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Treinta y siete

last update Fecha de publicación: 2025-11-17 23:04:58

Gio, sudoroso y sofocado, mira a Katerina con expresión maravillada y los ojos llorosos. Todavía siente las corrientes del placer recorrerle la piel y el corazón latirle agitado.

Con una sonrisa tierna, le acaricia el cabello húmedo y le besa todo el rostro de forma hiperactiva.

—Mierda, preciosa, ¡qué rico es hacerlo contigo! Es la primera vez que me siento de esta manera, a la que no le encuentro un nombre, pero que es genial. Me

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Último capítulo

  • El gigoló y la viuda    Capítulo 55

    Los días transcurren y Gio es mimado por Katerina, quien lo cuida con celo y entrega.—Ya estoy mejor, mi amor; descansa, muñequita —Él le acaricia el rostro con ternura.—No quiero que hagas ningún esfuerzo hasta que te sanes, Gio —replica ella con el ceño fruncido mientras lo mira con desaprobación.—Estás exagerando, solo me agaché a recoger las chanclas; si no me morí por el disparo, mucho menos por agacharme. —Él entorna los ojos.Katerina se exalta al escucharlo y, con la voz temblorosa, le reclama:—¡No vuelvas a decir eso, Gio! Cada vez que mencionas la muerte, no puedo evitar recordar ese horrible evento en el que casi te pierdo. —Ella empieza a llorar.Gio se enternece con su reacción.—Lo siento, mi amor, se me olvidó lo sensible que te encuentras en estos días. Deberías comerte una barra de chocolate y descansar.—Solo tengo la menstruación, Gio, tampoco estoy enferma. —Ella resopla.—No dije que estuvieras enferma, mujer. Ya, ven a acostarte con tu marido y deja de estres

  • El gigoló y la viuda    Cincuenta y cuatro

    Katerina se levanta temprano y, después de beberse un té, se dirige al hospital. Mientras conduce, pide en su corazón por la salud de su esposo. Cuando llega, todavía no es la hora de la visita, así que se va a desayunar a la cafetería.Una hora más tarde, le dicen que el horario de visita empieza a las diez, así que debe esperar dos horas más.Da vueltas por el hospital para hacer tiempo y llega al área de pediatría; allí ve a las madres con sus hijos, algunos solo son unos bebés, mientras que otros ya son grandecitos.Una emoción extraña la embarga al imaginarse sentada en uno de esos asientos, con su bulto de bebé al lado y un pequeño en brazos, mientras una niña más grandecita juguetea a su alrededor y la llama mamá.Katerina observa la escena de una madre amamantando a su bebita, entonces los ojos se le llenan de lágrimas al entender que ella nunca experimentará aquella hermosa conexión, como tampoco sabrá qué se siente tener una vida dentro de ella.Años atrás no pensaba mucho en

  • El gigoló y la viuda    Cincuenta y tres

    En una de las salas de la mansión Amato en Cinsy, tres hermanos conversan acerca de un tema importante para ellos:—Tengo la sospecha de que Giovanni está en Permis. Creo que él ya empezó a dirigir el imperio Amato —asume Lisselot.Como de costumbre, ella se encuentra vestida de negro, con maquillaje sombrío y su extravagante sombrero puesto. Está sentada en un sillón fino y de apariencia anticuada, que hace juego con la extraña y escalofriante decoración de la mansión, que luce poco iluminada.—Pero no se ha hecho oficial ni se le ha entregado nada —refuta Juárez—. Aún tenemos tiempo de matarlo.—Alguien fuera del imperio lo debe de estar ayudando o puede que sí haya ido a reclamar la herencia, pero que no lo hayan anunciado porque lo están preparando para su liderazgo —deduce Víctor, quien enciende un cigarrillo y se sienta frente a sus hermanos—. Supongo que está oculto hasta aprender el oficio. Liderar toda una mafia no es algo que se haga a la ligera, y eso lo sabe el segundo jef

  • El gigoló y la viuda    Cincuenta y dos

    Katerina corre en dirección a Gio con una rapidez fuera de lo común, pese a que todo su cuerpo tiembla. Es la primera vez que siente ese tipo de angustia, de dolor, de miedo.—¡Gio! —grita cuando llega a él.El hombre que porta el arma pretende volver a disparar; esta vez sería en la cabeza para rematar a su víctima. No obstante, Katerina se le lanza encima y le cae a golpes, sin importarle el peligro que su ataque representa.—¡No le dispares a ella o te mato con mis propias manos! —advierte Tom, conociendo la poca paciencia de su empleado.El otro subordinado lucha por quitarle a Katerina de encima, pero la tarea se le hace difícil, puesto que ella parece una gata salvaje y rabiosa.Por su parte, Katerina araña, golpea y le hala el cabello al hombre que le hizo daño a su esposo, con una ira que jamás había experimentado, ni siquiera cuando le hicieron daño a ella.El compañero logra liberar a su colega de la mujer, quien patalea y suplica que la suelten.—¡Necesito ayudarlo! ¡Puede

  • El gigoló y la viuda    Cincuenta y uno

    La niebla cubre el mar bajo el cielo gris, que ha tomado ese tono porque está nublado. Aquel día, la gélida temperatura le traspasa la piel y siente ese mismo frío punzante embargarle el pecho. Mira el océano, que se muestra desolado y triste, puesto que la alegría ya no está allí y los colores se han tornado grises. Las lágrimas se congelan al brotar de sus ojos y el llanto se le queda atascado en la garganta, lo que le provoca una sensación de asfixia. «Estás destinada a la soledad y al dolor», escucha en su mente de forma tortuosa. —¡Regresa a mí! —grita al fin. Las lágrimas empiezan a fluir y por fin siente el alivio recorrerla cuando las palabras son liberadas. «Déjame ir, amada...», escucha a lo lejos. El dolor aumenta a medida que esas palabras se repiten en sus pensamientos; entonces, la negación se impone. —No puedo dejarte ir porque eres lo único que tengo —llora a todo pulmón. La rosa amarilla se deshoja y cae al mar; entonces ella mira las otras dos que le quedan en

  • El gigoló y la viuda    Cincuenta

    Katerina atiende a los clientes con buen ánimo y con una sonrisa amable todo el tiempo. Se ha pasado esos días metida en el trabajo y visitando el terreno que usará para los cultivos, debido a que de esa manera se distrae y no piensa en la ausencia de Gio.No obstante, al caer la noche y tener que acostarse sola, el paladar le es embargado por un sabor amargo que solo él puede endulzar y el vació en la cama se torna insoportable.Lo extraña tanto que le duele.—¿Cuándo volverá Gio? —le pregunta una clienta—. Este lugar no es el mismo sin su carisma, ya que él es la alegría de la floristería —comenta nostálgica.Katerina sonríe al recordar todas sus locuras y lo creativo que es él para atraer a la clientela.—Tiene toda la razón, Gio es el alma de la tienda y su ausencia se siente demasiado —responde com

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