Inicio / Romance / Adicto A tu cuerpo / UN PADRE CONTROLADOR

Compartir

UN PADRE CONTROLADOR

Autor: Nelpin
last update Fecha de publicación: 2025-04-10 00:17:30

*ÚRSULA*

Klaus me observó con esa mirada suya que parecía atravesar las fachadas, y por un instante me pregunté si había logrado engañarlo. Si podía ver más allá de mi máscara, no lo demostró. Su sonrisa era un poco más sutil de lo habitual, y aunque quería leer algo en mí, me di cuenta de que él también jugaba su propio juego.

—Nada mal. —expreso.

Mientras intentaba calmar las emociones que luchaban por controlarme, sentí un leve orgullo por haber logrado mantener la compostura. No había retrocedido. No había dejado que él se diera cuenta de que había sido mi primer beso. Pero también me sentí extrañamente expuesta, como si algo en mí hubiera cambiado con ese gesto inesperado.

En el fondo, sabía que Klaus era un experto en juegos, y este beso no había sido un accidente. Pero aunque una parte de mí quería analizar sus intenciones, otra, más pequeña, pero más audaz, quería simplemente disfrutar ese momento. No obstante, por primera vez en mucho tiempo, me sentía viva.

El sonido de los pasos de mi padre me hizo girar instintivamente. Su figura imponente avanzaba hacia mí con una expresión que no dejaba lugar a dudas: estaba furioso. Mi corazón dio un salto, y en un intento torpe de mantener la compostura, me despedí de Klaus con un simple “Adiós”. Mi voz sonó más débil de lo que esperaba, y mientras me alejaba, sentí su mirada fija en mí, como si pudiera leer cada pensamiento que pasaba por mi mente.

Cuando llegué junto a mi padre, su reprimenda no se hizo esperar. —¿Qué crees que estás haciendo, Úrsula? —dijo con un tono bajo pero cargado de autoridad—. ¿A solas con un hombre en un sitio público? ¿Qué clase de imagen crees que estás dando?

Sus palabras me golpearon como un látigo, pero no respondí. Crucé los brazos, mi único acto de resistencia, mientras él continuaba. —Esto es inaceptable. No puedo permitir que te comportes de esta manera. ¿Es que no entiendes lo que está en juego? 

Su voz se endureció aún más, y antes de que pudiera decir algo, tomó mi mano con firmeza. Me dejó sin opción. Su agarre era fuerte, casi doloroso, y me guio hacia el coche como si fuera una niña incapaz de tomar sus propias decisiones. Cada paso que daba sentía cómo mi furia crecía, cómo el fuego dentro de mí se alimentaba de su control. Estaba cansada, agotada de ser tratada como una marioneta, de vivir bajo sus reglas sin espacio para ser yo misma.

Cuando finalmente llegamos al coche, me soltó y abrió la puerta con un gesto brusco. Subí sin decir una palabra, pero antes de que cerrara la puerta, levanté la mirada. Y ahí estaba Klaus, de pie en la distancia, con una copa en su mano. Su postura era relajada, pero su mirada seguía fija en mí, como si estuviera observando cada detalle de mi partida.

Por un instante, nuestras miradas se cruzaron, y sentí algo que no podía explicar. Era como si él entendiera lo que estaba ocurriendo, como si pudiera ver más allá de la fachada que mi padre intentaba imponer. Y aunque sabía que debía apartar la vista, no lo hice. Porque en ese momento, Klaus era el único que parecía reconocer mi lucha interna, el único que no me veía como una extensión de Diego Meyer.

La puerta del coche se cerró, y el sonido metálico me devolvió a la realidad. Mi padre se sentó al volante, su expresión aún marcada por la ira. Pero yo, en silencio, seguía pensando en esa mirada de Klaus, en lo que significaba y en lo que podría llegar a significar.

El ambiente dentro del coche se sentía opresivo, cargado con el peso de las palabras de mi padre y mi propio silencio. La ciudad pasaba por la ventana como un borrón de luces y sombras, pero mi mente estaba completamente fija en lo que acababa de ocurrir. Sus reproches aún resonaban en mi cabeza, cada frase diseñada para hacerme sentir pequeña, para recordarme que mi vida estaba bajo su control. Pero algo había cambiado.

Por primera vez, el fuego que crecía en mí no se apagaba con su autoridad. Estaba cansada, exhausta de cumplir siempre con sus expectativas, de ser la hija perfecta. Ese beso inesperado de Klaus, aunque confuso, me había revelado algo: había una parte de mí que anhelaba algo más. Algo que mi padre nunca podría entender.

