ANMELDENXimena se tensó un poco y, sin saber por qué, se sintió en paz. Pero luego pensó que se estaba imaginando cosas y le sonrió a Sergio con los labios apretados. Después, Sergio se fue con Ximena.Al bajar, Ximena se abrazó del brazo de Sergio y le preguntó:—¿Ya nos vamos a casa tan temprano? ¿Por qué no vamos a cenar algo?—¿No quieres regresar?Sergio bajó la mirada hacia ella. La luz tenue de la calle le caía sobre la cabeza y le dejaba la cara en sombras. Ximena no alcanzaba a distinguir su expresión. Asintió.—No quiero regresar. Quiero que me acompañes.Sergio aceptó.—Está bien.Ximena sonrió radiante de felicidad y subió al auto con él. En el auto, el ambiente estaba pesado. Ximena había bebido de más. Abrió una rendija de la ventana para que le diera el aire, pero mientras más aire le daba, más se le nublaba la cabeza. Cerró los ojos y se quedó dormida.***Al día siguiente, en la familia Villalobos reinaba el caos. A primera hora, la madre de Andrea la sacó de la cama a jalones
Ximena tenía el peso del cuerpo inclinado hacia Andrea, que estaba sentada a su lado, y parecía de muy buen humor. Esa noche se había arreglado con un estilo sexy.Hasta su carita de chica dulce y tierna la había maquillado con un estilo entre dulce y sofisticado, y con tacones de diez centímetros y minifalda se veía guapísima, llamativa y provocativa.Bebía sin medida, una copa tras otra, y bebía con cualquiera que quisiera beber con ella.—¿De buen humor?Andrea sabía que Bianca había terminado en el hospital, pero no lograba averiguar los detalles. Y al ver a Ximena tan satisfecha y contenta, supuso que se había salido con la suya. Enseguida le entraron ganas de saber lo mal que había quedado Bianca.—Claro que sí. Te lo digo: de ahora en adelante, esa cosa insignificante va a tener todavía menos derecho a cruzar la puerta de la casa de los Villalobos. Ahora no es más que una zorra. Después de mañana, su reputación va a quedar destruida, se quedará sin lugar en Cartaluz y jamás va a
Al escuchar esas palabras, llenas de furia y determinación, a Sergio se le paró el corazón. Al cabo de un rato, se rio con burla en voz baja.—Sí, sí. ¿Y librarte de mí? ¡Ni lo sueñes!Sergio se inclinó y fijó en Bianca los ojos rojos, llenos de violencia.—Te lo dije desde el principio: este juego empezó en el momento en que tú quisiste empezarlo, pero cuándo termina no lo decides tú. ¡Nunca dejarás de ser mi novia a menos que yo lo permita!Bianca notó lo decidido que estaba. Se le estremeció el corazón y enseguida sintió una presión enorme en el pecho.¡Estaba loco!¡De verdad estaba loco!Furiosa, levantó la mano y le estampó una cachetada en esa cara tan atractiva.¡Plas!El golpe retumbó en toda la habitación del hospital. A Sergio se le giró la cara por el golpe, y en su mejilla pálida aparecieron con claridad las marcas de cinco dedos. Se distinguían una por una. Bianca se quedó paralizada.Le hormigueaba la mano; el golpe había sido bastante fuerte.—Ja...Sergio le apretó el
—Rafa, Ximena actuó con tanta crueldad y ni siquiera tomó en cuenta a Grupo León, lo que significa que yo no le importo. Aunque no lograron lastimar a Bianca, me la van a pagar sí o sí.Al terminar, miró a Rafael, insegura.Tenía miedo.Miedo de que lo que Rafael hiciera a continuación la decepcionara.—Está bien.Pero Rafael aceptó sin titubear, con una mirada profunda y decidida.—Eres mi esposa. Si quieres hacer algo, hazlo. Y no solo eso. También eres Vanessa, la heredera de los León, hoy la mujer más rica de Cartaluz y la más joven en lograrlo. Y lo más importante es que eres la mujer que amo. Hagas lo que hagas, yo te respaldaré. Aunque se caiga el cielo, yo lo sostendré.Esas palabras sinceras, salidas del fondo del corazón de Rafael, fueron como un calmante para Vanessa. Ya no tenía que preocuparse de que eso dañara la relación entre Grupo Firax y Grupo Villalobos.—Siempre me pregunto qué hice para merecer tenerte a mi lado.—Gracias —dijo mordiéndose el labio, con ganas de ll
Todos miraron a Sergio al mismo tiempo. Sergio seguía sin decir nada y estaba serio; se le veía distante, como si no quisiera que nadie se le acercara. Al poco rato, Vanessa abrió la puerta de la habitación del hospital y salió. Antes que a nadie, buscó a Sergio con la mirada.—¿No vas a entrar?Sergio asintió apenas.—Voy a entrar a verla.Vanessa dio un paso hacia él y lo miró distante, pero con seriedad.—Hablen bien, doctor Villalobos. Esto no se puede tomar a la ligera.Lo dijo como una advertencia. Sergio no dijo nada y entró en la habitación. Vanessa dejó de mirarlo de reojo y le preguntó a Leonardo cómo estaba Fernanda. Leonardo no le ocultó nada.—No es grave, pero lo que más necesita una guionista son las manos. Ahora las tiene rojas e hinchadas, y aunque no se lastimó los huesos, va a tener que descansar un buen tiempo.—¿También fue Ximena? —La mirada de Vanessa se volvió seria.Leonardo dudó unos segundos.—Es una niña consentida, un poco malcriada, y...—¿Vas a defenderla
Rafael se encogió de hombros, como diciendo que no podía hacer nada. Luego salió de la habitación del hospital con Joel. Vanessa suspiró.—Lo más importante es que estás bien. Rafa y yo ya sabemos lo que pasó. Nunca imaginé que Ximena tuviera el descaro de hacerte algo así a la vista de todos. Si te hubiera pasado algo, no solo ella me las pagaría, sino que, si los Villalobos se atreven a protegerla, también voy a acabar con toda su familia.Era la primera vez que Vanessa ponía una cara tan feroz. Toda ella irradiaba furia, pero Bianca no le tenía nada de miedo; al contrario, se sintió muy reconfortada. Sonrió y le apretó la mano a Vanessa.—Ya, ya. ¿No ves que estoy bien? Estás embarazada. Aunque quieras vengarte por mí, no te permito que te hagas daño con tanto enojo.Vanessa estaba furiosa. En cuanto se enteró de lo ocurrido, mandó a su gente a buscar a Bianca. Pero cuando llegaron, descubrieron que ya se la habían llevado hacía rato. En cambio, allí se encontraron con la gente de S







