Compartir

EL VIAJE

last update Fecha de publicación: 2023-02-14 05:26:37

━━━━━  ∙ʚ♡ɞ∙  ━━━━━

Entre caricias y chocolates

━━━━━  ∙ʚ♡ɞ∙  ━━━━━

Cinco horas y media más tarde, Gia se encontraba acomodándose en su asiento junto a la  ventanilla, algo que no le gustaba. No sabía cómo iba a aguantar doce horas con treinta y cinco minutos de vuelo, para cubrir los siete mil ciento cuarenta kilómetros que la separaban de casa.

Se acomodó la chaqueta, observó la oscuridad de la madrugada por el pequeño vidrio y luego bajó la persiana. Lo mejor era no darle mucha vuelta al asunto, pues el viaje era largo. Inclinó su asiento y cerró los ojos. Quería dormir, pero la incertidumbre de no saber en realidad el estado de salud de su abuelo se lo impedía. 

Respiró de manera profunda un par de veces, para calmarse un poco. Pero solo lo que hizo fue traer a su cabeza el recuerdo de su noche de bodas.

—Eres la mujer que nunca esperé tener —susurró Santino, besando la cabeza de Gía.

Por alguna razón extraña, él esperaba que ella dijera alguna cosa o que le hiciera sentir correspondido. Sin embargo; solo el silencio se hizo presente.

—¿Gía? —apretó su hombro, en señal que quería que le prestara atención.

Ella se tensó entre sobre su pecho, y se salió de la calidez de sus brazos. Se sentó a su lado en la cama, y cubrió la desnudez de su cuerpo con la sábana.

—¡Ya no puedo con esto! —exclamó negando con la cabeza, y con la voz cargada de emociones. 

—No entiendo, ¿a qué te refieres? —la voz de Santino era de sospecha. 

—¡A esto! —exclamó Gia alzando las manos—. Siento que no es lo correcto —hizo una pausa—, la conexión que tenía contigo. Ya no está, se ha esfumado. 

Al escuchar aquella declaración por parte de Gia, él se levantó de la cama. Olvidando por en ese instante que estaba completamente desnudo, como Dios lo había traído al mundo.   

—Estás de broma, ¿cierto? —cuestionó con incredulidad—. No puedo creer lo que me acabas de decir. 

—¿Cuál es tu asombro? —replicó Gia—. Parece que no tuvieras memoria, y no recordaras que me has manipulado desde el día en que me conociste.

—Gia… —pronunció su nombre con un toque de advertencia—. No digas cosas de las cuales, en un futuro inmediato, te puedes arrepentir.  

—No puedes decirme qué hacer, ni como actuar —expresó ella cerrando sus puños sobre las sábanas—. Tampoco puedes pedirme que no exprese lo que  estoy sintiendo en este momento. 

—Es nuestra noche de bodas —Santino le recordó, su intención era hacerla reflexionar.

—Tal vez, el peor error de nuestras vidas —aunque Gia utilizó un tono de voz muy bajo, él la escuchó. 

—¡Joder, Gia! —él exclamó un tanto furioso— ¡Te acabo de hacer el amor!

—No todo se soluciona con sexo.

—¡Eres increíble! —Santino, después de hablar, chasqueó los dientes.

—Apuestas que lo que acaba de suceder entre nosotros es lo que necesitamos, y que después todo será como antes —Gia puso las manos en su boca y posteriormente dijo—: Esto solo complica un poco más todo, porque me confunde más y odio sentirme de esa manera. 

Santino parpadeó dos veces, pues aquellas duras palabras se clavaron en su pecho como si fuera un puñal. Desconcertándolo completamente y sembrando la incertidumbre en él.

—Entonces hacerte mía, y demostrarte cuanto te amo casándome contigo para ti es un error, ¿cierto?

Gia dio un largo suspiro, ya que su afirmación fue un golpe bajo. Fue el momento para ella levantarse de la cama, se cubrió el cuerpo con las almohadas, luego lo miró fijamente.

