para que te salves.

Estaba loca, desafiando a un mafioso como si no me importara nada. Pero así soy yo: tengo una boca grande y orgullosa que siempre me trae problemas.

—Te voy a dar una chance —siguió Alessandro—. Soy dueño de este club muy especial. ¿Dijiste que eras mesera?

—Sí —contesté casi sin voz.

—¿Cómo te llamas?

—Victoria.

—Perfecto. Siete noches. Vas a trabajar aquí, en mi club, bailando. Después de eso, tu deuda está pagada y me olvido de que existes.

—¿Bailar? ¿Bailar cómo? No sé bailar.

—Vas a aprender —dijo, volviendo a sentarse—. O te vas a morir. Tú eliges.

El Dollhouse. Un lugar del centro donde las chicas se desnudan para tipos con más plata que cerebro. Donde los Galli lavan su dinero sucio mientras se divierten mirando carne fresca.

—Estás enfermo —le escupí.

—Y tú estás viva. Por ahora —hizo un gesto con la mano—. Una semana, nena. Siete días y después te olvidas de mi cara y yo me olvido de la tuya.

—¿Y si no acepto?

—Dejas de ser mi problema —dijo, y la mano se le fue hacia la chaqueta donde tenía el arma.

Cerré los ojos. Pensé en mi apartamento chico, en las cuentas que tenía que pagar, en mi hermana que estaba sola con su nena de ocho años y necesitaba que le mandara plata todos los meses. Pensé en todo lo que no iba a poder hacer si terminaba muerta en este bar.

—Una semana —murmuré.

—Excelente, muñeca. Mañana a las ocho de la noche. Pregunta por Tino en la entrada, él te va a explicar todo —se dio vuelta para irse y después se frenó—. Ah, y nena... ni se te ocurra no venir. No me gusta perder el tiempo.

Salí de ese lugar y me fui caminando bajo la lluvia, como si no acabara de arruinar mi vida. Recién cuando llegué a la esquina empecé a temblar. La gente me miraba raro, seguramente pensando que era una loca que anda hablando sola por la calle. Si supieran.

Llegué a la puerta de mi apartamento chorreando agua por todo el pasillo. Los Fernández de al lado pusieron la televisión más fuerte, como siempre que hay ruido.

Me senté en el borde de la cama sin cambiarme la ropa mojada. Tenía que llamar a mi hermana, contarle que no le iba a poder mandar plata este mes. ¿Cómo le explicaba que me había metido en un lío con la mafia por ser una idiota con buen corazón?

Hablamos diez minutos de tonterías. De los trabajos, de si la nena se estaba adaptando a la escuela, de lo caro que estaba todo. Cosas normales de hermanas normales que tienen vidas normales. Cuando cortamos me puse a llorar agarrándome la cabeza.

Una semana en el Dollhouse. Siete días sacándome la ropa para tipos como Alessandro Galli.

Eso o terminar muerta. Pero si hubiera sabido lo que realmente iba a suceder, definitivamente no habría aceptado.

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Yuderka Santana
Yuderka Santana
cuando actualiza
2026-01-07 20:48:11
2
0
Margoth Anduira Molina
Margoth Anduira Molina
cuando saldrá nuevo capítulo de esta hermosa istori
2025-12-10 03:29:01
1
0
Mariana Claudel
Mariana Claudel
hola escritora! como estas? seguirás actualizando? esta hermosa la historia!
2025-10-21 04:15:23
4
0
Lissye
Lissye
Buen día cuando actualizas llevo ya 3 semanas esperando ya que está muy buena la novela ojalá la termines
2025-10-15 04:13:44
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Ana Luna
Ana Luna
cada cuando actualizas ...
2025-10-01 21:42:37
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