INICIAR SESIÓNNARRA ELÍAS MONTERO.
Soy Elías Montero. Empresario en el sector hotelero, un empresario prestigioso y patrocinador de buenas causas ante los medios, aunque mi verdadero negocio sea vendedor de armas para quienes realmente dirigen el mundo. Provengo de una de las familias más influyentes de España, y si hoy llevo su apellido con orgullo, es porque lo he conseguido con esfuerzo y sangre. No nací siendo el líder de mi familia, me convertí en él superando a quienes se interpusieron en mi camino.
La batalla por el dominio no es un asunto sencillo. Es un terreno peligroso donde solo sobreviven aquellos que no dudan en actuar y se hacen respetar.
Estoy de viaje por América, comenzando por ciudad de México, para ser exactos. Mis proveedores más confiables residen aquí. Apenas baje del avión paso entre reuniones interminables, amenazas veladas y un par de tontos que intentaron llevarse lo que es mío, terminé el día con una ira difícil de ocultar. Ya había hecho callar a dos, y al tercero… bueno, aprenderán a no volver a meterse con lo mío la próxima vez.
Estaba por irme al gimnasio a descargar mi rabia cuando un mensaje capto mi atención, me llegó una invitación para un club exclusivo, me sentí indeciso. Estas invitaciones suelen ser solo apariencia. Pero había algo en mí que necesitaba liberar la tensión. ¿Y qué mejor manera que disfrutar de una buena noche de sexo para despejarme de las tensiones de las negociaciones?
No lo pensé tanto y me cambie para salir, estoy en una ciudad donde tengo aliados, pero también enemigos así que tome medias antes de salir, mis hombres prepararon dos autos blindados, nunca esta demás ser cauteloso. Llegué al club después de la medianoche, desde el exterior no parecía muy interesante, parecía más un antro que un club, pero ya estaba aquí, no me regresaría sin tener lo que vine a buscar, aunque tenía expectativas más altas por su reputación y la promoción que le hacían al lugar. Pero no vine a juzgar la edificación, solo a tener una buena ronda de sexo y tragos.
Al entrar pedí una cabina privada con vista a la pista de baile, para escoger mi compañía de esta noche quería ver que calidad de mujeres tienen. Me instalé, pedí un whisky doble y encendí un habano. El humo ascendía lentamente, al igual que mi paciencia. No pasó mucho tiempo antes de que las luces se apagaran y el presentador anunciara a una nueva bailarina. Pronunció su nombre con un tono dramático:
—¡Con ustedes…Carola, nuestra musa de la noche!
Y en ese momento la vi.
Vaya por Dios… que mujer.
Piernas largas y tonificadas, como si fueran talladas a mano. Un trasero perfecto, con cada detalle en su lugar. Y esos senos… firmes y desafiantes, llamando al pecado. Solo al mirarla, sentí que cada fibra de mi ser se tensaba, mi hombría despertó al punto que dolía, es la primera vez que una mujer me prende de tal forma, y es que nunca antes había visto a una mujer tan sexi sobre un tubo y eso que he estado en muchos clubs.
Se movía con una gracia salvaje. Se deslizaba por el tubo como si retara la gravedad. Cada movimiento, cada giro, era un desafío. La música la seguía, no al revés. Era un show hecho para seducir y dominar. Y vaya que lo hacía. No aplaudí al finalizar. No podía. Estaba demasiado absorto en admirarla, asimilándola, imaginando cómo sería tenerla en mi cama gimiendo mi nombre. Esa mujer no podía irse con cualquiera, tenía que ser mía.
Hice una señal al camarero.
—Quiero a la bailarina en una habitación privada. Esta noche.
El joven tragó saliva.
—Lo siento, señor, pero este es su debut y hay muchas solicitudes por ella. Mi jefe aún no ha decidido quién pasará la noche con Carola.
—Dile a tu jefe que quiero verlo. Ahora.
—De inmediato, señor.
