LOGINLos empleados inclinaron la cabeza en señal de respeto cuando la vicepresidenta cruzó las puertas de Valeron Holdings: la señora Grace Love Manafa–de Crassus. Llevaba un vestido beige a medida bajo un largo abrigo negro, elegante y serena. A su lado, Helios de Crassus le sujetaba la mano con firmeza. Él también iba de formal, con un abrigo largo que coincidía con el de ella en su línea oscura y precisa.Todas las miradas se volvieron hacia ellos al atravesar el vestíbulo. Cinco hombres uniformados los seguían de cerca. Juntos eran la definición misma de una pareja poderosa.Sus guardias no eran ninguna novedad para nadie allí. Estaban a su lado cada día desde que ella entró en la vida de Helios: siempre alerta, siempre vigilantes, nunca lejos. Nadie se atrevía ya a hablar mal de ella. Habían visto demasiado. Y, además, ella había demostrado una y otra vez que era una vicepresidenta capaz. Era aguda, competente y dominaba por completo su puesto.Se dirigieron directamente al amplio des
Pasaron los meses.Montecorvo se había quedado en silencio. Ni un ruido. Ni un movimiento. Kratos no captaba nada. Lucian se frustraba persiguiendo un rastro que simplemente se esfumaba en el aire. Linus vigilaba sin descanso, pero la información se secó por completo.El enemigo había decidido agazaparse. Todos esperaban que Montecorvo redoblara esfuerzos ahora que tenía un líder visible… y sucedió todo lo contrario. Silenciaron a sus propios espías identificados, no dejaron huellas ni ruido. Cada enfrentamiento hasta ahora había terminado en su derrota.Esa era, probablemente, la razón de su desaparición. Pero Helios tenía una certeza: estaban planeando. Aguardando el momento, preparando el siguiente golpe.El silencio no significaba seguridad. Montecorvo podía atacar en cualquier instante. Por eso Helios mantenía la guardia alta, la vigilancia afilada. Podían aparecer desde cualquier lado. Preferían las emboscadas, al fin y al cabo.—¿En qué piensas?Grasya se sentó a su lado en el
«¿Me quieres?» preguntó Helios, la garganta moviéndose al tragar saliva. «¿Ahora?»Grasya asintió. No jugaba. Lo decía en serio, con todo el cuerpo. —Sí. Hazme tuya. Necesito sentir tu calor. Solo tu cuerpo puede calmar de verdad mi corazón.Como si alguna vez pudiera negárselo. Nunca. Le daría cualquier cosa, todo, con el alma entera. —Entonces soy tuyo. Completamente. Con ganas. Señora de Crassus.Su mirada recorrió el cuerpo de ella, cálida y hambrienta, bebiéndose cada curva. Había muchas mujeres hermosas en el mundo, pero ninguna como ella. Ella lo atraía de una forma que nadie más lograba.No era solo el cuerpo lo que lo atrapaba.No amaba su cuerpo porque fuera hermoso. Lo amaba porque era *suyo*.Había una diferencia. Un abismo de diferencia.Si ese cuerpo hubiera pertenecido a otra, ni siquiera habría mirado dos veces. Nunca quiso solo la forma. Quiso *a ella*. Toda. Cada parte que la hacía ser quien era. Si solo hubiera deseado un cuerpo, jamás habría hecho todo lo que h
«El paciente está estable —informó la enfermera jefa al jefe de la mafia—. Pero todavía necesita vigilancia estrecha, así que lo trasladaremos a la Unidad de Cuidados Intensivos.»Grasya soltó el aire en un largo y silencioso suspiro, liberando una tensión que ni siquiera sabía que estaba conteniendo. A su lado, Silvio exhaló también, como si hubiera estado aguantando la respiración durante horas. Renata seguía perdida en su propio mundo… y Grasya no sabía si alguna vez volvería del todo. Parecía que algo dentro de ella se había quemado por completo.—Denle el mejor cuidado posible. Yo cubro todos los gastos —ordenó Helios.La enfermera asintió. El equipo médico que atendía a Sev trabajaba bajo las órdenes de Helios, y las cumplían al pie de la letra.Él hizo un gesto a uno de sus hombres.—Coloquen guardias en la UCI.Grasya se volvió hacia él.—¿Crees que la vida de Severen sigue en peligro?—Médicamente, creo que se recuperará —respondió en voz baja—. Pero en cuanto a su seguridad
Severen Morenzo ya había entrado en quirófano.En el pasillo, Renata permanecía acurrucada contra la pared fría, las manos aferradas a las rodillas. Miraba al frente sin ver nada.—Severen… Severen… Severen… —susurraba una y otra vez, como si el nombre pudiera sujetarlo a la vida.Helios y Grasya esperaban junto a las puertas del quirófano. Él la tenía firmemente abrazada, sin apartar la vista de ella ni un segundo. Temía que el golpe de todo aquello la quebrara. Sus hombres custodiaban el corredor, atentos a cualquier movimiento.El teléfono de Grasya vibró. El nombre de su abuelo apareció en la pantalla y contestó al instante.—¿Lolo?—Hija, me ausenté un solo día por una reunión importante fuera de la ciudad y ahora me entero de que ha habido problemas en la empresa —la voz de Dominic sonaba cargada de inquietud.—Lo siento mucho, Lolo. Hubo un incidente en Valeron Holdings. La pared de cristal del edificio se hizo añicos y…—No me importa lo que se haya roto. Solo necesito saber q
«Los Morenzo no nos dejan en paz», dijo Helios, la voz dura, el rostro oscurecido por la ira. «Y Renata Morenzo está cortejando su propia ruina».El guardia carraspeó. —Señora… dice que no se irá hasta que usted la enfrente.—Entonces que enfrente los barrotes de una celda —escupió Helios.Grasya negó con la cabeza. —Bajaré. Quiero oír exactamente de qué está gritando. Y quiero resolver esto antes de que el abuelo se entere.—No —frunció el ceño Helios—. Nuestro hijo podría salir a ella.—Jamás —rió Grasya en voz baja—. Aunque no tuviera a nadie más a quien mirar… jamás a ella.Renata era impactante, Grasya lo vio de inmediato. No era de extrañar que Severen fuera tan atractivo. Pero su rostro estaba endurecido por la arrogancia: cejas permanentemente arqueadas en juicio, ojos que siempre miraban desde arriba, labios curvados en un desprecio perpetuo.Helios levantó el teléfono. —Alguien está montando un espectáculo frente a Valeron Holdings. Deténganla.—Ya estamos aquí, jefe.







