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Capitulo 5

last update Data de publicação: 2026-02-06 21:27:20

Alexander cargó a Elena en brazos y se dirigió hacia la casa, guiado por una de las empleadas.

—Consiga alcohol y traiga agua —ordenó con voz firme.

La recostó con cuidado en el sillón, observándola con atención mientras intentaba que reaccionara. Cuando decidió ir en su búsqueda, no imaginó que ella respondería de ese modo. Aquello solo podía significar dos cosas: o no lo reconocía… o era una actriz extraordinaria.

¿Eso le daba una ventaja?

Sí. Sin duda.

Entonces seguiría siendo el inocente mesero.

—¿Está enferma? —preguntó sin apartar la mirada de ella.

—No, señor. Es que casi no come—respondió la empleada.

—Le vendiste el alma al diablo por unos Louis Vuitton —murmuró él,con el apenas audible mientras observaba sus zapatos.

En ese momento, Elena comenzó a reaccionar.

—Tranquila, no te muevas —dijo él inclinándose—. ¿Te sientes mejor?

—Un poco mareada… pero ya se me pasa —respondió ella, forzando una sonrisa—. ¿Estás trabajando de jardinero aquí?

Alexander soltó una risa breve, cargada de ironía. Pensar que era una cabeza hueca era quedarse corto.

—¿De verdad tengo pinta de jardinero? —respondió con sarcasmo.

—Esperaba a uno —replicó ella.

—Mirá… ahora te gustan los jardineros. Y pensar que me dejaste porque era pobre.

Elena lo miró fijo.

—¿ Que haces aqui?

— Vine a verte.

—No entiendo porque lo harías y no me interesa. Si vienes a explicarme porque me dejaste plantada pierdes el tiempo.

Alexander frunció el ceño. Recordaba perfectamente ese día.

—No te deje plantada—repitió—. ¿Fue por eso que buscaste un viejo?

—Yo no busqué a nadie —dijo Elena, firme.

Él sonrió con cinismo. Mentia. Una empleada ingreso.

—¿Necesita algo, señora?

—No, estoy bien.

—Saldré con la empleada a hacer las compras —anunció ella.

Elena asintió sin dejar de observar a Alexander mientras se alejaba.

—¿A qué viniste? —preguntó, cuando quedaron solos.

—A verte. ¿No es obvio? —respondió él—. Quería comprobar cuánto habías cambiado, considerando que me abandonaste y a los pocos días te casaste con un viejo moribundo.

Se acercó un paso más.

—Dime, Elena … ¿te dio lo que necesitabas? Además de lujos, claro. Una isla y avion privado, nada menos. Pero… ¿te dio placer? ¿Te hizo gozar?

—No te permito que me hables así —respondió ella, tensa—. No seas irrespetuoso.

—Es solo una pregunta —rió—. Un sí o un no bastaría.

—Por favor, vete. No entiendo a qué viniste.

Alexander la observó con detenimiento y, de pronto, se movió con brusquedad, acorralándola contra una mesa. Elena se encogió; parecía un animal pequeño, sin salida.

—Etes muy descortés —murmuró él. Uno no esperaría ese trato de la viuda de Mavrogenis.

Ella intentó esquivarlo, pero una mano fuerte la sujetó de la muñeca cuando pasó a su lado.

—¡Suéltame! —susurró, con la voz temblorosa.

—¿Y si no lo hago? —preguntó él, tomándola por la cintura—. ¿Qué vas a hacer?

—Voy a gritar. Los guardias te van a sacar.

Él se inclinó apenas, desafiante.

— A ver si te animás, además no te estoy haciendo nada.

Temblorosa y asustada Elena comenzó a llamar a los custodios...

Alexander conducía a toda velocidad, alejándose de Elena

¿En qué demonios había pensado al ir a verla?

En cuanto ella llamó a los custodios, él desapareció. Por ahora, era mejor que no supiera quién era en realidad.

Después de su padre, Elena era la persona que más odiaba.

Elena, en cambio, permanecía inmóvil. La agresividad de Alexander la había dejado en shock. Le temblaban aún las manos.

Recordó, sin querer, la primera vez que lo había visto. Aquella huida impulsiva de su casa, aquel viaje que inició creyendo que escapar bastaba para empezar de nuevo.

Mientras tanto Alexander ingresaba a su propiedad de Naxos. Se sirvió un vaso de whisky y lo bebió de un solo trago, esperando que el ardor le apasiguara su ánimo.

Pensar en Elena provocaba una reacción en cadena que lo descolocaba incluso después de tantos años. Que Elena fuera tan… normal siempre le había resultado desconcertante y, al mismo tiempo, irresistible. No era pretenciosa. Un rasgo raro en el mundo falso en el que él se movía.

Se entregaba a sus emociones sin filtros. Gritaba, lloraba, reía como una niña. Libremente.

Solo recordar cuán libremente lo hacía le tensó la mandíbula. Había recuerdos que era mejor saltarse. Aquella vez, la única vez, había bajado la guardia. Se había rendido al romance.

¿Había sido romántico alguna vez?

Si serlo significaba dejarse arrastrar por un vínculo impulsivo, vertiginoso y ciego, entonces sí. Una sola vez.

Aunque “cegado por el deseo” era, probablemente, una descripción más honesta.

Por suerte, ella había terminado mostrando su verdadero rostro. Desde entonces, Alexander había tratado las relaciones como acuerdos comerciales. Era mucho más sensato. Él no sentía el menor interés por comprender a las mujeres con las que se acostaba y ellas no querían entenderlo solo gozar de su lujoso estilo de vida.

