FAZER LOGINRANDALL
La furia que deformaba el rostro de Bruce Paine era la reacción exacta que había calculado; la confirmación empírica de que mi estrategia estaba surtiendo efecto. Su grito, un rugido de rabia contenida que vibró en las paredes del pequeño apartamento, no era una pregunta, sino el último estertor defensivo de un animal acorralado que ve cómo su territorio es invadido. Mi presencia en el umbral no era una coinc
ANNATres años. Tres años después de la boda, el Ducado de Harrington florecía bajo nuestro cuidado, y con él, nuestras vidas. Randall y yo habíamos construido un hogar, no solo una mansión llena de historia, sino un refugio vibrante y acogedor. Las risas de los niños llenaban los pasillos, y el amor se había convertido en la base inquebrantable de todo lo que hacíamos día a día. Mi título en Administración de Empresas me resultó invaluable, permitiéndome trabajar codo a codo con Randall para modernizar las propiedades y los proyectos sociales del Ducado, siempre buscando ese equilibrio perfecto entre la tradición del linaje y la innovación que el futuro demandaba.Una noche lluviosa, mientras el viento soplaba suavemente fuera de nuestra acogedora casa de campo en las afueras de Londres, me encontraba en la habitación de nuestro hijo mayor, Alexander. Tenía casi dos años, con el cabello castaño oscuro de Randall y sus ojos azules, pero con una sonrisa dulce que era toda mía. Estaba a
ANNALos meses que siguieron a mi recuperación fueron los más felices de mi vida. Las pesadillas disminuyeron, reemplazadas por la calidez de Randall a mi lado y la emoción constante de planificar nuestro futuro. El Ducado de Harrington era ahora una realidad tangible, pero lo más importante era el futuro que Randall y yo estábamos construyendo juntos, cimentado en la confianza y el respeto mutuo.Nuestra primera gran tarea fue la planificación de la boda. Queríamos algo que reflejara nuestra historia: elegante, significativo y lleno de amor. Nuestras madres, Alice y la madre de Randall, estaban eufóricas, inundándonos con ideas y catálogos. Randall, para mi sorpresa, se involucró en cada detalle, no como una obligación, sino con un genuino interés en que el día fuera perfecto para ambos, asegurándose de que cada elección resonara con nuestra identidad compartida.Una tarde, estábamos sentados en el estudio de Randall, rodeados de muestras de tela para manteles, fotos de arreglos flor
ANNALos días que siguieron al rescate fueron una bruma de médicos, analgésicos y el alivio abrumador de estar a salvo. Físicamente, me recuperaba. Mentalmente, el eco de los días en cautiverio aún se aferraba a mí como una sombra. Las pesadillas eran frecuentes, vívidas, recreando la celda, el silencio opresivo, el rostro enfermo de Bratt. Mis defensas estaban bajas, mi alma expuesta.Pero cada vez que abría los ojos, Randall estaba allí. Y su presencia era el bálsamo más potente.No era el duque distante y calculador que había conocido. Era el hombre que había arriesgado su vida por mí, que me sostenía la mano con una delicadeza que me derretía, que me miraba con una ternura infinita que disolvía el miedo y reconstruía mi alma pedazo a pedazo. Se había mudado temporalmente al apartamento para no dejarme sola ni un instante. Mis padres, Bella, María, Kate y Sofía eran un constante ir y venir, llenando el espacio de flores, risas y el calor de su amor. Pero era la presencia de Randall
Dos años habían pasado desde aquella noche de terror en Yorkshire, pero para Anna y Randall, se sentían como un suspiro, como el aliento que precede a un nuevo comienzo. El Ducado, ahora conocido como el Ducado de Harrington, había prosperado bajo el liderazgo de Randall. Londres había recuperado su pulso de intriga y elegancia, pero ahora con una justicia implacable que no permitía sombras. El apellido Lancaster había desaparecido, barrido por sus propias ambiciones y crueldades.Bratt Lancaster era solo un recuerdo oscuro. Se había reportado que murió en prisión de manera misteriosa a los pocos meses de su condena. Su padre, al ver su futuro y el de su linaje hecho cenizas, sufrió un paro cardíaco fatal poco después de la sentencia de Bratt. Lady Margaret, la madre de Bratt, después de una vida de sufrimiento y sumisión, finalmente encontró la paz que tanto anhelaba, lejos de la influencia de los hombres Lancaster. En cuanto a Violeta y el bebé, James había orquestado su reunión con
RANDALLEl rostro de Bratt estaba completamente retorcido por una locura visceral. Su dedo índice temblaba violentamente sobre el gatillo, apuntando con intención asesina a la sien de Anna. El eco de su risa histérica y desquiciada llenaba cada rincón de la habitación, rebotando en las paredes de piedra. Sabía perfectamente que no quedaba ni un segundo más para intentar negociar. La vida de la mujer que amaba pendía de un hilo extremadamente fino y peligroso.—¡Suéltala ahora mismo, Bratt! —grité con toda la fuerza de mis pulmones, intentando desviar su atención hacia mí, mientras mis ojos buscaban desesperadamente cualquier oportunidad táctica para actuar.Bratt me ignoró por completo, manteniendo sus ojos inyectados en sangre fijos exclusivamente en Anna. —Si no puedo tenerte, Randall tampoco te tendrá. Si no puedo reclamar mi Ducado, entonces nadie lo hará. ¡Si el destino no me favorece, destruiré todo lo que tú más amas!En ese preciso instante, sucedió lo inesperado. Vi un destel
RANDALLEl tiempo en el hospital era un enemigo, pero mi convalecencia no duró. Al tercer día, me sentía mejor, más fuerte y, contra las órdenes del médico, me preparé para salir. Mi herida aún dolía, manifestándose como un pinchazo ardiente bajo la camisa, pero la adrenalina y la furia me mantenían en pie. Mientras me vestía con cuidado, James entró con una tableta, su rostro serio.—Lo tenemos, Randall. —dijo, señalando la pantalla—. Una propiedad remota en los páramos de Yorkshire. Antigua, aislada, a nombre de una corporación fantasma ligada a un testaferro de Bratt. Las imágenes satelitales muestran actividad inusual y una camioneta blindada de aspecto sospechoso.Mi corazón dio un vuelco. Yorkshire. Lejos, pero no inalcanzable.—¿Qué hay de los abogados? —pregunté, ajustando mi chaqueta sobre el vendaje.—Encontramos un juez de distrito que ha estado procesando documentos de manera irregular. —intervino Reynolds, entrando también—. Coincide con los tiempos de la desaparición de







