FAZER LOGINTodavía su corazón estaba herido, no tenía idea de cómo pudo ocultarlo por tanto tiempo. Sabía que era una osadía de su, pero no tenía más opción. Pensaba que era lo mejor para todos, pero no podía negar que despedirse de todos sus afectos era la parte más difícil.
Dio un largo suspiro antes de cruzar la puerta, pero justo en el momento en que iba a darle la vuelta al pomo, una voz resonó en su espalda.
—Siento tu angustia, Astrea.
—¿Mamá? —ella estaba confundida, porque no sabía que era tan transparente.
—Ven aquí, cariño —extendió su mano para que se sentara a su lado durante unos segundos—. Algo te está haciendo sufrir, y no puedo soportarlo más.
—Mamá… yo… —balbuceó todavía no era capaz de contarle lo sucedido.
—Cariño, sea lo que sea será pasajero —le sonrió con cariño—. Y estoy muy segura de que lo solucionarás.
Astrea frunció el ceño, puesto que su intuición de madre era muy asertiva.
—Sé que estás un poco triste, porque ni tu lobo ni tu compañero han aparecido —le dijo mientras le besaba la frente—. Pero estoy segura de que eso sucederá muy pronto —la añoranza estaba reflejada en su voz—. Como bien sabes, mi marido fue el Gamma de la manada, un hombre fuerte y carismático —dio un suspiro— Harry fue el amor de mi vida…
—Ya lo sé mamá…
—Tú has sido una bendición en mi vida —la mujer se relamió los labios—, llegaste a mi mundo cuando pensé que nada tenía sentido en mi vida, puesto que mi Harry había muerto en la emboscada.
—Mamá… no vale la pena recordar momentos tan tristes —miró a los lados, se le estaba haciendo tarde.
—Astrea… eres mi niña y te amo y amaré hasta mi último aliento, todo lo que he hecho has sido por ti y no me arrepiento. Si tuviera que retroceder el tiempo, lo haría de nuevo.
Aquellas palabras terminaron de desangrar su frágil corazón, porque pensó en lo desolada que estaría cuando se fuera de casa.
—¿Podemos tener esta conversación más tarde? —Astrea le pidió.
Por alguna razón extraña, cada uno de los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos.
—Sí, cariño —la abrazó fuertemente— ¿Te parece bien esta noche?
—Mamá, te lo juro que me estás asustando —Astrea soltó una risita nerviosa.
—Esta noche tendremos una conversación de adultos…
—¿Es sobre tu nueva pareja? —ella no pudo evitar preguntar.
—Te he cuidado porque ha sido mi deber, pero ahora acabo de encontrar en George mi segunda oportunidad de amar —chasqueó los dientes—. Creo que la diosa Luna lo ha enviado como mi premio por hacerlo todos estos años.
—Entonces, disfruta tu amor mamá.
Su madre le hizo señas para que le dejara continuar.
—No, antes quiero que encuentres a tu compañero, el que te cuide…
Astrea respiró profundo, pensaba en contarle. Pero justo en el momento en que iba a abril la boca, el sonido del claxon se escuchó. Era Wayne, su vecino de toda la vida y quien iba todos los días a la universidad.
En ese momento el sonido de la lluvia se hizo más intensa y al caer las gotas chocaban con el vidrio de la ventana.
—Como volver a casa, si ese nunca ha sido mi hogar —susurró siguiendo con el dedo índice el camino de una gota al otro lado de la ventana.
Sacudió la cabeza, no quería que recuerdos tristes la invadieran. En la actualidad era una chica independiente, y fuerte. Ya no era aquella a la que sus amigos tenía que defender, siempre se sintió una carga para ellos. Por eso decidió en ese tiempo visitar a su madre, solo por dos semanas estaría en Silverpine. No podía ser tan malo, ¿o sí?
Aunque al decir siete años era mucho tiempo, no tenía miedo en dar aquel paso. ¿Cuántas veces tendría que comenzar de nuevo? No lo sabía, porque con esta había perdido la cuenta. Camino hasta su mesita de noche y sacó su medicina. La que había estado tomando, durante siete años. Al punto de que había aprendido como hacerla, ya que era necesario para continuar viviendo, como lo hacía, entre humanos.
—Un bicho raro, siempre será un bicho raro, no importa en la comunidad que esté —se rio de su propio insulto.
Tomó un sorbo de agua de su botella, y luego la puso sobre el desayunador. Se cerró su chaqueta, lo mejor era correr unos kilómetros. No importaba que estuviera lloviendo, puesto que su parte lobuna amaba hacerlo. El olor a tierra húmeda, le encantaba. Lo único malo era que lo hacía en su forma humana, por el hecho de que nunca se había transformado.
A pesar de que le dolía profundamente el hecho de que su propio lobo la rechazaba, y tampoco conocía el motivo. Decidió avanzar y no quedarse estancada preguntando el porqué.
