INICIAR SESIÓN—No es tu mate es mía —rugió el lobo encolerizado. —¡Por favor basta! —suplicó la desdichada omega en el suelo con lágrimas corriendo por sus mejillas. —¡No! No aguanto más. Debes elegir a uno de los dos —exigió uno de los alfas. **** Adara se considera una loba tranquila, solo trabaja para poder ayudar a mantener su casa con su mamá luego de que su padre fuera asesinado, procura siempre hacerle caso a su madre, hasta cuando ella quiere casarla con un lobo que no es su amor destinado, sin embargo, sabe que su madre solo quiere lo mejor para ella, pero la Diosa de la Luna le tiene destinado otro camino y no es ese en el que su madre se empeña en guiarla. Adara encontrará por fin a su mate y no solo un mate y, será cualquier mate, es el Alfa ¿o debería decir, dos alfas? ¿Puede una loba tener dos mates? Para Mason y Alaric que son mejores amigos desde siempre está situación es todo un reto, ahora se enfrentan a una situación que se les sale de las manos, su compañera elegida por la diosa es la misma mujer. Pero… nadie ha tenido dos alfas como mates ¿O sí? ¿Los alfas aceptaran compartir a su compañera destinada? ¿Esto dividirá a dos amigos o los unirá?
Ver más99El silencio se extendió por la aldea cuando el cortejo del rey alfa Rhys cruzó la entrada. Los lobos negros que lo acompañaban se movían como una sola sombra, y el peso de su presencia se sentía en cada respiración contenida.Ares se mantuvo erguido en medio del camino, firme, con una mano protegiendo instintivamente a las gemelas que se asomaban detrás de él.Rhys no dijo palabra. Sus ojos, dorados y afilados, se fijaron en el muchacho. Y sin previo aviso, se lanzó.El aire silbó con la fuerza de su primer golpe.Ares reaccionó antes de que cualquiera pudiera gritar. Sus pies se deslizaron hacia un lado, esquivando con una agilidad que no correspondía a su edad. El segundo ataque fue más rápido, un zarpazo dirigido al cuello. Ares lo detuvo con un bloqueo preciso, girando la muñeca para desviar la fuerza.Los murmullos comenzaron. Nadie se atrevía a intervenir.Rhys sonrió, pero no aflojó. Atacó con una ráfaga de golpes, cada uno más veloz que el anterior. Ares respondió a todos,
98El amanecer tiñó los bosques de un dorado tenue. La niebla se retiraba como un ejército derrotado. En los límites de la manada, Mason y Alaric esperaban con la tensión marcada en el rostro. No habían dormido. Sus oídos estaban atentos a cualquier ruido.Entonces, el silencio se quebró.Entre las sombras de los árboles, una figura emergió. Adara. Con el cabello revuelto, el andar firme, y un bulto cálido en brazos. Ares dormía, su respiración tranquila, ajeno al peso de todo lo ocurrido.—¡Por la luna! —susurró Mason, dando un paso hacia ella.—Cariño, gracias a la diosa estas bien.Alaric se acercó con un movimiento rápido, revisando que no tuviera nuevas heridas.—Estoy bien —dijo ella con una sonrisa cansada y su bebé en brazos—. Lo prometí, ¿no?Pero no venía sola. A unos pasos detrás, caminando con la calma de quien sabe que nadie lo detendrá, apareció Vlad Tempest. La luz del sol no lo quemaba, pero parecía no tocarlo del todo.Mason se tensó de inmediato.—¿Él… te trajo?Adar
97La batalla había terminado. El castillo de Ekaterina era ahora una ruina humeante. El cielo clareaba tras siglos de sombras. Los cuerpos, las cenizas y los ecos del enfrentamiento se disolvían entre el viento frío.Pero no había celebración.Solo alerta.Mason y Alaric flanqueaban a Adara mientras caminaban entre restos de columnas derrumbadas, ayudándola a mantenerse en pie. Ella estaba agotada, sus heridas superficiales casi cerradas, pero el alma… el alma temblaba.Delante, Vlad Tempest caminaba en silencio. Su presencia no era pesada, pero sí absoluta. Como si el mundo alrededor lo evitara por instinto.Alaric se adelantó y lo detuvo, cruzando los brazos.—Debemos irnos, loba blanca —habla con voz melodiosa, como si estuviera hechizando a todos.—No vas a llevártela, así como así.Vlad se detuvo sin girarse.—¿Así como así?Mason frunció el ceño, poniéndose a su lado.—No confiamos en ti. No sabemos qué planeas. Ella está débil. Si piensas hacerle algo, vas a tener que pasar so
96El viento aullaba entre las montañas como un presagio. Vlad corría como una sombra viva, envuelto en su manto oscuro, el bebé dormido en sus brazos, ajeno al caos que se avecinaba. Ningún vampiro lo veía, ningún guardia lo oía. Él era lo que se esconde cuando la noche tiene miedo de sí misma.Atravesó bosques congelados, quebradas y riscos ocultos, hasta llegar a la entrada sellada de una cueva enterrada bajo siglos de piedra. Un santuario perdido. Una grieta entre dos mundos.Con un gesto de su mano, la roca respondió, abriéndose ante su presencia.Dentro, las paredes estaban cubiertas de símbolos antiguos. Energía oscura y sagrada vibraba en cada rincón. Vlad colocó al niño envuelto en mantos sobre un lecho de musgo encantado. El lugar estaba protegido, sellado por runas que solo él comprendía.Miró al pequeño Ares por un largo momento.—No dejaré que repitan conmigo lo que quisieron hacer contigo —susurró con un dejo de amargura—. Ellos destruyeron al rey… pero ahora protegeré al












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