LOGIN“No debes temer a las sombras, porque no importa a dónde corras, tu sombra siempre estará contigo. A menos que no haya luz, y entonces, sí deberías tener miedo”. Muy temprano por la mañana bajé a desayunar. Melinda tenía la mesa llena de cosas ricas: frutas, yogurt y mis postres favoritos. Le pregunté amablemente cómo le había ido durante el fin de semana libre y, para mi sorpresa, me enteré de que ella y el mayordomo son esposos, y habían viajado juntos a visitar a su hija que está en la universidad. Demian bajó justo a las seis y media de la mañana. Se sentó a la mesa como de costumbre, en absoluto silencio, pero esta vez no mantuvo la vista fija en su tableta. Desde el segundo en que crucé el umbral, sus ojos color miel se clavaron en mí, siguiendo minuciosamente cada uno de mis movimientos con una fijeza pesada, casi obsesiva. Se percató de inmediato de los muchos postres que decoraban el lugar. —¡Qué bien, ahora hasta te preparan tu desayuno favorito! —lo dijo con un marcado
"A veces un pequeño detalle puede marcar una gran diferencia".Los empleados aún están en su día libre. Hoy es domingo y desde hace tanto tiempo que no me encontraba en la situación de no tener absolutamente nada que hacer. Decidí bajar temprano a la cocina a preparar el desayuno yo misma y evitar así que Demian gastara nuevamente dinero pidiendo comida para llevar. Me puse un buzo holgado y una polera suelta de algodón, pero algo corta, que mostraba un poco mi vientre al moverme; me sentía cómoda, libre y en paz en mi propia piel.Estaba poniendo los platos sobre la mesa cuando, de repente, sonó el timbre de la entrada principal. Pude escuchar de inmediato cómo los pasos firmes de Demian en el segundo piso daban a entender que se preparaba para bajar a prisa; pero estando yo tan cerca, me pareció de muy mala educación dejar esperando a quien fuera afuera. Abrí la puerta con total naturalidad, pensando que si alguien preguntaba por mí, simplemente podría decir que soy la empleada de l
"Si el gato no sale de la caja, jamás sabrá que hay un mundo enorme por descubrir".Como hoy es sábado, no tenía que ir a la galería. Así que me vestí con mis jeans favoritos y una polera holgada, y pasé gran parte de la mañana pintando en el taller contiguo al despacho. Es algo que me relaja muchísimo.Hace tanto tiempo que no tomaba los pinceles para crear algo propio. Antes de Ryan lo hacía todo el tiempo; era mi cable a tierra. Pero él se encargó paulatinamente de convencerme de que no tenía el talento suficiente para eso, apagando mi confianza hasta que terminé conformándome con solo restaurar el arte de otros. Qué tonta fui.De manera improvisada, dejé que las pinceladas fluyeran y pinté un gato negro asomándose con timidez por las rendijas de una caja de madera semiabierta. Supongo que es mi inconsciente explicando todo lo que he estado procesando últimamente. Me di cuenta de que yo era exactamente como el gato de la paradoja de Schrödinger. Ryan era la caja hermética que me ma
"Solo ante los rayos del sol, la semilla decide florecer". Pasé gran parte del cóctel completamente sola, dando vueltas con tranquilidad por el inmenso salón de exposiciones de la galería. Mientras caminaba entre la multitud elegante, pude divisar a lo lejos que dos de las obras seleccionadas minuciosamente por mí en mi informe técnico estaban allí exhibidas con orgullo. Me tomé un par de copas de champaña en las bandejas flotantes; la combinación de la calefacción y los nervios del evento hacían que me sintiera un poco acalorada, así que caminé directo hacia el salón principal, el cual gozaba de una mejor ventilación. Desde la distancia, alcancé a divisar a Ryan junto a su prometida, moviéndose con soltura y rodeados de personas sumamente ricas y poderosas. Para mi propia sorpresa, no me importó en absoluto verlos allí. Nada en mi cuerpo reaccionó a su presencia física; el agujero negro de mi pecho ya no se abrió y el dolor se sintió completamente extinto. Seguí caminando a paso
"Elegir una de dos opciones siempre termina por destruir lo que pudiste haber sido si hubieses tomado la otra opción. Pero el no saberlo es lo que hace de la vida un gran misterio". Llegó el gran día del evento. Arthur Velazco dejó de lado su rigidez habitual y permitió que todos nos fuésemos considerablemente temprano a casa para poder arreglarnos y vestirnos adecuadamente para la gala de la noche. Si bien el director jamás se tomó la molestia de extenderme una invitación formal en mi calidad de simple empleada del taller de restauración, pudo verificar meticulosamente en la lista oficial de asistentes que yo estaría allí presente, y nada menos que ocupando el lugar de la acompañante de honor de Demian Cole. Su frustración en la oficina al confirmarlo fue evidente. Me enteré por los sutiles murmullos y cuchicheos de las otras empleadas de la galería —con quienes de a poco he logrado romper el hielo y conocer un poco más en los descansos— que Demian Cole jamás asiste a este tipo de
"Cada pincelada deja en el lienzo una parte de su creador. Nada es fortuito, nada es al azar. Todo se une como parte imprescindible de un todo que solo se es capaz de descifrar cuando la obra ya se encuentra completa".Al llegar a la galería, fui directamente a la oficina de Arthur Velazco. Le saludé cordialmente con una sonrisa profesional y tomé asiento en el sofá de cuero, esperando pacientemente a que él hiciera lo mismo. El director me miró por unos largos segundos, paseando sus ojos por mis facciones como si estuviese buscando desesperadamente cualquier excusa para no atenderme. Sin embargo, debió de verme sumamente decidida y firme en mi postura, puesto que no le quedó más remedio que tomar asiento frente a mí. Estiró su brazo de forma aristocrática, exigiéndome implícitamente que le entregara el informe que llevaba firmemente sujeto en mis manos.Quizás Arthur pensó con malicia que yo no lograría tener toda la catalogación de la bodega lista en tiempo récord, y que esa sería l







