Se connecterEra mediodía cuando las botas de Curtis comenzaron a resonar por las caballerizas. Caminaba con ese aire soberbio que siempre lo acompañaba, una fusta de cuero golpeando suavemente contra su pierna y el traje de doma impecable, como si fuera a protagonizar un espectáculo. Los hombres se apartaban de su camino sin atreverse a levantar demasiado la vista, mientras él mantenía los ojos clavados en la yegua azabache que llevaba tres días sin comer ni beber una sola gota de agua. El animal apenas se mantenía en pie, pero aun así seguía mirando a todos con desafío. Curtis sonrió con satisfacción. —¿Está lista? —Sí, señor. La meteremos al brete para ponerle la montura. A pesar del cansancio y la evidente debilidad, la yegua seguía luchando. Fueron necesarios cuatro hombres para obligarla a entrar al brete de contención. El animal se revolvía intentando lanzar coces mientras aseguraban la montura y ajustaban las correas. Curtis subió con tranquilidad. Apen
Al llegar, Kassandra encontró a Grace exactamente donde la había dejado. Permanecía sentada sobre la cama con la espalda apoyada en las almohadas, los ojos hinchados y la mirada completamente perdida a través de la ventana, como si observar el paisaje fuera la única manera de no pensar.Kassandra sonrió con dulzura y dejó la bolsa que traía sobre la mesa.—Hola, cariño. ¿Cómo te sientes?Grace giró apenas la cabeza y le regaló una pequeña sonrisa que no alcanzó a llegar a sus ojos.—Bien, señorita.—¿Y Olivier?—Se acaba de ir... tenía algo que hacer.—Oh... ya veo. Te traje algo dulce. Ven, siéntate y come.—Gracias.Grace se incorporó con cuidado, conteniendo una mueca de dolor mientras Kassandra acomodaba la bandeja sobre sus piernas. Apenas levantó la vis
La sala del hospital olía intensamente a desinfectante. El único sonido que rompía el silencio era el constante pip... pip... pip... del monitor cardíaco que marcaba el ritmo de los latidos de Grace. La luz blanca del techo iluminaba el lugar con frialdad, mientras la joven permanecía inmóvil sobre la cama, con el brazo vendado y varias cintas sujetando los sensores sobre su pecho.A lo lejos comenzó a escuchar aquel sonido insistente. Poco a poco sus párpados se movieron hasta que logró abrir los ojos lentamente. Todo se veía borroso. Parpadeó varias veces intentando enfocar el techo y un suave quejido escapó de sus labios al sentir un dolor punzante recorrerle el costado.Kassandra se levantó de un salto de la silla donde había permanecido durante horas sin despegarse de ella.—¡Grace! Cariño, ¿cómo estás? ¿Te duele mucho?Grace giró apenas la cabeza para verla y trató de sonreír.—Mmm... señorita... siento que me atropelló un camión.—Tres costillas rotas, niña. ¿Cómo se te ocurre
Kassandra seguía mostrándole las instalaciones a James, quien miraba todo con atención. De vez en cuando le robaba un beso, la ayudaba a bajar algún desnivel del terreno tomándola de la cintura o de la mano, y ella simplemente se dejaba cuidar con una sonrisa. Aquello era precisamente lo que tenía desconcertados a todos los hombres de Las Panteras. Ver a la Sombra Carmesí permitir que un hombre la tocara con tanta naturalidad era algo que jamás imaginaron presenciar.Denisse, que entrenaba al lado de Olivier, dejó de golpear el saco unos segundos y observó la escena a lo lejos.—Te juro, lo veo y no lo creo, la jefa está enamorada... y muy enamorada.—Sí, yo también estoy sorprendido.—Eso es solo una pérdida de tiempo. Te distrae de lo importante. ¿Sabías que el cerebro de una mujer baja un tres por ciento de su IQ cuando está enamorada? La hormona del amor las embrutece porque esa es la única manera en que piensan que adorar a un hombre está bien.Olivier la miró de reojo y negó con
Pasaron dos días y, finalmente, Baltazar, Bella, James y Kassandra se preparaban para volver a América. Durante ese tiempo, Philippe no había dejado de llamar a su hija. Una llamada tras otra llegaba a su teléfono exigiéndole que fuera a la mansión Devereaux para hablar, pero Kassandra conocía demasiado bien a su padre. Sabía que aquello no era una invitación, era una trampa. Si cruzaba esas puertas, probablemente no volvería a salir hasta verla casada con Curtis, así que ignoró cada llamada y decidió disfrutar esos últimos días junto a James. Pasearon por Paris, comieron en sus restaurants favoritos, ademas de visitar museos y cosas que hacen las parejas normales, pero tambien quería mostrarle una parte de su mundo, lo llevó hasta la central de Las Panteras.El enorme complejo estaba lleno de movimiento. Hombres vestidos de negro entrenaban en distintos sectores mientras otros revisaban armamento, vehículos o cargamentos. Sin embargo, apenas la vieron entrar, el lugar entero pareció
En la mansión, Fabiano caminaba con las manos en los bolsillos. Acababan de llegar y, apenas vio aparecer a Victoria en el recibidor, una enorme sonrisa iluminó su rostro. Abrió los brazos de inmediato y ella corrió hacia él sin pensarlo dos veces. Fabiano la envolvió con fuerza y comenzó a dejar una lluvia de pequeños besos por todo su rostro, haciendo que Victoria soltara una risa dulce mientras intentaba, sin éxito, apartarlo.—¿Cómo te fue, amor?—Bien. Fue bastante diplomático dentro de todo. Juro que intenté portarme bien, princesita, pero la gente no coopera.Victoria sonrió con ternura y acarició su mejilla con la yema de los dedos. Aquel simple gesto hizo que Fabiano suspirara exageradamente antes de volver a besar sus labios.—Mi princesita hermosa... ¿Cómo está mi retoño?—Vittorio anda jugando con sus primas, Analia y Matilda.—Ya veo. ¿Te parece salir a cenar hoy? Solo los dos. Quizás caminar por el Sena, subir a la Torre Eiffel... y uno que otro besito por ahí.—Me enca







