Mag-log in*—Engel:Engel levantó las manos y apartó suavemente a Sebastián, antes de incorporarse y deslizarse hasta el borde de la cama. Cuando puso los pies en el suelo, su cuerpo protestó por la intensa actividad de la noche anterior, pero consiguió mantenerse firme. Estaba comenzando a enfadarse sin necesidad y lo sabía. Sebastián no recordaba absolutamente nada de su pasado y aquellas preguntas eran comprensibles dadas las circunstancias. Sin embargo, ¡demonios!, cuánto le molestaba escucharlo hablar como si él hubiera compartido su intimidad con otros hombres mientras lo esperaba.—¿Por qué te molestas? —escuchó que Sebastián preguntaba a sus espaldas.—Es cierto que ha pasado mucho tiempo —admitió Engel sin mirarlo, apretando las manos contra su pecho—. Digamos que eres mi primera vez en muchísimos años —confesó sin vacilar, escuchando cómo Sebastián ahogaba una exclamación—. No soy un omega que acostumbre a buscar amantes. Estoy casado y mi rostro es conocido prácticamente en cualquier
*—Engel:Emocionado de que las cosas estuvieran avanzando en la dirección correcta, traviesamente, deslizó una mano sobre el pecho de Sebastián, sintiendo la firmeza de sus músculos bajo los dedos mientras la hacía descender lentamente hacia el sur. Sus dedos acariciaron los rizos de su pubis y continuaron descendiendo hasta encontrar su sexo. Engel percibió la reacción de su alfa cuando lo rodeó con la mano, quien gimió y buscó sus ojos. Ambos se quedaron mirándose mientras comenzaba a masturbarlo suavemente, desde su punta hinchada y húmeda hasta su nudo dormido justo arriba de su base. El recuerdo de todas las veces que Sebastián lo había anudado durante la noche anterior le provocó un estremecimiento, como si su cuerpo todavía conservara intactas aquellas sensaciones.Se relamió los labios.Necesitaba tenerlo otra vez. No obstante, Sebastián parecía tener otros planes.Su alfa le tomó la mano, entrelazó sus dedos con los suyos y la llevó hasta sus labios para depositar un beso sob
*—Engel:Los rayos del sol entraban por los amplios ventanales de cristal, atravesando las ligeras cortinas y bañando la habitación con una cálida luz dorada. Diminutas partículas de polvo flotaban en el aire, danzando lentamente entre los haces de luz y creando una atmósfera etérea, casi irreal, como si el tiempo se hubiera detenido dentro de aquellas cuatro paredes. Era una escena hermosa, digna de contemplar durante horas, pero Engel solamente tenía ojos para una cosa.Una sonrisa suave se dibujó en sus labios mientras contemplaba el rostro dormido de su alfa, quien descansaba a su lado con una expresión de absoluta felicidad.Nunca había tenido la oportunidad de admirar a Sebastián de aquella manera. Jamás habían podido pasar una noche entera juntos, despertar abrazados o intercambiar un sencillo «buenos días» entre besos y caricias. No, porque aquellos momentos les habían sido arrebatados antes de que pudieran disfrutarlos. Y ahora, después de veintiún largos años, Engel finalme
*—Engel:Ajeno a la batalla que se libraba en la mente de Engel, Sebastián lo observó durante varios segundos antes de dejar escapar un profundo suspiro y esconder el rostro en el hueco de su cuello, por lo que había notado, era su lugar favorito. Engel sintió cómo las emociones de su alfa comenzaban a tranquilizarse, cómo aquella inquietud inicial cedía lentamente ante una profunda sensación de alivio, por lo que sonrió entre lágrimas y lo abrazó todavía más fuerte, acariciándole la espalda con movimientos pausados mientras Sebastián permanecía refugiado entre sus brazos. Cerró los ojos y aspiró su aroma a cedro silvestre, aferrándose a aquella sensación de seguridad que tanto había extrañado. Esta vez no había nadie al otro lado de la puerta esperando para separarlos. Esta vez eran adultos y Engel quería creer que, si el pasado intentaba repetirse, ambos tendrían la fuerza suficiente para enfrentarlo.—No sé qué me está pasando contigo —confesó Sebastián en voz baja, contra su cue
*—Engel:Ante la cósmica sensación que los arropaba, las caderas de ambos comenzaron a moverse una vez más y Sebastián volvió a besarlo con una pasión que parecía alimentarse de todos aquellos sentimientos que Engel acababa de descubrir. Sus brazos lo estrecharon con fuerza y Engel se aferró a sus hombros, dejándose envolver por el calor de su cuerpo y el aroma a cedro silvestre que tanto había extrañado. La conexión emocional continuaba abierta, permitiéndole percibir cada nueva oleada de felicidad, deseo y ternura que nacía en el corazón de su alfa. Era una sensación embriagadora, casi imposible de describir, porque por primera vez en veintiún años no tenía que imaginar lo que Sebastián sentía por él, podía experimentarlo directamente, como si aquellas emociones también le pertenecieran.Los movimientos de Sebastián eran suaves y pausados, como si todavía estuviera tanteando el terreno, pero cada vez que alcanzaba aquel punto especialmente sensible, Engel se estremecía de pies a c
*—Engel:Sebastián se tomó a sí mismo con una mano. El tono de su piel difería del de su sexo, que estaba mucho más enrojecido. Su alfa comenzó a mover la mano, acariciándose a sí mismo, y Engel se relamió los labios mientras lo observaba, esas venas pulsaban en la piel y su cabeza cada vez más húmeda y roja. Luego alzó la mirada hasta encontrarse con los ojos de Sebastián, quien lo contemplaba con puro deseo, jadeante y con el pecho subiendo y bajando rápidamente.Engel se estremeció y se acomodó sobre la cama, deseando que aquel momento llegara de una buena vez.Sebastián terminó de quitarse los pantalones deportivos y volvió hacia él sobre la cama, como un depredador a punto de devorar a su presa. Engel abrió las piernas y extendió los brazos, más que dispuesto a dejarse devorar.Su alfa lo rodeó con los brazos, estrechándolo contra su cuerpo. Sus labios volvieron a encontrarse en un beso apasionado, profundo y desesperado, como si ninguno de los dos pudiera soportar un segundo más