—Nunca juegas limpio, Santino —hizo una pausa— Y ese es precisamente mi problema contigo. Tus acciones hacen que no confíe en ti. 

—Sé que he cometido muchos errores —él negó con la cabeza—, pero debemos trabajar en ello. Porque si no confías en mí, entonces nuestro matrimonio comenzó con mal. 

—Eres el culpable que haya sido de esa forma —Gia le acusó.

—Tú no…

—No te hagas ahora el ofendido —ella no le dejó terminar la oración—. Si no hubieras manipulado a mi abuelo, para engañarme —apretó los dientes—. Si no te hubieras reído en mi cara, te aseguro que otra sería nuestra historia. 

 

—Tu abuelo estaba preocupado —Santino le recordó—. ¡Necesitabas un alto!

—¡Pero por mí misma! —chilló— No porque tú lo decidiste, y te pareció buena idea persuadir a mi abuelo para que te apoyara. 

—Nunca fue esa mi intención, Gia —Santino usó un tono de voz de disculpa. 

—Si pretendías ayudarme, fue una muy mala manera —levantó el rostro—, la peor de todas. 

Santino puso los labios en línea recta, antes confiaba en que el amor que sentía por ella iba a solucionar todos los malos entendidos. Pero en ese instante veía a Gia muy decidida y eso le preocupó un poco. 

—Podemos trabajar en ello, ya estamos casados —él ladeó la cabeza de un lado a otro.

En ese instante, Gia sintió que la rabia corría por sus venas como lava caliente. Por eso caminó hasta donde se encontraban sus maletas, y sacó una blusa de seda sin mangas y un jeans. 

 

—Gracias a otra de tus manipulaciones —le espetó. 

—En realidad quería casarme contigo…

—Pero yo no… —ella no pudo evitar decirlo, y al ver el dolor en los ojos del hombre que estaba parado en frente, agregó—: No me diste la oportunidad de aclarar mis sentimientos, porque sabes que yo me enamoré de Guido, y aunque son la misma persona no me dejaste conocerte, Santino. Lo que hiciste fue confundir mi cabeza, sé que estoy mal.

—¿Eso quiere decir que no crees en lo que siento por ti?

—Ya no sé si es cierto —respondió poniéndose el jeans, luego se abotonó la blusa—. ¿La verdad? A veces pienso que no. 

—Esto no me lo esperaba, Gia —manifestó Santino— Dudas de todo, pero lo que más me duele es que no supones que mi amor por ti no es sincero. 

—Necesito tiempo, Santino —ella le soltó

—¿Para qué? ¿Para dejarme de manera definitiva? —él replicó. 

—Solo es tiempo —contestó—, el suficiente como para que ya no duela recordar que Guido fue solo un personaje ficticio que te inventaste para darme una lección.

—No lo veas así…

—En estos momentos no me siento bien a tu lado, y antes de que nos hagamos más daño —hizo una pausa, para dar una larga respiración y mirarlo a los ojos—, lo mejor es distanciarnos un tiempo.

Gia caminó hasta donde se encontraba su equipaje. 

—¡Oh, no! —exclamó Santino— ¡Tú no me dejarás en nuestra noche de bodas!

Corrió hasta donde ella se encontraba. 

—Es darme el tiempo que te estoy pidiendo o el divorcio, Santino —inquirió Gia—. Créeme que lo último es lo que pienso hacer —negó con la cabeza—, tampoco quiero darle otro disgusto a nuestros abuelos. 

Después de escucharla decir aquello a él no le quedó de otra que aceptar su decisión y obligarse a verla partir.

De aquella conversación habían pasado tres años, y si era sincera con ella misma, ya a las tres semanas había puesto en orden sus ideas y aclarado sus sentimientos. Todavía el amor que sentía por su esposo estaba intacto. Sin embargo; suponía que Santino había continuado con su vida, porque nunca fue por ella.

Su abuelo la había visitado un par de veces, incluso fue a su graduación en la Escuela de Artes Culinarias, en donde había egresado con honores e inmediatamente había sido reclutada para trabajar en una de las cadenas de hoteles más reconocidas a nivel mundial. 

