FAZER LOGINHOLA, DÉJAME TUS COMENTARIOS O RESEÑAS GRACIAS POR LEER REGÁLAME TU LIKE EN EL CAPÍTULO
El aire en la fortaleza de la Manada Hibrimorfa estaba saturado con el olor ferroso de la sangre y el hedor rancio del poder corrupto. Valrik, con los ojos inyectados en una ambición que ya no tenía rastro de humanidad, avanzó hacia el pequeño cachorro.En su mente retorcida, la sangre de ese infante era la llave para consolidar un imperio de terror.Estaba dispuesto a hundir sus garras en la inocencia con tal de recuperar el trono que el destino le había negado.Pero el destino tiene garras más largas que la traición.Justo antes de que Valrik pudiera rozar la piel del pequeño, una sombra colosal emergió del caos.Dyamon apareció.Un lobo de pelaje oscuro como el abismo y ojos de fuego se lanzó contra él con la fuerza de un alud.El impacto fue brutal; ambos cuerpos atravesaron el ventanal en una lluvia de cristales que brillaron como diamantes bajo la luna.Cayeron al patio de armas con un estruendo sordo, mientras el eco de los gruñidos de Valrik se mezclaba con el viento.Arriba, e
Mahina despertó de repente en medio de la madrugada, con un sobresalto que le hizo retumbar el corazón en el pecho con tal fuerza que por un momento creyó que sus costillas no podrían contenerlo.La luz de la luna apenas lograba filtrarse entre las rendijas de la ventana, dibujando sombras alargadas en el suelo y las paredes de su habitación.El frío intenso de la madrugada se coló bajo las mantas, recorriéndole la espalda y haciéndola estremecerse de manera involuntaria.Cada músculo de su cuerpo, aún débil y dolorido por haber dado a luz hace tan solo unos días, parecía advertirla de la gravedad del momento.Aun así, un instinto feroz, un fuego que ardía dentro de ella más allá del cansancio y del dolor, la impulsó a levantarse sin pensar en consecuencias.Sabía, con una certeza absoluta y aterradora, que ellos venían en camino. Que no habían olvidado ni perdonado.Que querían lastimar a su hijo, a ese pequeño ser indefenso que ella había traído al mundo y que representaba la esperan
Mahina despertó sobresaltada, con el corazón golpeándole el pecho como un tambor de guerra.Su respiración era irregular, corta, como si hubiera corrido durante horas. El aire de la madrugada estaba frío y denso, y la luz pálida de la Luna se filtraba por la ventana, bañando la habitación con un resplandor plateado que parecía observarla, juzgarla.La piel se le erizó sin que pudiera evitarlo.Sintió un miedo extraño, se mantuvo tan en calma como pudo.Pero supo —con una certeza que le estremeció hasta los huesos— que algo había cambiado dentro de ella.Había soñado otra vez con la bestia.La vio con una claridad cruel: sus ojos brillando en la oscuridad como brasas vivas, su silueta deformada moviéndose entre sombras espesas, su presencia pesada, sofocante, invadiéndolo todo.En el sueño, Mahina no podía moverse. Solo sentía el miedo reptarle por la espalda mientras aquella criatura se acercaba lentamente.Y entonces, como siempre, escuchó la voz.La voz de la Diosa Luna.No era un gr
Mahina abrió los ojos lentamente, como si emergiera de un océano profundo y silencioso.Durante un instante no supo dónde estaba ni cuánto tiempo había pasado. Su cuerpo se sentía pesado, anclado a la tierra, pero también extrañamente en paz.Poco a poco, los sentidos regresaron: el aroma húmedo del bosque, mezcla de musgo, lluvia reciente y savia; el murmullo lejano del viento rozando las copas de los árboles; el calor suave que la envolvía como un manto protector.Y entonces lo vio.Dyamon estaba allí, inclinado sobre ella, como si hubiera permanecido en esa posición durante horas.Su rostro mostraba las marcas del agotamiento: sombras bajo los ojos, la mandíbula tensa, los labios resecos.Sin embargo, al notar que Mahina despertaba, algo se quebró en su expresión. Sus ojos se iluminaron, y una sonrisa temblorosa, cargada de alivio y emoción contenida, se dibujó en su rostro.—Mi amor… —susurró Mahina.Su voz salió débil, frágil, pero cargada de una emoción tan intensa que le oprimió
La loba de Mahina aullaba desde lo más profundo de su ser, un sonido desgarrador que resonaba en cada fibra de su cuerpo y atravesaba la oscuridad de la habitación, queriendo romper los muros del castillo mismo.Era un aullido de terror y dolor, un clamor que pedía ayuda a los cielos, un llamado a la Diosa Luna, suplicando protección para su cachorro.—¡Diosa Luna, te lo ruego! Salva a nuestro cachorro… —la voz de la loba resonaba en el pecho de Mahina, mezclándose con su propio miedo, con su propio llanto, con un desespero tan puro que parecía capaz de arrancarle el alma.Mahina estaba maniatada.Cada movimiento le dolía, las esposas de hierro se clavaban en sus muñecas, dejando marcas que quemaban como fuego. La sensación de estar atrapada, de no poder defenderse, la hacía sentir frágil, casi invisible frente a la crueldad que la rodeaba.Sus ojos recorrían con desesperación la habitación.La luz de la antorcha iluminaba los rostros de la curandera y de las omegas que la rodeaban: m
Mahina fue arrastrada por aquella bestia sin nombre, sin honor. Cada paso que daba era un martillazo sobre su alma, cada respiración, un acto de resistencia que le arrancaba lágrimas involuntarias.Su miedo no era solo físico: era un terror que calaba hasta los huesos, un frío que se extendía desde el vientre hasta el corazón.Las esposas de plata apretaban sus muñecas, ardían sobre su piel, recordándole que estaba atrapada, sometida, humillada.Aquellas esposas no eran solo un objeto metálico: eran cadenas de su propia impotencia, símbolos de traición que la consumían desde dentro.Su loba interior gemía débilmente, encerrada detrás de un muro invisible que ni siquiera Mahina podía atravesar.La criatura que habitaba en su interior quería salir, quería luchar, quería devorar al monstruo que la había secuestrado.Pero estaba atrapada, aislada, privada de su fuerza, impotente ante el horror que la rodeaba.Ese dolor, esa incapacidad de protegerse a sí misma y a su hijo, era peor que cua