↺↺NUEVO ORDEN↺↺—Me quitaste a mi compañero, ¿cómo esperas que me reponga? —replicó La diosa soltó una risita.—Pero si lo estoy viendo justo a tu lado.En el momento en que Astrea bajó la cabeza para ver a Kael se encontró con sus ojos color ámbar, mirándola con amor y con algo más… admiración y orgullo. —Kael… —susurró bajando la cabeza, lágrimas de nuevo corrieron por sus mejillas, pero esa vez de felicidad, comenzó a besarlo por todo el rostro— ¡Estás vivo! —¿Qué sucedió? —preguntó él con voz pastosa, y al ver a la diosa Luna quedó impresionado e hizo una reverencia. —No puedo creerlo… —Astrea miró a la diosa—. ¡Gracias!Ella le dio una sonrisa complacida. —Ahora ustedes dos escuchen muy bien… Su misión en esta vida será el renovar la paz en nuestro mundo. Desde esta noche su linaje será el encargado de hacer que todos los tratados se cumplan —les ordenó—. Este nuevo reino será próspero y por tanto poderoso en todos los sentidos, así que confió en que tendrán un buen criteri
—Está muerto, ahora voy por tú —fueron las palabras de Bernard. —¡Voy a acabar contigo de una vez por todas! — exclamó Astrea con rabia.Puso las palmas de las manos y permitió al poder que fluyera en ella. El ambiente cambió enseguida, el cielo se volvió gris y las aves nocturnas alzaron su vuelo en busca de sus nidos. Se levantó y fue cuando entonces la seguridad de Bernard se hizo añicos. —¡¿Qué?! —trató de dar un paso hacia atrás, pero Astrea alzó la mano y fue como si una fuerza invisible no lo dejara progresar y gritó alarmado: —¡¿Qué estás sucediendo?!Astrea estaba envuelta en una luz blanca incandescente, sus ojos completamente plateados. Podía decirse que hasta unos diez centímetros más alta o tal vez era porque estaba flotando en el aire. Todo en ella emanaba energía, poder y sobre todo autoridad ancestral que ni siquiera sabía que poseía. Quizás el dolor de saber que había perdido a su compañero, hizo que sus poderes por fin salieran a la luz. Aunque trataba de respirar
Los siguió hasta el jardín, y se dio cuenta de que había más de cincuenta nuevos híbridos que, sumados a los rebeldes, estaba segura de que sobrepasaban los doscientos guerreros. Comenzó a disparar, pero eso no duraría mucho tiempo y todavía tenía que ir por Bernard. —Te dije que nunca te escaparías de mí —le dijo una voz en su espalda. Era Wayne, estaba en su forma humana, aporreado. —No te equivoques —Astrea le advirtió. Ella no sabía qué hacer, Wayne estaba muy cerca. Pero Bernard estaba a punto de escapar. Así que como siempre siguió a su instinto, fue por el hombre que había traicionado a su reino y asesinado a sus padres.Estaba a solos unos pasos, cuando Bernard se dio cuenta de que iba a ser atrapado. Tomó por el brazo a Janeth y le puso el filo de un puñal en el cuello. —¡Atrás, mocosa! —le advirtió—. Si quieres a tu mamita de vuelta…—¿Quieres que me encargue de ella? —Wayne preguntó. —¡Maldici0n! —soltó Astrea con un tono de fastidio— ¡Eres tan molesto!—Eso es amor,
Inmediatamente que aquella abominación les informó hacia donde estaba dirigido aquel ataque, Kael programó el viaje de vuelta a Silverpine. Estaba algo inquieto, aunque el vuelo no duró mucho. Se alegró cuando aterrizaron, porque ya la sensación de que aquel era un tiempo muerto, lo ponía ansioso.—¿En dónde están mis medicamentos? —Astrea preguntó de golpe, haciendo que el silencio reinara por unos segundos. Otto y Kael cruzaron las miradas a través del retrovisor. —Aquí —Otto respondió abriendo la guantera y sacando una bolsa con las medicinas y se los entregó. Astrea la tomó enseguida y rebuscó uno de los frascos, lo abrió y le entregó una cápsula a cada uno. Kael enarcó una ceja, y Otto frunció el ceño. —Esto ocultará nuestro aroma de humanos, lobos y vampiros por unas doce horas —les explicó. Otto encendió el motor del vehículo, y salió del estacionamiento del aeropuerto privado. Luego de unos minutos en la autopista, Astrea miraba por la ventanilla del auto la noche mientr
—¡¿Qué mi3rda es esta?! —La voz de Otto era de pura indignación. Un gruñido ronco, y completamente animal, se escapó del pecho de Kael. En su mundo nadie juzgaba el amor destinado, por eso existían aquellas mezclas: brujos, lobos, vampiros y uno que otro humano. Pero lo último no era muy común, y cuando eso sucedía era porque tenía habilidades especiales. —¿Humanos? —Astrea estaba horrorizada— ¿Quién puede estar detrás de todo esto?—No te ofendas —Otto la miró severamente—, pero sabemos que tus queridos humanos siempre han querido ser superiores a todos. —Pero no solo ellos se atreverían a tanto —ella replicó—. ¿O si no, en dónde dejas a Galvin? —Cierto, hay que saber con quién ese bastardo estaba trabajando —expresó Kael con los dientes apretados—. No sabemos si es con uno de los nuestros o humanos. Astrea comenzó a pasar página por página aquel folder, y otro jadeo de horror se le escapó de los labios. —Esto no se trata de humanos —se giró y les mostró—, porque al contrario
El aura de Astrea era tan poderosa como la de Kael, irradiaba seguridad, autoridad, y sobre todo una inteligencia que a muchos le desagradaba. Sin embargo, a él le causaba orgullo. Por el hecho de que su compañera era su igual, jamás caminaría detrás, si no a su lado. —Deja de mirarme de esa forma —Astrea le pidió con voz un poco tímida. A través del vínculo de pareja, su enlace mental era muy fuerte y fue por esa vía que Kael pudo también ver lo que Janeth le había mostrado a Astrea. Estaba arrepentido de haber sido de adolescente tan espeso de mente y no haberle hecho caso a su instinto y corazón. —¡No sigas con eso! —exclamó ella, deteniéndose abruptamente en frente de él—. ¿Sabes que es lo que pienso? —lo abrazó y lo vio negar con la cabeza—. Era necesario, éramos muy jóvenes y no estábamos preparados para esto. Kael estaba inmóvil, en el segundo que puso sus manos alrededor de estrecha cintura. Puesto que su declaración lo había sorprendido, ya que era la primera vez que Astr







