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Capitulo 96

Autor: Susan
last update Fecha de publicación: 2025-07-24 05:35:46

La luz matinal filtraba apenas entre las cortinas gruesas de la suite.

Julie se desperezó con lentitud, aún enredada entre las sábanas suaves y el aroma persistente a lavanda y madera.

Se incorporó con el cabello suelto cayéndole sobre el hombro, la piel tibia por el descanso y la respiración tranquila por primera vez en días.

Al girar el rostro vio a Sean, recostado en el sofá, con un brazo cubriéndole los ojos y el cuerpo relajado.

El torso desnudo dejaba ver las marcas sutiles del
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Último capítulo

  • Casados por venganza    EPÍLOGO

    El avión descendía sobre la costa dorada australiana, donde los eucaliptos parecían saludar desde abajo. Julie miraba por la ventanilla mientras Aurora y Noah dormían apoyados sobre ella. Cuatro años habían pasado. Cuatro años de llamadas nocturnas, visitas mensuales y trabajo entre husos horarios. Cuatro años que los habían transformado, y ahora, los traían de regreso. Sean, sentado a su lado, tenía ese gesto sereno que sólo se le veía cuando todo estaba en orden. Había viajado cada mes a Noosa para asegurarse de que la oficina siguiera latiendo con ritmo constante, mientras Julie tejía un nuevo mapa profesional desde Londres. Pero ya no más. Australia los esperaba. Y esta vez, los recibía como algo más que pareja: los recibía como familia. La compra del edificio fue más que una inversión. Fue una promesa cumplida. El espacio, antes vetusto y desaprovechado, se había convertido en el corazón de **Sell Publishing**, ahora listo para expandirse. Julie dirigiría las nuevas oficinas ju

  • Casados por venganza    Capítulo 123

    Los días no se contaban en horas, sino en pendientes marcadas en la pizarra que Sean colgó frente al escritorio en su suite. Melbourne no era solo una ciudad ahora: era una promesa. El nuevo hotel, bajo el sello compartido de *Wilton & Co.* y su propia firma, debía ser impecable. Un comienzo que definiera el ritmo mientras él se ausentara para algo aún más importante. *** Margot—visionaria, precisa, directora general del proyecto conjunto—se convirtió en el contrapeso perfecto para Matías. Ella trazaba el diseño operativo, mientras él absorbía cada indicación como si fueran claves de acceso a un mundo que aún no dominaba. Sean los reunió cada semana en su despacho, delineando cada protocolo, cada escenario, incluso los imprevistos. —Cuando yo no esté —dijo Sean una tarde frente al ventanal, con los planos abiertos—, ustedes no deben mantener el estándar. Deben superarlo. Matías asintió sin titubear. —Lo haré. Lo haremos. Sean lo miró durante unos segundos. Ese joven había creci

  • Casados por venganza    Capitulo 122

    El viaje por Italia se convirtió en una sucesión de paisajes que no necesitaban filtro: calles empedradas que contaban historias, balcones con macetas rebeldes, mercados donde el idioma era tan cálido como el pan recién salido del horno. Sean conducía el Maserati con la soltura de quien recordaba cada curva. Julie lo miraba en silencio a veces, como si verlo en su país de origen revelara nuevas capas de él que Londres o Australia no le habían mostrado. Pasaron por Liguria, donde los olores del mar parecían enredarse con los de las bugambilias. Luego Florencia, con su arte que desbordaba incluso las piedras. Sean la llevó al colegio donde cursó sus primeros años, y a la plaza donde había comprado su primera bicicleta. —Nunca pensé que volver aquí, contigo, pudiera sentirse como llegar —le dijo una tarde mientras descansaban junto a una fuente silenciosa. En Roma, caminaron de noche, con helado en mano y conversaciones suaves entre risas: —¿Tú crees que nuestros hijos aguanten

  • Casados por venganza    Capítulo 121

    La cena en el restaurante del hotel tenía una atmósfera íntima, con luces cálidas colgando como luciérnagas elegantes y una brisa suave que cruzaba desde el jardín hacia las mesas junto a las ventanas. Julie jugaba con el borde de su copa, mientras Sean revisaba el menú sin demasiada prisa. —Estaba pensando —dijo Julie, interrumpiendo el murmullo elegante del ambiente—, en aquellas vacaciones que mencionaste... ¿recuerdas Nueva York? Sean levantó la mirada, sonriendo. —Las que nunca tuvimos. Las que imaginamos frente al río, con mapas y promesas. —Exacto. Creo que quiero tomarlas ahora. Panza incluida. Sean la miró con atención, dejando el menú a un lado. —¿Quieres viajar embarazada? —Quiero viajar contigo. Como pareja. Solos. Antes de tener a nuestros pequeños reclamando cereal y juguetes desde las seis de la mañana. Sean se rió, inclinándose hacia ella. —Entonces dime a dónde y lo hacemos realidad. Julie negó con una sonrisa. —Iré si tú vas. Y si

  • Casados por venganza    Capítulo 120

    A la mañana siguiente, Sean se desperezó bajo la sábana blanca, el cabello alborotado y una sonrisa medio dibujada. —Estaba pensando... —murmuró—. ¿China te parecería un punto medio razonable? Entre Londres y Australia, digo. Neutral. Equidistante. Y muy buena comida. Julie soltó una carcajada, girándose hacia él. —Claro, porque nada dice “nido de amor” como una fábrica textil con vista al Yangtsé. Aunque pensándolo bien, podría aprender mandarín y abrir una oficina ahí. Llamarla “Redacción y arroz”. Él rio. —Lo estás considerando demasiado en serio, lo cual me inquieta un poco. Julie se estiró, con los ojos brillando. —No, hablando en serio ahora… estaba pensando que podría hablar con David. Tal vez podría trabajar a distancia, al menos por una temporada. Y si se puede… podría quedarme contigo en Australia. Pero no en Queensland. Sean se incorporó un poco, con sorpresa genuina. —¿Melbourne? Ella asintió. —Me gusta más su ritmo. Y sería más fácil p

  • Casados por venganza    Capítulo 119

    El auto estaba esperando con el motor encendido. Negro, elegante, silencioso. Como si supiera que no debía interrumpir con ruido lo que estaba por comenzar. Luca bajó del asiento del conductor en cuanto los vio descender del jet. —Señor, señora Castelli —saludó con una leve inclinación de cabeza, sin romper el respeto ni la distancia. Sean le respondió con una mirada cálida, mientras tomaba la mano de Julie. —A la playa, por favor. Sin prisa. Solo que no falte la música baja. Julie se acomodó en el asiento trasero, sus dedos entrelazados con los de él, mientras el abrigo de su vientre parecía reclamar su propio protagonismo. El interior del auto era un pequeño santuario: aire perfumado con lavanda, cristales que ofrecían privacidad, y una playlist de piano suave que Luca había dejado lista tras una sugerencia meses atrás. Durante el trayecto, Julie miró el mar por la ventana. A lo lejos, la costa empezaba a pintar sombras sobre la arena. —¿Es raro que me e

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