No pasó mucho tiempo. Un hombre de estatura baja, vestido con un traje económico y una sonrisa maliciosa, entró en mi cabina. Sus ojos relucían como los de un perro que detecta dinero, todos tienen un precio y este hombre será muy fácil de comprar.
—Me informaron que deseaba hablar conmigo, señor Mercado —comentó con una falsa amabilidad.
—Así es. Sé que tú eres el responsable de las chicas aquí. Quiero a la bailarina que se acaba de presentar. Carola.
Su sonrisa se endureció un poco.
—Lo lamento. El jefe de los italianos ya la solicitó. Hizo una oferta muy generosa, sabe cómo se maneja este negocio el que paga más se lleva a la mujer.
Golpeé mi vaso contra la mesa con fuerza.
—Te ofreceré el doble. Y si él mejora la propuesta, tú la duplicas. Pero esa mujer estará conmigo esta noche, entendiste. Dije más como una advertencia.
Se produjo un breve silencio. Luego asintió, casi sin ocultar su emoción.
—De acuerdo. Vendrán a buscarlo una vez que Carola esté lista.
Lo observé salir como si acabara de pactar con el diablo. Seguramente creía que había hecho un excelente trato.
Yo no pensaba en eso. Pensaba en ella. En su figura. En su mirada desde detrás de la máscara. En la manera en que parecía controlar el ambiente sin pronunciar palabra. Esa mujer era especial. Y estoy acostumbrado a conseguir lo que quiero. Y esta noche… la quiero a ella.
Y la tendré, cueste lo que cueste.
POV CarolinaHan pasado diez años. Una década ha pasado desde la última vez que escuché un disparo, desde el último grito de batalla. Diez años desde que el miedo se grabó en mi rostro y tomé la decisión… de que no volvería a permitirlo.Y aunque no ha sido un camino fácil, puedo afirmarlo hoy con un corazón sereno: he sobrevivido. No solo al Círculo de la Serpiente, ni a Graciela, ni a Jorge Benítez, ni al sistema que intentó derribarme.He sobrevivido a mí misma.Desde mi rincón favorito del jardín, observo a mis cinco hijos jugar.Sí, cinco. Las trillizas, ahora con once años, son las más fuertes de esta familia. Isabela es la más analítica. Sofía, la creativa. Valentina… tiene el mismo ardor que yo.Y luego están los gemelos: Elian y Gael. Tienen siete años y a veces tienen más energía de la que Elías y yo podemos manejar. Uno de ellos lleva mi risa. El otro tiene los ojos de su padre. Pero los dos… son nuestro milagro inesperado.Elías continúa siendo ese hombre que me observa co
POV CarolinaEl eco de las risas de los niños se había convertido en mi melodía favorito.Corrían por el jardín de la mansión como pequeñas ráfagas de energía, aunque aún no lograban caminar perfectamente. Isabela se acercaba tambaleándose hacia el globo más cercano, con sus pequeños brazos levantados, mientras Valentina emocionada gritaba por el pastel. Sofía, siempre más serena, observaba con esos ojos curiosos que me recordaban a su padre.Era el día de su primer cumpleaños.Hacía un año que las había visto por primera vez. Un año desde que mi vida encontró un propósito que jamás creí que podría tener.Elías estaba a mi lado, vestido de manera casual, lo cual era inusual en él, con una corona de papel que una de las pequeñas le había colocado. Reía, relajado y feliz, como nunca antes lo había visto. Finalmente, parecía que, tras tantas dificultades, el sol había decidido brillar para nosotros.—¿Recuerdas cuando creías que no serías una buena madre? —me susurró al oído.—Y tú creía
