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5. CONFUSIÓN TOTAL

Autor: Bris
last update Fecha de publicación: 2026-03-02 21:33:23

ALAYA:

Abrí los ojos de golpe, sentándome en la cama. Miré desconcertada a mi alrededor y me quedé aterrada. Estaba en mi casa, pero… ¿cómo vine a parar aquí? ¿Y por qué siento como si me hubiera pasado un tren por encima? ¡Oh, por Dios! ¡Mi cintura me duele! 

 Me puse de pie de un salto y me quedé helada. ¿Qué demonios hacía Alfredo en mi cama? Jamás lo había dejado entrar en mi casa, y mucho menos dormir conmigo. Yo estaba aún vestida. ¿Entonces? ¿Qué pasó? 

 Corrí al baño sintiendo la imperiosa necesidad de aliviarme. Al hacerlo, el ardor me desconcertó. Al limpiarme, vi que había sangre en el papel. ¿Me iría a caer mi período? Hacía dos semanas que lo había pasado. Me levanté y me miré en el espejo. 

—Madre mía, ¿y esta facha? —Tenía grandes ojeras, y mis labios estaban hinchados, como si me los hubieran mordido. 

 Por un momento, las imágenes de mi jefe besándome me estremecieron. Sacudí la cabeza; eso era imposible. Pero, ¿por qué no podía recordar nada de la supuesta reunión a la que fuimos ni cómo vine a parar a mi casa? 

—¿Me estaré enfermando? —Un dolor en mi cuello hizo que mi mirada se dirigiera allí, apartando mi cabello. — ¿Es una mordida? 

 Mi mente daba vueltas tratando de hilar algún recuerdo coherente de lo que había pasado. Una mordida… sangre… y yo sin la menor idea de cómo ni por qué. Mi pecho se llenó de una ansiedad que nunca antes había sentido; tenía miedo. Había salido con mi jefe. Tenía que ser él, pero… ¡ALFREDO! ¿Por qué estaba en mi cama? ¡EN MI CAMA! 

—¡ALFREDO! ¿QUÉ DEMONIOS HACES EN MI CAMA? —grité saliendo del baño furiosa. —¿CÓMO ENTRASTE? 

Alfredo se removió perezosamente entre las sábanas, completamente ajeno a mi furia. Apenas abrió un ojo y bostezó antes de intentar volver a dormirse. ¡Maldito! Mi cuerpo temblaba de indignación mientras lo zarandeaba con fuerza. 

—¡Te estoy hablando, idiota! ¡Respóndeme! —grité nuevamente. 

Finalmente, se desperezó con pesadez, pasándose una mano por el rostro y mirándome con expresión confusa. 

—¿Qué pasa? —preguntó, como si todo fuera lo más normal del mundo. —¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Orselia? 

—¿Qué hago aquí?! —Vociferé fuera de control—. ¡ES MI CASA! ¿Cómo entraste y por qué estás en mi cama? ¿Y por qué demonios me preguntas por esa mujer? 

—Alaya, ¿cuándo llegaste? —Alfredo se sentó en la cama. —Anoche le pedí al portero que me dejara entrar; tú no estabas. Orselia y yo nos quedamos aquí… 

—¡¿TRAJISTE A ESA MUJER A MI CASA?! —Esto no podía estar sucediendo. Respiré profundamente. 

—Es sólo mi amiga de la infancia, mi casa está en construcción… —Alfredo se levantó envuelto en la sábana, ¡estaba desnudo!. —No te molestes, no tenía dinero para un hotel. 

 Sentí un nudo en mi garganta; no podía creer lo que sucedía. Miré a Alfredo con incredulidad. Nunca antes se había tomado tanta libertad en mi casa, y mucho menos le había permitido que me tocara sin mi permiso. 

—Alfi… ¿Has visto mi ropa interior? —La voz melosa de Orselia se escuchó antes de entrar. —Oh, no sabía que habías llegado, Alaya. ¿Cuándo llegaste? 

Orselia llevaba puesto mi juego de dormir favorito, casi transparente. Un destello pasó por su mirada que me erizó la piel. No parecía humana. Dio un paso hacia mí contoneándose coquetamente, y ante mis ojos recogió sus diminutas bragas rojas de mi cama. 

