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Capítulo 3

Author: Desire steve
last update Petsa ng paglalathala: 2026-09-18 16:08:11

Elara;

La puerta se abre de golpe y varios hombres vestidos de traje negro irrumpen en la habitación. Malicia y yo intentamos escondernos detrás de la cama, pero nos arrancan a la fuerza de nuestro escondite.

Sin decirnos una palabra, uno de los hombres me levanta y me carga sobre el hombro, las piernas colgando en el aire.

—¡Suéltame, bastardo asqueroso! —Lucho con todas mis fuerzas sobre su hombro, pero su agarre es poderoso.

—¡Por favor, suéltenla, lo sentimos! —grita Malicia, corriendo detrás de los hombres, quienes de repente la empujan al suelo.

Enfurecida, saco los colmillos y se los clavo en el cuerpo del hombre que me carga, pero ni siquiera se inmuta. Instantáneamente salen a la fuerza de la casa de Malicia conmigo.

Sé que mi último día en la tierra ha llegado por fin, porque soy plenamente consciente de lo que está pasando.

Después de aquella noche con el Alpha Arthur, corrí a casa de Malicia para refugiarme, y sabía que sus hombres me habían estado buscando. Pero el hecho de que Malicia viva en las afueras de la ciudad hacía imposible que me encontraran.

Malicia y yo ya estábamos planeando huir de la ciudad a un nuevo pack. Yo quería ir sola, pero ella insistió en acompañarme. Sabía que escapar de mi pack era la mejor opción, y tuve suerte de que mi difunta madre me hubiera dejado sus joyas caras. Joyas que valían miles de euros. Sé que si las vendo, nos proporcionarán mucho dinero para sobrevivir en el nuevo pack hasta que nos estabilicemos.

Habíamos enviado al hermano menor de Malicia a buscarlas porque yo no podía salir a la ciudad. Fue mientras esperábamos el regreso del hermano que los hombres del Alpha Arthur invadieron la casa de Malicia.

La única que puede haber dado esta ubicación a los hombres del Alpha Arthur es Chloe, y conmigo colgando de un hombro en este momento, apuesto a que lo hizo, joder. Qué perra tan molesta.

Los hombres me lanzan a un coche y se alejan hacia un destino desconocido.

—Bienvenida, Elara, a mi humilde morada —escucho la voz del Alpha Arthur, y el corazón se me detiene. Su voz era como un trueno, profunda y autoritaria—. Arrástrenla adentro —ordena.

Un guardaespaldas me saca del coche, me carga de nuevo sobre el hombro y me lleva a una mansión. Esta mansión, creo, pertenece al Alpha Arthur porque es enorme y de puro lujo. La más cara que he visto en el pack.

El hombre me deja en un dormitorio lujoso, y el Alpha Arthur les ordena que se vayan.

El Alpha Arthur se gira hacia mí, y su mirada furiosa me hace dar unos pasos atrás. Sus ojos arden de ira, como carbón candente, mientras avanza hacia mí a zancadas.

Sus labios se tuercen hacia los lados, revelando sus perfectos dientes blancos. La sonrisa que juega en sus labios es desagradable, enviando una señal escalofriante por mis venas.

—¿Cómo te atreves a drogarme y follarme? —ruge el Alpha Arthur mientras aprieta mi diminuto cuello, sus ojos furiosos atravesándome el alma.

Sujeto su enorme mano sobre mi cuello.

—L-Lo siento mucho, Alpha —mis ojos se llenan de lágrimas mientras la respiración me llega en jadeos cortos.

Mi corazón late cada vez más rápido mientras lucho por mi vida. Sé que he cometido un pecado grave, y de pie frente a él, sé que hoy es mi último día en la tierra.

—Disfrutas robando y jugando con la polla de un Alpha, ¿verdad? Ahora tienes el privilegio de tenerla toda para ti —alcanza el cinturón y la cremallera de sus pantalones y se los desabrocha.

Suelta mi cuello; sus dedos presionan mi cabeza.

—Ahora arrodíllate y mete mi polla en tu boca —una sonrisa traviesa se extiende por su rostro.

—No haré tal cosa, Alpha —digo, pero de repente me presiono los labios, porque las palabras que salieron de mi boca fueron involuntarias. Pero ya se han dicho, y estoy lista para enfrentar las consecuencias.

Noto cómo la ira en sus ojos arde aún más. Me agarra del cabello, me arrastra hasta el borde de su cama y me lanza sobre ella. Me incorporo de golpe e intento huir cuando siento un desgarro agudo en la espalda. Mi espalda se arquea mientras grito de dolor, cayendo de nuevo sobre la cama.

Mis músculos se contraen mientras el cuerpo tiembla de dolor. El corazón se me sube a la boca de repente cuando él se arrodilla en la cama y se arrastra más cerca de mí.

—¿Cómo pudiste joderme la cabeza? —me tira de las piernas, arrastrándome hacia él mientras yo grito con todas mis fuerzas. Las lágrimas que se acumulan en mis ojos empiezan a correr por las mejillas. Me siento tan impotente porque no puedo huir.

—Alpha, por favor, perdona mi vida —con el labio temblando logro hablar mientras él me abre las piernas de par en par. Parece que todas mis súplicas caen en oídos sordos, pues noto cómo su rostro, antes lleno de ira, ahora se llena de deseo.

Alcanza mi blusa y la rasga como un perro hambriento, empujando mis manos por encima de la cabeza y sujetándome firmemente contra la cama.

Mi corazón late aún más rápido cuando clava sus ojos azul claro en los míos.

—Quiero hacerte pagar por tu crimen de la forma más interesante posible —su mano se desliza hasta el cierre de mi sujetador y de repente lo desabrocha.

Extiende las garras, trazando una línea desde debajo de mi pecho hasta el cuello.

—¿Sabes una cosa, Elara? En toda mi vida nunca he conocido a ninguna mujer que me desafiara como lo hiciste tú. Tu audacia hizo que mi ser más profundo te anhelara, y te haré mía —anuncia, y el corazón se me detiene.

Mi cabeza se sacude sin control mientras lucho por liberarme de él.

—No puedo ser tuya, Alpha. No puedo. No pertenezco a nadie. Por favor, mátame si quieres —en este punto elijo la muerte, porque sé lo malo que será ser reclamada por un Alpha despiadado.

Mi loba ruge en mi cabeza de ira mientras extiendo las garras para atacarlo, pero él me sujeta, clavando los colmillos en mi cuello y provocando que una debilidad repentina invada mi cuerpo.

Sus labios se recorren las mejillas mientras ríe con malicia, y en un movimiento rápido araña mi cuello, dejando su marca en mi piel.

Otro de los peores momentos de mi vida acaba de ocurrir. El Alpha Arthur me marcó a la fuerza, haciéndome suya. Pero nunca seré suya. Nunca lo permitiré, porque esta es mi vida y ningún hombre puede hacerse cargo de ella.

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