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Capítulo 1: Límites

Autor: SHI.
last update Fecha de publicación: 2026-03-17 22:56:45

CAMERON

—¿Acaso quieres matarme? —espeté antes de darme cuenta y volteé.

Ahí estaba él, imponente en ese uniforme negro que se le veía hermoso. Dios… ¿cuánto puede cambiar una persona en ocho años? Ahora estaba más alto y musculoso, y exudaba un encanto varonil que yo jamás, ni con mis años de escuela militar, podría replicar.

Por supuesto, solo fui a la escuela militar para poder ser Rey, pero él… era un militar de verdad.

Y era un Mayor, maldita sea, ¡y estaba en las fuerzas especiales! ¿Cuándo había pasado todo esto? ¿Por qué me lo perdí?

Bueno, yo elegí perdérmelo.

Él se dio cuenta de mi sorpresa, y la sonrisa juguetona que me dio me dejó tieso en mi sitio.

—Le aseguro que quiero matarlo, Alteza. Pero no se preocupe, en estos momentos soy su escolta, y mi deber es garantizar su seguridad y que no siga avergonzando el buen nombre de su familia, por lo que no debe pensarlo mucho.

Hablaba con dureza, una que me había ganado, pero…

—Colin, tú…

—Mayor Maier, Alteza —remarcó, frunciendo apenas el ceño—. Es prudente que establezcamos una buena comunicación dese el principio. Fui llamado aquí por pedido de Su Majestad y nada más que eso.

Apreté los labios, mudo por unos segundos.

—¿Por qué vuelves después de tanto tiempo?

Estaba seguro de que podía negarse. Él eligió alejarse al fin y al cabo. Fue él quien se fue, quien puso distancia de por medio, no yo.

—Porque soy un soldado y cumplo órdenes —respondió con una calma que no entendía de dónde sacaba, porque yo estaba muriendo con el corazón acelerado y un horroroso dolor de cabeza—, y hace años hice el juramento de que defendería la integridad de su familia con mi vida si fuera necesario. Y soy un hombre de palabra, a diferencia.

Eso se sintió como un puñal siendo enterrado lentamente en mi corazón, y se me revolvió el estómago.

Detrás de mí, mis padres observaban nuestro intercambio con curiosidad, de seguro imaginando cosas.

—Colin, acabas de llegar del aeropuerto, ¿no? —habló mi padre, su tono mucho más suave que cuando me habló a mí momentos antes.

Volteé y lo vi. Estaba más tranquilo.

—Si, Majes…   —Colin se detuvo en cuanto papá le hizo una seña y se aclaró la garganta—. Sí, tío Cam. Vine directo aquí como me pediste.

Fruncí el ceño y volví a voltear hacia el pelirrojo.

—¡Oye, ¿por qué a él si lo tratas bien?!

—El tío Cam nunca se ha portado mal conmigo, así que tiene mi respeto. No puedo decir lo mismo de usted, Alteza.

Me miró con especial dureza, lo que hizo estallar todo en mi interior; sin embargo, me quedé callado porque mis padres estaban ahí.

—Bien —continuó mi padre como si nada—, deja tus cosas en los aposentos de Cameron y ve a verlos. Te echan mucho de menos.

La sorpresa pintó el rostro de Colin.

—Ellos…

Papá sonrió.

—Le pedí permiso a tus padres para traerte aquí, así que sí, lo saben.

Entonces, papá avanzó, pasando de mí, y le dio una palmadita en el hombro, sonriendo.

—Ve tranquilo. Hace mucho que no los ves, ¿verdad?

En mi mente repasé sus palabras previas, y recordé algo.

—¡Espera un momento! ¡¿Él se va a quedar conmigo?!

Se me fue el corazón a la garganta, y luego bajó a mi estómago cuando papá asintió como si nada.

—Por supuesto —volteó hacia mí—. ¿Cuántas veces te has burlado de los guardias el último mes?

Su mirada me atravesó, y sentí que me había dado una paliza sin tocarme ni un pelo.

—Este país está entrando en una nueva etapa. Estoy envejeciendo y eres el único de mis cuatro hijos que quiere la corona, pero tienes que ganártela, y últimamente solo has perdido todos los puntos.

»No puedo permitir que destruyas lo que con mucha sangre, sudor y lágrimas nos ha costado construir, ¿entiendes? Así que será mejor que te olvides del alcohol, las drogas y tus amiguitos, y comiences a madurar.

Tragué saliva, con el corazón repiqueteando contra mi pecho ante la oscuridad de su tono.

Papá era un buen tipo. Era amable, sonreía, jugaba, bromeaba. ¿Pero cuando se molestaba? ¡Nadie querría verlo en ese estado! La única que podía controlarlo era mamá, y todos los demás teníamos que correr y escondernos.

Y en los últimos años yo había sido la principal fuente de sus ataques de rabia. Debería estar acostumbrado, ¿no?

Pues no. Jamás te acostumbrabas a eso.

Quería que volviera a ser el papá al que podía contarle cómo me sentía, el papá que me abrazaba y jugaba conmigo, el papá que me aconsejaba, el papá que se enorgullecía de mí.

Pero yo…

Todo era mi culpa.

Bajé la cabeza y fijé la vista en el piso, ocultando mis emociones.

—Vamos.

La voz de Colin me sacó de mis pensamientos, y alcé la cara.

—¿Qué?

—Tengo que dejar mis cosas, y luego me acompañará a casa de mis padres.

Fruncí el ceño.

—¿Qué? ¿Y yo por qué?

La confusión me llenó por todo lo que tenía en mente.

—Porque debo tenerlo en mi radar en todo momento, ¿no? Voy a ver a mis padres, así que viene conmigo. Pero primero dese un baño, huele a puto.

—¡Yo no…! —espeté, pero no me dejó terminar de hablar.

—Lo que haga con su trasero no me incumbe, Alteza. Solo concéntrese en dejar de avergonzar a su familia y madure de una vez.

Acto seguido, Colin se despidió de mis padres y abandonó el lugar, no sin antes saludar a Thomas y a Donovan, que eran sus mentores.

¿Yo? Yo apreté los puños, los labios y me estremecí, soltando un fuerte resoplido.

Sin embargo, no dije nada. Solo salí de ahí sin decir ni media palabra más.

No lo oí, pero después de que me fui, papá soltó una risita, ganándose un mirar enrarecido de mi madre.

—Es raro verlo tan manso tan pronto —murmuró él.

—¡Oye, no parezcas tan feliz! —exclamó ella, dándole un golpecito en el brazo.

Papá se serenó y negó con la cabeza, contestando con esa calma que lo caracterizaba:

—No lo estoy. Solo un poco aliviado. Colin tiene un poder sobre él que tú y yo jamás tendremos y, a pesar de lo que sea que pasó con ellos en el pasado, confío en que pueda hacerlo entrar en razón.

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