—No es lo que crees, Alaya —balbuceó Alfredo—. Ella… es mi amiga de la infancia; la veo como una hermana. Solo tomó un baño aquí. 

No podía creer lo que veía. ¿Habría estado con esa mujer en mi cama? O…, ¿haría algo indebido conmigo? A pesar de estar vestida, mi mente volvió al ardor en mi entrepierna, la marca en mi cuello, mis labios hinchados… y, de repente, una pregunta me atravesó la mente: ¿Me entregaría a Alfredo o a mi jefe? 

—Señorita Alaya —la voz melodiosa y suave de Elena me sacó de mis pensamientos—. No se moleste con Alfredo por mí, yo… yo … 

 Por poco suelto una carcajada; era la típica té verde. Ahí estaba ella, haciéndose la víctima y a mí, el malvado. Pero no tenía tiempo para enfrentarme a esta farsa. Arreglaría las cosas con Alfredo después. Tenía que irme para el trabajo. 

No podía perder esta oportunidad de lograr ese ascenso que tanto quiero. Mi paciencia estaba al límite y mi mente era un remolino de imágenes inconexas. De pronto, mi teléfono vibró en la palma de mi mano. Era un mensaje. 

— “Abre la puerta, te mandé un paquete —Reynolds.” 

 Me dirigí a la puerta. ¿Qué querría ahora este hombre? Por mucho que intentaba recordar lo que había hecho con mi jefe el día anterior, nada venía a mi mente. 

—¿Quién te manda mensaje tan temprano, Alaya? —preguntó Alfredo viniendo detrás de mí—. ¡Alaya, respóndeme! 

—No es tu problema, ¡lárgate de mi casa! —Abrí la puerta para encontrarme frente a un hombre alto, vestido de traje negro. Me miró apenas un segundo antes de entregarme un paquete. 

—Instrucciones del señor Reynolds —dijo antes de girarse y marcharse sin más explicaciones. 

 Cerré la puerta, completamente desconcertada. Mis dedos temblaban mientras arrancaba el papel que envolvía el paquete. En su interior, un juego de pantalones de corte impecable y un pequeño estuche aterciopelado. Al abrirlo, me encontré con un collar de diamantes que destellaba bajo la tenue luz de la habitación, del que pendía una media luna. 

—¿Quién te envía esos regalos, Alaya? —preguntó Alfredo acercándose a mí con Orselia detrás sin vestirse, mientras yo abría la tarjeta. —¿Me estás engañando? 

—Alfredo, deja de decir estupideces, son cosas del trabajo —contesté entrando de nuevo en mi habitación y cerrando con un portazo —. ¡Y acaba de irte con tu amiguita de mi casa! ¡No me importa que no tengas dónde vivir, aquí no se van a quedar! 

—Alaya, no seas así —lo escuché del otro lado —. Solo serán unos días. 

—¡Definitivamente no! —dije secamente—. Olvídalo y busca dónde irte. ¡Y no vuelvas a pedirle al casero que te abra, hoy mismo se lo voy a prohibir! 

—Alaya, solo dos días, por favor —insistió en un ruego, mientras me desnudaba para tomar un baño. 

 No tenía tiempo para eso ahora; no podía perder esta oportunidad. Aunque la manera en que mi jefe se comportó conmigo ayer me tenía desconcertada. La forma en que me sacó de la empresa era tan posesiva que me asustó, y al mismo tiempo me atrajo. ¿Pasaría algo entre nosotros? ¿Me habría drogado y por eso no me acordaba de nada? No, Alaya, tu jefe no te haría algo así. Pero…, ¿por qué sigo teniendo la sensación de que había pasado más entre nosotros? 

 Pasé la mano con cuidado por la marca en mi cuello y me estremecí. No era dolor; más bien, una extraña corriente me inundaba al tacto. ¿Me habrá picado algún animal en la noche? ¿A dónde fuimos? Suspiré y leí el mensaje de mi jefe: 

— “Vístase así, y traiga sus documentos de identidad. La espero en el restaurante “La Sera". Reynolds.” 

