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Una decisión difícil

Autor: Maye Lyn
last update Data de publicação: 2025-04-24 00:56:46

EMMANUEL

Sé que esto no es buena idea, pero ni siquiera pude negarme, sé que esto es lo que Lois necesita, que al menos lo intente y no que me quede de piedra, solo diciéndole que no se puede.

¡Pero es que no se puede!

Si ya mi padre lo tiene, no lo dejará ir.

Lo peor que pudo haber pasado fue lo que atraparan de nuevo. Y esta vez mi padre.

Quizás… Tal vez no debimos dejarlo allí, a lo mejor irnos sin él no fue la mejor de las ideas, pero Lois corría peligro y él no podía venir con nosotros. Lo
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Comentários (10)
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Maris Castillo
Deberán sacrificar a Aidan
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Bernardita Hidalgo
y sigue sufriendo... pobre Aidan
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Maria Esther Jimenez
Enzo es el Peor de todos
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Último capítulo

  • Dos Alphas para mí   Separación

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    El olor del fuego seguía en el aire, mezclado con el sudor, el barro y la tensión.Emmanuel había desaparecido entre los árboles, pero no logró ir muy lejos. Thorne lo alcanzó con un salto que pareció partir el aire, lo tiró contra el suelo y lo arrastró varios metros, dejando una línea profunda en la tierra húmeda. Emmanuel rodó, se levantó, temblando de furia, y lo enfrentó sin decir una palabra.Ezequiel llegó segundos después, cojeando, con sangre seca en el costado y los colmillos todavía expuestos. El cuerpo le dolía, pero el miedo ya no. Era otra cosa lo que sentía. No era terror ni desesperación. Era rabia. Una rabia que no tenía forma de explicarse, que le brotaba desde la garganta hasta los puños.No podían ir con Lois… Thorne no se los permitía.Thorne se volvió hacia ellos con lentitud. Su cuerpo estaba cubierto de cortes, y aunque su lobo seguía imponente, algo en su mirada decía que no estaba ahí para ganar. Se sacudió las llamas que todavía quedaban sobre su pelaje y vo

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    EZEQUIELEl camino hacia el claro estaba cubierto de ramas húmedas y tierra revuelta.Avanzábamos en silencio, con la tensión empujándonos por dentro. Emmanuel caminaba delante de mí, con paso firme, como si tuviera un objetivo claro. Yo, en cambio, no podía dejar de mirar hacia atrás. Sentía que cada paso alejándome del hospital me dolía como una traición.A lo lejos, lo vimos. Sentado sobre una roca, con los brazos apoyados sobre las rodillas, la espalda recta, el torso descubierto. No parecía un alfa roto por el luto. Parecía un alfa esperando. Observando. Calculando.Era bien sabido que la muerte de una compañera podía trastornar hasta la mente más fuerte y algo me decía que mi padre no era la excepción.Emmanuel aceleró el paso y, apenas lo tuvo enfrente, se inclinó para abrazarlo. Lo rodeó con fuerza, como si su cercanía pudiera devolverle algo de cordura. Le besó la mejilla y le habló con una voz baja que solo ellos dos escucharon. Vi cómo el cuerpo de nuestro padre se tensaba

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