Aquel momento tan importante de su vida, quiso compartirlo con Santino, pero no fue así. Fue cuando aceptó que era hora de seguir adelante, y que así lo amara al punto del dolor. Si él quería irse, esa vez sería ella quien no se opondría. A los meses se enteró por una de sus amigas, que él estaba con otra chica. 

Luego de que una solitaria lágrima rodara por su mejilla, el cansancio y el sueño la reclamó. En ese momento, apenas llevaba tres horas de vuelo, tal vez Morfeo era generoso con ella y le hacía dormir todo el trayecto. 

Sus ojos se abrieron en el momento exacto en que el avión entró a tierras italianas. Aunque su cuerpo estaba un poco aporreado por la mala posición a la hora de quedarse dormida, su corazón comenzó a latir fuertemente cuando se asomó por la ventana y el hermoso amanecer le saludó. Respiró profundamente, porque eso era justamente lo que había esperado desde que se había acomodado en su asiento. 

«Ya estás aquí, Gia», pensó.

Era tanta la emoción que una lágrima se deslizó por la mejilla. Volver a casa significaba algo más. 

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • ENTRE CARICIAS Y CHOCOLATES   EPÍLOGO: 

    ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ Entre caricias y chocolates ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ CINCO MESES DESPUÉS… El ambiente estaba cargado de risas y alegría. En la sucursal principal de la cadena de restaurante L'amore è dolce, había un revuelo entre los empleados, y propietarios. Pues era la degustación del nuevo menú, se había invitado a críticos de la gastronomía nacional e internacional. A varios periodistas renombrados del país, tres influencers internacionales, y a amigos y allegados de la familia Greco Fontano. Se escuchaban en los pasillos los pasos del personal corriendo de un lado a otro. En la cocina, el resonar de los utensilios cuando caían en el fregadero. Los nonos Enzo y Alonzo dando órdenes a diestro y siniestro, la nona Nicoletta dándole un ojo a todos, para que no se escapara ningún detalle. Hubo un momento en el cual Santino les había propuesto que tomaran la mesa de la esquina y que juraran tómbola, porque lo tenían al borde de un colapso nervioso. Ese era un proyecto único y exc

  • ENTRE CARICIAS Y CHOCOLATES   JUNTOS: 

    ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ Entre caricias y chocolates ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ —¡Te amo, Santino! El rostro de Santino resplandeció y cubrió sus labios con los suyos de nuevo, y los giró cambiando de posición, dejándola en ese momento sobre su pecho. —También te amo. Se quedaron unos minutos de esa manera, abrazados. Todavía envueltos en la burbuja de la pasión. —¿Sabes? —Santino rompió el silencio, jugando con un mechón de su cabello, dijo: —Tengo hambre. Gia soltó una carcajada. —Tendrás que pedir una pizza, porque no pienso cocinar. Aquella intimidad, ninguno la cambiaría por nada. —De acuerdo —Santino la movió de manera delicada, y se levantó, buscó un pantalón de chándal que estaba doblado en uno de los sillones frente a la cama y se lo puso—, voy por el móvil para hacer el pedido. —Me daré una ducha entonces. Minutos después, Gia iba caminando hasta la sala con un peine en una mano y su teléfono celular en la otra, chequeando el itinerario de su viaje. Se encontró a Santino

  • ENTRE CARICIAS Y CHOCOLATES   AFERRADOS: 

    ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ Entre caricias y chocolates ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ El razonamiento en Gia, se perdió. Porque en ese momento solo importaba las olas de placer que estaban recorriendo su cuerpo, y que la hacían temblar de anticipación. El conocimiento de ese hecho, hizo que Santino se alejara un poco, hasta quedar a horcajadas sobre ella. Su mirada quedó fija en sus turgentes pechos, acarició cada uno suavemente con su dedo índice. —Esto es lo más hermoso que he visto —dijo con voz gutural en el instante que el pezón se hinchó y la aureola que se arrugó al contacto. Para Gia era una dulce tortura, porque necesitaba más. Él lo sabía, por eso amasó los sensibles globos, tomando su peso. Sus grandes manos los cubrían perfectamente. A ella no le quedó de otra que arquear su espalda, ofreciéndose más a él. —¡Oh, sí! —gimió Gia. —Mmm me gusta lo que veo —su voz estaba cargada de deseo—. Tenerte de esta forma es un regalo de los dioses romanos para mí. —San-ti… —pronunció su nombr