Eso era infinitamente mejor que una mujer que se te metía bajo la piel y te volvía loco.

Jamás olvidaría la primera vez que la vio rn Parga.

Elena llevaba un vestido rosa. Él estaba dando instrucciones a los empleados de su recién adquirido hotel boutique, cuando la vio. Ella se veía nerviosa, una treta penso, tardó en verlo pero por suerte ella mostró su verdadero rostro.

—Buenas tardes, usted trabaja aqui—le dijo temblorosa. Él la observó de pies a cabeza detenidamente.

Elena se sonrojó al notar su mirada, la carpeta que llevaba en su mano cayo al suelo y los papeles se desparramaron.

—Lo siento.— Ella se agacho para juntar los papeles y el hizo lo mismo. Vine porque me dijeron estan buscando personal comentó poniéndose de pie mientras se alizaba el vestido con manos temblorosas.

—Tranquila. El dueño es un ogro, pero aun no se come a la gente —dijo él, dándole un papel.

—No soy de acá. Es mi primera entrevista —explicó ella, nerviosa.

—¿Estás sola? ¿Viniste a probar suerte? —preguntó él, sorprendido por su propio interés.

—Sí… Estoy buscando trabajo —dijo, y luego lo miró—. ¿ Tu trabajás aquí?

—Sí. Trabajo para el señor Christodoulou. Me llamo Alexander, soy el jefe de personal dijo Xander, estiró su mano pidiendo su carpeta.

Elena sonrió con dulzura, pero no podía ocultar su nerviosismo. — Te hare la entrevista. Elena no tenia experiencia, no creía que fuera buena idea contratarla, pero cegado decidió contratarla para el bar del hotel, lavaría copas limpiaría mesas, hasta un idiota podia hacer eso...

Los días pasaron y Elena no volvió a ver a Alexander. Finalmente, llegó el momento de regresar a Atenas.

Yannis había logrado mantenerla apartada en Naxos.

—No entiendo por qué preferiste que estuviera lejos hasta hoy —dijo Elena mientras subía al auto junto a Yannis.

—Son órdenes de Leonidas —respondió él—. ¿No te dijo que debías hacer lo que yo pidiera? En dos horas se leerá el testamento y después podrás hacer lo que quieras.

Hizo una pausa.

—Antes de ir a tu casa, tienés que saber algo: tus padres… bueno, tu padre y tu familia … están ahí esperándote.

—¿Mi familia? —preguntó ella, sorprendida.

—Sí. Vinieron a verte.

Elena guardó silencio, evaluando posibilidades.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

—Porque Leonidas sabía que esto pasaría. Y le preocupaba tu bienestar.

Al entrar a la casa, vio a su padre.

—Papá … ¿cómo estás?

—Bien, hija. Pero tu no te ves bien —dijo Georgios con preocupación.

—Estoy cansada. Tengo que cambiarme, debo salir.

—Vamos a ir contigo a la lectura del testamento —intervino su padre—. Estoy preocupado por tu futuro.

—Está bien —cedió Elena. No quería discutir en su primer encuentro tras tanto tiempo.

Subió a su habitación y, al abrir la puerta, recibió el primer golpe del día.

—Hola, Elena. Te ves bastante bien para ser una viuda —dijo Nikos.

—¿Qué hacés aquí? —preguntó ella, helada.

—¡Elena! —exclamó Melisa—. Qué alegría verte.

—Melis… —respondió ella, abrazándola—.¿ Que haces aqui?, ella había sido su compañera de instituto y mejor amiga.

Melisa levantó la mano mostrando su anillo de bodas.

— Me case con Nikos.– Elena estaba sorprendida.— Ya eres tia.

Elena no salía de su asombro, a sua ojos Nikos era una zandijuela.

—Las dejo solas —dijo Nikos, serio.

—Ven a mi habitación. Tengo que cambiarme —invitó Elena.

—Todos están muy preocupados por ti—comentó Melisa —. Sobre todo por lo que dice la prensa.

—¿Qué dicen? —preguntó Elena sorprendida.

—Hablan de una campaña de desprestigio. Dicen que eres una mujer fría, obsesionada con los lujos, buscando otro marido rico. Las empresas resisten, pero temen un colapso.

—¿Por eso vinieron?

—Llegamos hace seis días.Tu padres mucho antes, querían acompañarte en el duelo. El abogado insistió en que era lo mejor que tu no estuvieras aquí. Y lo fue. La prensa no ha parado de acosar la casa.

Elena miró al bebé. Tan pequeño. Tan ajeno a todo.

Más tarde, se dirigió junto a su padre, Lydia y Nikos a la lectura del testamento.

En la oficina de Yannis, Alexander aguardaba.

—Buenas tardes, señor Mavrogenis —saludó Yannis.

—Ese no es mi apellido y lo sabés perfectamente —respondió Xander, seco—. Ahorrate la payasada y dime por qué estoy acá.

—Sientate, Alexander. Estás acá porque en minutos se leerá el testamento de tu padre.

—Yo no tengo padre —dijo él, sin emoción—. Murió cuando yo era un niño y abandono a mi madre.

—No estamos acá para terapia —replicó Yannis —. Independientemente de lo que sientas, Leonidas Mavrogenis era tu padre.

Hizo una pausa calculada.

— Y te ha incluido en su testamento...

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Lisa Silva
muy buena e interesante la obra
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Último capítulo

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