—¿Qué querrá ahora? —me pregunté mientras corría al baño, metiéndome debajo del agua caliente para ver si el dolor que sentía en todo mi cuerpo se aliviaba. El ardor en mi intimidad me hizo soltar un alarido. ¿Qué pasó anoche?

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Último capítulo

  • EMBARAZADA DEL ALFA SIN SABER   140. EPÍLOGO: UN FINAL FELIZ

    ALAYA: Reynolds tomó al bebé y se asomó a la ventana. Soltó un fuerte aullido anunciando la llegada del heredero. Un aullido resonó desde afuera. Luego otro. Y otro. Toda la manada estaba aullando, celebrando el nacimiento de su futuro Alfa. Podía sentir su alegría a través de los lazos que nos conectaban a todos, cada corazón latiendo con emoción y esperanza renovada. —¿Cómo lo llamaremos? —pregunté mirando a Reynolds. Mi Alfa contempló a nuestro hijo con expresión seria, pensando cuidadosamente. El nombre de un Alfa era importante, definía su destino tanto como su sangre. —Aiden —dijo finalmente—. Significa "pequeño fuego" en el idioma antiguo. Porque lleva el fuego del poder ancestral en sus venas, pero también la luz esmeralda del Elyndor. Es fuego y magia combinados. —Aiden —repetí probando el nombre—. Es perfecto. —Me gusta —dijo papá tomando el bebé de los brazos de mi Alfa. —Le enseñaré bien a ser un lobo poderoso. Lo miré sin decir nada. Cristín tenía razón, papá no

  • EMBARAZADA DEL ALFA SIN SABER   139. LA LLEGADA DEL BEBÉ

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  • EMBARAZADA DEL ALFA SIN SABER   136. LA BATALLA CONTINÚA

    REYNOLDS:Miré a mi Luna que había tomado el control de su loba Elara, rodeada de una energía verde, y lo supe. No tenía que ayudarla. Yo tenía mi propia presa. Busqué a Lirión, que retrocedía confundido, su expresión de triunfo reemplazada por shock y luego por furia pura.—¡TÚ! —rugió Lirión transformándose en su lobo negro—. ¡Sabías que veníamos! ¡Nos tendiste una trampa!—Siempre fuiste tonto, Lirión. Lo eras de niño, lo seguiste siendo de joven por creer que mi padre te elegiría sobre mí, su hijo. Pero sobre todo, por no aceptar que soy más fuerte que tú. ¿Creías que no sabría lo que planeabas? —hablaba sin dejar de avanzar transformado en Ragnar—. Tu patético plan da pena. ¿Cómo pudiste dejarte engañar por esa tonta bruja? Te atreviste a desear lo que no te pertenece. Ahora vas a pagar por cada vida que tomaste en tu ataque anterior. Vas a pagar por la muerte de mi padre.Cedí el control a Ragnar. Mi lobo emergió amenazante bajo la luz de la luna que comenzaba a volverse sangrie

  • EMBARAZADA DEL ALFA SIN SABER    135. EL INICIO DE LA GRAN BATALLA

    REYNOLDS:Ragnar los sintió antes de que se hicieran visibles. Elara gruñó a mi lado lista, reprimiendo el susto en ella. La daga de obsidiana en mi mano parecía haber cortado mi mano y la de mi Luna, pero no era así. La sangre que goteaba era solo mía. La bruja Mara apareció justo en ese momento levitando en el centro y lanzó un conjuro hacia Simón que soltó un aullido agudo paralizando a todos con la ayuda de Arix. Teníamos poco tiempo antes de que apareciera la luna sangrienta.La risa estridente de la bruja se dejó escuchar junto a los aullidos de victoria de los lobos que los acompañaban. Era impresionante ver a los doscientos guerreros emergiendo de todas direcciones entre los árboles. El bosque que rodeaba la colina de la luna se había convertido en una marea de enemigos que nos rodeaban completamente. Lograba verlos a todos claramente bajo la luz carmesí de la luna sangrienta y el brillo dorado de las flores que Alaya había creado.Lirión estaba al frente, su sonrisa arrogante

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