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63. Corazón de Lobo

Autor: Ethan Graves
last update Fecha de publicación: 2025-06-16 20:30:20

La noche había caído como un velo espeso sobre Umbra Noctis, pero en lo profundo del bosque, la oscuridad era aún más antigua. No se trataba simplemente de ausencia de luz, sino de una sombra viva, pesada, como si el tiempo no se atreviera a moverse allí.

Raven caminaba solo. Dejó su abrigo sobre una roca cuando el aire se volvió más denso. No lo necesitaba. El frío no le afectaba allí. Su pecho era un horno contenido, donde el poder latía como un tambor de guerra aguardando el llamado.

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Último capítulo

  • El Beso de la Luna Roja   Epílogo

    La historia de Ailén se había contado una y otra vez en fogatas y en cuadernos de tapas ajadas. Las niñas que alguna vez fueron guiadas por Liora aún repetían su nombre como si invocaran fuerza. Los cachorros de la nueva manada recordaban el legado de Rylan y Lía, y aunque pocos lo sabían, en un rincón lejano del mapa, muy lejos de Umbra Noctis, la vida seguía... distinta, pero viva.Porque Raven no había muerto.Porque Kiara no había olvidado.El paisaje era distinto al de Umbra Noctis. Montañas suaves al este, un lago cristalino al oeste. Casas de madera construidas con paciencia, lejos de miradas, de amenazas, de pasados. Allí, donde los árboles eran menos densos y el sol más valiente, Raven y Kiara habían encontrado refugio. No un final. No una huida. Sino un nuevo comienzo.La cabaña que habitaban se alzaba sobre una colina cubierta de flores silvestres. El tejado estaba cubierto de musgo, las ventanas abiertas al viento, los pasillos impregnados de libros, mapas y algunas armas

  • El Beso de la Luna Roja   111. Allí donde nace la luz

    Diez años. Diez años desde que dejó Umbra Noctis atrás. Diez años desde que la oscuridad dejó de susurrarle al oído cada noche.El mar, frente a ella, era vasto y sereno. Las olas rompían suavemente en la orilla de piedra, como si arrullaran secretos antiguos que ya nadie recordaba. Ailén caminaba descalza por la costa rocosa, sus pasos lentos, cuidadosos. Su cabello, más largo ahora, danzaba con la brisa salada, y en su espalda colgaba una cesta de mimbre repleta de hierbas recolectadas.Vivía en una pequeña cabaña de piedra y madera, en lo alto de un acantilado, donde los cielos eran inmensos y las noches estaban llenas de estrellas. Había elegido ese lugar porque no aparecía en ningún mapa, porque allí nadie la llamaba Luna Roja, ni descendiente, ni salvadora. Allí, simplemente era Ailén.El viento fresco la acarició como una vieja amiga. Cerró los ojos y respiró profundo, dejando que la calma se instalara en su pecho.Pensó en Liora. En Rylan. En Lía. En Raven.Pensar en él ya no

  • El Beso de la Luna Roja    110. Bajo la Sombra del Roble

    Diez años después, Umbra Noctis no era la misma.Aunque los árboles seguían igual de altos y las colinas aún guardaban secretos bajo su niebla perpetua, algo profundo había cambiado. El caos había dejado espacio a la reconstrucción, y con ella, a la esperanza.En el corazón del territorio del clan, donde alguna vez solo se oían aullidos de guerra, ahora resonaban risas infantiles y voces jóvenes practicando gritos de combate. La antigua zona de entrenamiento —antes sombría y fría como una herida abierta— había sido reconstruida por manos firmes y voluntades decididas.Ahora, era el Santuario del Roble, una explanada protegida por un gigantesco árbol centenario. Allí, cada semana, los cachorros y adolescentes de la nueva generación se entrenaban bajo la guía de dos figuras imponentes y conocidas por todos:Rylan y Lía.Él, más maduro, con el cabello recogido y los ojos afilados por la experiencia, había dejado atrás la impulsividad que lo caracterizaba. Su voz ya no era un trueno, sino

  • El Beso de la Luna Roja   109. Herederas de la luz

    Diez años después…El aire en Umbra Noctis tenía un aroma diferente. Seguía cargado de magia, sí, pero ya no era opresivo, ni estaba teñido de sospechas o peligro. Ahora olía a tierra húmeda, a madera recién cortada, a hojas de grimorios antiguos abiertos bajo la luz del sol. A paz.Desde la ventana arqueada de su torre, Liora observaba los campos de entrenamiento donde ahora corrían niños y niñas con túnicas claras. El antiguo campo de batalla, alguna vez cubierto de sangre y maldiciones, era ahora un jardín encantado. Los árboles que lo rodeaban habían sido plantados por los propios estudiantes como parte de un ritual de sanación. Cada uno tenía grabado un nombre, una historia, una promesa de que no olvidarían.Liora bajó las escaleras en espiral con la tranquilidad de quien ya no corre detrás del tiempo. Su vestido largo, color lavanda pálido, se deslizaba sobre los escalones como si flotara. No llevaba joyas, ni insignias. No las necesitaba. Su presencia hablaba por sí sola. El ca

  • El Beso de la Luna Roja   108. El Futuro

    Diez años en el futuro.El sol se alzaba con pereza sobre el horizonte, tiñendo de oro los picos nevados de las montañas que rodeaban el pequeño valle escondido. Allí, entre árboles centenarios y un río que cantaba con voz de cristal, se alzaba una cabaña de piedra y madera, cubierta de enredaderas y flores silvestres. El humo que escapaba de su chimenea trazaba un sendero tibio hacia el cielo azul, anunciando el comienzo de un nuevo día en el rincón más aislado y tranquilo del mundo. En ese lugar donde el tiempo parecía transcurrir distinto, vivían Raven y Kiara.La vida había cambiado de forma irreconocible desde los días oscuros de Umbra Noctis. Raven, de mirada aún intensa pero más serena, caminaba descalzo por la cocina mientras preparaba el desayuno. Su cabello, más largo y con algunas hebras plateadas, caía sobre sus hombros. Vestía una camisa de lino suelta y unos pantalones de tela suave. En la mesa, ya estaban dispuestos dos tazones de avena caliente, frutas recién cortadas

  • El Beso de la Luna Roja   107. Sombras del amanecer

    La madrugada aún cubría Umbra Noctis con su manto azul oscuro. La bruma serpenteaba entre los árboles como si tuviera vida propia, y el silencio era tan denso que incluso los pensamientos parecían reverberar en el aire. Raven despertó antes del amanecer, algo inquieto, con una presión extraña en el pecho. Estaba solo en la cabaña que compartía con Kiara; ella aún dormía profundamente, envuelta en las sábanas de lino pálido, con una expresión de paz que contrastaba con el torbellino interno del lobo.Se incorporó, apoyándose en el borde del lecho, observándola durante unos segundos. Kiara murmuró algo entre sueños y se giró, abrazando la almohada. Raven se levantó sin hacer ruido, caminó hacia la ventana y se quedó allí, contemplando la tenue luz que comenzaba a filtrarse entre las montañas.Un recuerdo, suave como un suspiro, se le coló en la mente: Ailén, bajo la lluvia, con los ojos llorosos y la voz rota. No sabía por qué esa imagen venía a él ahora, cuando todo parecía haberse cal

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