El coche se detuvo en un semáforo, y mi padre, sin siquiera mirarme, continuó hablando.

—Úrsula, debes entender que este tipo de comportamiento no es aceptable. No voy a permitir que un hombre como ese se acerque a ti. ¿Qué diría la gente? ¿Qué imagen estás dando?

Me quedé callada, mirando por la ventana, fingiendo que no escuchaba. Pero dentro de mí, cada palabra suya alimentaba mi deseo de rebelarme. ¿Qué diría la gente? ¿Qué imagen estoy dando? ¿Por qué siempre tenía que ser sobre su reputación, sobre lo que los demás pensaban? ¿Acaso alguna vez se preocupaba por lo que yo quería, por lo que yo sentía?

Cuando finalmente llegamos a casa, bajé del coche sin esperar que mi padre dijera algo más. Sentía una mezcla de frustración y determinación, una combinación que no podía ignorar. Entré en mi habitación, cerré la puerta y me dejé caer sobre la cama. Por primera vez en mucho tiempo, no sentía tristeza ni resignación. Sentía furia. Y, de alguna manera, esa furia me hacía sentir más viva que nunca.

Me levanté y caminé hacia la ventana. Miré hacia la calle y pensé en Klaus, en la manera en que me miró mientras me iba, en esa copa que sostenía como si tuviera todo bajo control. Había algo en él que me intrigaba, algo que no podía ignorar. Y aunque sabía que debía ser cautelosa, una pequeña parte de mí quería volver a verlo, quería entender quién era realmente. Sin embargo, tal vez, solo tal vez, él podría ser el primer paso hacia algo nuevo, hacia algo mío.

Con la respiración aún entrecortada y la piel palpitante, murmuré suavemente, casi en un susurro: —Besas delicioso, Klaus. La sensación de sus labios sobre los míos todavía persistía, como una suave caricia que se negaba a desvanecerse. Sentía un ligero cosquilleo, un hormigueo placentero que recorría la superficie de mis labios, recordándome cada instante del beso reciente y evocando el deseo de que volviera a suceder.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Adicto A tu cuerpo   EPILOGO

    **KLAUS**El despacho principal de las industrias Meyer ya no imponía el mismo terror. La caoba seguía pulida, los ventanales de tres metros continuaban ofreciendo una vista panorámica de la ciudad que Diego había conquistado con puño de hierro, pero el aire ya no pesaba. Los archivos de Elías estaban bajo tres llaves en una caja fuerte de alta seguridad, listos para ser entregados a la fiscalía cuando el momento fuera idóneo. Las grietas se habían sellado.Me senté al borde del escritorio, no en la silla presidencial. Ese trono ya no tenía el mismo valor para mí.—Los inversores de Ginebra firmaron la adenda del contrato, Klaus —la voz de Úrsula me sacó de mis pensamientos.Se paró en el umbral de la puerta, vistiendo un vestido holgado de color vino que apenas lograba disimular la curva prominente de sus cinco meses de embarazo. Su piel tenía un brillo distinto, un calor que había reemplazado de manera definitiva la palidez aséptica del hospital. Caminó hacia mí con esa elegancia inn

  • Adicto A tu cuerpo   MIRANDO LA VIDA CON OTROS OJOS

    **KLAUS**No heredará guerras. Solo amor. Ella lloró. Y yo también. Pero por primera vez, no llorábamos por lo perdido. Llorábamos por lo que venía. Por la vida. Para nosotros. Por ese pequeño milagro que llegaba justo cuando todo parecía roto. Y así, con barro en los zapatos, un corazón herido, y un hijo creciendo en el vientre de la mujer que más amo…Por fin sentí que el mundo volvía a girar en la dirección correcta.No dormimos esa noche. Ni por cansancio, ni por temor. Simplemente, no queríamos perdernos ni un segundo del silencio que por fin no dolía. Nos sentamos en el viejo sofá del cuarto de reposo, sin luces encendidas, solo el leve parpadeo del monitor cardíaco de Diego al fondo y el sonido pausado de su respiración asistida.Ella recostó su cabeza en mi hombro. Mi mano descansaba sobre su vientre, como si pudiera proteger desde ya a ese pequeño ser que, sin saberlo, venía a enseñarnos que todavía era posible empezar de nuevo.—No sé si voy a ser buena madre —susurró Úrsula

  • Adicto A tu cuerpo   ¡¡EMBARAZADA!!

