LOGINVanessa León tuvo un noviazgo de cinco años que fue el tema de conversación en todo Cartaluz por lo apasionado que era. Sin embargo, el día que debían presentarse en el registro civil, la dejó plantada. Vanessa se hartó. Hizo la promesa de terminar con todo y convertir a su prometido en un simple exnovio. Pero, tras recibir una llamada y por impulso, terminó casándose con Rafael Cisneros, el hermano mayor de su ex. Él era alguien con quien ella siempre había tenido una relación distante y poco frecuente. *** Rafael era el heredero más respetado de Cartaluz. Fundó un imperio financiero en el extranjero y se convirtió en un tiburón de los negocios al que todos temían. Tras la boda, él se dedicó a consentir a Vanessa al máximo, cumpliendo cada uno de sus caprichos. En una ocasión, su ex intentó humillarla y dijo que ella no valía nada. Rafael le dio un golpe que lo mandó al suelo. —Mi esposa es lo más valioso que tengo y mi mayor tesoro. No me importa cómo sea, yo la voy a adorar siempre. Si te atreves a decirle una sola palabra más, te largas de la familia y te borro de la historia de los Cisneros. Mucho tiempo después, Vanessa descubrió que aquel hombre al que tanto respeto le tenía, llevaba diez años enamorado de ella en secreto. Todo lo que había pasado fue parte de un plan que él había preparado con paciencia.
View MoreVanessa abrió mucho los ojos y se quedó mirando, aturdida, las facciones marcadas de Rafael.Su boca le cubría los labios y los devoraba. Alzó el mentón y le mordió la boca; aquel beso era dominante, intenso y ávido, y aun así no le provocaba el menor rechazo.Vanessa pareció despertar; aquel aliento familiar la estremecía. Casi sin poder controlarse, respondió con la misma pasión al beso de Rafael. La nuez de Rafael se movía con rapidez. Su mano grande le apretó con fuerza la nuca, como si quisiera aplastarla contra sí y devorarla.En el punto más intenso de la pasión, los dos ardían. Le deslizó la mano por la espalda y la coló por debajo del borde de la ropa, tanteando. Él controlaba cada roce.Ella ardía y temblaba. De sus labios se escapó sin querer un gemido; las piernas le temblaron y ya no podía sostenerse. A Rafael le hervía la sangre. Se movió con un poco más de fuerza y, de pronto, un gruñido le salió de la garganta.Se detuvo.—¿Qué pasa?Vanessa notó que algo estaba mal en
Nunca le había levantado la voz. Era paciente, tierno y muy responsable. Cuando se trataba de ella, parecía ponerla siempre por encima de todo.Vanessa sintió una calidez repentina y no pudo evitar sonreír.—Eso espero —dijo.No dejó que Rafael respondiera. Le sonó el celular; era Daniel. Salió de la habitación para contestar.—Señorita, ya quedaron definidos los cinco lotes para la licitación de terrenos que se celebrará dentro de tres días. Acabo de recibir la información del subsecretario Quintana, pero hay un pequeño problema.—¿Qué problema?—El subsecretario Quintana dice que el lote correcto es el número tres, distinto del que indicó el director Peralta, que asegura que es el cinco. ¿Qué hacemos?A Vanessa se le revolvió el estómago y empezó a desconfiar. Aunque cada uno tenía su red de contactos, en cuestión de planeación urbana el subsecretario Quintana estaba entre quienes tomaban las decisiones. Daniel esperaba las instrucciones de Vanessa para prepararse para el momento dec
Cuando Vanessa entró, vio a Ricardo de pie junto a la cama, dándole un reporte de trabajo. Escuchó a Rafael, con voz aterciopelada:—Bien, hazlo así. Resuélvelo cuanto antes.Ricardo asintió.—Entendido, señor.Luego se hizo a un lado, saludó a Vanessa con respeto y, una vez hecho eso, salió. Rafael no le quitaba la mirada de encima; sonreía apenas, con un brillo ardiente, casi inquisitivo, en sus ojos oscuros.—Llegas tarde. Ya pensaba que te habías olvidado de mí.La ventana estaba abierta y dejaba entrar la brisa de la noche. El frescor que se colaba poco a poco le daba algo de frío a Vanessa; en cambio, la forma en que Rafael la miraba parecía quemar como el fuego.—Tengo cosas que hacer. No me la paso ociosa todo el día sin nada que hacer, cuidándote a toda hora.Vanessa bajó la mirada y dijo esa frase que tantas veces había escrito para el patán de turno en sus guiones.Y, en efecto, funcionó. Rafael se entristeció un poco.—Entonces, parece que me convertí en una carga para ti.
—¿Cómo es que hoy estás por aquí, Verónica?Vanessa removió el café que tenía enfrente, con una sonrisa suave y serena, sin que el ánimo se le alterara lo más mínimo por lo de Édgar Cisneros.Verónica no sabía que Édgar había ido a buscarla. Le dio un sorbo al café y, tras dejar la taza, le sonrió.—Tengo una amiga abogada y estos días la consulté sobre el caso de Yolanda. Me dijo que, como Yolanda es la autora intelectual, lo más probable es que la condenen a cadena perpetua o incluso a pena de muerte.La mirada de Vanessa se volvió seria. Se le borró la sonrisa y dijo con determinación:—Entonces iremos a juicio hasta lograr que la condenen a pena de muerte.Verónica titubeó unos segundos.—Por eso vine a buscarte. Por ahora ya hay gente moviendo hilos en secreto. Aunque el caso causó tanto revuelo, los Cisneros tienen demasiado peso, y los abogados de la otra parte van a pedir que el juicio sea a puerta cerrada. Sin la presión de la opinión pública, este caso podría tardar uno o dos






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