เข้าสู่ระบบLas pruebas que Grasya había reunido mientras servía como vicepresidenta estaban esparcidas sobre el escritorio de Helios. Él recordaba con claridad la noche en que le habló de su abuelo…
Flashback—Grasya. —Colocó una taza de leche caliente a su lado; el vapor se elevaba en espirales—. Bébetela mientras esté caliente.Ella estaba sentada en su escritorio, los papeles desplegados delante: documentos que había traído a casa, diciendo que necesitaban un es—Jefe… lo confirmamos. Dominic Valeron intenta huir del país. No en un vuelo comercial. Se mueve en un jet privado —informó el Consigliere con precisión.El agarre de Helios sobre el teléfono se tensó. Hablaba directamente con Linus. —Entonces intercéptalo antes de que despegue. Bloquea la pista, inmoviliza el avión… lo que haga falta. Quiero que quede atrapado. Sin excepciones. —Su voz era de hierro—. No se va.—Entendido, jefe.—Llama también a Lucian. Se mueve rápido. Mientras yo estoy en camino, que cierre la red… captura al viejo antes de que se escape del lazo.Terminó la llamada.Dominic Valeron huía. Esa había sido su elección: ni un golpe directo, ni una última resistencia. Pero luchar abiertamente solo habría hecho colapsar Montecorvo más rápido. Sabía que ahora lo veían… sabía su verdadero rostro. Estaba acorralado. Cada movimiento restringido.La huida era la jugada lógica.Pero Helios no lo dejaría des
Las pruebas que Grasya había reunido mientras servía como vicepresidenta estaban esparcidas sobre el escritorio de Helios. Él recordaba con claridad la noche en que le habló de su abuelo… Flashback—Grasya. —Colocó una taza de leche caliente a su lado; el vapor se elevaba en espirales—. Bébetela mientras esté caliente.Ella estaba sentada en su escritorio, los papeles desplegados delante: documentos que había traído a casa, diciendo que necesitaban un estudio cuidadoso.—Déjala ahí —dijo, sin apenas levantar la cabeza—. Termino esto primero.—Es tarde. Ven a la cama. —Le preocupaba verla exigirse tanto mientras llevaba a sus hijos—. ¿No puede esperar? Necesitas descansar.No respondió; los ojos recorrían página tras página.—¿Grasya? —Le cubrió la mano con suavidad.—¿Mmm? —Entonces levantó la vista.Helios suspiró, mirando los montones de archivos. —¿Podemos hablar? —Su tono era firme
—Helios… mírate. —La mirada de Perseia lo recorrió de arriba abajo cuando salió de la suite de partos privada—. Pareces haber estado en la guerra.El resto de la familia de Crassus se volvió desde el salón, todas las miradas rastreándolo de la cabeza a los pies.Sabía que estaba hecho un desastre. El cabello erizado en mechones salvajes, la camisa rasgada de arriba abajo, arañazos marcándole el pecho. En las manos tenía marcas de media luna donde Grasya había apretado con tanta fuerza que las uñas le habían roto la piel.Perseia chasqueó la lengua, a medias divertida, a medias compasiva. —No sé si reír o llorar. Pareces tú el que acaba de dar a luz.—Sigue —dijo él con sequedad, sosteniéndole la mirada con un gesto afilado y sarcástico—. Añade más. No te contengas.En cambio, ella soltó una carcajada. —¡Lo siento! Es que… ¡te ves horrible! Pero… ¡eres padre ahora! ¡Eso merece celebrarse! —Sirvió dos vasos de whisky ámbar y le
—¿Me vas a castrar? —preguntó Helios, los ojos abiertos de par en par.Grasya entrecerró la mirada, feroz y llameante. —No solo castrar. ¡Si alguna vez me vuelves a hacer esto, te lo corto todo!—¿Q-qué? —Se miró a sí mismo: la camisa rota que dejaba al descubierto el pecho, y más abajo—. ¿Cómo es esto culpa mía? Eres tú quien me toca.—¡Tú me enseñaste! —replicó ella—. ¡No lo sabría si no me lo hubieras mostrado! ¿Quién dio el primer paso? ¿Fui yo? No… tú. ¿Quién lo puso todo patas arriba entre nosotros? Tú otra vez. ¿Quién se acercó primero a quién? No fui yo.El rostro de Helios se retorció, indefenso. —Bueno… técnicamente, tú viniste a mí…—¡Silencio! —espetó ella—. ¡Solo vine porque encerraste a mi padre en tu villa!—¿Por qué estamos discutiendo del pasado, cara mia?—¡Porque me duele el vientre! ¡Y porque me duele, estamos repasando todo! —gritó, cada línea de su rostro marcada por un dolor sin piedad.
—Dominic Valeron.Presidente-Regente de Valeron Holdings. Su imperio se extendía por todo el país y más allá: puertos, pistas de aterrizaje, redes logísticas, contratos de seguridad privada tejidos en la misma columna vertebral de la nación. Junto a los Virelli y un puñado de casas antiguas, era uno de los pocos que podía erigirse como igual a la familia de Crassus en poder e influencia.Igual… pero nunca lo bastante para superarlos.Ni una sola subasta ni guerra de licitaciones en la que hubiera participado un de Crassus le había salido bien. Y rara vez aparecía en aquellos eventos.Ahora Helios entendía el porqué. El viejo los había estado evitando a propósito.Evitando también la mirada pública: protegiendo su verdadera identidad, moviéndose entre dos vidas, cuidando de no resbalar y dejar que la máscara se resquebrajara.—¿Es de verdad su abuelo? —preguntó Perseia—. ¿El abuelo de sangre de Grasya?Helios asintió, pes
Grasya se asomó por la ventana del segundo piso cuando los motores de los coches empezaron a rugir por el camino de entrada. Sonidos familiares: vehículos de lujo, el ronroneo inconfundible de los autos de la familia de Crassus atravesando las rejas uno tras otro.Helios se acercó por detrás, las manos deslizándose con suavidad alrededor de su cintura. Las palmas le acariciaron la curva del vientre y se inclinó para besar el costado de su cuello, doblando su alta figura solo para alcanzarla.—¿Qué miras ahí afuera? —murmuró contra su piel.—¿Es una reunión familiar? —preguntó ella, señalando con la cabeza la procesión que serpenteaba por el largo camino.—Han venido todos a hablar —dijo Helios—. Saben lo que ha estado ocurriendo… no están a oscuras. Pero quieren oírlo todo de frente, juntos.—¿Así funciona… en este mundo?Él emitió un sonido bajo en la garganta. —Primero es familia. *Alla famiglia non si mente.* A la famili







