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El refugio de los secretos

Autor: Clau
last update Fecha de publicación: 2025-08-16 17:27:43

El trayecto hacia la casa de campo transcurrió en silencio. Dorian conducía con la vista fija en la carretera, los dedos tamborileando suavemente sobre el volante como si cada movimiento fuera una forma de contener lo que sentía. Había esperado ese momento toda la semana, planeando con detalle aquel fin de semana fuera de la ciudad. Para él no era solo un escape del bullicio, ni una excusa para perderse en los juegos de placer que tanto disfrutaban: era la oportunidad de estar con Isolde sin di
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Último capítulo

  • Deseos ocultos    la venganza de Dorian, final

    La habitación del hospital estaba sumida en un silencio casi opresivo. Dorian permanecía recostado, el vendaje en su costado le recordaba cada segundo que todavía no estaba listo para volver a la guerra, ni a los negocios turbios que giraban alrededor de su familia. Sin embargo, lo que más pesaba en su mente no era la herida, sino la traición. Octavio, su medio hermano, había vendido su secreto más grande a Richard. Y esa traición no se podía quedar impune.Desde niño, Dorian había aprendido que en la familia Blackwood no existía espacio para la debilidad. Ni para la ternura. Su madre, Helena, lo había traído al mundo, pero jamás lo protegió del carácter duro y despiadado de Richard. Él había sido su sombra constante, la medida exacta de lo que significaba ser un Blackwood, disciplina, control y un poder absoluto sobre los demás.Con su madre no existía relación alguna, no eran confidentes, ni siquiera aliados silenciosos. Helena había preferido mantenerse distante, desde su divorcio

  • Deseos ocultos    la despedida

    La noche estaba envuelta en un silencio extraño, como si incluso las estrellas hubiesen decidido apartar la mirada de lo que estaba por suceder. El aire frío de las afueras de la ciudad quemaba la piel, y la bruma se colaba entre las sombras de los edificios abandonados. Era el escenario perfecto para una despedida cruel, una que quedaría grabada en la memoria de Dorian para siempre.Isolde apretaba el volante de su coche con fuerza, tanto que sus nudillos estaban blancos. Había ensayado cada palabra, cada gesto, cada sonrisa falsa que tendría que mostrar. Pero el corazón latía con una fuerza tal que temía que su pecho se rompiera en pedazos. Había tomado una decisión irreversible: debía terminar con Dorian, aunque significara convertirse en la villana de su historia.En su mente se repetían las palabras de Lorenzo, y peor aún, las amenazas del padre de Dorian. Si no lo alejaba, si no lo destruía, Dorian sería el primero en caer bajo la guerra que se avecinaba. Más vale que te odie vi

  • Deseos ocultos    la amenaza del padre de Dorian

    El café donde lo habían citado tenía un aire elegante, demasiado frío para el encuentro que se avecinaba. El suelo de mármol reflejaba la luz artificial de las lámparas, y el aroma a espresso recién molido parecía un disfraz, un velo dulce que escondía lo que en verdad iba a ocurrir allí.Isolde llegó puntual, como siempre lo hacía cuando sentía que algo importante estaba en juego. Había recibido el mensaje esa mañana, redactado con una precisión quirúrgica:"Señorita Isolde, la espero esta tarde a las cinco. No falte. - RichardBlackwood"El padre de Dorian.Había leído esas palabras una y otra vez hasta grabarlas en su mente. Sabía que no podía ignorarlas. Richard Blackwood no era un hombre que repitiera una invitación; la convertía en orden.Respiró hondo antes de entrar, y al cruzar la puerta lo vio enseguida. Estaba sentado en una mesa apartada, con vista directa a toda la sala, como un general vigilando un campo de batalla. El traje impecable, la corbata oscura, y esa mirada afi

  • Deseos ocultos    la jugada de Octavio, la ira del padre de Dorian

    La tarde se deslizaba lentamente hacia la noche, bañando la ciudad con tonos rojizos que parecían pintados para ellos dos. En el penthouse de Dorian, las cortinas estaban apenas entreabiertas, dejando entrar la luz que iluminaba la figura de Isolde recostada en el sofá, su piel aún tibia por el calor de su último encuentro. Dorian, a su lado, la observaba con una mezcla de devoción y deseo. Era como si el mundo hubiera reducido su tamaño hasta caber únicamente en esa sala, en sus miradas y en los silencios cargados de significado.—Eres peligrosa —murmuró él, con una sonrisa casi incrédula, mientras deslizaba sus dedos por la clavícula de ella.Isolde arqueó una ceja, juguetona. —¿Por qué lo dices?, ---—Porque cada día que paso contigo me convenzo más de que no sabría cómo dejarte ir —respondió Dorian, sin apartar la vista de sus labios.El corazón de Isolde dio un vuelco, durante semanas había intentado resistirse, encerrar sus sentimientos en una caja hermética. Pero cada gesto de

  • Deseos ocultos    confesión en la penumbra

    La noche había caído sobre la ciudad con una delicadeza casi solemne. El cielo, salpicado de estrellas tímidas que apenas lograban imponerse sobre las luces urbanas, parecía una manta que invitaba a los secretos. Isolde se encontraba frente al espejo de su habitación, contemplándose como si buscara respuestas en sus propios ojos. Había pasado días luchando contra la intensidad de lo que sentía por Dorian, tratando de convencerse de que aquello no era más que un espejismo, un reflejo de la intensidad de sus juegos y de la intimidad física que los unía.Pero esa tarde, mientras él había sostenido su mano más tiempo del necesario al despedirse de una reunión informal en su apartamento, algo en su interior se derrumbó. El calor que recorrió su piel no tenía nada de casual. No era deseo, no era simple atracción, era ternura, complicidad, un latido que nacía del alma.Isolde respiró hondo, como si quisiera sacarse de encima un peso invisible, y bajó las escaleras con pasos medidos. Dorian l

  • Deseos ocultos    El despertar de algo más

    El aire fresco del campo todavía impregnaba la piel de Isolde cuando abrió los ojos aquella mañana. El canto de los pájaros era un recordatorio cruel de que estaba lejos de la ciudad, lejos de los muros que solía levantar a su alrededor y de la máscara que tanto la protegía. Por primera vez en mucho tiempo, no se sintió rodeada de caos ni de sombras.Se giró con lentitud, y allí estaba é, Dorian, durmiendo a su lado, con el cabello revuelto y una expresión de paz que rara vez mostraba cuando estaba despierto. Se sorprendió a sí misma recorriendo cada detalle de su rostro con la mirada, grabando en su memoria la curva de su mandíbula, la forma en que sus labios apenas se entreabrían, el modo en que su pecho subía y bajaba de manera pausada.Isolde había compartido camas con muchos hombres antes, siempre desde la posición del poder, del control. Nunca los había observado con esa ternura, ni se había detenido a pensar en lo que significaba tenerlos a su lado más allá de la pasión. Pero c

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