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24. Noche de disco

last update publish date: 2023-09-24 11:01:41

Como la estudiante responsable que soy, me voy de parranda antes que ponerme a estudiar lo de la próxima semana, ¡es la próxima semana!, aún tengo tiempo para estudiar. Además, es la primera vez que me invitan a una actividad del club, no podía despreciar la invitación.

Esta vez invité a Danna, quien saltó emocionada al escuchar mi invitación. Justo ahora, estoy esperándola fuera de su casa, a la orilla de la calle y bajo un par de enormes árboles que dejan caer sus hojas secas sobre mi relucie
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  • De Prosti a CEO   203. Perspectiva de Gabriel Hikari #3

    Narrado desde la perspectiva de Gabriel Hikari. La cena lleva casi veinte minutos frente a mí y apenas la he tocado. Desde la ventana del comedor de la suite, Tokio parece una extensión infinita de luces ordenadas con una precisión que contrasta con el desorden de estas últimas semanas. A esta altura del hotel, los automóviles parecen pequeñas partículas deslizándose entre avenidas luminosas y edificios que continúan despiertos aunque la noche haya caído hace horas. Siempre me ha resultado extraño que una ciudad pueda parecer tan tranquila desde arriba. Basta alejarse lo suficiente del suelo para que desaparezcan el ruido, las amenazas y los hombres que deciden cuánto vale la paz de otros. Corto otro trozo de pescado sin demasiado interés y lo llevo a la boca. Está frío. Llevo demasiados días en Japón. Vine por una sola razón: alcanzar un acuerdo con la Yakuza. Desde la muerte de mi padre, las condiciones que alguna vez mantuvieron cierto equilibrio entre nosotros dejaron de ser su

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  • De Prosti a CEO   201. Caos en Kingston Upon Thames

    Han pasado varios días desde que encontré el compartimento oculto en el escritorio de Gabriel y, aunque continúo revisando los documentos cada vez que tengo oportunidad, empiezo a comprender que no conseguiré respuestas obligándome a pensar en ellas durante cada minuto del día. Quizá por eso acepto finalmente el consejo de Vanessa y me concedo una tarde libre. Según ella, mi guardarropa necesita «una intervención urgente» desde que me convertí en CEO. Yo considero que exagera, pero debo admitir que las cenas con clientes, las reuniones fuera de la empresa y los eventos a los que ahora me invitan están consiguiendo que repita vestidos con demasiada frecuencia. Así que termino en Kingston Upon Thames, recorriendo Bentalls sin una agenda, sin documentos y, por primera vez en semanas, sin tener que escuchar a nadie hablarme de balances, producción o contratos. Bueno, casi. Gabriel dejó instrucciones muy claras antes de viajar y dos de sus hombres me acompañan incluso cuando voy de comp

  • De Prosti a CEO   200. Detras de la H

    La puerta se cierra detrás de Jonnathan y durante varios segundos permanezco de pie frente al escritorio, mirando el lugar que acaba de dejar vacío. Estoy furiosa. Tanto que todavía siento el calor acumulado en el rostro y las pulsaciones golpeándome las sienes. Sin embargo, a medida que el silencio vuelve al despacho, la rabia empieza a dejar espacio para algo mucho más incómodo: la certeza de que acabo de cometer un error. Le mostré demasiado. Jonnathan ya sabe qué documentos encontré, cuáles son mis sospechas y hasta dónde he conseguido llegar. Si realmente está protegiendo a Gabriel, nada le impide levantar el teléfono en cuanto salga de aquí y advertirle que su novia está revolviendo los archivos que probablemente nunca debió encontrar. Resoplo y regreso a mi silla. La próxima vez tendré que ser más inteligente. Si quiero respuestas, no puedo seguir anunciándole a todo el mundo cuáles son mis preguntas. Apenas unos minutos después llaman a la puerta. —Adelante. Vanessa asoma

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    Las últimas horas de la jornada se me escapan entre aquellas facturas. Cuando finalmente levanto la vista, descubro que afuera ya empieza a oscurecer y buena parte del personal se prepara para marcharse. Podría mandar llamar a Jonnathan ahora mismo. De hecho, durante unos segundos tengo el teléfono en la mano y estoy a punto de hacerlo. Pero lo dejo nuevamente sobre la mesa. No. Esta conversación no puede tener lugar deprisa, a pocos minutos de terminar la jornada. Necesito tiempo, y sobre todo necesito ordenar mi cabeza antes de sentarlo frente a mí. Guardo las operaciones que he separado durante la semana en una carpeta y cierro el resto de los archivos. Mañana hablaré con él. El automóvil me espera en la entrada y uno de los guardaespaldas abre la puerta cuando me ve salir del lobby. Durante el trayecto apenas presto atención a las calles. Voy mirando por la ventanilla sin ver realmente nada, repasando cifras, nombres y fechas hasta que una voz consigue sacarme de mis pensamiento

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    La pregunta de Danna consigue que me olvide durante unos segundos del automóvil que acaba de desaparecer al final del camino. —¿Por qué me preguntas eso? Ella retira la mano de mi hombro y mira hacia el exterior, asegurándose de que los vehículos ya estén demasiado lejos. —Curiosidad. —No te creo. Danna me dedica una sonrisa pequeña. —Digamos que fue una pregunta que no debí hacer, pero tratándose de ti, no pude evitarlo. Frunzo el ceño. Entramos nuevamente en la mansión y caminamos juntas por el vestíbulo. Alexis permanece en brazos de Danna, entretenido tirando de uno de sus pendientes, pero yo ya no puedo apartar la atención de aquella pregunta. —Sé algunas cosas —respondo finalmente—. Gabriel me contó que su padre dejó varios negocios y socios con los que ahora él tiene que tratar. No tienen nada que ver con la fábrica, eso me lo dejó claro. —¿Qué más? —Sé que algunos están en Japón y que, en particular, tratar con esos socios puede llegar a ser... peligroso. Danna guar

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