  • ENTRE CARICIAS Y CHOCOLATES   EL ATARDECER

    ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ Entre caricias y chocolates ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ Antes de despedirse, Enzo se acercó a su nieta. —¿Gia? —Dime, nono Él dio un suspiro, y Gia sonrió. Su nono siempre fue su héroe, su rey. Para ella, el hombre más sabio, no podía juzgarlo simplemente por querer ayudarla a su manera. Era cierto que se sintió de nuevo manipulada, pero las dos veces que lo había hecho, los resultados fueron mejores que los esperados. —Sé que te herí de nuevo —la voz del hombre mayor era baja—, lo siento. Esas eran las palabras que apaciguaban el corazón de Gia. —Nono… —Escucha… —le pidió—. A veces se me olvida que has crecido, que eres independiente, y que ahora eres una mujer casada. Prácticamente, no me necesitas y eso para mí no es fácil de aceptar. Gia sonrió, su abuelo era su adoración. —¿Cómo puedes decir eso? —no pudo evitar acercarse un poco más para abrazarlo—. Eres una de las personas más importante en mi vida, eres mi única familia. —Oh, cariño —negó Enzo con l

  • ENTRE CARICIAS Y CHOCOLATES   ¡ÚLTIMOS SUCESOS!

    ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━Entre caricias y chocolates━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ —¿Qué se puede hacer ahora? —preguntó Nicoletta algo angustiada. —La verdad es que me cuesta aceptar que tenga que entrar en una disputa legal por mis recetas. —Te entiendo, hijo —dijo Enzo—. Sé lo que te esforzaste para hacer ese menú. —Además, sería un proceso complicado, y largo —Alonzo tenía un buen punto. —Me cuesta creer como esa chica, que parecía ser tan centrada sea… —¿Una loca despechada? —Gia no pudo evitar terminar por Nicoletta. —¿Por qué dices eso, Gia? —Enzo estaba curioso. —Gia… —la voz de su marido era de advertencia. —¿Qué? —ella respondió mirándolo y encogiéndose de hombros—. ¿Estoy diciendo alguna mentira? Todos quedaron en silencio, pues conocían muy a Gia y sabían que si estaba expresando de esa manera era por algo. Su sinceridad para muchos era un poco molesta a veces. —¿Qué es lo que no sabemos, Gia? —cuestionó Alonzo. —Esa inocente chica como ustedes la llaman… —entrecerró los o

  • ENTRE CARICIAS Y CHOCOLATES   LA EXPLICACIÓN:

    ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ Entre caricias y chocolates ━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━ Gia parpadeó un par de veces, por el asombro. Ni en un millón de años ella creería que su abuelo era el rey en el arte de la manipulación. El cocimiento de eso, hizo que su pecho doliera. —¿Estás tomando licor, nono? —no pudo evitar preguntar con un ligero tono de horror en su voz. —Se supone que estás convaleciente —Santino le regañó. Se hizo un silencio, cuatro pares de ojos cruzaron las miradas entre sí. Ambos se dieron cuenta de lo pálida que Lulú se había puesto, cruzaron las miradas entre ellos. —¿A qué hora le toca las medicinas al nono, Lulú? —le interrogó Gia, acercándose un poco a ella. —¡Oh, está bien! —exclamó Enzo—. No tiene caso que sigamos ocultándolo. —¿Estás seguro? —quiso saber Alonzo. —Les dije que era una locura hacer esto —agregó Nicoletta. —¡Estamos esperando! —les presionó Santino. —No tuve un infarto —confesó Enzo. —¡¿Qué?! —chilló Gia. —Estuviste hospitalizado —le recordó

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status