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7 Conversación

last update Fecha de publicación: 2025-10-01 12:46:28

Aysun se quedó dormida muy tarde por la noche. Cuando despertó, se sentó en la cama y se quedó observando la habitación unos segundos, incapaz de moverse. El vestido de novia aún la envolvía como una armadura pesada, recordándole a cada instante que su vida ya no le pertenecía.

Cerró los ojos con fuerza, como si pudiera apagar con un solo gesto todo lo que la rodeaba, pero fue inútil.

De pronto oyó el celular, estaba vibrando dentro de su bolso. No se había dado cuenta que sus cosas habían sido
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Último capítulo

  • Boda obligada con el jefe despiadado    19 Clínica

    La arrastró por el corredor; la luz cambiaba, los rostros de los hombres que cuidaban aquel lugar parecían tener sus rostros duros como el hierro. Ella miró una última vez el sótano: Mert temblaba en la silla, los ojos fijos en ella, sin poder decir nada. En la piel de Aysun se dibujó una certeza terrible: aquel no era un traslado para reparar una ofensa. Era un juicio cuyo veredicto él ya había decidido pronunciar.El viaje hasta el vehículo fue frío y silencioso. Aysun clavó los dedos en su blusa, tratando de retener algo que ni ella misma sabía nombrar. Serhan permanecía en silencio, con la mandíbula apretada.Salieron del edificio, Aysun estaba temblando por dentro, le daba horror solo de imaginar la ejecución de Mert. Algo debía hacer para impedirlo, pero no sabía cómo, no conocía a Serhan, nada podía darle ventaja ni ideas para detenerlo.Él abrió la puerta del auto, sin mirarla esperó que ella subiera. Antes de subir al auto, ella se detuvo frente a él.—¿De verdad piensas lle

  • Boda obligada con el jefe despiadado    18 Prueba

    Él auto se detuvo frente a un edificio en la zona industrial del puerto de Estambul, cerca de los astilleros. El chófer le abrió la puerta del auto a Aysun, ella bajó y miró las fachadas del viejo edificio.Karahan SteelDecía en inmensas letras metálicas con un fondo rojo. Era la fábrica de función de piezas metálicas para exportación, la cual pertenecía a la familia Demir desde varias generaciones atrás. En realidad dicha fábrica era la fachada de un negocio ilegal de fabricación y tráfico de armas y otros componentes de guerra que eran distribuidos en el Oriente Medio.Los hombres llevaron a Aysun adentro. Primero había mucho ruido, de los cortes de las piezas metálicas, las soldaduras y martillazos. Pero después entraron a un área aislada, donde habían oficinas. El corredor estaba frío tan denso que Aysun podía escuchar el roce de su propia respiración. Los hombres que la escoltaban caminaban a su lado sin pronunciar palabra, con el rostro impenetrable y las manos firmes sobre l

  • Boda obligada con el jefe despiadado    17. Trae a mi mujer

    —No era a ti a quien seguía, tú no estabas en el plan. —dijo Mert.—No te creo, Aylen era mi prometida, la trajiste muchas veces a mi casa.El Alacrán regresó tras el llamado de Serhan y encendió el mechero. Una llama azul iluminó la estancia. El calor se sintió de inmediato, mezclado con el olor agrio del gas. Él hombre se rio mirando a Mert.—No tienes salvación amigo.—Dime —prosiguió Serhan, sin alzar la voz—. ¿Quién te envió? ¿Qué tanto saben de mí?Mert respiraba con dificultad. El sudor le caía por la frente.—Nada.Serhan sonrió, una sonrisa lenta y helada.—¿Ella se acostó contigo? ¿Fingiste quererla para sacarle información?—La amo —dijo Mert—. Le juro que jamás le pregunté nada, Aysun…—No pronuncies su nombre.Ese fue el límite. En un segundo, Serhan lo tomó del cuello y lo empujó hacia atrás con tal fuerza que la silla se tambaleó. Su rostro se endureció; ya no había control, solo furia contenida.—¡No vuelvas a decir su nombre! ella es la señora Demir.Lo soltó de golpe

  • Boda obligada con el jefe despiadado    16 Sorpresa

    Aysun observaba el rostro de Mert al otro lado de la mesa. El café se había enfriado entre ambos. El bullicio del restaurante contrastaba con el silencio pesado que se había instalado entre ellos. Mert rompió el silencio.—No tienes que volver ahí —murmuró Mert, con los puños apretados sobre la mesa—. Ese hombre no te ama y tú tampoco lo amas a él.—No es tan simple, Mert.—Sí lo es. Podemos irnos esta noche. Tengo todo listo. Pasaportes, dinero… —su voz se quebró—. No puedo dejarte en manos de ese monstruo.Aysun tragó saliva, conteniendo las lágrimas. Sentía que cada palabra suya le abría una herida más profunda.—No digas eso. No entiendes lo que dices.Mert se inclinó hacia ella, desesperado.—¡Claro que lo entiendo! ese hombre va a destruirteElla se puso de pie con lentitud. Su silla rozó el suelo.—Lo siento Mert, no voy a huir contigo.Él intentó tomarle la mano, pero ella la retiró antes de que la alcanzara.—Por favor, no hagas esto…Aysun respiró hondo, con el corazón apret

  • Boda obligada con el jefe despiadado    15 Imágenes

    El corazón de Aysun latía tan rápido que apenas podía respirar. Había logrado escapar. Durante una hora de clase, con la esperanza de que nadie la siguiera. Ahora estaba allí, en el pequeño restaurante donde la esperaba Mert.El local olía a pan recién hecho y a café. Era modesto, pero cálido. La madre de Mert atendía detrás del mostrador, y al verla entrar, le dedicó una sonrisa amable y salió a darle un abrazo.—¿Cómo estás hija? —Bien, gracias. —Le había preguntado a Mert por qué no habías vuelto.—Es que he estado ocupada con exámenes de la universidad. —Miró a Mert, la mujer no sabía nada de la boda de Aysun con Serhan.Ella y Mert se sentaron en una mesa, desde la calle, El alacrán podía verlos a atreves del vidrio de las ventanas.—Pensé que no vendrías.Ella bajó la mirada, nerviosa.—Fue difícil salir… él tiene hombres que van conmigo a todas partes.Mert apretó los puños, conteniendo la rabia.—No puede seguir tratándote así. No eres su prisionera, Aysun —le agarró las man

  • Boda obligada con el jefe despiadado    14 Vigilela

    Un nuevo amanecer llegó cubierto de una niebla espesa, el invierno se acercaba cada vez más. Aysun despertó con el corazón acelerado, recordando cada palabra de la conversación con Mert. Apenas pudo dormir algunas horas.Se propuso a actuar con naturalidad delante de todos, aunque sentía que Serhan podía leer sus pensamientos, el temor a que algo malo pudiese ocurrir le hacía sentir así.Eligió una blusa sencilla, sin colores llamativos, y recogió su cabello en una trenza baja. Quería parecer tranquila, invisible. Luego cubrió su cabello con una seda color azul.Al bajar a la planta principal, el aire de la casa estaba impregnado de ese silencio tenso que siempre precedía la aparición de Feride.La matriarca estaba sentada en el salón, tomando su té con gesto severo, rodeada de las empleadas que aguardaban sus órdenes.Cuando Aysun pasó frente a ella, la mirada de la anciana la detuvo en seco.—¿A dónde vas? —preguntó con voz firme, sin apartar la taza de los labios.—A la universidad

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