Mag-log inEl ambiente en la mansión se volvió completamente tétrico. Cuando Ricardo, Michael y Matías llegaron, fueron recibidos por Walter, quien tenía la mirada llena de angustia. Apenas vio a Matías, se acercó rápidamente y lo envolvió en un fuerte abrazo.Ese contacto hizo que Matías se sintiera extraño, como si estuviera en un lugar ajeno. Durante todos esos años, apenas había visto a su padre un par de veces al año y recibido una llamada en su cumpleaños, nada más. Tenerlo ahora frente a él, actuando como un padre preocupado, solo conseguía hacerlo sentir incómodo y confundido.—Gracias a Dios estás bien… Durante todo el camino estuve preocupado por ti —dijo Walter con la voz quebrada y los ojos llenos de desesperación.Matías no pudo responder de inmediato. El peso de todo lo ocurrido seguía sobre sus hombros. Finalmente, se separó lentamente del abrazo y, evitando mirarlo directamente, murmuró:—Estoy bien… mira.Se dio media vuelta, intentando escapar de aquella tensión que comenzaba a
La noche anterior, Sol tuvo un sueño escalofriante.En el sueño, de repente, se encontraba en un aeropuerto. A su lado había un hombre adulto sosteniendo un ramo de flores, y un pequeño perrito descansaba en la sala de espera. Parecían estaban aguardando la llegada de alguien.Sol se volvió hacia el hombre y, con una voz pequeña e impaciente, preguntó:—¿Mamá se demora en llegar…?Antes de que él pudiera responder, la escena cambió bruscamente.Ahora estaba en una sala de velación.Había personas llorando a su alrededor. Algunas la abrazaban, otras intentaban consolarla, pero ella permanecía completamente inmóvil. Las lágrimas corrían por sus mejillas sin control, mientras una angustia insoportable le oprimía el pecho, como si le faltara el aire. Quería moverse, quería hablar, quería entender qué estaba pasando… pero su cuerpo no reaccionaba.Entonces caminó lentamente hacia el ataúd.Dentro descansaba una hermosa mujer de cabello rubio. Su rostro transmitía una paz, casi irreal. En c
La lluvia comenzó a caer sobre la ciudad con fuerza, acompañada de relámpagos que iluminaban el cielo gris de Inglaterra por breves segundos. El sonido del agua golpeando los edificios y las calles parecía envolverlo todo en una atmósfera pesada, casi asfixiante.Las gotas chocaban contra el parabrisas del auto mientras Michael observaba las luces de la ciudad desdibujarse frente a sus ojos. Había salido del apartamento apenas unos minutos después de reencontrarse con Matías. Necesitaba aire. Necesitaba escapar, aunque fuera por un momento, de aquel nudo insoportable que todavía apretaba su pecho.Porque el miedo no desaparecía tan fácil.Aún podía recordar la sensación helada que recorrió su cuerpo cuando creyó que Matías estaba muerto. Aquel vacío brutal. Aquella desesperación que lo había hecho viajar de inmediato a Inglaterra sin pensar absolutamente en nada más.Y ahora que sabía que estaba vivo… el alivio tampoco lograba tranquilizarlo.Su mandíbula permanecía tensa mientras sus
Mientras tanto, en una habitación desconocida, Matías despertó con un punzante dolor de cabeza. Sintió los párpados pesados, como si apenas pudiera mantener los ojos abiertos. Un zumbido constante retumbaba en su mente mientras intentaba incorporarse lentamente sobre la cama.Fragmentos desordenados comenzaron a invadirlo. Su amigo, el internado y el rostro frío de su padre.Las imágenes aparecían y desaparecían como relámpagos confusos, haciéndole más difícil respirar con calma. Se llevó una mano a la cabeza y observó a su alrededor, todavía aturdido. La habitación era amplia, elegante, demasiado perfecta para resultarle familiar. Las paredes claras, los muebles modernos y el silencio incómodo le provocaban una sensación inquietante.De inmediato buscó su celular.Revisó la mesa de noche, las sábanas, incluso debajo de la cama, pero no estaba por ningún lado.El corazón comenzó a acelerársele.Con una mezcla de ansiedad y desconfianza, caminó hasta la puerta y salió de la habitación,
En ciudad A.Después de estar esperando una llamada durante horas y no recibirla, Walter intentó llamar una y otra vez a Ricardo, pero no contestaba. Así que, sin más, llamó a la mansión donde vivían. Aunque los horarios eran diferentes, siguió insistiendo. Necesitaba saber cuál sería su próximo movimiento. No podía dejar que se viera involucrado.Al otro lado, el mayordomo contestó con una voz emocional, donde se podía notar que algo no estaba bien.—Buenas noches, señor Walter... —el mayordomo intentaba continuar cuando se vio interrumpido.—¿Dónde está Matías? He visto las noticias sobre el internado de Matías. ¿Cómo está él? En los noticieros dicen que ha muerto. ¿Qué tan cierto es esto? —su voz se quebró mientras sacaba una a una sus palabras.La llamada desde el otro lado quedó en silencio, dejando prever que no todo estaba bien, cosa que hizo que una sonrisa malvada se posara en los labios de Walter.—Las noticias son ciertas. Hubo un tiroteo... y el joven está muerto.Al escuc
Ciudad A.Los últimos días para sol, han estado llenos de caos. Entre organizar su vida y cerrar los nuevos ciclos, Sol apenas encontraba tiempo para respirar. Muy pronto iniciaría una nueva travesía, una lejos de Ciudad A, lejos de todo lo que alguna vez conoció.Pero su pasado —o, mejor dicho, los fragmentos de él— no dejaban de perseguirla.Desde hacía semanas, dos niños aparecían constantemente en sus sueños. Uno de ellos era ella misma cuando era pequeña; el otro, un niño que siempre permanecía a su lado, cuidándola con una ternura extraña y familiar. Sin embargo, lo que más la inquietaba no eran los niños, sino la pulsera que aparecía en aquellos sueños: una idéntica a la que guardaba escondida en el fondo de su armario.Cada vez que despertaba, sentía el pecho pesado y una angustia difícil de explicar, como si aquellos recuerdos quisieran abrirse paso a la fuerza dentro de su mente.Días atrás le había contado todo a Maggie. Preocupada por la pérdida de memoria y por los síntom