    **KLAUS**Leticia apareció en pantalla, impecable.—Durante años, Elías Romero fue considerado uno de los pilares financieros más influyentes del país. Hoy, nuevas pruebas lo vinculan con una compleja red de lavado de dinero, presiones corporativas, y lo más grave: la muerte encubierta de la esposa del empresario Diego Meyer.Úrsula jadeó. No era solo escuchar el nombre de su madre. Era ver esa palabra: “muerte”. Finalmente, reconocida. Ya no era una “pérdida repentina” ni “un lamentable accidente cardíaco”. Era un crimen. Y ahora el mundo lo sabía.—Las pruebas provienen de una serie de grabaciones realizadas en encuentros recientes con Romero, donde él mismo admite haber utilizado la presión emocional para doblegar a Diego Meyer y tomar el control de su imperio empresarial.Las imágenes aparecieron. Borrosas, en blanco y negro, pero claras. Elías hablando. Sonriendo. Confesando. —Tu suegra era un obstáculo… era cuestión de presión… Úrsula no lo sabe todo… Y si sigue entrometiéndose,

  • Adicto A tu cuerpo   UNA VERDAD DOLOROSA

    **KLAUS**Ella bajó la mirada por un segundo. Pero no reculó. Úrsula nunca retrocedía.—No soy una niña. No me cuides así, Klaus. No me ocultes la verdad. Tengo derecho a saber qué está pasando. Sobre mi madre… sobre Diego… sobre todo.La miré, y sentí una punzada en el pecho. Me costaba más protegerla de lo que pensaba. Pero la verdad ya era un arma. Y yo tenía que decidir si se la entregaba… o si la usaba por ella. Respiré hondo. —Tu madre no murió de causas naturales —le confesé, finalmente—. La mataron. Y Elías Romero pagó para que lo encubrieran.El silencio que siguió fue una caída libre. Úrsula parpadeó lentamente. Luego, retrocedió un paso, como si la verdad tuviera peso físico. —¿Estás seguro?Asentí.Sus ojos se llenaron de furia. Pero no de desesperación. —Entonces vamos por él.Ahí entendí que ya no estaba solo en esta guerra. Y que Elías Romero había cometido su último error.—Vamos por él —replicó Úrsula, con esa calma tensa que precede al desastre.Yo sabía que en su me

  • Adicto A tu cuerpo   CONTRAATAQUE

    **ÚRSULA**No sentí miedo. Sentí rabia. Furia limpia y cortante como el filo de una navaja.—Vamos a destruirlo —murmuré, con la voz firme.Klaus asintió.—Lo vamos a hacer caer. Con cada una de estas pruebas. Y cuando todo salga a la luz, ni su dinero, ni su traje caro, ni sus amenazas podrán salvarlo.—Por mi madre —dije, apretando la fotografía contra el pecho.—Y por ti —añadió Klaus, mirándome como si fuera la única persona que importaba en el mundo.**KLAUS**Me movía en silencio, como un depredador en terreno enemigo. No había lugar para errores. Úrsula no lo sabía —al menos no del todo—, pero desde el momento en que descubrimos las pruebas de la muerte de su madre, ya no se trataba solo de justicia. Era una cacería. Y yo tenía que ser más rápido, más inteligente, más letal que el bastardo al que nos enfrentábamos.Elías Romero no era un hombre común. No dejaba cabos sueltos. Jugaba sucio, y lo hacía con una sonrisa de cortesía. Había visto a hombres como él antes. Los que disf

  • Adicto A tu cuerpo   UN SECRETO IMPACTANTE

    **ÚRSULA**No pasaron ni veinticuatro horas desde aquella llamada cuando lo vi por primera vez. Yo estaba sentada en la sala de juntas de la empresa, revisando documentos con Klaus a mi lado, cuando la secretaria entró con la expresión pálida y los ojos temblorosos.—Señorita Meyer… hay un hombre que insiste en verla. Dice que tiene una “cita pendiente con la familia”.Levanté la mirada con el ceño fruncido. Klaus se tensó a mi lado como si hubiese sentido algo, un presentimiento oscuro que cruzaba el aire.—¿Nombre? —pregunté.—Se hace llamar Elías Romero.El nombre cayó como un peso muerto sobre la mesa. A Klaus no le sonó, pero yo sí lo recordé. Vagamente. Algo que papá había mencionado una vez… un socio de “negocios” de los años más oscuros. No salía en los papeles. No tenía cargos oficiales. Pero estaba ahí, siempre entre sombras.—Hazlo pasar —dije, tragándome el temblor en la voz.Y entonces lo vi entrar.Alto. Traje oscuro perfectamente entallado. Un bastón que más que apoyo p

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status