INICIAR SESIÓN*—Engel:Salió del vehículo y se encaminó hacia la entrada de la residencia, pero antes de alejarse, se volvió hacia Ross, quien hizo sonar el claxon a modo de despedida y luego arrancó. Engel sonrió mientras lo veía marcharse y se dijo que había llegado el momento de buscar a su alfa. Cameron probablemente ya se habría percatado de su desaparición y estaría furioso, pero, por primera vez en mucho tiempo, aquello no le importaba en lo más mínimo. Ahora mismo, su única prioridad era Sebastián.Tecleó el código de acceso de la puerta peatonal y entró casi corriendo. Sentía una emoción tan intensa que apenas podía contenerla mientras atravesaba el jardín en dirección a la casa principal. Necesitaba encontrar las llaves de su vehículo y salir de allí cuanto antes para buscar a su alfa. Su corazón latía desbocado y una sonrisa se empeñaba en permanecer en sus labios. Era increíble lo diferente que podía sentirse el mundo cuando uno finalmente encontraba el valor de dejar atrás sus miedos
*—Engel:Ross lo llevó hasta su residencia, pero cuando llegaron y el vehículo se detuvo frente a la entrada, algo dentro de Engel le impidió abrir la puerta. No quería entrar a aquella prisión en la que llevaba viviendo dieciocho años desde que se casó con Cameron, ni continuar representando aquella maldita farsa que estaba consumiendo las pocas fuerzas que todavía le quedaban para seguir adelante. Estaba cansado de fingir, de sonreír cuando quería llorar y de despertar cada mañana sabiendo que su vida le pertenecía a todos menos a él. Dios, estaba tan cansado de todo que incluso el simple pensamiento de cruzar aquella puerta le provocaba una angustia insoportable.Se volvió hacia Ross, quien permanecía sentado detrás del volante, observándolo con una ligera sonrisa, sin presionarlo para que bajara. Era casi como si estuviera esperando que dijera algo, como si hubiera comprendido que Engel necesitaba hablar, pero no se atreviera a hacerlo. ¿Acaso debería confiar en él? Si era sinc
*—Engel:Cuando regresó al salón, descubrió que Cameron estaba conversando animadamente con varios empresarios, riéndose como si absolutamente nada hubiera ocurrido. Claro, así funcionaban siempre las cosas. Engel era quien debía sacrificarse, soportar las consecuencias y continuar viviendo una existencia miserable, mientras Cameron se dedicaba a cumplir sus metas, satisfacer sus caprichos y hacer cuanto le viniera en gana sin que nadie se atreviera a cuestionarlo. Su esposo podía disfrutar de la vida, tener ambiciones y perseguir sus sueños, pero él debía conformarse con ser una bonita figura decorativa que sonriera a su lado.Era injusto.Todo era demasiado injusto.Necesitaba salir de allí urgentemente.Sin molestarse en avisarle a Cameron, decidió marcharse por su cuenta. Se dirigió hacia los ascensores y abordó el primero que llegó, pulsando el botón de la planta baja con una impaciencia que apenas podía controlar. En cuanto las puertas se abrieron, salió como alma que lleva el d
*—Engel:Dada su incomodidad, Engel soltó una pequeña risa y se encogió de hombros, sin saber qué responder. Por suerte, Micah pareció percatarse de cómo se sentía y decidió cambiar de tema.—Es bueno verte —murmuró con una sonrisa sincera—. La última vez que coincidimos fue en la boda de Dominick y Callum y… —Micah lo recorrió discretamente con la mirada antes de continuar—. Aquel día no tenías muy buen aspecto, pero ahora te ves bastante mejor. Supongo que el atentado al menos te obligó a tomarte un descanso, ¿eh?Engel soltó una carcajada y asintió. Sí, el atentado le había servido para descansar, aunque también había provocado que Sebastián regresara a su vida de una manera que jamás habría imaginado. ¿Sabría Micah que su alfa estaba trabajando como parte del equipo de seguridad de su residencia? Probablemente no. Dudaba que Dominick, Callum, Dante o Ezra hubieran considerado necesario contarle semejante información y, sinceramente, prefería que continuara siendo así. Bastantes
*—Engel:Encontrar un lugar donde pudiera respirar tranquilamente resultó mucho más difícil de lo que imaginaba. El salón estaba abarrotado y Engel comenzaba a perder la poca paciencia que le quedaba, pero, por suerte, descubrió que había una terraza al aire libre desde donde podía contemplarse la ciudad nocturna, iluminada por miles de luces. Salió sin pensárselo dos veces y buscó algún rincón apartado donde pudiera estar a solas. Cuando vio que un pequeño grupo de invitados abandonaba uno de los extremos de la terraza, se apresuró a ocupar aquel espacio antes de que alguien más lo hiciera. Sacó su teléfono y fingió estar atendiendo una llamada, esperando que los demás creyeran que había salido para conversar en privado. Sin embargo, al comprobar que nadie parecía prestarle atención, guardó nuevamente el aparato en el bolsillo y dejó escapar un suspiro agotado.Su mirada se perdió en el horizonte, contemplando aquella ciudad que, a pesar de estar envuelta en la oscuridad de la noche
*—Engel:Al salir de la residencia, Engel notó que Ramsey no los acompañaría aquella noche. Supuso que se debía a que el evento contaría con su propio equipo de seguridad y reuniría a tantas personalidades importantes que probablemente habría más guardaespaldas que invitados. Después de todo, se trataba de una reunión de familias tan adineradas e influyentes como ellos, así que no sería extraño encontrarse con los Delacroix o los Bryant. De hecho, esperaba que alguno de ellos asistiera. Al menos tendría una excusa para alejarse de Cameron durante algunos momentos y dejar de interpretar el papel del esposo perfecto, sonriente y enamorado que llevaba dieciocho malditos años representando.Cuando subieron al vehículo, Engel lo hizo en silencio. Se colocó el cinturón de seguridad y se acomodó tranquilamente en el asiento del SUV de Cameron, agradeciendo que su esposo tampoco pareciera tener ganas de conversar. Aquel mal humor que llevaba arrastrando durante días debía de estar pasándole f







