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capitulo 62

Autor: azly
last update Fecha de publicación: 2026-08-26 04:20:26

La última gota de champaña se evaporó en el silencio dorado de la mañana siguiente. El eco de los brindis de la alta sociedad y las reverencias de la élite de Cartaluz se habían desvanecido, dejando tras de sí la paz imponente de un reino consolidado. Ya no existían los fantasmas del pasado ni las sombras de la incertidumbre; éramos únicamente Rafael y yo, envueltos en la absoluta certeza de que habíamos conquistado nuestro propio destino.

Me hallaba en la biblioteca privada de los acantilado
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  • EL PLAN SECRETO DE MI MARIDO: EL HEREDERO OCULTO    capitulo 69

    El sonido del mar contra los acantilados de Cartaluz ya no era una advertencia ni un bramido salvaje; se había convertido en el arrullo constante y familiar de un reino en paz. Han pasado los años, y la mansión de piedra y obsidiana se ha transformado en el hogar cálido donde nuestra dinastía ha echado raíces profundas. En los jardines orientados hacia el horizonte, el eco de risas infantiles corre libremente entre los olivos centenarios, recordándonos que el futuro por el que tanto luchamos hoy tiene rostros propios, ojos oscuros y una fuerza indomable que lleva nuestra misma sangre. Me encuentro sentada en el balcón de la suite principal, envuelta en un vestido de lino blanco que se mece suavemente con la brisa de la tarde. Entre mis manos sostengo una edición de lujo de mi más reciente novela publicada bajo mi nombre, Azly Colon, un éxito de ventas global que ocupa los anaqueles más prestigiosos del planeta. Pero el verdadero triunfo no se mide en galardones ni en cifras editoria

  • EL PLAN SECRETO DE MI MARIDO: EL HEREDERO OCULTO    capitulo 68

    El tic-tac del reloj de péndulo en la biblioteca privada de los acantilados marcaba el ritmo pausado de una madrugada que ya no albergaba sombras. Desde el ventanal principal, la inmensidad del mar de Cartaluz se extendía como un manto de obsidiana líquida bajo el brillo plateado de una luna llena que parecía bendecir nuestro imperio. Me encontraba sentada en la butaca de terciopelo oscuro, con una copa de vino reposando sobre la mesita auxiliar y el cuaderno de notas abierto sobre mis rodillas. La pluma fuente descansaba entre mis dedos, pero ya no escribía ficción; mis ojos recorrían las líneas de un viejo documento amarillento que había permanecido oculto durante una década en la caja de seguridad más blindada de la mansión. Era el plan original. El diseño maestro que Rafael había trazado diez años atrás, cuando nuestros caminos ni siquiera se cruzaban en los mapas de la alta sociedad. Unos pasos firmes, pausados y de una presencia inconfundible rompieron el silencio de la esta

  • EL PLAN SECRETO DE MI MARIDO: EL HEREDERO OCULTO    capitulo 67

    El rugido del mar de Cartaluz contra los acantilados negros ya no sonaba a amenaza ni a advertencia lejana; se había convertido en el latido rítmico, solemne e imperturbable que mecía nuestro imperio. Han pasado los meses desde aquella tarde en la que el pequeño test blanco confirmó que la semilla de nuestra dinastía crecía en mi vientre, transformando la intensidad de nuestro fuego en una promesa tangible de eternidad. Me encontraba de pie en la gran galería circular del piso más alto de la mansión, apoyada contra los cristales blindados que dominaban la inmensidad del horizonte. El vestido largo de seda color marfil que llevaba se ceñía con elegancia a mi silueta maternal, marcando la curva perfecta de los cinco meses de embarazo que llevaban dentro de mí el futuro incontestable de los Cisneros. A mis espaldas, el sonido de unos pasos firmes y pausados anunció la presencia de Rafael. No hizo falta que girara el rostro para sentirlo; su aura magnética, esa combinación de poder osc

  • EL PLAN SECRETO DE MI MARIDO: EL HEREDERO OCULTO    capitulo 66

    El sonido de la lluvia golpeando con fuerza contra los ventanales blindados de la mansión en los acantilados de Cartaluz tenía esta vez una cadencia distinta; ya no sonaba como la advertencia de una tormenta lejana, sino como el arrullo protector de un refugio impenetrable. El mundo exterior, con sus mercados financieros volátiles, sus editoriales globales y los ecos lejanos de la alta sociedad que una vez nos juzgó, quedaba relegado al otro lado del cristal. Dentro, en la absoluta intimidad de nuestra suite principal, el aire olía a cedro, a sábanas de lino oscuro y al calor inconfundible de la piel de Rafael. Me encontraba de pie frente al tocador de mármol y oro, sosteniendo entre los dedos un pequeño objeto de plástico blanco que acababa de cambiar la órbita de nuestro universo. Las líneas rosadas, nítidas y precisas, brillaban bajo la luz suave de las lámparas como un decreto inapelable del destino. Unos pasos pesados, firmes y conocidos resonaron sobre la tarima de madera. Un

  • EL PLAN SECRETO DE MI MARIDO: EL HEREDERO OCULTO    capitulo 65

    La luz de la tarde en los acantilados de Cartaluz se filtraba a través de los grandes ventanales del estudio privado, tiñendo el suelo de caoba con reflejos dorados y ambarinos. Afuera, el mar bramaba con la fuerza indomable de siempre, batiéndose contra las rocas basálticas que protegían nuestro territorio, pero dentro de los muros de la mansión reinaba un oasis de paz que desafiaba la naturaleza misma de nuestro imperio. Me encontraba sentada en la alfombra persa situada frente a la chimenea apagada, con las piernas cruzadas y rodeada de pruebas de imprenta, borradores de mi próxima novela y tazas de té a medio terminar. Mis dedos deslizaban la pluma sobre el margen de una página cuando sentí el roce familiar de unos pasos sigilosos que se acercaban sin hacer ruido. Un instante después, dos manos grandes, cálidas y de una posesión inconfundible se posaron con infinita delicadeza sobre mis hombros, comenzando a masajear con maestría la tensión acumulada en mis cervicales. —Llevas

  • EL PLAN SECRETO DE MI MARIDO: EL HEREDERO OCULTO    capitulo 64

    El silencio de la tarde en los acantilados de Cartaluz tenía una textura diferente; ya no era el silencio tenso de la sospecha ni el vacío helado de la distancia, sino la quietud densa, cálida y absoluta de un reino conquistado y en paz. La brisa marina, cargada con el aroma salino del océano y el perfume de los olivos centenarios, mecía con suavidad los cortinajes de lino oscuro en el salón principal de la mansión. Me encontraba sentada en el amplio diván de terciopelo frente a los ventanales de suelo a techo, con una taza de té humeante entre las manos y el peso reconfortante de un chal de cachemira sobre mis hombros. A través del cristal, el sol descendía lentamente hacia el horizonte, tiñendo el agua de un tono cobrizo profundo que parecía imitar el color de la sangre y el fuego. Unos pasos firmes y conocidos resonaron sobre la tarima de madera. Un instante después, el calor imponente de Rafael me rodeó por la espalda. Sus brazos grandes, ásperas y seguras se cruzaron sobre mi

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