La mañana en el cielo de Madrid brillaba con un matiz suave, como si el sol quisiera ser sutil en un día tan especial. La mansión Montero estaba llena de actividad, no por una alerta de seguridad ni por una situación urgente. En esta ocasión, era debido a una nueva vida. . . o, mejor dicho, tres.Carolina había estado sintiéndose más pesada desde hacía semanas, con su abdomen grande como una pequeña colina que guardaba las tres maravillas más valiosas de su vida. Este embarazo había traído desafíos: náuseas, falta de sueño, antojos raros y un miedo constante. Pero nada de esto importaba mientras Elías sostenía su mano cada noche, recordándole que todo lo que pasaba era por una buena razón.—Hoy es el día, cariño —le murmuró él en la mañana, mientras le ayudaba a vestirse con cuidado—. Hoy vamos a conocer a nuestras luchadoras.Carolina sonrió, aunque sus ojos mostraban un profundo cansancio.—Luchadoras, sí. . . como su madre —dijo Marco Antonio desde el sofá de la habitación, quien
Narrador.Desde que volvieron de la isla, la mansión Montero parecía diferente. Los jardines lucían más vibrantes, el aire era fresco, y las sombras que antes merodeaban sus pasillos se desvanecían lentamente. La amenaza del Círculo de la Serpiente había concluido, y por primera vez en mucho tiempo, Carolina podía respirar tranquila.Carolina estaba embarazada desde hacía casi cinco meses. Su barriga ya se notaba, y aunque su cuerpo había cambiado, su fuerza de voluntad se mantenía firme. Continuaba su entrenamiento bajo la tutela de Fabiola y caminaba cada día por los pasillos custodiados de la propiedad, acompañada por un pequeño grupo de seguridad que Elías había aumentado pues seguía alerta, aunque ya no hubiera peligro aparente.Sin embargo, ese día no era para hacer ejercicios ni para estar alerta. Era el día de su ecografía de rutina, la más significativa del segundo trimestre. Elías había insistido en que irían juntos, como en cada cita desde el primer día. Pero en esta ocasió
Narrador.Después de una semana en aquella isla paradisiaca, la pareja regresaba a su hogar sintiéndose más enamorados que nunca, el brillo en los ojos de carolina era diferente, tenía una sonrisa radiante. La mansión que hibia sido destruida por Graciela y Camilo ahora reformada los recibía.El helicóptero se posó suavemente en la pista privada de la reciente Mansión Montero, las palmeras se movían con la suave brisa del mediodía, y el sonido del mar se mezclaba con el ruido de los rotores. Elías asistió a Carolina mientras bajaba, con su mano suavemente ubicada en la espalda de su esposa, quien avanzaba con la tranquila confianza de alguien que ha atravesado momentos difíciles y ahora regresa orgullosa.Carolina mostraba cambios evidentes. En su paso decidido, en su mirada firme que no requería palabras. Ya no era la mujer que fue traicionada ni la que se esforzó por salir de la oscuridad. Era una reina en su dominio.Fabiola los aguardaba al pie de la escalinata, sosteniendo dos ta
NARRADOR.La noticia del embarazo fue celebrada por todos en la mansión incluso el viejo Marco Antonio sonreía, Carolina y Elías fueron al doctor quien les dijo que todo estaba en orden con el bebe y que si ella seguía una dieta y tomaba vitaminas el bebe se desarrollaría muy bien, eso los dejo más tranquilos.Cuando regresaban a la mansión el chofer tomo otra ruta, Carolina lo noto, pero al ver la sonrisa de Elías no hizo preguntas, solo hasta verse en la pista del aeropuerto fue que el hablo.—No hemos tenido luna de miel, creo que es el momento justo amor.Ella lo miro con una sonrisa.—Sabes que contigo iría al fin del mundo sin hacer preguntas.—Eso es perfecto porque no te diré a donde vamos.**El sol se deslizaba hacia el horizonte, tiñendo de colores dorados las aguas transparentes que abrazaban la isla privada adonde Elías había llevado a Carolina. No había periodistas, ni adversarios, ni señales de violencia. Solo ellos, rodeados por la naturaleza exuberante, el murmullo de







